domingo, 13 de marzo de 2016

HISTORIA DEL MANTÓN DE MANILA: Flecos, Flores y Flamenco



El mantón de manila es un lienzo cuadrado de seda bordado a mano en colores vivos con flores, pájaros o fantasías, y rematado en todo su perímetro por flecos. Este cuadrado de colorido encanto tan asociado a las danzas y tradiciones españolas, curiosamente, no tiene su origen ni en España ni en Manila - como sugiere su nombre- sino en China, más concretamente en la ciudad de Cantón, donde eran fabricados desde el siglo XII y llevados por las mujeres chinas de clase alta.

En la cultura tradicional de la indumentaria femenina, el mantón de Manila se asocia a la mujer andaluza, a la manola madrileña, a las sevillanas y por supuesto al flamenco. Pero mucho antes de ser un accesorio de cantaoras y bailarinas de flamenco, fue una pieza de indumentaria cotidiana. Aún hoy en día las mujeres españolas lo suelen llevar en fiestas tradicionales, corridas de toros y procesiones, y su uso subsiste como accesorio de abrigo en todo el mundo, pues es ideal para llevarlo sobre vestidos de gala para las noches más frescas.

El mantón de manila se integra al guardarropa español hacia el siglo XVI, cuando las mujeres andaluzas empiezan a lucirlo en las calles. Los barcos españoles que regresaban de oriente cargados de mercadería oriental, acostumbraban parar para abastecerse en Manila, la capital de la entonces colonia española de Filipinas. Los primeros mantones llegaron a bordo de estos barcos provenientes de Manila por lo que popularmente empezaron a conocerse en España como “mantones de Manila”. Los galeones españoles partían regularmente de Manila con destino a Sevilla y Veracruz, y con cada viaje aumentaban los pedidos de estos coloridos chales tanto en España como en México.

Una de la causa de su popularidad en España fue la prohibición, por parte de los reyes Católicos en 1492, del uso de los velos, como una manera para erradicar las tradiciones moriscas. Las moras adoptaron entonces a estos bellos mantones orientales para cubrir su cabeza y rostro y rápidamente se hicieron populares entre las mujeres de Granada, Sevilla y Córdoba. Quienes lo llevaban eran conocidas como “tapadas”.




Originalmente, los bordados de los mantones reflejaban la fauna y flora china con Crisantemos, bambúes, dragones y aves originarias de sus tierras. Como la demanda española se hizo tan grande, los fabricantes de estos chales accedieron a alterar los motivos de sus bordados, cambiando los crisantemos por grandes rosas y claveles, e incluyendo a aves menos exóticas. Por siglos fueron hechos en seda natural, y mucho más tarde se utilizó seda artificial, lo que permitió aumentar su formato. Los primeros mantones no tenían flecos, esto fue una incorporación posterior española. La colocación de flecos o “flecado”, elemento heredado de los árabes, se realizaba también con hilo de seda y con la técnica del macramé o crochet. Los colores tradicionales son negro, blanco, marfil y rojo, pero existe una enorme variedad de colores disponibles. Los modelos clásicos son los “cigarreros” inmortalizados en “Carmen” de Bizet, con grandes rosas y claveles bordados en colores vibrantes y los “macetones” que incluyen ramas de bambú y ramos de flores. Otro modelo tradicional es el “Isabelino” que tiene los bordes bordados con flores y el centro vacío. Cada flor bordada en los mantones tenía un significado. Las violetas significaban pureza, las margaritas impaciencia, las rosas secreto y los girasoles lealtad.

Los mantones se hicieron inmensamente populares en España durante el siglo XIX, y sustituyeron al tradicional chal y a las pañoletas. Su colorido y ligereza causó furor en Sevilla y Madrid, y su uso se extendió a todos los países iberoamericanos y luego incluso a los Estados Unidos y demás países europeos. Hacia fines del siglo XIX e inicios del siglo XX estaban de moda en toda Europa y los mantones vivieron una era de oro.

Con el tiempo los mantones empezaron a fabricarse en España, y se establecieron numerosos talleres en Sevilla, donde bordadoras locales aumentaron notablemente la cantidad de motivos y modelos disponibles.

Con los años, las bailaoras de flamenco lo toman prestado de la indumentaria cotidiana y lo integran a sus bailes, donde se mantienen vigentes hasta nuestros días.  Muchas grandes bailaoras y cantoras de flamenco como Pastora Imperio, La Niña de los Peines, La Macarrona y Matilde Coral, acostumbraban lucirlo en sus espectáculos. Es que sus largos flecos y coloridos agregan un gran impacto a los movimientos de la bailaora, dejando una especie de estela de seda que sigue sus movimientos de brazos. Su uso sin embargo es muy complicado, por lo que solo las bailaoras con más experiencia logran integrarlo a sus bailes de manera que funcione como si fuera una extensión de sus cuerpos. En nuestros días grandes bailaoras como Blanca del Rey, Belén Maya y María Pagés lo lucen habitualmente sobre el escenario.

Nos despedimos ahora con  este párrafo del escritor canario Benito Pérez Galdós, quien en su novela “Fortunata y Jacinta”, describe al mantón de Manila mejor que nadie:
"(Ayún)... es el ingenio bordador de los pañuelos de Manila, el inventor del tipo de rameado más vistoso y elegante, el poeta fecundísimo de esos madrigales de crespón compuestos con flores y rimados con pájaros. A este ilustre chino deben las españolas el hermosísimo y característico chal que tanto favorece su belleza, el mantón de Manila, al mismo tiempo señoril y popular, pues lo han llevado en sus hombros la gran señora y la gitana. Envolverse en él es como vestirse con un cuadro. La industria moderna no inventará nada que iguale a la ingenua poesía del mantón, salpicado de flores, flexible, pegadizo y mate, con aquel fleco que tiene algo de los enredos del sueño y aquella brillantez de color que iluminaba las muchedumbres en los tiempos en que su uso era general. Esta prenda hermosa se va desterrando, y sólo el pueblo la conserva con admirable instinto. Lo saca de las arcas en las grandes épocas de la vida, en los bautizos y en las bodas, como se da al viento un himno de alegría en el cual hay una estrofa para la patria. El mantón sería una prenda vulgar si tuviera la ciencia del diseño; no lo es por conservar el carácter de las artes primitivas y populares; es como la leyenda, como los cuentos de la infancia, candoroso y rico de color, fácilmente comprensible y refractario a los cambios de la moda."



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