miércoles, 17 de diciembre de 2008

I know what you did last Christmas...


Como bien ya saben, soy una plagueona empedernida que como muchas de ustedes a esta altura del año lo único que quiere es envenenar a los renos y ultimar a Papá Noel. La verdad es que últimamente la Navidad se ha convertido en un suplicio. Un tortuoso camino lleno de elfos, duendes, arbolitos decorados y lucecitas musicales.



Por más que intentemos ser precavidas y organizadas (como siempre somos las mujeres) y empezar a hacer las compras con tiempo para ir comprando de a poquito y evitar las tropas que en la época de las fiestas invaden los negocios y centros comerciales, los comerciantes siempre nos gana de mano. Cada año la navidad parece adelantarse más y más. ¡Este año las decoraciones en las tiendas y las luces en las calles empezaron a verse ya en Octubre! Por más de que los comerciantes quieran hacernos creer que esto se debe más a motivos altruistas (relacionados con el espíritu navideño) todas sabemos que lo que ellos quieren es darnos más tiempo para comprar. Y hasta yo que soy adictas al shopping DETESTO comprar en Navidad!



Entras a la tienda y ya te aturden las decoraciones, las lucecitas con tonaditas navideñas en versión Heavy Metal Chino. Para cuando salís de la abarrotada tienda en lo único en que pensás es en demandarle al compositor de “Noche de Paz” por daños y perjuicios hacia tu paz mental!) A parte de las patéticas torturas musicales en la que los chinos han reducido a los villancicos, en cada tienda te encontrás con un Papá Noel Sudoroso y hediondo! Me pregunto como lo que hasta ahora a los prójimos que se disfrazan de Papá Noel no se les ocurrió pelear por su derecho a un traje más acorde a nuestra Navidad subtropical. Como no estamos en el Polo Norte, creo que Papa Noel se merece un “cambio de look”. Porqué no le ponen simplemente una camisa mangas cortas con un estampado bien kitsch y un shortcito rojo con zapatillas de goma… estaría fresquito y súper paraguayo.



Para cuando nos reponemos del stress inducido por el calor, el hacinamiento, la catinga del Papá Noel y la tortuosas musiquitas de fondo, nos armamos de coraje y empezamos a jugar a los “carritos chocadores” mientras hacemos nuestras compras. Sacamos la lista interminable de regalos y empieza una nueva tortura: decidir que compra a cada quien. Los hijos por supuesto ya nos dejaron bien en claro que quieren TODOS los juguetes que vieron en la tele (que por supuesto a esta altura del año se triplican las publicidades en los canales infantiles), pero elegir el regalo del resto de la familia es todo un desafío. ¡Hay tantas cosas para elegir y taaaan poca plata! A veces pienso que sería fantástico hacer una especie de “amigo invisible navideño” con los miembros de la familia extensa, y en vez de comprar una cantidad de fruslerías innecesarias para los tíos, sobrinos, nietos, primos, comprar un solo regalo lindo para el familiar que le toque a cada uno.

Cuando se tienen hijos chicos además está el riesgo siempre latente, de que alguien meta la pata con respecto a la existencia de Papá Noel. En cuanto a esto las tiendas no tienen ningún tipo de delicadeza, poniendo en riesgo la ilusión de nuestros hijos con la cantidad de clones de Santa que ven en todas partes! Los niños de hoy no son nada tontos, para el segundo Papa Noel que les dice “Jo, Jo, Jo” y les pasa un volante ya empiezan a sospechar que les estamos tomando el pelo.
Una vez tachados los nombres de la larga y dolorosa lista de regalos, empieza un nuevo suplicio: la dieta previa, ya que sabemos que el 24 nos va a salir comida por la oreja. ¡Que manera de atiborrarnos mientras esperamos la medianoche! y por supuesto que una semana después seguimos comiendo las sobras de pavo en todas las formas imaginables hasta que nos convencemos que nos van a salir plumas si seguimos comiéndolo otro día más).



Y el 24 empieza la locura de prepararnos, esperar 4 horas en la atiborrada peluquería para que nos hagan un miserable brushing, arreglar la casa, vestirnos, vestir a los niños, preparar la comida y por supuesto planchar a última hora la ropa arrugada de nuestros maridos.

Por supuesto que todos los preparativos nos dejaron taaan estresadas que lo único que deseamos es ahogarnos con champagne para sobrevivir a la hecatombe de las bombas, ajitos, el alboroto de nuestros hijos sobreexcitados y el cotorreo de la parentela poniéndose al día. Tras acabada la farra, ¡tenemos que lidiar con la butifarra! Lavar platos, arreglar el bochinche, acostar a los niños y ordenar la casa para luego tirarnos exhaustas a dormir; sabiendo que a las 6 de la mañana nos despertarán nuestros hijos con el barullo de sus juguetes nuevos. ¡La verdad es que sin dudarlo me volvería budista para no tener que lidiar con esta noche que no tiene nada de paz!

Pero bueno, debo admitir que estoy siendo un poquito exagerada. La verdad es que a pesar de todo el ajetreo, de todo el bochinche y el trabajo extra que representan las fiestas, no hay nada más lindo que celebrar en familia, ver la cara de felicidad en los más chiquitos cuando abren sus regalos y manifestar nuestro amor con un beso y un abrazo inmenso a la medianoche. A pesar de todos mis plagueos, siempre termino con lagrimones en los ojos cuando abrazo a mi familia, recordando a los seres queridos que ya no están y los bellos momentos pasados sintiendo todo ese amor al desearnos una Feliz Navidad! Al final de todo, más allá de los plagueos previos, siempre termina siendo una feliz Navidad.

MODA DE FIESTA: LOS CONSEJOS NAVIDEÑOS DE NICOLETTA


Estamos en diciembre, se acercan las fiestas de Nochebuena y Año Nuevo y estoy segura que muchas de ustedes ya estarán planeando su indumentaria para estas fiestas. Seguro que ya están aplanando los shoppings (terriblemente sobre poblados en esta época del año) en busca del atuendo ideal. Como siempre, voy a compartir con ustedes algunos sabios consejos para despedir el año con estilo y mucho glamour. Espero que lo hagan en un lugar glamoroso y no tomando sidra en una patética fiesta de club.

LOOK NAVIDEÑO:
Look casual chic: La noche buena generalmente es un acontecimiento de índole familiar. Pero esto no quiere decir que tengas que pasarla de ruleros y zapatillas! Una verdadera diva nunca pierde su glamour… por más de que tenga que pasar la noche rodeada de sus parientes insufribles, o con su suegra que le tira “ajitos” toda la noche y una tropa de demonios de Tasmania tamaño toy. Está bien que no quieras sobre producirte para terminar sentada en el quincho observando con espanto los aros de pelotitas de arbolito que se echó tu cuñada y la uña encarnada de la abuelita. Pero lo casual también puede ser chic, todo depende de la actitud de la percha y de unos cuantos toquecitos aquí y allá. Te podés poner unos jeans o pantalones cómodos (aprovechando los fantásticos pantalones anchos que están tan de moda) con una simple camisa blanca muy bien accesorisada, zapatos bajos pero tan regios como vos. Por supuesto que el maquillaje y el peinado no pueden pasar desapercibidos. Hay que verse naturalmente radiantes y sencillamente elegantes. Tenés que estar impecablemente peinada y maquillada. Si optas por lo casual, ningún pelo tiene que estar fuera de lugar y el maquillaje tiene que ser ligero pero estratégico, escondiendo lo negativo y resaltando lo positivo. Inspírate en la regitud relajada del look de Jackie O que seguro se hacía Brushing hasta para dormir y sin embargo su elegancia era tan espontánea, que parecía que no se hubiera esforzado más de 10 segundos en producirse. Aunque todas las glamorosas sabemos que el look casual bien logrado es uno de los mayores desafíos para nuestras neuronas fashion.

Looks alegóricos: los estampados están re in esta temporada. Pero ojo, no se dejen engañar por ningún duendecillo cursi, nada de ponerse una ropa con estampados navideños o alegóricos a las fiestas. Reserven estos motivos para los papeles de regalo. De más está decir, que la onda Mamá Noel también será un faux pas terrible! Eso no le queda bien ni a la modelo sonriente sentada sobre la heladera publicitando la última oferta navideña!!! Recuerden chicas, las mujeres regias no tenemos espíritu navideño… sobrevivimos a las fiestas con estoicismo… lo único que amamos de esta época del año es el champagne que corre a borbotones…. Y dejen de contar. Otro look que detesto es la combinación de los colores navideños: “verde elfo” con “rojo Nariz de Reno”! Si sos de las que aman las alegorías navideñas, desde el fondo de mi corazón te digo, que ojalá te secuestre Papá Noel y te lleve por payasa al Polo Norte.


ESPERANDO EL AÑO CON GLAMOUR:
Vestido blanco: El blanco a parte de ser energizante y fresco se cree que trae buena suerte. Pero tal vez su virtud más grande es la de encender nuestro bronceado por contraste. Yo soy de la escuela vieja, de la generación tan adicta al sol como al cigarrillo, por lo que un vestido blanco para mí es sinónimo de bronceado bahiano. Las benévolas tendencias actuales que tratan de salvarnos de un cáncer de piel galopante intentan proponernos el look pálido pero a mí me sigue pareciendo insalubre la palidez. El blanco tiene que resaltar con nuestra piel, no perderse en ella. A tomar sol mis divinas. Pero cuidado con quedarse requemadas como frijoles refritos. Sean prudentes con la protección adecuada en el horario indicado. Las arrugas, cuando eventualmente lleguen, serán eliminadas expeditamente por el único bisturí al cual nos acercamos con gusto: el de Bachetta.

Ropa Nueva: Me parece fantástico que ames el shopping tanto como yo y que creas firmemente en todas las supersticiones que nos incitan a comprar. Mi favorita es la superstición de que estrenar una ropa nueva en Año Nuevo trae buena suerte. Esto seguro que lo inventó alguna mujer a la que le debemos la maravillosa ilusión que nos produce elegir el vestido más lindo del universo para esperar al año!! Es una experiencia religiosa para una fashionista empedernida como yo. El único consejo que te puedo dar es que te acuerdes de sacarle la etiqueta del precio (antes que se desmaye tu marido por lo que gastaste).

La mujer de rojo: El rojo es otro de nuestros colores favoritos para nuestros vestidos de fin de año. Todas las mujeres sabemos que el rojo es el color que mejor expresa nuestra sensualidad. Por algo es el color de los Ferrari. Como por nuestras latitudes, como siempre les advierto, tendemos a la exageración, hay que tener mucho cuidado con el rojo. Si de por si ya somos sexys y tenemos buenas curvas, un vestido rojo demasiado revelador puede resultar chabacano y convertirla en una vampiresa subtropical. No hay nada peor que empezar el año como vampiresa. Les aseguro que van a atraer demasiada mala onda, tanto de los babosos borrachos que seguro terminarán colgados de su escote como de las amargas resentidas que les regalarán miradas asesinas toda la noche. Es preferible empezar el año con good vibes, por lo que elijan con cuidado si optan por un modelito rojo.

