jueves, 20 de noviembre de 2008

Redimiendo a la Hueca – Nicoletta Fizzotti

Vamos a admitirlo, las mujeres inteligentes nos aferramos a nuestros intelectos para sentirnos mejor, pero en el fondo, bajo toneladas de mentiras y patrañas, sabemos que las huecas lo pasan mucho mejor. Estas son las amargas realidades que tenemos que tragarnos las profundas sobre las huecas.

1. No hay nada más feliz que una mujer hueca

Ni siquiera el Dalai Lama con mil horas de meditación trascendental va a llegar a tener una mente tan en blanco como la de una hueca. Y ellas lo hacen sin esfuerzo, de manera natural y sin siquiera ser concientes de ello. Simplemente nacieron así, bombardeadas de muñecas Barbies, revistas de moda y elecciones de miss. Con el don divino de no preocuparse por nada fuera de sus simples proyectos que se reducen a dos cosas: verse bien y casarse aún mejor.

Ellas están contentas todo el día. Como no malgastan el tiempo con las noticias (ya que para ellas lo importante es pasarla bien) crean alrededor suyo una burbuja fabulosa. Y que paseo maravilloso ha de ser visitar la burbuja de una hueca. Allí no hay lugar para el stress ni para los malos ratos. Todo se soluciona con una ida a la peluquería o un paseo por el shopping. Y nosotras, las verdaderas tontas, las que nos preocupamos por el calentamiento global y las futuras elecciones, no conseguimos liberarnos de nuestras preocupaciones ni con 20 sesiones de psicoanálisis ni clases de Yoga 3 veces por semana.

2. Las huecas siempre lo tienen todo más fácil

Será que el peróxido les elimina las neuronas o el exceso de dieta les marea tanto que no pueden concentrarse, pero lo cierto es que tienen una ingenuidad innata que las hace irresistibles. Todo lo consiguen con una sonrisa y alguna frasecilla amorosa. Las filas para ellas no existen, porque a pesar de ser terriblemente tontas, siempre se las ingenian para llegar primero.

Universidad, libros… ¿para qué? Si seguro con las 8 horas de gimnasia diarias van a terminar mucho mejor posicionadas que vos con tus dos títulos y tu master en el extranjero. Andá llorale a Paris Hilton todas tus miserias.

3. Las huecas serán tontas… pero siempre lucen estupendas

Estas diosas del tekoreí flotan por la vida, pensando solo verse regias. Sus pensamientos más profundos oscilan entre que es hot y que es not y donde conseguir el vestido amarillo que salió en la última High Class (porque negarlo… somos su Biblia!)

Para ellas el sinónimo de catástrofe se reduce a una uña rota o a un día nublado justo antes del casamiento para el cual llevan preparándose dos meses. A pesar del traspié lo solucionan con una ida solarium y llegan esplendidas, perfectas y radiantes, como si se las hubiera recortado directamente de las páginas de Vogue.

Que esperaban de una mujer que decora su cuarto de rosa, que pasa horas acicalándose y mimándose y lleva una agenda fucsia en donde va chequeando una a una sus actividades diarias:
8:00-9:00 Pilates
9:00-10.00 Body Pump
10:00-11:00 Masaje desestresante y drenaje
11:00 -12:00 Shopping
12.00-13:00 DIETA!!!! (Resaltada con marcador flúor)
13:00-14:00 solcito
14:00-15:00 siesta reparadora
15:00-19:00 Pelu
20:00 FIESTA!!!

Con esta agenda apretada y esta vida en remojo no es de extrañar que se vean mejor que la Bundschen fotoshopeada hasta cuando van al súper. Es que ellas saben que uno es mucho más lo que desea se que lo que es, y luchan por convertirse en el prototipo de su deseo. Como me dijo una vez con cara de sufrida una amiga modelo: “no es fácil ser modelo, hay que levantarse temprano, hacerse las manos, pasar horas en la peluquería, ir al gimnasio, hay que verse siempre bien.” Por supuesto que la quería estrangular secretamente, pero más al fondo de mis instintos asesinos, sabía que lo que decía era cierto. Ser bella es un trabajo que nunca se acaba.

4. Las huecas saben reírse de todo

No hay nada más increíble que ver a una hueca sortear preguntas profundas o complicadas. Si no entendieron la pregunta o simplemente no pueden contestarla responden con una simple carcajada acompañada de unos ojitos que parpadean juguetonamente para ocultar una mente en low bat.

Por supuesto que saben sacarle el jugo a esta artimaña y cuando se encuentran en aprietos inmediatamente activan su chip cerebral de la risita inocentona (que junto con el chip de atrapar a un hombre representa una de sus únicas áreas de actividad cerebral). Un típico ejemplo son las entrevistas a las modelos en las que los periodistas intentan embretarlas con insinuaciones a cerca de sus amantes y sus ingresos y ellas inequívocamente responden con una risita infantil mientras juegan con los rulos de su alargue, mirando con carita de Bambi degollado al periodista. Todavía no entiendo como los políticos no adoptaron esta estrategia.

