sábado, 15 de marzo de 2014

JOANA AVILLEZ: UNA ILUSTRADORA DE MODA

Les presento los trabajos de Joana Avillez, una ilustradora neoyorquina telentosísima y muy en voga. Entre sus clientes se encuentran: New York Magazine, The New York Times, The Washington Post, The Boston Globe, Vogue, Real Simple, McSweeney's, The Believer, Paper Magazine, Refinery29, H&M, Council of Fashion Designers of America (CFDA), W Hotels, GOOD, Marie Claire Italia, Salvatore Ferragamo y NewYorker.com.

Esta serie de ilustraciones de renombrados editores, bloggers y diseñadores de moda la realizó para la página web Refinery '29 y también estaban disponibles como remeras de la serie Fashion Icons.

Su estilo es encantador y a la vez inteligente, un verdadero deleite para todos los aficionados de la moda.

Pueden ver más trabajo suyo en su página web.

ENJOY!

























lunes, 10 de marzo de 2014

El AGUA DE VIDA: Linie, un Licor náutico





"Agua de vida", así se traduce el nombre del licor escandinavo Aquavit. Pero hoy hablaremos del licor Aquavit Linie, uno muy especial y único por un detalle muy particular que ocurre durante su elaboración. Resulta que este no es un licor cualquiera, es un licor viajero, es un licor marino, ya que durante su elaboración parte de su natal Oslo en Noruega y navega por el mundo, surcando los siete mares, cruzando en su larga ruta dos veces el ecuador. Y no me refiero al país, sino a la línea imaginaria que divide a nuestro planeta en dos hemisferios.  Este es el particular encanto del Aquavit Linie. De hecho su nombre “Linie” se debe a que cruza dos veces la línea ecuatorial.

El licor está destilado de la papa con una mezcla de espirituosos, y una particular mezcla de hierbas aromáticas y especias como la alcaravea, el comino, el eneldo, el cilantro, el hinojo y granos del paraíso o pimienta de Guinea, obtenidos de una planta africana. De un color dorado pálido y un sabor seco e intenso tiene un porcentaje alcohólico de entre 42 y 45%, lo que le convierte en un escandinavo muy potente, casi como un vikingo.

El Aquavit Linie es embarcado en barricas usadas de jerez y su recorrido empieza en Oslo hasta Australia y luego regresa nuevamente a Oslo donde es embotellado tras haber cumplido su ruta náutica. El licor sale de Oslo, es puesto en barricas en Jerez de la frontera y su travesía sigue atravesando 35 países.


Los licores Aquavit fueron destilados en todos los países de Escandinavia desde el siglo XV. Pero la historia de este peculiar licor nace en 1805, cuando Heinrich Meincke cruza el ecuador navegando desde Noruega hasta Indonesia, llevando con él 5 barriles de Aquavit, un licor muy común de su país. No pudiendo venderlas en aquel país vuelve a cruzar el ecuador con ella al regresar a Noruega. A su llegada, dos años después, y con mucha sorpresa descubre que el sabor del contenido de las barricas había mejorado notablemente, volviéndose notablemente más suave. Meincke atribuyó el cambio al doble cruce ecuatorial y se le ocurrió elaborar de esta manera todos sus aquavits y así nació Linie Aquavit.

La idea fue muy exitosa y el licor de Meincke adquirió notoriedad y sus barricas siguieron viajando regularmente por los océanos durante 200 años. Como ya no se emplean veleros la travesía del licor se redujo de 2 años a solo 4 meses y medio. Actualmente el Linie Aquavit sigue produciéndose y viaja almacenado en viejas barricas  hacia Australia y luego regresa a Noruega. Este viaje juega un papel esencial en su producción, haciéndolo un licor muy particular y apreciado tanto por su sabor como por su itinerante historia.

El movimiento constante del mar, la alta humedad y las temperaturas fluctuantes desde las tormentas de los mares nórdicos hasta los climas tropicales del hemisferio sur que ocurren durante su largo itinerario de navegación, hacen que se extraigan mejor los sabores del licor y contribuyen a acelerar su maduración. 

Curiosamente unos destiladores noruegos intentaron emular en tierra firme los movimientos del mar y condiciones climáticas a la que están expuestos habitualmente estos licores en su travesía y el resultado fue totalmente distinto al distintivo sabor de estos licores, quedando comprobado que lo que le hace diferente es justamente esa travesía oceánica.