Moda a prueba de hacinamiento: Este será mi consejo más sabio, será la mantra fashion para celebrar el año nuevo con auténtica regitud de estirpe guaraní. Pueden estar suscriptas a Vogue, W, Harper’s o Para Ti, pero les aseguro que ninguno de los consejos que leerán allí será tan valioso como este: recuerden que celebrarán el año nuevo en PARAGUAY. Obviamente no deben pasar por alto el factor climático. Vivimos en un horno con capital. El calor húmedo es el equivalente a un atentado terrorista a cualquier look. Y encima al paraguayo le encanta el hacinamiento. Si hay menos de 50 personas en la fiesta, seguramente comentarán al día siguiente que la fiesta fue un bodrio porque “no había nadie”. Recuerden de usar ropas frescas, de recogerse el pelo para evitar el look brushing estático producido por la humedad y de usar maquillaje a prueba de agua para no terminar con el rimmel hasta el mentón o con un lamentable look de panda triste.

Felíz Navidad y Un año nuevo REEE PRO para todas mis adoradas lectoras!!! Espero que brillen estas fiestas más que el arbolito de navidad y no por sudorosas sino por regias!!!

lunes, 1 de diciembre de 2008

FASHION ROCKS: Desde que el rock se puso de moda la moda se puso de rock

La música y la moda siempre han ido de la mano, vinculándose de las más variadas maneras. Las estrellas de la música se han encargado de marcar las tendencias e inspirar a los jóvenes desde que el rock empezó a volverse un fenómeno masivo en la década de los 50’s. Es innegable que la música es la principal influencia de la moda. Los músicos tienen que verse cool, su imagen es un ingrediente estratégico a la hora de vender discos.


El estilo impuesto por los ídolos musicales incluso ha marcado décadas, como fue el caso del punk inglés a fines de los 70, la onda rapera del comienzo de los 80’s y como olvidar los encajes, tachas y flecos batidos impuestos por la chica material a fines de los 80’s y el boom del estilo “grunge” a mediados de los 90’s.


Las estrellas de la música siempre se han encargado de romper las reglas de la moda y contagiar con sus excentricidades a sus seguidores. Nuestros abuelos probablemente fueron influenciados por la beatlemania de los 60’s, adoptando nuevos cortes de pelo, pantalones más angostos y nuestros padres probablemente caminaban por las calles con las remeras con el logo de los ídolos de los 70’s y 80’s.


El pelo es tal vez la primera evidencia de las influencias musicales. Elvis y los rockeros de los 50’s globalizaron el jopo y las patillas. Los Beatles impusieron sus flequillos y cortes taza. El movimiento hippie de los 70’s llevó a miles de jovenes a dejarse crecer el pelo (y por nuestras latitudes a ser perseguidos por la policía militar por pelilarguis). El punk revolucionó con sus crestas de color y los cortes más inverosímiles, la música disco dio destaque al afro y de la mano de Bob Marley y de la música Reggae llegaron los primeros dreadlocks.


Los primeros rockeros (Jerry Lee Lewis, Johnny Cash, Buddy Holly y el Rey Elvis Presley) trajeron no solo una música nueva, llena de ritmo y sensualidad, sino un look atrevido y diferente que fue rápidamente adoptado por los adolescentes que no querían vestirse como sus padres. Los jeans oscuros, camperas de cuero de motociclistas, las solapas de seda, las t-shirts para los hombres y las faldas anchas con varias capas, capris y chatitas con medias soquetes para las mujeres, le daban libertad a los movimientos de los jóvenes que bailaban este nuevo y desenfrenado ritmo.


El fenómeno Beatles de los 60’s introdujo dos nuevos looks, que acompañaron a su evolución musical. El primero, el de la Beatlemania (con pantalones angostos, sin bolsillos exteriores y sacos entallados con 3 botones y botas de caño corto) que acompañó su etapa más bailable hasta mediados de los sesenta, y el segundo, su momento hippie (con la melena más larga, pantalones oxford y túnicas que trajeron de sus viajes a la india) acompaña su época de experimentación musical que surge a fines de esa década.


En la época hippie el rock y la moda eran elementos que servían para expresar la disconformidad de los jóvenes con la guerra y con la desigualdad, el consumismo y el orden establecido. Un momento clave fue el festival de Woodstock de 1969, que reunió a 400.000 personas para escuchar a Janis Joplin, Santana, Jimi Hendrix, The Who, The Greatful Dead y Clearwater Revival. Estas anti-estrellas de la contracultura, difundieron masivamente su vestimenta que exudaba libertad y revolución. La moda se volvió despojada, con toques étnicos y multiculturales. El pelo se dejó crecer junto con la barba, se rechazó el corpiño y el maquillaje al mismo tiempo que se daba la espalda al consumismo y a las guerras. Otras importantes bandas de la época como los Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin y Pink Floyd difundieron este estilo multicultural, natural, artesanal y relajado.


Importantes diseñadores adoptaron rápidamente el estilo hippie, quitándole su contenido político y convirtiéndolo en una forma más de vestir elegantemente. Así por ejemplo, Yves Saint Laurent lanzó una colección cuyos ejes fueron el multiculturalismo, el exotismo, la naturaleza, los colores y los materiales naturales. Actualmente lo mismo ocurre con el llamado hippie chic, en el cual la moda sigue incorporando elementos de esta época.


La música cruda, rebelde y enérgica y la estética agresiva y provocativa del punk prendieron entre los jóvenes de fines del 70, convirtiéndose en el paradigma de la nueva época. La vestimenta y la música se convirtieron en armas para denunciar la disconformidad con un sistema excluyente. Bandas como New York Dolls, Ramones, Blondie, Talking Heads, desde el mítico pub CBGB’s de Nueva York, lanzaban sus gritos de inconformidad ante el mundo y protestaban contra todo a través de la vestimenta y del rock, ya que su imagen también causaba escándalo, como claramente lo demuestra New York Dolls, varones travestidos, guiados por el famoso manager y diseñador británico Malcolm McLaren.


El fenómeno se contagió rápidamente en Gran Bretaña, donde los Sex Pistols y The Clash, empezaron a cantar su descontento ante una situación frustrante, de desempleo y marginalidad, rechazando a un sistema que los excluía. La vestimenta y el rock, agresivos y antisociales, representaban esta realidad. El lema punk de “do it yourself” (hazlo tu mismo) se aplicó a la música y a la indumentaria por igual. Armaron sus propias bandas, y su propia moda, peinándose con crestas y vistiéndose para escandalizar. Dos diseñadores claves de la movida punk fueron Malcolm McLaren y Vivienne Westwood. Ambos fueron los responsables de soldar vestimenta y rock, produciendo ropa tan anárquica como la música que se escuchaba. Éstas incluían alfileres de gancho, tachas, imágenes controvertidas, detalles sadomasoquistas y todo lo que fuera capaz de shockear.


En los años 80’s, reinaron las tendencias Pop y Glam. Madonna, que inicia su larga carrera convirtiéndose en el ícono pop de los 80’s, contagia a todas las adolescentes con su look exagerado, recargado y consumista mientras entona “Material Girl”.


Durante los 90’s, grupos como Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden impusieron un estilo desprolijo que incluía jeans rotos, camisas largas a cuadros desprendidas y con una remera abajo, Birkenstocks o borceguíes. Lo que fuera bautizado como el estilo “grunge” hizo pasar radicalmente el estilo glam que había reinado en los 80’s. Estos artistas que subían al escenario con la misma ropa que usaban todo el día, sin estar asesorados por estilistas, o preocupados por verse bien; sin quererlo, causaron que todos los diseñadores del momento y las principales revistas de moda reprodujeran su estilo y una cantidad de adolescentes, siguiendo la tendencia, rompieran sus jeans recién comprados para imitar este look desprolijo y despreocupado.


El estilo de los jóvenes, en las últimas décadas, se ha definido de acuerdo al tipo de músico con quien se identifican. Entre los teens los estereotipos musicales y fashionistas se fusionan de una manera tan estrecha, que simplemente con verlos, ya es posible distinguir que tipo de música escuchan.


Las estrellas musicales, también se han acostumbrado a contratar a diseñadores para crear el vestuario de sus giras. Como podríamos olvidar los corpiños en forma de cono creados por Jean-Paul Gaultier para Madonna! Otras marcas que la han vestido en sus giras fueron Dolce & Gabbana, Dsquared y más recientemente Givenchy. Las Spice Girls se dejaron envolver por Cavalli para su regreso a los escenarios y Lenny Kravitz por Gucci para su gira mundial Love Revolution.


Hoy en día los músicos siguen convirtiendo a sus fans en sus clones, pero algo ha cambiado, la industria de la moda ha empezado a percatarse de la gran influencia de los músicos a la hora de imponer looks, y se ha aliado con estrellas musicales de las más diversas maneras.


Grandes marcas han incluido a ídolos musicales en sus campañas gráficas. Tal es el caso de Calvin Klein con Shirley Mason de Garbage y Kim Gordon de Sonic Youth, Louis Vuitton con Beyonce y Jennifer López y Versace con Maddonna y Christina Aguilera, solo por citar a algunos. Otras estrellas han prestado su imagen para promocionar calzados, perfumes y los más variados productos, hasta una marca de sombrillas publicitadas por Rhianna, tras su hit “Umbrella”.


Los championes Converse, sinónimos del rock en las últimas décadas, celebró su centenario con una campaña que incluye modelos exclusivos inspirados en músicos como Joey Ramone, Billie Joe Amstrong de Green Day, Sid Vicious de Sex Pistols y hasta Sandro para el mercado Argentino.


Adidas también se inspiró en la música para un lanzamiento global de la colección “Sounds of the City”, en el cual se rinde homenaje a los géneros musicales más influyentes de los últimos tiempos. En Francia eligieron la imagen de Jane Birkin (quien ya había inspirado la célebre bolsa de Hermes en los 70’s), en USA a la rapera Missy Elliot y en Alemania a Nina Hagen.


Lo cierto es que el público consume los productos que eligen sus ídolos. Por lo que ahora las alianzas estratégicas entre marcas y músicos son lo último. H&M convocó a Madonna, la reina del Pop, para diseñar una línea de ropas que se agotó ni bien llegó a las tiendas. La cantante australiana Kylie Minogue también fue convocada para H&M para diseñar una línea de ropas. La marca de carteras Kipling invitó a Fergie para diseñar 3 colecciones de carteras. Tommy Hilfiger se unió a la tendencia invitando a David Bowie para diseñar su línea H Hilfiger, con la colaboración de su esposa Iman.


Los músicos se han convertido en los nuevos diseñadores de moda. Sus marcas invaden las tiendas y cada día un nuevo “músico/diseñador” lanza su nueva colección. Estrellas como Gwen Stefani (con su célebre marca L.A.M.B. y la más nueva Harajuku Lovers), Jennifer López (que cuenta entre sus haberes con 3 marcas: JLO, Sweetface y Justsweet) y Sean Combs (con su marca Diddy’s), decidieron lucrar exclusivamente con sus colecciones sin aliarse con ninguna otra marca o diseñador, lanzando sus propias colecciones en el Fashion Week de Nueva York y autoproclamándose diseñadores. En el caso de Sean Combs, su carrera como diseñador ha opacado ampliamente a su carrera musical, de la cual se valió inicialmente para promocionar sus marcas.


