martes, 5 de agosto de 2014

LA CURIOSA HISTORIA DEL BOTÓN




No hay nada más sencillo, ingenioso y común que un botón, por lo que no voy a perder tiempo describiéndolo ya que presumo todos han visto uno. Me imagino que se estarán preguntando por qué he decidido llamar curiosa a mi historia, tratándose de un objeto tan poco curioso. Pero permítanme decirles que los botones tienen una historia más curiosa de la que se imaginan. 

Los botones, al contrario de lo que podríamos suponer, no surgen por practicidad, sino por motivos decorativos. Inicialmente no surgieron para sujetar las prendas de vestir, sino para decorarlas a modos de joyas. Los más antiguos botones decorativos datan de 2.000 años antes de Cristo, y fueron encontrados en excavaciones arqueológicas realizadas en el valle del Indo, al sur de Asia. 

Los primeros botones eran bastante rudimentarios, consistentes en conchas de moluscos o nácar talladas en formas circulares y triangulares y perforadas para coserlas a las prendas. Los antiguos griegos y romanos los emplearon como si fueran broches para adornar sus togas, mantos y túnicas, ya que para sostenerlas bastaban cinturones y alfileres. Los botones eran tratados como joyas de nácar y marfil algunas veces revestidos en oro y otras repletos de gemas preciosas. Eran tan preciosos que solamente los ricos podían darse el lujo de llevarlos.

Lo curioso es que existía el botón, pero no el ojal. Yo toda la vida me imaginé que el botón y el ojal nacieron juntos, como un indivisible par de gemelos siameses. Pero sorpresa, sorpresa, el ojal no apareció hasta que se le encontró un uso práctico, más allá del decorativo, al tan útil botón. 

Lastimosamente no sabremos nunca quien fue el ingenioso sastre que inventó el botón pero si sabemos que los primeros botones de uso funcional, como los conocemos hoy, aparecen a la par que los primeros ojales, hacia el siglo XIII en Alemania.

Su aparición se debió al hecho de que la ropa se fue haciendo más ceñida al cuerpo. En el siglo XII se dejaron de lado las togas y se puso de moda llevar mangas muy apretadas, tan pero tan ajustadas que por lo que las mangas debían ser cosidas por las costureras de la dama o el caballero cada mañana al vestirlas y descosidas cada noche al desvestirlas. Los botones hicieron su primera aparición en las mangas para facilitar esta tediosa tarea cotidiana.

Otra razón que facilitó la aparición del ojal fue que se pusieron de moda tejidos más finos y delicados y estos se estropeaban al clavarlos repetidamente con alfileres para abrocharlos, como se estilaba con géneros más gruesos. 

Debido a estos dos motivos aparece el botón funcional, tal y como lo conocemos hoy en día. Aunque vale la pena destacar que tampoco era tan funcionales, ya que como no perdieron en absoluto su función decorativa y seguían siendo un símbolo de status, se acostumbraba coser una cantidad muy grande de botones a las prendas (hasta 200 para un vestido) lo que obviamente significaba otro gran tedio a la hora de vestir y desvestirse.

En 1250  se forma el primer gremio de botoneros en Francia. Los botones como habíamos dicho eran muy preciados, por lo que quienes los elaboraban eran verdaderos artesanos. También eran tan valiosos que existían leyes suntuarias que restringían su uso. Incluso hay registros de una mujer que fue enjuiciada por llevar demasiados botones.

Durante el siglo XIV y XV los botones eran  a la par funcionales y decorativos y eran confeccionados de metales preciosos, con gemas, esmaltados, pintados a mano y decorados con una infinita variedad de motivos. De hecho, en 1520, el rey de Francia, Francisco I (famoso por ser quien construyó el hermoso castillo de Fontainbleau) pidió a sus joyeros 13.400 botones de oro que fueron cosidos todos a un solo traje de terciopelo negro para su encuentro con Enrique VII de Inglaterra, quien también se ufanaba por sus botones cuyos dibujos hacían juego con sus anillos.

En el siglo XV aparece la práctica, que se mantiene hasta nuestros días, de que los hombres se abrocharan sus botones de derecha a izquierda y que las mujeres lo hicieran de izquierda a derecha. Debido a esto, según la colocación de los botones en una prenda hoy en día podemos distinguir si ciertas prendas andróginas como camisas, abrigos y sacos fueron diseñadas para hombres o para mujeres. Este uso radica en el hecho de que los botones para abrochar los vestidos de las mujeres iban puestos por atrás, y como las mujeres que podían costearse los costosos botones de la época eran vestidas por sirvientas y damas de compañía, en su mayoría diestras, se le facilitaba la tarea de abotonar los vestidos de sus señoras si botones y ojales estaban cosidos como si los mirasen a través de un espejo. Las prendas masculinas sin embargo llevaban los botones al frente por lo que éstos podían perfectamente abrocharse por su cuenta sacos, camisas y chalecos.

Durante el renacimiento su confección era absolutamente artesanal y el resultado eran verdaderos trabajos de orfebrería. También empezaron a realizarse botones forrados en tela y bordados que se aplicaban a todo tipo de prendas, incluso medias, pañuelos y bolsos. Hacia 1750 empezaron a perder su característica ornamental. 

Con el tiempo se fueron fabricando de los más diversos materiales como ébano, perlas, vidrio, bronce, porcelana, rafia, cuero, lana, cerámica, cristal y carey. A lo largo de la historia se han creado magníficos botones artísticos, muy buscados hoy en día por los coleccionistas. Hacia 1930 se empezaron a usar resinas sintéticas que permitieron elaborarlos de todas formas, colores y tamaños y sobre todo fabricarlos en serie. 

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