Los escandinavos acostumbran beberlo en sus festividades, particularmente en navidad y Pascua y lo toman en medio de la comida acompañando a platos de pescado, ya sea arenques escabechados, langosta o lutefisk o pescado ahumado. Ellos suelen decir que el Aquavit ayuda al pescado a nadar hasta el estómago. De hecho las especias y el alcohol ayudan a digerir mejor la grasa de las comidas.

Otro detalle muy particular de este licor, es que cada etiqueta, en su parte trasera lleva inscrito el itinerario de esa botella en particular, con las fechas de salida y llegada a puerto y concluye con el fabuloso lema de la compañía: “Algunos viajes te cambian para siempre.”


Sor Juana Inés de la Cruz: El hambre de aprender






Sor Juana Inés de la Cruz  nace en México en 1651 y desde muy pequeña se perfiló como un prodigio. A pesar de su extraordinaria inteligencia y su talento para escribir los más bellos e ingeniosos sonetos, para los cánones de la época, su situación era muy difícil pues era hija ilegítima de padres plebeyos y sin patrimonio familiar, y estaba demasiado inclinada al estudio y convencida de que su destino en la vida era perseguir el camino de las letras. Su única alternativa para asegurarse un futuro eran el matrimonio o los hábitos. Según sus propias palabras, eligió el estado monacal porque “para el total rechazo que tenía al matrimonio, era lo menos fuera de lugar y más coherente que podía elegir para asegurarme de mi salvación.” El convento fue la manera de asegurarse su libertad y de poder dedicarse enteramente al estudio y al silencio de sus libros.

En su tempo, esta extraordinaria mujer fue conocida como el fénix de México y como la décima musa. Desde el convento de San Jerónimo, cultivó la lírica, la prosa y el teatro y también fue autora de un libro de cocina. Se dice que, aunque las labores culinarias eran comunes a todas las monjas, al principio Sor Juana era enviada a la cocina con la intención de alejarla de sus inquietudes intelectuales, como un acto de penitencia y obediencia. Pero sus ojos encontra­ron en este espacio un interesante laboratorio donde dio rienda suelta a su mente inquieta con reflexiones intelectuales y científicas.

En su respuesta a Sor Filotea escribió al respecto: “Pues ¿qué os pudiera contar, señora, de los secre­tos naturales que he descubierto estando guisan­do? Ver que un huevo se une y fríe en la manteca o el aceite y, por el contrario, se despedaza en el almíbar; ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos, que sirven para el azúcar, sirve cada una de por sí y junto no... Por no cansaros con tales frialdades, que só­lo refiero por daros entera noticia de mi natural y creo que os causará risa. Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir, viendo estas cosillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”.

Con esta carta dirigida a Sor Filotea, nombre ficticio tras el cual se ocultaba el muy machista obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, quien la reprochaba por afanarse en aprender ciertos temas filosóficos, al hablar de las filosofías de cocina, Sor Juana pone ante los ojos de un hombre todo un universo de sabiduría transmitido por generaciones entre las mujeres, en donde las abstracciones de la ciencia se confluyen con la materialidad de la cocina, donde se ejercita la mente y se cuida el cuerpo. Intentando conjugar la biblioteca con la cocina, Sor Juana Inés de la Cruz busca borrar los preconceptos entre lo que corresponde a los hombres y lo que corresponde a las mujeres. A partir de las filosofías de cocina, Sor Juana eleva su vos desde el claustro a nombre del sexo femenino reivindicando el derecho al conocimiento, que por entonces era negado a las mujeres.
Además de la monja atrapada entre los libros, que decidió ingresar al convento para entregarse por entero a saciar su hambre de conocimiento, también existía otra menos docta, más humana, que se ocupaba a elaborar platos siguiendo la alquimia de los alimentos, perfeccionada por generaciones de mujeres. Pero podemos inferir que Sor Juana prefería pasar más tiempo en la biblioteca que en la cocina, Esta última se ocupó de la elaboración de un recetario en el cual recopiló las recetas del convento, en su “Libro de Cocina”, no precisamente el más famoso de sus textos, pero sí uno de los más intrigantes. Esta mujer tan fuera de su tiempo, que había incluso deseado fervientemente abstraerse del mundo mundano para dedicar cada una de las horas de su día a la lectura y el aprendizaje, qué hacía ocupándose de algo tan común como un libro de recetas. Obviamente este libro no es el reflejo de una naturaleza femenina inmanente que se satisface con los oficios femeninos habituales.