Entre las estrellas con marcas propias también encontramos a Jessica Simpson con una línea de trajes de baño, Beyonce con su Marca casual de ropas y accesorios House of Dereon, LL Cool J, con su marca Todd Smith (que lleva su nombre verdadero) y Nelly con Vokal (línea masculina) y Apple Bottoms (línea femenina para mujeres con tallas generosas), Eminem con su línea urbana Shady Ltd., y Hilary Duff con la marca Stuff.


Por una causa más solidaria, Bono, el líder de U2, creó Edun, una marca de ropas cuyas ventas están destinadas a juntar fondos para combatir a la pobreza en todo el mundo. H&M también siguió este ejemplo, creando Fashion Against AIDS, invitando a varios artistas para diseñar líneas a ser vendidas en sus tiendas y cuyas ventas serán destinadas a la causa del Sida. Entre los convocados se encuentran: Ziggy Marley, Good Charlotte, Rhianna, The Cardigans y My Chemical Romance.


Otro ámbito donde la música y la moda se conjugan es en los desfiles. La música no solo ha inspirado por décadas a los diseñadores al momento de crear sus colecciones, también ha estado presente en los desfiles como parte esencial del show (es imposible imaginar un desfile de modas sin música). Pero ahora, la simbiosis de música y moda se ha vuelto aún más solida en uno de los eventos anuales más esperados, el desfile/concierto “Fashion Rocks” organizado por el grupo Condé Nast (Vogue, Vanity Fair, Glamour) en el cual estrellas como JLO, Fergie, Usher, Aerosmith, Alicia Keys, Avril Lavigne, Ludacris, Iggy Pop, Santana tocan en vivo, mientras bellas modelos exhiben las creaciones de los más prestigiosos diseñadores del mundo, dentro del contexto de la semana de la moda de Nueva York y con fines benéficos. En Londres el evento se repite, con el Swarovski Fashion Rocks a beneficio de la fundación del Príncipe de Gales.


La unión entre música y moda se ha vuelto cada vez más estrecha. Ya no solo se observa el fenómeno en los jóvenes que se visten imitando a sus ídolos, los diseñadores que invitan a los músicos a posar para sus campañas o los visten en sus conciertos y eventos, sino que también los músicos han empezado a lucrar con su estilo creando sus propias marcas. Ahora más que nunca, la moda se ha puesto de rock.

Me quito el Sombrero

Dita Von Teese

Tal vez solo uses sombrero para mantener caliente la cabeza en estos fríos días invernales. Tal vez lo necesite por tu trabajo. Tal vez lo uses para verte más fashion en una salida con tus amigos. Los sombreros no solo enmarcan la parte más expresiva del cuerpo, sino también dicen mucho sobre la persona que los lleva. Algunos tienen fines prácticos, laborales, simbólicos o simplemente estéticos, pero principalmente son un homenaje a la diversidad cultural, a la creatividad y a la imaginación del ser humano.

Como es presumible, fueron creados para proteger al hombre de los elementos y sus orígenes se remontan hasta el hombre primitivo. Desde la antigüedad, tanto hombres como mujeres lucieron diversos tipos de ornamentos para la cabeza que indicaban su rango en la sociedad. Uno de los primeros sombreros conocidos se encuentra en un mural en Tebas que muestra a un hombre con un sencillo sombrero de paja. El gorro frígio, símbolo de la libertad y de la revolución francesa -también presente en el escudo de nuestra bandera- era un sombrero que en Grecia y Roma era entregado a los esclavos al concedérseles la libertad. En Grecia además se usaba el Pileus, que era un sombrero sin ala que llevaba el nombre del material con el que se fabricaba, el fieltro. También los cazadores y caminantes usaban el Petasos, para protegerse del sol y de la lluvia. Era un sombrero de fieltro con ala ancha, con un cordón para llevarlo colgado cuando no se lo necesitaba. Este sombrero fue copiado por los etruscos y los romanos y su popularidad se extendió hasta la tardía Edad Media. En el medioevo, las mujeres usaban sombreros cónicos, similares a los de las hadas madrinas en las ilustraciones infantiles, que eran de uso mandatario para no ser consideradas mujeres de vida fácil.

Los sombreros tal y como los conocemos hoy en día surgen recién en el siglo XIV. Desde entonces los sombreros desempeñaron un rol importante en el atuendo masculino, mientras que en la moda femenina, recién volvieron a tener relevancia alrededor del siglo XVIII, cuando las mujeres empiezan a usar sombreros adornados con cintas, plumas, flores, encajes y todos los firuletes propios de la época barroca. Mientras más alto el rango, más elaborado el sombrero. Milán era la cuna de los mejores sombreros, quienes fabricaban de manera personalizada los sombreros de los nobles y burgueses, acentuando con sus diseños sus rasgos y características personales. En esta época, surgen sombrereros famosos como Rose Bertin (quien se hizo famosa con sus diseños para María Antonieta) y Carolina Reboux. Alrededor del 1800, los sombrereros tenían el mismo status que los diseñadores de alta costura, pues los sombreros eran la parte más elegante del atuendo.

El uso del sombrero se volvió tan difundido que era considerado de mal gusto salir de casa sin uno. Hacia el 1900, los sombreros se fueron haciendo progresivamente más grandes y recargados. Estos sombreros llegaron a ser tan exagerados que hasta dificultaban pasar por las puertas. Se hicieron tan enormes y molestos que en 1912 se prohibió su uso en los teatros. El escritor George Bernard Shaw detestaba a las mujeres que llevaban sombreros grandes al teatro, pero una vez en particular, se quedó indignado al ver a una dama luciendo un absurdo sombrero con un auténtico festival de aves muertas en la copa, que además de plumas lucía una gaviota disecada con las alas extendidas como sobrevolándola. Este encuentro lo motivó a escribir un artículo en el cual amenazaba ponerse un arreglo de cucarachas en la solapa para ver si estas exageradas damas disfrutaran sentarse al lado suyo y de sus amiguitos rastreros en el teatro.


Nicole Kidman

Con la primera Gran Guerra se empezaron a usar sombreros pequeños llamados cloches así como turbantes que abrazaban la cabeza. Esto se debió a la escasez de materiales que obligaba a reducir su tamaño. Lo mismo se dio en la época de la segunda guerra mundial. Para los años 50’s volvieron los sombreros ultra femeninos como parte del New Look propuesto por Christian Dior. La popularidad de los sombreros subsistió hasta el inicio de los años 60’s con los simpáticos sombreritos de Oleg Cassini que marcaron el estilo de Jackie Kennedy.

cloche

A partir de los 70’s se le dio más importancia al pelo, a la libertad y los sombreros se veían como algo anticuado y su uso se restringió a los matrimonios, días de campo y a nivel popular su uso se asoció más a la protección contra el sol más que a la moda.

Actualmente, existen dos eventos hípicos que hacen del llevar sombrero un auténtico espectáculo: el Kentucky Derby y las carreras de Ascot, en los cuales todas las mujeres llevan sombreros enormes y llamativos, cargados de magia y creatividad. Muchas fashionistas concuerdan que en estos eventos los sombreros han opacado ampliamente a las carreras, y las portadoras de los sombreros más llamativos reciben más atención que los mismos caballos ganadores.

Lo que es innegable es que desde su invención, su uso se extendió a muchos más campos que la simple protección contra los elementos, convirtiéndose en auténticos símbolos de status, de elegancia y distinción. Hoy en día, a pesar de no ser un elemento esencial en el vestuario como solían ser, siguen siendo vistos como deliciosos detalles personales que dan un inmediato toque de individualidad y sofisticación a quien los lleve. Hasta merece que nos quitemos el sombrero para homenajear su gracia.

SOMBREROS CON HISTORIA:

SOMBRERO PANAMÁ: Aunque parece lógico que el sombrero panamá se fabrique en este país, en realidad es confeccionado en Perú con hojas de jipijapa finamente trenza­das. Cuando los ingenieros norteamericanos que construían el canal en 1914, lo empezaron a usar pensaron que era un producto local y empezaron a llamarle Panama Hat o sombrero panameño. Al volver a su país popularizaron a este versátil sombrero, elegante pero informal, que sigue siendo utilizado hasta nuestros días.

SOMBRERO DE COPA: John Etherington, un londinense dueño de una lujosa mercería, salió de su tienda en 1797 luciendo un sombrero nuevo que él mismo había ideado. El sombrero de Ethering­ton, negro y alto como una chimenea, atrajo a una multitud tan nu­merosa que se produjo un tumulto y al ser empujado un hombre contra una vidriera que resultó rota, Etherington fue arres­tado por alterar el orden. Pero al cabo de un mes ya no podía cumplir con todos los pedidos que recibía. Este sombrero es un clásico que hasta hoy en día se usa para matrimonios y eventos formales.

Marlene Dietrich

Madonna

BIRRETE: Su origen se remota al pileus quadratus de épocas romanas, un tipo de gorra con un cuadrado adosado que luego fue conocido como birreta medieval. Era usada por los clérigos académicos para indicar su status social. Este gorro cuadrado que remata en una borla es actualmente parte fundamental del uniforme de los graduados. La borla es pasada del lado derecho al izquierdo del birrete como gesto simbólico de la graduación del alumno.

SOMBRERO COWBOY: Sus orígenes se remontan a los sombreros de los vaqueros mexicanos en Texas al principio del 1800 que fueron imitados por los cowboys gringos para protegerse del sol. Pero fue popularizado recién en 1860, cuando John B. Stetson, un sombrerero de Filadelfia que buscaba un nuevo mercado, recordando unas vacaciones que había pasado en el Oeste y a los prósperos ganaderos que había conocido allí, decidió pro­ducir un sombrero de gran tamaño, apropiado para los reyes del ga­nado. El sombrero de “diez galones”, dedicado a los cowboys del Oeste y llamado “El amo de las llanuras”, dio un enorme impulso al negocio de Stetson y se convirtió en símbolo clásico del Viejo Oeste y de los hombres y mujeres que lo colonizaron. Buffalo Bill y Calamity Jan llevaban Stetsons. El sombrero cowboy actualmente ha logrado hacer la transición del campo a la ciudad para a adornar las cabezas de numerosos cowboys y cowgirls urbanos que lo usan como un accesorio divertido y cool.


Dita Von Teese

SOMBRERO HONGO O BOMBÍN: En el año 1780, Edward Smith Stanley, duodécimo conde de Derby, instituyó una carrera anual de caballos, el Derby de Epsom Downs, cerca de Londres. En aquella época, eran muy populares entre los hombres los sombreros de fieltro duro, con la copa circular y ala es­trecha y dura. Eran una prenda casi obligada para asistir al Derby, y en Inglaterra recibieron este nombre, mientras que en España, recibían el nombre de hongo o bombín por su graciosa forma.


