martes, 12 de marzo de 2013

La Dolce Vita: El arte del estilo de vida italiano




Convengamos que los italianos saben hacer mucho más que pizza y pasta. Si bien su cultura, gastronomía, tradiciones, hermosas ciudades y magníficos monumentos, ya son motivos de sobra para admirarlos, no podemos dejar de admitir, que también amamos su manera de disfrutar la vida.

En 1960, se estrenó “La Dolce Vita” de Federico Fellini, película que desde entonces representa el estilo de vida despreocupado de los italianos. Roma, la ciudad eterna se convierte en un entorno idílico para disfrutar del dolce far niente, contagiando tanto al bien romano Marcello (Marcello Mastroianni) como a la escultural sueca Silvia (Anita Ekberg), quien no duda dos veces en refrescarse en la Fontana di Trevi dejándose llevar por sus instintos, sus caprichos, su pasión.

Si bien la cinta es un ensayo de existencialismo que toca temas profundos, complejos, donde se aborda al amor, a la incomunicación, al éxtasis frente a la sensualidad, en nuestra memoria colectiva la vemos como un registro de la vida algo frívola pero absolutamente sofisticada de aquella Roma de los años sesenta, una oda a la dulzura de la vida y un testimonio de entrega total al placer, al disfrute, al goce de la buena vida. Queda entonces en nuestra memoria como un tesoro de imágenes, con una imagen imborrable de Anita Ekberg en aquella mítica escena de la fuente, rindiéndose, cual diosa pagana al puro deleite de dejarse llevar. Fellini también nos deleita con su retrato de aquel hombre romano, seductor, elegante, reflexivo y carismático, coqueteando eternamente entre lo frívolo y lo substancial y entregado totalmente al ritmo dionisiaco de la vibrante Roma.

Recordemos que esta Italia era una Italia que se estaba despertando finalmente del sopor del fascismo, que se estaba poniendo de pie tras una guerra, revelándose ante años de represión, desesperanza y las rígidas estructuras moralistas de la Iglesia Católica. La Dolce Vita muestra a una Italia que estaba volviendo a vivir, volviendo tal vez su pasado más pagano y libertino, respirando profundas bocanadas de locura, abrazando la superficialidad, el goce puro y todas las imperfecciones de la vida en un constante entrelazado de tragedia y alegría, drama y diversión, así como se nos presenta la vida cada día.

Una frase de la película nos deja con una gran reflexión: “deberíamos poder amarnos mejor”. Si, deberíamos amar también mejor a la vida, disfrutarla plenamente, conscientes de que las preocupaciones existen y son inevitables, pero que a veces es convenientes dejarlas a un lado y entregarse al disfrute. Los italianos, al menos en nuestra manera de verlos, parecen haber dominado este arte. El arte de extraer la dulzura de la vida a pesar de los quebrantos y las eventuales amarguras. 

Cómo vivir la Dolce Vita:

La Dolce Vita es en italiano “la buena vida”, una forma equilibrada que proporciona placer, satisfacción y felicidad. Los italianos practican de muchas maneras este arte cotidiano del buen vivir: con su gastronomía, con su arte, con su manera de ser, hasta con su forma de expresarse y de vestirse. Es imposible no amar sus sonrisas y su estilo de vida descontraído y elegante. 

1. Opten por el lujo simple. Para los italianos la elegancia es algo natural, algo que se vive de manera sencilla y sin complicaciones. Tal vez su propia experiencia cotidiana, los ha hecho estar tan acostumbrados a rodearse de arte y belleza arquitectónica que lo natural sea que elijan también rodearse de ella en sus hogares, en su día a día. Pero recuerden, lujo no es comprar 10 pares de zapatos de un tirón. Es elegir un par perfecto. 

2. Disfruten de la mesa y de la sobremesa. La comida no es solo para nutrir el cuerpo. También son una oportunidad para nutrir el alma, para celebrar a los amigos, a la familia, a la pareja. En Italia la vida gira en torno a la comida. Los italianos aman comer –algo que se evidencia en sus interminables conversaciones sobre comida, platos, recetas, vinos, bebidas. No es de extrañar que se tomen dos horas de almuerzo (a veces más), porque no sólo disfrutan sus pastas, sino también de la compañía. La dolce vita es saber tomarse un tiempo para comer tranquilos, comer bien y en buena compañía. Es relajarse tras el último bocado con un café o unos traguitos con los amigos, sin prisa entregándose al saludable hábito del chiacchierare  o charlar en la sobremesa.

3. Háganse de tiempo para ustedes mismos. No todo es trabajo en la vida. Los italianos lo saben muy bien. Dense tiempo para vivir, para disfrutar. Unas horas para leer un buen libro, para encontrarse con los amigos, para salir a caminar, pasear, practicar algún deporte, entregarse a alguna de sus pasiones. Es muy fácil distraerse con el trabajo, con las obligaciones y olvidarse de sí mismo. Pero la vida carece de sentido si no la sabemos disfrutar. Vivir la dolce vita significa hacer justamente, cada vez que puedan, aquello que más les gusta.

4. Vivan nuevas experiencias. No hay nada mejor que un viaje para vivir nuevas experiencias. Los viajes nos permiten cambiar de perspectiva, explorar cosas nuevas y ver al mundo de manera diferente. Cambien sus rutinas y sean espontáneos. Los italianos saben hacerlo como ninguno. No sólo se toman todo el mes de agosto, pero cualquier feriado largo o fin de semana ya es suficiente para escaparse un par de días al campo, al mar o a la montaña.

Todo en la vida se disfruta mejor con calma. El verdadero sentido de la Dolce Vita es saber darse tiempo para saborear esa dulzura, disfrutar el estar vivos y gozar de la sencilla belleza de la vida misma.


1 comentario:

Sandra Guillén dijo...

Anita Ekberg no es solo una mujer, es un VOLCAN! como dicen "a force of nature" Una goddess! Nunca me voy a olvidar de la escena de la fuente.
Su figura era de otro mundo!

Sandra wears Prada