La cocina fue, en parte, refugio de esta extraor­dinaria mujer novohispana. Con ello demostró que no hay limitantes para satisfacer el hambre de aprender. Sor Juana veía a la cocina como una especie de laboratorio científico donde los ingredientes se amalgaman para transformar la materia y alimentar los apetitos del cuerpo y de la mente.

En el recetario, hay 36 recetas, de las cuales sólo 10 no son dulces. Se trataban más bien de platos para agasajar a invitados, ya que las monjas recibían a menudo a visitantes ilustres, sobre todo en el caso de Sor Juana quien era ya considerada una eminencia en vida. Las recetas no son muy detalladas, más bien están escritas como anotaciones que apelan a una memoria preexistente, son notas de cocina escritas por alguien a manera de ayuda memoria para alguien que no necesita de indicaciones detalladas. En el recetario aparecen numerosas especialidades mexicanas, recetas antiguas y muy tradicionales como tamales, el mole, las tortillas y también platos frutos del mestizaje como el dulce de cabecitas de moro y el grano de maíz.

Gracias a las correspondencia que sostuvo Juana Ines de la Cruz con la marquesa María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, virreina de Nueva España, sabemos que en agradecimiento por una diadema de plumas de quetzal que le había obsequiado su amiga, la monja le enviaba un dulce de nueces para satisfacer el antojo de su amiga que por entonces se encontraba en cinta. La monja era muy conciente de la inferioridad de sus regalos con respecto a  los que recibía, los decoraba con palabras. Al entregarle el postre escribió un extenso poema en el cual Apolo obra de cocinero, dorando las cortezas de las nueces con sus rayos.  Los dejo con la receta de este dulce:

POSTRE DE NUEZ
Para un plato mediano 2 reales, nuez media libra, almendra 2 reales, huevos (solas las yemas). La almíbar con dos libras de azúcar en estado de medio punto; se echa lo dicho todo molido y los huevos hasta que empiece a tomar punto se echan batidos y se le da punto de espejo. Se echa sobre capas de mamón y guarnece con pasas, almendras y piñones.

Fuente: “El Libro de Cocina de Sor Juana Ines de la Cruz”, Angelo Morino,Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2001.

Hansik - La comida tradicional coreana




La cocina coreana se apoya fuertemente en el Hansik, que es una filosofía de vida a través de los alimentos, basada en sus virtudes principales: la armonía de los sabores y los aportes de la comida a la salud. Según esta filosofía, la medicina y el alimento tienen el mismo fin. El hansik se aplica en la cocina tradicional coreana, convirtiéndola en una herencia cultural de gran individualidad y enorme valor para la sociedad ya que gracias al Hansik en corea se ha mantenido una alimentación tradicional muy sana.

Gaeseong, es una ciudad de Corea del Norte que fue capital de la dinastía Goryeo (918-1392) y donde empezaron a desarrollarse los intercambios comerciales que llevaron al florecimiento de la cultura gastronómica coreana. Luego en la dinastía Joseon (1392-1910) cobró peso el confucianismo, que ponía a la familia y a la tradición en primer lugar. Las cabezas de familia eran responsables de numerosos ritos, entre ellos el culto a los ancestros. Se realizaban numerosas ceremonias con huéspedes en las que se compartían copiosos banquetes. Debido a esto era importante que las mujeres de las familias desarrollaran habilidades en la cocina ya que para cada evento y celebración se preparaban platos especiales que se volvieron platos tradicionales, que hasta hoy en día siguen siendo preparados con el mismo esmero. Los platos coreanos son de hecho platos que se preparan de manera muy minuciosa, con mucho tiempo, paciencia y atención al detalle, presentándose de una manera visualmente exquisita.