Dita Von Teese

BOINA: El testimonio más antiguo que se tiene de ella es una estatua sarda de la Edad de Bronce (2.000 a.C.). Quizá se podría re­montar a épocas más antiguas si se tiene en cuenta que, por su forma y características, es una prenda sencilla, práctica y de fácil fabricación. Su origen se pierde en los tiempos, pero a lo largo de la historia hace constante acto de presencia. Fueron los franceses quienes dieron el gran impulso a su proyección internacional. Jean Borotra, gran tenista vascofrancés que formaba el equipo francés de Copa Davis junto con René Lacoste, fue quien la popularizó en Europa y sobre todo en USA. En los años 20 y 30, la boina fue muy difundida en Hollywood y la usaron numerosos directores de cine, así como estrellas de ambos sexos. Actualmente, la boina se man­tiene firmemente implantada en sus áreas tradicionales, sobre todo en el País Vasco y ha conseguido una difusión inmensa en los ejércitos de casi todo el mundo. Grande o chica, de muy diversos colores, ha sido usada por personajes históricos como Richard Wagner, el Che Guevara, entre muchos otros, y su carácter utilitario, junto con su re­cia personalidad, siguen haciendo de ella una de las prendas de cabeza más po­pulares del mundo.

Dita Von Teese

Caritas Pintadas

foto: Negib Giha para LEVEL; make-up: Sabrina Ayala
Producción Valeria Gallarini

Desde la antigüedad el maquillaje ha servido para realzar la belleza femenina. De hecho, desde épocas remotas toda cultura se adornó suntuosamente con pinturas y polvos por motivos estéticos, sociales y religiosos.

Hace 8000 los egipcios ya usaban base para aclarar su piel, sombreaban sus ojos de verde y pintaban sus labios de negro azulado o rojo. Las egipcias fueron las primeras en usar sombras brillosas, logradas moliendo los caparazones iridiscentes de ciertos escarabajos. Como las egipcias solían llevar los pechos al descubierto, tenían la curiosa costumbre de acentuar sus pezones con dorado y resaltar las venas de sus senos pintándolas de azul. Igualmente insólita era su costumbre de depilarse las cejas y aplicarse cejas postizas que se juntaban sobre la nariz creando un look cejijunto que hoy en día sería patético.

Tanto hombres como mujeres delineaban sus ojos con khol para que parecieran más grandes. Este polvo negro hecho de antimonio, almendras quemadas, plomo, ocre, ceniza y malaquita molidos, poseía cualidades desinfectantes y repelentes y protegía al ojo de los intensos rayos de sol del desierto. Los egipcios también creían que el khol servía para ahuyentar al mal de ojo, por lo que lo usaban por motivos estéticos, terapéuticos y supersticiosos. El khol sigue siendo utilizado hasta hoy en día.

Los griegos eran partidarios de la belleza natural. Solo las cortesanas pintaban sus rostros. Los romanos promovían todo lo contrario. Su amor por los excesos se extendió también al uso de maquillaje. El filósofo romano Plautus escribía: “una mujer sin maquillaje es como comida sin sal.” Las antiguas romanas pintaban sus caras con plomo blanco y tiza para llamar la atención y tenían en sus tocadores casi todos los productos de belleza que se pueden conseguir hoy en día.

En Japón, las antiguas Geishas acostumbraban pintar enteramente sus rostros de blanco gracias a una base hecha de polvo de arroz y plomo. Ellas también se depilaban las cejas y luego pintaban cejas falsas y rectas en su frente. Enrojecían el centro de sus labios con el jugo de unas frutas y para aumentar este efecto ennegrecían sus dientes con una mezcla de óxidos de hierro. Siempre dejaban libre de base una zona alrededor de la raíz del cabello que daba ilusión de estar usando una máscara. Lo mismo hacían con una zona de la nuca.

En el Medioevo, la tez pálida significaba que la persona era suficientemente rica como para no trabajar en los campos. Las bases contenían plomo y arsénico y su uso continuado terminaba deteriorando la piel y ocasionando numerosas muertes. Famoso fue el caso de la Signora Toffana, que vendía a damas de la corte Italiana un polvo para el rostro que dejó viudas a muchas mujeres; cuyos maridos al besarlas, ingerían involuntariamente el arsénico contenido en su fórmula.

El colorete era igual de peligroso pues contenía el venenosísimo sulfuro rojo de mercurio. Como estaba en los labios era muy fácil de ingerir. Se podría decir que estas mujeres eran auténticas “femmes fatales” por la cantidad de veneno que tenían esparcido en sus rostros. El mercurio y arsénico también causaban numerosos abortos, partos prematuros y deformidades congénitas en sus hijos.

El maquillaje jugó un papel muy relevante en mantener la imagen de Reina Virgen de Isabel I. Ella usaba una espesa base blanca para disimular las arrugas y cicatrices de viruela que marcaban su rostro y mantener viva su legendaria imagen de “reina y diosa”.

En las cortes francesas del siglo XVII, se introdujo el rouge rojo y el maquillaje excesivo para dar una imagen de salud y alegría. Sin embargo lograban un efecto totalmente contrario. En 1792, la revista británica “Gentlemen’s Magazine” afirmaba que las francesas, con sus pelucas blancas y sus caras rosadas parecían ovejas desolladas.

En la Inglaterra Victoriana, el maquillaje fue aborrecido y asociado con las prostitutas y hasta fue considerado por muchos escritores de la época como pecaminoso. De hecho, las prostitutas usaban colorete en sus mejillas, bocas, pezones y genitales para imitar el rubor natural que se produce en distintas partes del cuerpo al tener sexo. La Reina Victoria sostenía con firmeza que el maquillaje era vulgar y quienes lo usaban eran maleducadas.

En esta época, las mujeres de alta sociedad añoraban verse pálidas y frágiles. Para lograrlo, bebían vinagre y arsénico y evitaban el sol. La piel bronceada era considerada del populacho. Este look pálido a veces necesitaba la ayuda de un poco de rubor para evitar que las confundieran con zombis. Pero siempre tenían que hacerlo muy discretamente ya que el maquillaje era muy mal visto. Las mujeres de la sociedad victoriana recurrían a la misma técnica que habían usado las egipcias miles de años antes: pintarse las venas del escote en azul para que pareciera que su piel era tan traslúcidamente clara que dejaba ver sus venas.

El maquillaje recién volvió a ser aceptado a fines del siglo XIX. Pero si bien las damas de la sociedad lo usaban no lo admitían públicamente ya que lo ideal era ser una belleza natural. Los locales de ventas de cosméticos tenían puertas traseras muy discretas para que las clientas a quienes les daba vergüenza ser vistas comprando maquillaje entraran sin ser notadas. En esta época eran muy populares los polvos en papel que al ser puestos sobre el rostro liberaban un polvito muy discreto y suave que eliminaba el brillo y daba a la piel una apariencia más tersa. Las mujeres también se embellecían discretamente con lo que tenían a mano. Por ejemplo, usaban fósforos quemados para oscurecer sus pestañas y pétalos de flores humedecidos para colorear sus labios.

Curiosamente, la primera “Avon Lady” fue en realidad un hombre, el vendedor domiciliario David McConnel, quien en 1886 empezó a vender cosméticos a domicilio. Las mujeres preferían comprar a domicilio en esta época en la que difícilmente una se admitía en público el uso de maquillaje, por lo que su iniciativa fue muy bien recibida.

Curiosamente, el maquillaje vuelve con furor a inicios del siglo XX de la mano de los movimientos de liberación femenina. Los labios rojos y colores dramáticos acentuaban el recién ganado espíritu de libertad de las mujeres. En 1900 aparece el primer colorete en tubo de la mano de Guerlain. Helena Rubinstein y Elizabeth Arden abren salones de belleza que las hacen millonarias. En 1909 Max Factor abre su primer estudio de maquillaje en Hollywood y da inicio a lo que sería uno de los más grandes imperios de la cosmética.

Para los años 20 el maquillaje ya estaba totalmente aceptado, incluso era considerado elegante aplicarse colorete y polvos en público (cosa que unas décadas atrás era inaudita). El colorete tenía un rol fundamental en el maquillaje, los labios empezaron a pintarse de colores cada vez más intensos. Las cejas eran depiladas completamente y luego delineaban una fina raya con lápiz y empezaron a causar furor las pestañas postizas.

Entre los años 1930 y 1950, las estrellas de Hollywood definían el estilo de maquillaje. El look de muñequita de Mary Pickford, las cejas fuertemente marcadas de Ava Gardner y los ojos delineados de Audrey Hepburn eran imitados por todas las mujeres. El Tecnicolor que introduce las películas a colores revoluciona por completo el maquillaje. En los 50 la base "pan cake" de Max Factor, usada para borrar todas las imperfecciones de los rostros perfectos de las actices, empieza a ser comprado masivamente por las mujeres que anhelaban lucir rostros impecables como el de las bellísimas estrellas de la época. La influencia de Hollywood se vuelve más notoria en los años 60 con la película "Cleopatra", tras la cual todas las mujeres empezaron a delinear sus ojos al estilo egipcio, imitando a Liz Taylor.

A fines de los 60 la moda empieza a ser la mayor influencia en el maquillaje. La diseñadora Mary Quant (la inventora de la minifalda) lanzó una línea económica de sombras, coloretes y rubores en los más variados y vistosos colores. Sus productos venían con instrucciones para lograr el tan anhelado look de la modelo Twiggy. Éstas indicaban como aplicar el rubor bajo los pómulos para afinar el rostro y las pestañas postizas para agrandar la mirada.

En los 70 se genera un retorno al look natural, pero logrado con sombras claras y de colores tierra. En 1971 Max Factor lanza el primer maquillaje a prueba de agua. Los 80 rompen por completo el look natural. Las sombras perladas y los colores intensos vuelven con todo. Recuerden que esta era la década de los Carrington: todo era exceso. Aparecen los primeros coloretes de larga duración que acompaña a la mujer ejecutiva de la década que debía verse impecable todo el día.

Desde los 90 la industria del maquillaje ha ido mejorando cada vez más con ayuda de la ciencia y tecnología. Los productos se liberaron de sus componentes tóxicos y se volvieron multifuncionales. Ahora es fácil encontrar en el mercado un colorete que colorea los labios y los mantiene humectados, o bases con protección solar y agentes anti-arrugas. Por otro lado la cosmética ha avanzado tanto que se han creado bases que rellenan las arrugas y brillos que hinchan los labios para que se vean más voluptuosos.


Hoy en día las mujeres admitimos sin vergüenza que tenemos las caritas pintadas. Nos ponemos maquillaje hasta para ir al súper y en las mañanas en que amanecemos con la cara revuelta, el maquillaje es nuestro principal aliado para al menos intentar disimularlo.

ESPEJITO ESPEJITO

"Al igual que la cópula, el espejo multiplica a las personas innecesariamente".
José Luis Borges



Foto: Laura Mandelik para la revista LEVEL - Modelo: Fiorella Migliore - Producción: Valeria Gallarini

Prendas: Carla Ricciardi - Zapatos: BGN

El espejo es un accesorio vital de la moda, es el aliado de nuestra vanidad, el defensor de nuestra seguridad, el juez final que da el visto bueno a nuestro atuendo cotidiano. Lo colgamos de las paredes y los llevamos con nosotros a todas partes. Cuando por algún motivo nos encontramos sin uno nos desesperamos y a quien no le ha ocurrido tener que valerse únicamente del espejo del tocador del baño, que de tan pequeño nos forzó a treparnos al inodoro para observarnos enteros. A veces, tenemos que ingeniarnos para reflejar en él todo lo que a nuestros ojos escapa.


Si bien el espejo transparente tal y como lo conocemos hoy es relativamente nuevo, sus orígenes se remontan a más de 8000 años atrás. Los primeros hombres, como el mítico Narciso, probablemente tenían que contentarse con ver su imagen reflejada en algún estanque. Fueron los antiguos habitantes de Anatolia (región de Turquía), los primeros en aprovechar la obsidiana, un cristal de roca negro de origen volcánico, de superficie altamente reflexiva creando pequeños espejitos convexos. Pero este invento no fue muy difundido en el mundo antiguo.


En Mesopotamia hacia el año 3500 a.C. los sumerios crearon los primeros espejos de bronce pulido con mangos sencillos de madera, oro y marfil. Este metal pulido cumplía las mismas funciones que el espejo contemporáneo, pero carecía de la misma nitidez que los espejos de la actualidad y pronto se volvían oscuros y opacos por la acción del aire sobre su superficie.

El uso de espejos de metal pulido fue muy difundido en toda la antigüedad. Los egipcios usaban espejos con mangos más refinados, tallados con formas fito y zoomorfas. Además del uso cosmético los egipcios creían que los espejos ayudaban al difunto a encontrar su camino en el más allá. Por este motivo, se hallaron miles de espejos en las tumbas egipcias. En la tumba de Tutankamón se encontró un bellísimo espejo recubierto de oro, cristales de colores y cuarzo. El símbolo terrenal de Ra, el dios egipcio más poderoso, era un espejo que representaba al disco solar.


En el año 328 a.C., los griegos fundaron una escuela especializada en la elaboración de espejos. En ella, los alumnos aprendían a pulir delicadamente el metal con arena sin rallar la superficie reflectante. En esta escuela los diseños y tipos de espejos se multiplicaron. Elaboraron espejos con pedestales para apoyarlos en el tocador y otros con tapas que se plegaban para proteger su superficie.


Sócrates recomendaba el uso del espejo a sus discípulos para que, si eran hermosos, se hicieran moralmente dignos de su belleza, y, si eran feos, lo ocultaran mediante el cultivo de su espíritu. No obstante, en la Grecia antigua el espejo era considerado un instrumento estrictamente femenino. El hombre que lo usaba era considerado afeminado.


Los romanos empezaron a fabricar espejos de plata. El color neutro de este metal aumentaba la fidelidad de la imagen reflejada. Cabe recordar, que las romanas, muy aficionada al maquillaje, podían apreciar mejor las tonalidades de los cosméticos que aplicaban sobre su piel en la superficie plateada.


Los romanos, además del uso del espejo como aliado del tocador, incluyeron al mismo en sus juegos eróticos. Séneca relata asqueado como un romano rico y libertino, llamado Hostius Quadra, llevó al extremo el arte de la orgía instalando en su habitación grandes espejos cóncavos de metal que aumentaban el tamaño de todo lo que en ellos se reflejaba para verse a sí mismo ampliado y multiplicado mientras practicaba sus actos lascivos.


En la América precolombina, se fabricaban espejos de pirita, mica, antracita, obsidiana y hematite. Los incas también desarrollaron espejos de metal pulido. Los hombres incas nunca se miraban al espejo pues lo consideraban un acto vergonzoso y afeminado. Sin embargo, los utilizaban para fines prácticos, pues todos llevaban una pulsera o chipana en la muñeca izquierda provista de un pequeño espejo cóncavo para prender fuego. Los chamanes incas y olmecas se valían de grandes espejos cóncavos de bronce para prender las hogueras de los sacrificios humanos.


En china, los primeros espejos fueron de jade pulido y luego fueron perfeccionados valiéndose de metales como el hierro y el bronce. Luego los barnizaban de xuanxi, una mezcla de mercurio, latón y ceniza de cuerno de ciervo. Los chinos fueron tan ingeniosos que hasta llegaron a fabricar pequeños espejos cóncavos de solo 5 cm que permitían ver toda la cabeza. Los japoneses pronto adoptaron los espejos chinos. En el siglo XVII tanto hombres como mujeres llevaban pequeños espejos pegados a sus mangas para poder controlar a cada rato su aspecto.


Regresando a Europa, durante el medioevo, época llena de supersticiones, se difundió la creencia que el diablo observaba del otro lado del espejo, motivo por el cual el uso de espejos desapareció casi por completo. El uso de espejos pasó así a ser parte de los rituales de brujería y de prácticas adivinatorias. La adivinación por medio de espejos se llamaba catoptromancia. El célebre Nostradamus recibió mucha de sus profecías valiéndose de esta técnica.


En el renacimiento, eran muy usados por los españoles y franceses para descifrar mensajes secretos. Leonardo Da Vinci escribía todos los textos de sus inventos al revés para protegerlos. Solo podían ser descifrados valiéndose de un espejo.


En Venecia, ciudad famosa por sus vidrios soplados, aparecen en el siglo XIV los primeros espejos de cristal. Como a diferencia del metal, el vidrio no admite pulido con arena para conseguir una superficie lisa y cada plancha de cristal debía lograrse con toda la perfección en el primer intento, los primeros espejos reflejaban unas imágenes borrosas y deformadas.

Pero los talentosos vidrieros venecianos siguieron mejorando la técnica hasta que encontraron la manera de adosar una lámina metálica a la superficie de vidrio alisado logrando un reflejo perfecto. Los ingeniosos maestros artesanos venecianos también encontraron un truco, creando una mezcla reflectante especial con bronce y oro que hacía que todos los objetos reflejados en ellos se vieran más bonitos debido a la calidez de la reflexión de la luz. Este detalle hizo que los espejos venecianos se volvieran famosos en todo el mundo y elevó los precios de los mismos a la estratosfera. En esta época era más económico comprarse un Rafael o un barco que un espejo veneciano.

La técnica veneciana era tan especial, que los venecianos guardaron por años en secreto de su fabricación. Hasta se crearon leyes castigando a todo ciudadano que revelara a un extranjero el sistema de producción de los espejos. A los artesanos se les prohibía salir de la isla de Murano (lugar donde se fabricaban los espejos) y si escapaban eran castigados con pena de muerte. A pesar de las restricciones, el secreto finalmente se filtró cuando Colbert, ministro de Luís XIV, sobornó a tres artesanos venecianos y los transportó a Francia. Para el siglo XVII ya se fabricaban espejos de excelente calidad en Londres y París.

Los espejos, convertidos en artículos de lujo, pasaron a decorar los castillos de los reyes. En 1682 le Brun completó el célebre Salón de los Espejos del Castillo de Versailles, de arrebatadora belleza y magnitud pues estaba compuesto por 357 espejos. A los espejos se los decoraba con marcos de nácar, carey, madera tallada y dorada a la hoja. Los marcos cambiaban de acuerdo a las modas pero los espejos siempre eran los mismos, ya que era más barato cambiar el marco que comprar un nuevo espejo.

La creencia supersticiosa que dice: “si se rompe un espejo son siete años de mala suerte” surgió a raíz de que el espejo llegó a ser tan caro que sólo los ricos y pudientes, reyes y príncipes podían tenerlos. Cuando alguien rompía un espejo, debía trabajar siete años para pagarlo.

En 1836, Justus von Liebig, descubrió el proceso químico de cubrir una cara del vidrio con una aleación de plata abaratando notablemente el costo de producción de los espejos. Con el abaratamiento de los espejos, aumentó la difusión de los mismos. Para el siglo XIX cada casa contaba con al menos un espejo pequeño.

Un espejo no sirve solo para observar nuestra imagen reflejada o para decorar nuestro hogar. Sus usos son variados e importantes. Los usamos para evitar accidentes al manejar, lo usan los dentistas para observar nuestra dentadura, los usan los astrónomos en sus telescopios y hasta los submarinos en sus periscopios.

El ojo artificial del espejo se ha convertido en uno de los instrumentos más útiles de nuestro tiempo. Sin embargo, es su uso más mundano y banal, ser nuestro mero reflejo cotidiano, aquel que lo hace más útil para nosotros. El espejo nos refleja, y en esa imagen reflejada nos aprobamos o nos desaprobamos, pero por sobre todas las cosas, nos conocemos.

PIELES PRECIOSAS Y CONTROVERTIDAS

foto: Laura Mandelik, tapa de la revista Level - Modelo: Carmen Valdivieso - Producción: Valeria Gallarini
Vestido: Javier Saiach


Las pieles fueron los primeros abrigos que resguardaron los cuerpos de los seres humanos. Si bien no hay una fecha exacta, se sabe que tanto los primeros homo sapiens como los neandertales vestían con pieles de animales que cazaban. Todas las antiguas civilizaciones, sobretodo aquellas que habitaban zonas muy frías, se valieron de las pieles de animales para aislar sus cuerpos del frío y la nieve. Las pieles en ese entonces no eran artículos de lujo, sino artículos necesarios para la supervivencia.

Con el tiempo, civilizaciones posteriores como los fenicios, egipcios, incas, aztecas, griegos y romanos otorgaron a las pieles gran importancia ritual, pues creían que los protegían en las batallas y las convirtieron en símbolo de poder y lujo. En Egipto, los sacerdotes funerarios vestían pieles de guepardo. Esta tradición radicaba en la ceremonia de apertura de la boca, en la que el religioso tenía que ir al más allá para buscar “yo espiritual” del difunto y regresarlo al cuerpo. Para hacerlo, necesitaba la fuerza, la agilidad, el valor y la astucia que la piel de felino le otorgaba.

Asimismo en la cultura maya, el jaguar estaba asociado directamente al poder, motivo por el cual los gobernantes y chamanes vestían no solo la piel sino también las garras y cabeza de este animal. Los mayas creían que al llevar la piel de jaguar se adquiría los atributos divinos de este felino, que simbolizaba el poder y la energía de la naturaleza. Los tronos de los reyes mayas eran revestidos en piel de jaguar. El jaguar que caza de día y de noche dominaba los dos mundos, el mundo de la oscuridad y el mundo del día y era un símbolo de unidad entre ambos mundos. Por este motivo los chamanes de muchas culturas mesoamericanas y amazónicas vestían su piel.

En la Europa medieval las pieles también eran muy usadas por los gobernantes. Carlomagno llevaba siempre un chaleco de piel de nutria o de ratas para proteger su espalda y pecho. Los reyes bárbaros eran llamados reges pelliti (reyes con pieles) por los romanos. Su uso se debía principalmente a una cuestión climática, pero luego se convirtió en una cuestión de lujo y adorno. En el siglo XIV, el uso de pieles costosas se limitaba a las personas de alta jerarquía social. Las personas de la élite nobiliaria usaban capas revestidas con piel de ardilla siberiana o de armiño (símbolo de jerarquía real), mientras que los de la nobleza menor usaban capas de piel de carnero o cordero.