La complejidad orográfica y geográfica de Corea provee a este país de ingredientes muy variados y  éstos se emplean para elaborar los más de 2000 platos del repertorio gastronómico coreano tradicional. La península está rodeada de agua, por lo que hay numerosos productos marinos que se suman a todos los  que se encuentran en sus diversas regiones. En la cocina se usa grandes cantidades de verduras, hongos, granos, frutos secos y algas marinas. Incluso tienen una fórmula, según la cual, para mantener la salud hay que consumir platos elaborados con un 80% de verduras y un 20% de proteína animal. De hecho, en el hansik hay muy pocos platos con carne, pues la cocina coreana está fuertemente basada en vegetales, sobre todo aquellos estacionales.
La clave del Hansik es la fermentación. En la cocina coreana abundan los alimentos fermentados, proceso que facilita la digestión con bacterias naturales. Las bacterias de esta fermentación ayudan al sistema inmunológico en la lucha contra el cáncer y la obesidad y además ayudan a mantener un cutis joven. Una de las comidas fermentadas más tradicionales y también uno de los platos más saludables del mundo, es el kimchi, una ensalada de repollo fermentado y sazonado con especias, pimientos rojos, sal y ajo, que se fermenta en grandes jarros de barro por al menos un año. Tal como los vinos finos, mientras más añejo, más profundo es el sabor del kimchi. Otros alimentos fermentados habituales en las mesas coreanas son las jang o salsas como la salsa de soja, la gochujang (pasta de pimientos rojos) y la doenjang (pasta de soja). Estas salsas son agregadas a la mayoría de los platos coreanos.
Otro de los elementos esenciales del hansik es el arroz, que contiene un tipo de proteínas que regula las funciones fisiológicas, siendo muy efectivo para prevenir enfermedades. La mayoría de los banchan (guarniciones) se elaboran con vegetales, altos en fibra que previenen la absorción del colesterol y la presión alta. La comida coreana contiene una gran variedad de nutrientes esenciales que ayudan a prolongar la vida, mantener la salud óptima y prevenir enfermedades.

Pero más allá de los valores nutritivos de la alimentación tradicional coreana, recordemos que en este país se ha desarrollado una verdadera filosofía gastronómica apoyada en el equilibrio y la armonía. El atractivo del hansik no se limita al sabor, sino también se extiende a la presentación, al aroma, a los sonidos y a las sensaciones táctiles de tomar los alimentos con la punta de los dedos, estimulando de esta manera a todos nuestros sentidos.

Además los sabores se combinan en armonía: lo dulce, lo salado, el ácido, el picante y el amargo, todo va  en su justa medida. Visualmente también se combinan las cinco tonalidades de la naturaleza: verde, rojo, blanco, negro y amarillo, por lo que la estética de los platos también aporta a la armonía cromática de los mismos. Además, la comida coreana representa todas las características de las diferentes estaciones y regiones de Corea y da una gran importancia a la armonización de los distintos sabores.

Los platos son  preparados con gran devoción y esfuerzo, para que nada esté fuera de lugar. La armonía estética propulsada por esta filosofía gastronómica, implica que se preste igual atención que a la comida, a la temperatura, al aspecto nutritivo, al color y hasta a los receptáculos donde ésta será servida, que tiene que ser acordes a cada plato y a cada ocasión.

Tradicionalmente en cada colación se presenta una gran variedad de platos muy ligeros, pero presentados de manera exquisita. Existe la creencia de que servir comida en abundancia demuestra la devoción de la persona que preparó la comida hacia sus comensales, por lo que cada colación se presenta como una oportunidad de agasajar a los amigos, a la familia y a los visitantes.

El hansik nos enseña a comer de manera saludable y al mismo tiempo disfrutar del  auténtico placer de comer. Es innegable que el hansik es alimento que satisface no sólo a la boca sino también a los cinco sentidos. Los colores diferentes de los ingredientes gratifican la vista, su sabor único da placer a nuestras papilas gustativas, su delicioso aroma agasaja a nuestro olfato, las distintas texturas y composiciones de sus variados ingredientes producen sonidos que son muy estimulantes y al tomar ciertos alimentos con las manos, también podemos disfrutar de estas texturas de manera táctil. Esta experiencia excepcional es sin lugar a dudas el producto de una tradición culinaria sumamente refinada y que no podemos dejar de conocer e incorporar a nuestro día a día.