En el norte de Europa, debido a sus crudos inviernos la peletería se fue perfeccionando y las pieles empezaron a tomar forma de capas, abrigos, guantes, sombreros y estolas que fueron comercializadas entre los pueblos. En el siglo XVII se produce el apogeo de la industria peletera europea.

El comercio de pieles llevó a muchos descubrimientos. La búsqueda de pieles empujó a los rusos a explorar los Urales e internarse en Siberia. Durante la colonia europea en Norteamérica las pieles fueron el principal bien comerciado entre los exploradores y los nativos. El comercio de pieles se volvió tan importante que la “Compañía de la Bahía Hudson”, que controlaba dicho comercio en los territorios británicos, fue una de las organizaciones más importantes de la colonia inglesa. En Canadá, la piel de castor se convirtió en un preciado artículo de intercambio, con el cual los cazadores o trappers compraban todos los enseres que necesitaban. En ciertas zonas, las pieles sustituían a la moneda. Por ejemplo un fusil valía 12 pieles de castor.

Con las nuevas colonias creció el comercio peletero incorporándose pieles de animales exóticos provenientes de las colonias europeas en el mundo. De las colonias norteamericanas venían las pieles de lince y castor, muy preciadas por su impermeabilidad, de las sudamericanas las pieles de nutria y Chinchilla y de las africanas las pieles de guepardo.

Hasta la primera mitad del Siglo XX, llevar abrigos de piel se convirtió en un símbolo de status y opulencia. Los abrigos de marta cibelina, zorro y visón se convirtieron en auténticos productos de lujo a las que todas las mujeres aspiraban.

La batalla animalista: una cuestión de piel

La caza indiscriminada que llevó al peligro de extinción de muchas especies, sumada al invento de materiales sintéticos para resguardar del frío y al surgimiento de los movimientos animalistas afectó notablemente a la industria peletera. Hoy en día existen muchos controles y se prohíbe utilizar pieles de especies en peligro de extinción. Muchos países, solo usan pieles de animales de criadero, provenientes de granjas de animales, donde distintos animales son criados para abastecer a la industria peletera.

Pero estos controles no son suficientes para los animalistas, quienes critican el maltrato que padecen los animales cautivos en las granjas y la crueldad con las que se los mata. Grupos animalistas como PETA empezaron a denunciar con filmaciones, fotografías y manifestaciones los horrores ocultos tras las pieles.

Por otro lado arguyen que nada justifica la gran cantidad de animales que se requieren para hacer un solo abrigo de piel. Para un abrigo se necesitan: 70 visones, 20 zorros y focas bebes, 250 chinchillas y 12 lobos. Si se desea una prenda de piel de marmota, como las que usa el símbolo de la belleza francesa Catherine Deneuve, se requiere sacrificar 200 ejemplares. Los animalistas sostienen que la vanidad no es motivo suficiente para sacrificar y arrancar las pieles de los animales. El siglo XXI presenta demasiadas alternativas sintéticas o “ecológicas” para abrigarse y estar a la moda.

En las dos décadas que PETA ha estado luchando por los derechos de los animales han atacado duramente no solo a la industria peletera sino también a la industria de la moda y a las celebridades que visten con pieles a través de fuertes e ingeniosas campañas anti piel. Celebridades como Pamela Anderson, Claudia Schiffer, Charlize Theron, Eva Méndez y Christy Turlington han posado para sus controvertidas campañas, algunas de ellas totalmente desnudas bajo el slogan “prefiero estar desnuda a llevar pieles”. Un caso muy comentado fue el de la modelo Naomi Campbell, quien aparentemente se olvidó de haber posado para la campaña antipiel de PETA en 1995 y luego fue retratada por los papparazzi con los más variados abrigos de cuanto animal existe en el planeta. La hipocresía y la traición de la Campbell enfuereció a los activistas de PETA, quienes la apodaron “prostituta de la piel”.

Entre sus manifestaciones más famosas se encuentran sus constantes ataques a los desfiles de los diseñadores que venden artículos de piel, en donde activistas irrumpen a las pasarelas llevando carteles y tirando pintura roja sobre las prendas. PETA también organiza boicots contra tiendas que venden pieles, llevado a diseñadores como Ralph Lauren y Calvin Klein a dejar de trabajar con pieles. Pero PETA también tiene diseñadores activistas como Stella McCartney, que siempre se ha rehusado a diseñar artículos de piel, inspirando a otros a seguir sus pasos.

Otro objetivo constante de sus ataques es la revista Vogue y sobre todo su editora Anne Wintour, quien no está dispuesta a renunciar a sus carísimos abrigos. PETA publicó durante el Fashion Week de Milán unas fotos muy poco favorecedoras de la Wintour y de Donatella Versace cubiertas de vistosísimos abrigos con el título: “Las pieles son llevadas por animales hermosos y personas horribles.”

PETA también publica cada año una lista de las estrellas peor vestidas, en la que ranquean a las celebridades más adictas a las pieles y al cuero. Este año las nominadas fueron: Marilyn Manson, Eva Longoria, Lyndsay Lohan, Kate Moss y Kylie Minogue.

Estrellas como Sarah Jessica Parker y Giselle Bundchen también cedieron ante los ataques de esta organización arrepintiéndose públicamente por haberlas usado. Otras estrellas alentaron a miles de personas a donar sus abrigos de piel a PETA para que los entreguen a refugiados en Afganistán y personas sin hogar.

Directores de Hollywood como Oliver Stone y Wolfgang Petersen también se han doblegado ante las campañas de PETA negándose a usar pieles en sus películas y optando por materiales sintéticos cada vez que el guión demande su uso.

Sin embargo, la industria de la moda, sigue ajena al debate ambiental. Unos 170 diseñadores, como Armani, Fendi, Versacce, Valentino, Ferre y D&G, crean cada año una colección de abrigos de piel, con prendas con precios entre 4 mil y 40 mil dólares.

Frente a las críticas de los animalistas, la industria peletera responde que la piel es hoy en día un producto legal y totalmente controlado pues los animales se crían en granjas como los pollos, cerdos y vacas. Para ellos ponerse un abrigo de piel es tan ético como comerse un bife. Los peleteros también se burlan de los ambientalistas que proponen las pieles sintéticas conocidas como “pieles ecológicas”, pues estas no pueden ser consideradas ecológicas ya que no son biodegradables.

Lo innegable es que el activismo de las organizaciones animalistas ha sido efectivo en cambiar la actitud del público frente a las pieles. Las prendas de piel que una vez eran vistas como símbolos de status y poder ahora son cuestionadas y mal vistas. Las estrellas que las llevan son duramente atacadas y cada vez son más los jóvenes que se niegan a llevarlas, considerándolas ridículas, anticuadas y detestables.

El tema de las pieles es ciertamente uno muy controvertido, en el cual hay puntos de vistas muy enfrentados. Ponerse un abrigo de piel ya no es meramente una cuestión de actitud y estilo, sino una cuestión de conciencia. Las pieles son en síntesis el artículo más amado y odiado de la industria de la moda. Ellas son la prenda de la discordia y el centro de una gran polémica animalista. Hoy en día no podemos negar, que a pesar del glamour, la sofisticación y la belleza que ofrecen las pieles ya no se puede llevarlas sin sentido de culpa.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Historia de las Pelucas


En los últimos tiempos la peluca ha perdido su rol como elemento de uso cotidiano y ha sido relegada a cubrir problemas capilares o a ser utilizada en el teatro o en fiestas de disfraces. Seguramente, la mayoría de nuestros lectores solo cuenta con una peluca 100% poliéster de colorido estridente que completaba su último disfraz de payaso. Sin embargo, por verdaderos milenios, la peluca ha tenido un rol importantísimo en el atuendo cotidiano.



Las primeras pelucas surgen 7000 años atrás con los asirios, que consideraban tan importante al cabello que la calvicie total o parcial, se consideraba un defecto antiestético ocultado mediante pelucas.

Los más asiduos portadores de pelucas en la antigüedad fueron los egipcios. Debido al calor extremo y la abundancia de piojos, tanto hombres como mujeres acostumbraban llevar la cabeza rapada y en ocasiones especiales cubrirla con elaboradas pelucas trenzadas rematadas en cuentas de oro y marfil. Las mismas indicaban el lugar que uno tenía en la sociedad (como siempre, mientras más alto el rango más elaborada la peluca). Algunas de estas pelucas eran enormes y muy pesadas. La peluca que llevaba la reina Isimkheb en las grandes ocasiones pesaba tanto que necesitaba ayuda para poder caminar. Para evitar que las pelucas olieran mal se ponían unos conos de cera perfumada sobre ellas.
Al comenzar el siglo 1 a.C. las pelucas rubias hicieron furor en Roma (porque por supuesto los hombres siempre las han preferido rubias). Las vanidosas romanas cortaban las magníficas cabelleras blondas de las “barbies” de la época, las cautivas bárbaras germanas. Pero con el correr del tiempo, las pelucas rubias acabaron por convertirse en el signo distintivo de las prostitutas e incluso de quienes las frecuentaban. Tanto la libidinosa emperatriz Mesalina, como el lujurioso Calígula, solían pasearse por los burdeles con sus pelucas blondas en busca de placeres. La peluca rubia era el equivalente a las botas blancas y las minis escandalosas de las prostitutas modernas.

Al emerger la Iglesia Católica, las pelucas fueron asociadas a los paganos y por ende perseguidas por la Iglesia. Desde el siglo 1º hasta el 629, una persona con peluca no podía recibir una bendición cristiana. Las pelucas eran vistas como vanidosas invenciones del diablo.

Con el renacimiento reaparecieron las pelucas gracias a Isabel I de Inglaterra, quien poseía una colección enorme de pelucas anaranjadas que usaba para ocultar el retroceso frontal de su cabello y su progresiva calvicie. Hasta su archirival, María, reina de los escoceses, llevaba una peluca color caoba, pero este hecho nadie lo supo hasta que fue decapitada y junto con su cabeza rodó su peluca revelando su bien guardado secreto de tocador.


A inicios del 1600 la calvicie prematura del rey Luis XIII de Francia, puso de moda el uso de pelucas en la corte y al poco tiempo toda la nobleza europea estaba imitándolo.

Las pelucas no solo eran empleadas para mejorar la apariencia y ocultar la calvicie. También eran necesarias debido a las insalubres condiciones de vida y costumbres antihigiénicas de la época (de las cuales no se salvaban ni siquiera los Palacios Reales). Se creía que mojarse enfermaba y por ende, tanto los baños como las lavadas de cabeza eran infrecuentes. El “aroma” se ocultaba con perfumes pero los piojos eran más difíciles de erradicar. En estas circunstancias era más fácil raparse la cabeza y usar una peluca para prevenir los piojos.

Las pelucas eran utilizadas solo por las personas más pudientes pues eran muy costosas (a menudo eran la pieza más cara de la indumentaria) y acarreaban un elevado costo de mantenimiento. En el apogeo de la popularidad de las pelucas en Francia del siglo XVII, 40 peluqueros eran empleados permanentemente en Versailles para atender las necesidades de las pelucas de la corte.

Hacia el siglo XVIII, las pelucas eran tan costosas que a menudo las robaban. Los ladrones de pelucas iban por las calles más transitadas llevando sobre sus hombros un cesto con un niño oculto en su interior. El niño se levantaba súbitamente para apoderarse de las pelucas de los distraídos transeúntes.

Hacia esta época el tamaño y la ornamentación de las pelucas también se volvieron sumamente elaborados. Las mujeres llevaban pelucas tan altas que debían ser armadas sobre estructuras metálicas y cubiertas con ungüentos para mantener los cabellos en su lugar. Como estos materiales generalmente eran de origen orgánico y tenían un lento tiempo de secado, creaban el hábitat ideal para animalitos indeseados. Hay numerosas historias sobre mujeres que al ponerse sus pelucas se encontraron con ratones que habían decidido anidar en ellas.

Las ornamentaciones se fueron volviendo cada vez más excéntricas. Algunas mujeres muy imaginativas empezaron a adornar sus pelucas temáticamente con variados motivos. Algunas empotraban pequeñas jaulas con pajaritos vivos en sus pelucas. Otras recreaban jardines en miniatura con estatuas incluidas. Tal vez el caso más famoso fue el de la peluca que recreaba una escena marítima con la réplica en miniatura del barco “La belle poule”, para celebrar su victoria en una batalla. Hacia el final de la era barroca, los tocados habían alcanzado insólitas alturas de hasta 60 cms!
Las pelucas eran empolvoreadas para ocultar la diferencia entre pelos naturales y postizos así también como para aclararlas al gusto de la época. Incluso la gente que no podía permitirse una peluca, se empolvoreaba su propia cabellera para que pareciese una peluca. En 1795 se impuso un impuesto en el polvo blanco y tanto el uso del polvo como las pelucas fueron cayendo en desuso.

Actualmente se ha visto un renacer de las pelucas en la forma de extensiones o alargues. Estos son mechones postizos de pelo natural o artificial que se trenzan directamente sobre el pelo tanto para aumentar instantáneamente el largor de la cabellera o para dar más volumen al look. Famosas modelos y estrellas como: Elle Mac Pherson, Kyle Minogue, Beyonce Knowles, Naomi Campbell y Paris Hilton son fanáticas declaradas de las extensiones.



Los peluquines o bisoñés son otras pelucas que siguen vigentes hoy en día para ocultar la calvicie masculina. Sin embargo, nuestros metrosexuales y cuarentones en crisis no tienen la misma soltura que los cortesanos franceses del siglo XVIII que no tenían problemas en admitir orgullosamente ser propietarios de docenas de pelucas de distintos largores y colores. Hoy en día los peluquines son vistos como elementos ridículos y su uso es un secreto de estado celosamente custodiado por sus propietarios.


Actualmente las judía ortodoxas siguen utilizando pelucas cotidianamente; pero éstas no lo hacen por vanidad sino por todo lo contrario. Los judíos ortodoxos consideran al cabello femenino como un factor de atracción sexual tan provocativo que debe ser cubierto con una peluca.

El atractivo sexual y vital del pelo es algo innegable. El cabello abundante, brillante y bien cuidado ha sido objeto de admiración y deseo desde la antigüedad. Esto se debe a que nuestro cabello es el reflejo de nuestra salud y nuestro vigor. Es por esto que durante siglos hombres y mujeres se han esforzado tanto en aparentar mejor cabello del que realmente tenían. Las pelucas y apliques han sido fieles aliados a la hora de transformar el aspecto, acentuar la exhuberancia de la cabellera y disimular la alopecia o simplemente la calamidad capilar matutina de esos días en los que nuestro pelo simplemente no amanece bien.


Hoy en día, una gran cantidad y variedad de productos cosméticos ayudan a solucionar la mayoría de los problemas capilares contra los cuales lucharon nuestros ancestros. Ahora, la peluca ha dejado de ser una necesidad cotidiana para convertirse en un elemento de diversión, de juego y de renovación en nuestras vidas.

lunes, 24 de noviembre de 2008

ABANICOS MENSAJEROS

En estos calurosos días de verano subtropical quien no ha buscado automáticamente cualquier cartoncito a mano para aliviar el calor. Por supuesto que esto es solo un auto engaño, pues lo más probable es que el papelito que encontramos no refresca ni a una mosca. Ni bien hallamos refugio en un ambiente bajo cero logrado gracias a nuestros modernos sistemas de refrigeración, nos detenemos a preguntarnos como hacían nuestras abuAñadir imagenelitas para aguantar el sofocante clima. Por supuesto que inmediatamente damos gracias a Dios por haber nacido en el siglo XX.

Pero muchísimo antes de la llegada del aire acondicionado, el hombre se ingenió para mitigar los rigores del clima valiéndose de los elementos que tenía a su alcance. Probablemente el origen del abanico se remonta a los primeros hombres, que al descubrir el fuego necesitaron avivarlo con algún tipo de pantalla.

Pero el abanico propiamente dicho surge hacia el año 3.000 a.C. de manera simultánea en dos culturas muy diferentes: Egipto y China. En Egipto los primeros abanicos estaban hechos tradicionalmente de plumas de pavo real, palmas entrelazadas o papiros y además de refrescar y espantar insectos, eran un símbolo diferenciador de clases y tenían un importante uso ceremonial. En Egipto, los ricos tenían un “abanicador” y el faraón tenía un “potador del abanico real”. Estos eran esclavos que movían continuamente enormes abanicos de papiro tejido para refrescar a sus amos. La sombra proyectada en el piso por los abanicos era terreno prohibido para la gente común.

En la China, estos eran elaborados de papel o seda y sostenidos por un palo de bambú o de madera laqueada. Los chinos, al contrario de los egipcios, eran más democráticos pues se abanicaban ellos mismos. Las mujeres chinas, aisladas y sometidas a una férrea autoridad masculina, fueron las primeras en encontrar en el abanico un importante aliado a la hora de burlar los su rígido aislamiento, creando un lenguaje secreto, el nu shu para comunicarse entre ellas mediante mensajes escritos o bordados en sus abanicos.

En el siglo VI d.C., los japoneses copiaron el abanico chino y a su más puro estilo, lo mejoraron, creando el abanico ple­gable o sensu. Cuenta la leyenda que un obrero llamado Tamba lo inventó inspirado en la manera en que los murciélagos plegaban las alas durante su vuelo. En Japón, el abanico adquirió gran relevancia y pasó a formar parte de la indumentaria habitual de sus ciudadanos de ambos sexos. Los abanicos tenían usos distintos según su tela, color y diseño. Las mujeres usaban abanicos de baile, de corte, y de té; mientras que los hombres usaban los abanicos de montar y los de combate.



Durante la Edad Media en Europa se usaban flabelos, que eran abanicos hechos de plumas de pavo real, avestruz, papagayo o faisán sujetas a un mango de oro, plata, o marfil y que más que refrescar servían para espantar moscas.

El abanico plegable llega a Europa en el siglo XV, traído por los mercaderes que comerciaban en Oriente. Carlos V (1338-1380), rey de Francia, tenía dos abanicadotas que lo refrescaban durante las comidas.

Para el siglo XVII, el abanico se convirtió en un accesorio indispensable para las damas de la corte. Estos eran creados como auténticas joyitas, confeccionadas con ébano, carey, marfil, encajes y exquisitas telas bordadas y pintadas a mano por los más renombrados pintores de l época con pintorescas escenas.

El abanico era una pieza clave del vestuario de una dama elegante (ningún vestido estaba completo sin el abanico) y se podía determinar la posición social de una mujer con una sola ojeada a través del abanico que llevaba y la forma en que lo manejaba. Su uso se generalizó tanto que el escritor inglés Joseph Addison afirmó que una mujer sin abanico estaba tan incómoda como un hombre sin espada. Y es que, los abanicos, además de ser instrumentos de ventilación eran eficaces medios de comunicación para transmitir discretos mensajes -sobre todo aquellos de índole amorosa- entre las damiselas custodiadas por sus chaperonas y los galanes que las cortejaban. Incluso aparecieron manuales que instruían a las mujeres sobre el lenguaje del abanico. Charles Francis Bodini publicó en 1797 el libro El telégrafo de Cupido, en el que establece todo un auténtico alfabeto “abanical”.

En Francia las mujeres solían colocar entre las varillas de sus abanicos unas pequeñas ventanillas por las que podían observar disimuladamente a los cortesanos. Se cuenta que la aristócrata escritora Ninón de Lenclós tenía uno con lentes colocados en esas ventanillas con lo que conseguía curiosear a pesar de su miopía. La coqueta Madame Pompadour dio su nombre a una variedad: de montaje calado, esculpido y decorado con motivos de flores o frutas.

A lo largo del siglo XIX era frecuente que las jóvenes de buena familia recibieran clases de baile, al mismo tiempo, sobre todo en Inglaterra, las señoritas eran instruidas en el manejo del abanico. Según opinión francesa, por la manera de coger un abanico "se distinguía a la princesa de la condesa".

No se puede dejar de mencionar a España en la historia del abanico, pues en este país la costumbre del abanico quedó tan arraigada que hasta hoy en día el abanico sigue siendo muy difundido en todo el país y su industria abaniquera sigue siendo muy importante. Las condiciones climáticas de España, han contribuido a que perdurase el uso del abanico no sólo como elemento de adorno y moda, sino también por necesidad. Lo mismo sucede en nuestras latitudes, donde por herencia española así como por la inclemencia del verano eterno, el abanico sigue siendo muy utilizado.

El abanico fue siempre un leal compañero de la mujer en el arte de seducir. Extendió con gracia sus gestos y le permitió comunicarse con discreción con sus pretendientes. Actualmente, el abanico, si bien a dejado de ser un medio de comunicación, sigue siendo un detalle mágico y gracioso, así como también algo infinitamente práctico y necesario a la hora de socorrernos cada vez que nos encontramos en los terriblemente odiosos ambientes no climatizados.