IN VINO VERITAS - VINO VOLCÁNICO




En el 25 de agosto del 79 D.C. falleció Cayo Plinio Cecilio Segundo, más conocidoPlinio el Viejo, conocido escritor y naturalista romano, quien había acuñado la conocidísima frase “In Vino Veritas” o “En el vino está la verdad”. El día anterior se había producido la erupción del Vesubio, que sepultó en lava y cenizas a Pompeya y Herculano. Plinio se encontraba en Miseno y queriendo observar el fenómeno de cerca y deseando socorrer a sus amigos y a las personas que se encontraban intentando escapar de la hecatombe atravesó con sus galeras la bahía de Nápoles, llegando hasta Stabies (ciudad hoy conocida como Castellamare di Stabia) donde nuestro autor encontró la muerte, posiblemente asfixiado a causa de las cenizas y gases tóxicos provenientes de la erupción volcánica.

Antes de la fatal erupción, el monte Vesubio medía 2000 metros (con la explosión desaparecieron 800 metros de su cima) y sus laderas estaban cubiertas de viñedos con los que los romanos fabricaban sus mejores vinos. Se lo llamaba Monte porque los romanos ignoraban totalmente que se trataba de un volcán que había permanecido inactivo durante siglos. La memoria de su actividad se había perdido y muchos pueblos y ciudades habían prosperado a su alrededor. Pompeya era la más grande, con 20.000 habitantes, una ciudad comercial en pleno apogeo que además fungía como una especie de ciudad recreacional para los romanos. Tras la erupción Pompeya y Herculano, la segunda población más importante, quedaron destruidas y sus habitantes diezmados.

La erupción fue descrita por su sobrino Plinio el Joven, de ahí que en vulcanología se llame “erupción pliniana” a la erupción violenta de un volcán con proyección en altura de materiales pulverizados formando un penacho con figura de sombrilla. Más que erupción, fue una auténtica explosión que tomó a todos por sorpresa, matando a muchos en minutos.

Hoy, más de 1900 años después, un original vino nos remite a este momento histórico, encerrando en su botella cubierta de lava volcánica toda la verdad de aquel vino tan apreciado por los sibaritas pompeyanos. Lacryma Christi, literalmente las lágrimas de Cristo, es el nombre que recibe este vino napolitano DOC producido en las laderas del Vesubio, en la zona de Campania, Italia. Para el vino blanco se emplean mayoritariamente uvas Verdeca y Coda di Volpe, mezcladas con proporciones menores de Falanghina y Greco di Tufo. El tinto por su lado se elabora con uvas de Pedirosso y Sciascinoso. Según los estudios microscópicos de los arqueólogos hechos con los residuos encontrados en los restos de Pompeya y Herculano, estos vinos son los más parecidos a los que tomaban los antiguos romanos.

El original nombre viene del antiguo mito que Cristo, llorando por la caída del Lucifer, derramó sus lágrimas sobre la tierra y de ahí surgieron los primeros viñedos. En el caso de los viñedos del Vesubio, las laderas moldeadas por el flujo de la lava guardan semejanza con las lágrimas que corren sobre un rostro apenado, y al mismo tiempo nos recuerdan como la vida puede renacer de las cenizas, pues estas mismas laderas que fueron sepultura de millones de personas, hoy son tierras muy fértiles y ricas en minerales y cubiertas de extensos viñedos.

Lacryma Christi, es un vino muy antiguo y tradicional de la zona, frecuentemente mencionado por poetas y escritores. Incluso lo mencionan Alexandre Dumas en el Conde de Montecristo, Voltaire en Cándido.
Estos vinos obtenidos de las uvas cosechadas de estas tierras volcánicas poseen una gran estructura y una personalidad fuerte, anclada firmemente en su registro histórico. Estos vinos debido a las particularidades minerales del suelo volcánico, con sus corrientes térmicas subterráneas, y el radiante sol de la región, son irreproducibles en otras zonas. Estos tres factores determinantes se unen para dar a estos vinos su sabor único y tan ligado al territorio, como sólo los grandes vinos ricos en personalidad pueden lograr. Para completar más su encanto, la botella recubierta en lava volcánica, un packaging que nos rememora aquel momento histórico tan dramático y su contenido a la par nos remite al hecho de que la vida continúa, ya que en las laderas del Vesubio el verdor de los viñedos se nos presenta como un homenaje a la resiliencia de la vida.