EL LENGUAJE DEL ABANICO
Tocarse la mejilla derecha con el abanico: Sí
Tocarse la mejilla izquierda con el abanico: No
Entregar un abanico cerrado: ¿Me quieres?
Cubrirse la cara con un abanico medio abierto: Ten cuidado
Girar el abanico con la mano izquierda: Nos están mirando
Girar el abanico con la mano derecha: Quiero a otra persona
Abrir y cerrar el abanico para luego apuntar hacia un sitio: Espérame ahí
Abrir y cerrar el abanico varias veces: Me has tratado muy mal
Bajar el abanico: Sólo somos amigos
Abanicarse lentamente: Soy una mujer casada
Abanicarse rápidamente: Estoy comprometida
Abrir el abanico a la mitad: Espérame
Tocarse el ojo derecho con el abanico: Quiero verte
Cubrirse los ojos con el abanico abierto: Te amo.
Cerrar lentamente un abanico totalmente abierto: Me casaré contigo
Llevar un abanico cerrado colgando de la mano derecha: Deseo comprometerme
Contar las varillas del abanico: Quiero hablar contigo
Un abanico medio abierto tocando los labios: Bésame
Un abanico cerrado tocando los labios: Por favor, no cuentes mi secreto
Quitarse el pelo de la frente con la base del abanico: No me olvides. Pienso en ti
Mover el abanico cerca de la frente: Has cambiado
Tocar el corazón con el abanico: Te has ganado mi amor
Dejar caer el abanico: Soy tuya
Golpearse la mano izquierda suavemente con el abanico: Quiéreme
Tocar la palma de la mano con el abanico: Dudo que nuestra relación sea conveniente
Aparecer en el balcón con el abanico en la mano: Hoy voy a salir
Dejar el abanico en el balcón: Hoy no voy a salir
Llevar un abanico abierto en la mano derecha: Eres demasiado apasionado
Llevar un abanico abierto en la mano izquierda: Sentémonos a hablar
Examinar el motivo pintado en el abanico: Me siento atraída por ti
Agitar un abanico cerrado: Eres imprudente
Cambiar el abanico de mano: Estás mirando a otra
Abanicarse con la mano izquierda: No coquetees con esa mujer
Tocarse la nariz con el abanico: Sospecho que algo va mal
Cerrar el abanico de golpe: Estoy celosa
Golpear algo con el abanico cerrado: Estoy impaciente
Ocultarse del sol con el abanico: Eres feo.
Sostener un abanico abierto con las dos manos: Olvídame
Entregar un abanico a la madre o acompañante: Todo ha terminado entre nosotros



viernes, 21 de noviembre de 2008

DEL BOLSILLO AL BOLSO: Nuestro Universo Portátil

-¿No tenés una moneda de quinientos?- me preguntaba la cajera amablemente. Yo no estaba segura. Abría el monedero. Vacío. De todas maneras respondía con absoluta confianza: -¡seguro que tengo alguna en mi cartera!- mientras empezaba a revolver frenéticamente su contenido. A medida que revolvía, iba sacando los más surtidos cachivaches: la agenda con mil papelitos sueltos con anotaciones (como si sus hojas no bastaran), el perfumito, la crema para las manos, los anteojos, celular, la billetera, el estuche para el maquillaje a punto de estallar, la factura de la tintorería, el ticket de estacionamiento que perdí la semana pasada, las llaves, los 5 bolígrafos que nunca encontraba a la hora de hacer el cheque, la chequera, un libro…. mi mano se paseaba ciega, palpando el fondo, los costados, abriendo bolsillos, agitando, removiendo, esquivando. La fila se impacientaba. “¡Ndeeee!” exclamaba fastidiado un señor detrás mío mientras entornaba los ojos impacientes. Mi mano se aceleraba, nerviosa, explorando ese espacio profundo y oscuro. Cuando a mi cartera ya no le quedaba ningún secreto más para revelar, mis dedos emergieron triunfantes. “¡Acá está! ¡Yo sabía luego!” Exclamaba feliz como si acabara de ganar un premio, mientras extendía la moneda de quinientos a la cajera. Al alejarme, agendaba mentalmente limpiar mi cartera, preocupada por la cantidad de cosas con la que andaba en cima. Luego me tranquilizaba a mí misma: “menos mal que dejé de fumar, así ya no ando con los cigarrillos, los encendedores (generalmente 1 mío y 2 de mis amigas sustraídos por “error” cuando no encontraba el mío en la cartera), las mentitas y los insoportables residuos de tabaco que lo invadían todo.” ¡Ahora si que ando ligera!

Estoy segura de que no soy la única mujer con complejo de hormiguita viajera. No exagero al afirmar que somos legión. Una mujer sin su cartera está desnuda, desarmada, vulnerable, incompleta. Ni bien empezamos a usarla nos sentimos impulsadas a llenarla al máximo de su capacidad, convirtiéndola en el depósito portátil para todas nuestras probables necesidades, un salvavidas para posibles emergencias y la fiel guardiana de nuestros secretos.

Un aura de misterio envuelve al bolso cerrado. Una mirada curiosa puede ser interpretada como una violación al espacio más privado de su propietaria. Extraños poderes hacen que allí desaparezcan objetos con una facilidad poco usual y que en los momentos más difíciles aparezcan, como por arte de magia, los artefactos más inverosímiles listos para solucionar cualquier tipo de problema (como una amiga que en una emergencia fashion sacó un martillo de su cartera para clavar un taco roto).

La cartera se ha convertido en un accesorio vital para la mujer moderna que, siempre en constante movimiento, necesita tener a mano todo lo necesario para cumplir con sus mil diligencias diarias. A veces una cartera resulta insuficiente y la complementamos con bolsos deportivos, de bebé, de playa, maletines o simples bolsas de plástico. Cargamos con tantas cosas que no es de extrañar que los hombres no nos comprendan y sigan preguntándose por qué nuestro problema no se soluciona con un bolsillo. Pero lo que pocos saben es que todo empezó con un simple e inocente bolsillo.


En sus inicios el bolso era una especie de bolsillo y el bolsillo era una especie de bolso. Nacieron juntos pero con el transcurrir del tiempo fueron tomando caminos separados: el bolso se desprendió de la prenda convirtiéndose en el apéndice obligado de toda mujer y el bolsillo se adhirió a la ropa para convertirse en todo el espacio portátil que un hombre necesita.

En la antigüedad las pertenencias se transportaban en pequeños bolsitos de piel o tela que parecían bolsillos colgantes sujetados alrededor de la cintura. Las primeras versiones usadas tanto por hombres como por mujeres eran bolsillos individuales pero con el tiempo se hizo costumbre el uso de dos bolsitas que colgaban a ambos lados de la cadera. Irónicamente, a medida que uno subía en la escala social, el tamaño de sus bolsillos se iba reduciendo. Los bolsillos de los de la clase alta eran más pequeños pues no necesitaban acarrear gran cosa. Solo algunas monedas, sales aromáticas o alguna coquetería como un pañuelo bordado, un peine o espejito. Los de la clase trabajadora necesitaban más espacio, pues tenían que acarrear desde sus utensilios de trabajo hasta sus almuerzos en ellos. Como solo los de las clases altas tenían acceso a lugares seguros para guardar sus objetos de valor, los más humildes tenían que andar siempre con sus pertenencias a cuestas.

En el medioevo, los feligreses colgaban alrededor de sus cinturas unas bolsitas llamadas limosneras que contenían monedas para donaciones. Con el tiempo, sus fines caritativos se fueron volviendo más mundanos y como siempre sucede en el mundo de la indumentaria, lo netamente utilitario se fue volviendo ornamental.

Un detalle curioso es que muchas veces los bolsos que contenían monedas eran entregados junto con las monedas al realizar un pago. (Se imaginan hoy en día desprenderse de su cartera al efectuar un pago!) En las audiencias reales era costumbre dejar como lisonja bolsitos bordados repletos de monedas. En la Corte de Isabel I de Inglaterra, la cantidad que debía dejarse estaba estipulada por decreto.

Hasta finales del S. XVI, era costumbre el uso de chatelaines, especie de llaveros que colgaban de la cintura de la ama de casa. Los chatelaines contenían una serie de utensilios de uso cotidiano: implementos de costura, de escritura, llaves y una pequeña bolsita; cada uno sujeto a una cadenilla separada que se unía con las otras en un manojo. También habían chatelaines especiales para fiestas, que contenían botellitas con maquillaje y sales aromáticas (para revivir de los desmayos causados por los ajustados corsettes), abanicos, espejitos y pequeños coqueterías.

A fines del Siglo XVI las mujeres empezaron a llevar los bolsos colgados debajo de sus amplias faldas. Se accedía a ellos mediante pequeños tajos en los pliegues de los vestidos. Los bolsos internos eran más seguros, pues los bolsos colgantes externos eran muy fáciles de robar. La amplitud de sus miriñaques les permitía llevar muchísimas cosas sin llamar la atención. Esto probablemente fue el origen de la costumbre femenina de cargar con tantas cosas a cuestas.

En 1790, la Revolución Francesa, al resucitar las líneas clásicas, estiliza la silueta femenina, dejando fuera de moda las faldas amplias. Los angostos vestidos de la nueva moda seguían la línea del cuerpo impidiendo ocultar con discreción nada debajo de ellos. El corte imperio eliminaba la cintura como foco de atención. Esto presentaba otro dilema: de donde colgar los bolsos: ¿en la cintura o en el talle elevado del vestido? Como solución, las mujeres, que no querían dañar con bultos indeseados la proporcionada estética de sus túnicas, pero que tampoco estaban dispuestas a desprenderse de la comodidad de sus bolsos, volvieron a llevarlos externamente. Pero ahora ya no los ataban a la cintura, sino que los llevaban colgando del brazo. Estas pequeñas bolsas bordadas de seda o terciopelo y cerradas con cordones o cadenitas se llamaban retículas. Como las retículas eran en esencia las mismas bolsas colgantes que habían sido llevados junto a la ropa interior por tanto tiempo, era inevitable que se las asociara con las prendas íntimas, y eran llamadas burlonamente “ridículas”. A pesar de todas las bromas iniciales generadas por su uso, las retículas siguieron de moda por más de 100 años.

Las retículas eran accesorios exclusivamente femeninos y sustituyeron a los bolsillos que cayeron en desuso entre las damas. Los bolsillos pasaron a ser usados solo por niñas, ancianas y mujeres trabajadoras (pues eran seguros para guardar dinero). En esta misma época aparecieron los abrigos masculinos con bolsillos externos, innovación que hizo que los hombres abandonen definitivamente las carteras por los bolsillos.

Desde entonces, a la hora de guardar sus pertenencias, los hombres encuentran todo el espacio que necesitan en sus bolsillos mientras que las mujeres solo encuentran en ellos lugar suficiente para sus manos. Para las mujeres los bolsillos han perdido totalmente su función práctica y son meramente decorativos. Cualquier bultito amenaza engrosar una silueta cada vez más fina. Por lo que la mujer seguirá llevando sus amadas carteras.

A partir de 1880, los adelantos tecnológicos facilitaron los viajes y los bolsos, que habían surgido inicialmente como alternativa a los bolsillos, se convirtieron en un producto de consumo masivo, produciéndose en variados diseños y en los materiales más surtidos. Pocos saben que Louis Vuitton empezó haciendo baúles para los viajes en barco de Napoleón III y que tanto Prada como Gucci empezaron produciendo equipaje.

A medida que la mujer moderna se movilizaba, iba a bailes, viajaba, trabajaba, las carteras se convirtieron en compañeras indispensables, siguiéndolas a todas partes y ayudándolas a afrontar con glamour las nuevas responsabilidades y desafíos que implica balancear los niños, la casa y el trabajo sin perjudicar el look. Hoy en día existen carteras de todo tipo y para cualquier momento o lugar imaginable y éstas se han convertido en los best sellers de las más famosas casas de moda.

Las carteras son mucho más que accesorios de moda. Son compañeras prácticas, versátiles, divertidas y amadísimas por sus propietarias, llegando incluso a reflejar ciertos aspectos de su estilo y personalidad.

Hoy en día, hasta los hombres están volviendo a usar carteras, como lo hicieron en la antigüedad. A medida que la silueta masculina también se afina, y bajo la excusa de necesitar transportar su “lap top”, muchos se están uniendo silenciosamente a las filas de las mujeres adictas a transportarlo todo.