5. La gente no exige nada de ellas

Ellas solo tienen que verse bien, nadie espera nada de ellas, simplemente asumen que son tontas y las disfrutan. Son como imanes, todos quieren estar cerca de ellas y reírse con ellas de estupideces (el 90% de las cuales salen de su boca).

Nadie espera de ellas un comentario brillante cuando se habla de política, economía o religión. Cuando se habla de las elecciones ellas solo abren la boca para comentar el fabuloso cambio de look de Blanca Ovelar, o los injertos que Lino O se hizo en San Paulo y por supuesto el infaltable anuncio que van a votar por Fadul porque es churro y se viste ree bien. A Lugo no le votan porque es bolche y la sinistra todo mal con sus pretensiones, que son, por supuesto 100% capitalistas. Eso lo tienen bien en claro: el comunismo es reee nada que verr.

6. Los hombres se rinden a sus pies

Estas mujeres bobaliconas solo tienen en la mente buscar un hombre y llenar su armario de zapatos. Pero principalmente lo primero. Y para ello no tienen ni un pelo de tontas en su cabellera con extensiones.

La combinación de mente en blanco y risita ingenua sumada al eterno estado de acicalamiento se convierte en una fórmula infalible para atrapar a un hombre. Ellas son como Geishas tuneadas pues saben todo lo que necesitan saber sobre los hombres. Saben cuando callar, cuando reír, cuando ser “mimosas” y por supuesto también saben cuando convertirse en reinas del psicodrama. En síntesis, ellos no representan ningún misterio para ellas, los leen como un libro “Semillita” y los manipulan con la misma facilidad con la que se aplican colorete sin espejo. En este aspecto son unas auténticas maestras y al verlas en acción no nos queda otra que quitarnos el sombrero.

7. Ellas saben cuando ser ángeles y cuando ser demonios

Si bien las huecas probablemente no saben cual es la capital de Australia; y probablemente están convencidas que es un barrio de Inglaterra, saben muy bien lo que quieren y como conseguirlo. En ello son tenaces e invencibles. A la hora de maquinar, misteriosamente las nubes mentales se les disipan y adquieren una claridad mental envidiable.

En ellas suele presentarse una combinación muy contradictoria. Pueden se ángeles tan fácilmente como pueden ser demonios. Se las ve como mujeres puras, luminosas, angelicales, mujeres huecas capaces de exhibir una sensualidad extrema. Y, escudadas en el rótulo de tontas que todos les dan, saben sacar provecho de la ingenuidad de la gente. Ellas saben muy bien que hay varios tipos de inteligencia, y si bien se aplazan en cuanto a inteligencia verbal o lógica, sacan 5 felicitado en inteligencia interpersonal y probablemente terminan riéndose de las verdaderas tontas que sabemos que Hemingway no es el vocalista de una banda de rock, pero no tenemos ni idea de como atrapar al hombre de nuestros sueños.

La verdad es que adoramos odiarlas, criticarlas, burlarnos de su último desliz (porque pobrecitas tienen miles) Pero a la hora final, ellas están espléndidas, montadas en el Mercedes Benz que le regaló su marido por el día de la madre, mientras nosotras patéticamente arreglamos en un florero el tediosamente ordinario bouquet de rosas que recibimos el mismo día. La última verdad, y la que más nos cuesta admitir, es que las huecas siempre ríen último (y no porque no entendieron el chiste).

PRIMAVERÍSIMA - Tendencias Primavera Verano 2008- Nicoletta Fizzotti


Esta temporada los diseñadores se han puesto de acuerdo en reactivar todos los clichés primaverales y estivales. El primer cliché serán los estampados florales (créanme, que si encuentran una forma de estampar las sopas, tomarlas estaría re in esta temporada). El segundo será los colores vibrantes (naranjas, fucsias, amarillos y verdes) que tanto asociamos con el verano. Por estos dos ineludibles clichés les garantizo que se sentirán más primaverales que bambi retozando en los prados cubiertos de flores mientras escucha el cantar de los pajaritos.

También aparecerá una renovada mirada hacia los años 60 y 70. Si verdaderamente vivieron en esas décadas, aprovechen sacando del baulito de sus recuerdos todos sus conjuntos de “archivo”. Recuerden que se trata de un look retro renovado y si se ponen el equipo retro completo y tienen más de 40 años…las van a confundir con la profesora loca de matemáticas que dejó de comprarse ropa en 1969. Usen elementos retro pero NO abusen. Acá les adelantamos todas las tendencias de la temporada con nuestros sabios consejos para evitar el abuso tan frecuente en nuestras exuberantes latitudes.

FLOREADÍSIMAS
Veo veo. ¿Qué ves? Si estuvieran jugando este juego en un shopping la respuesta segura será: VEO FLOOOOREEEESSS!!!! Esta temporada las veremos hasta el hartazgo. Los vestidos tendrán flores de todos los tamaños y en los colores más vibrantes que puedan imaginarse. Pronostico que nos empalagaremos tanto de las flores que nos tomará unos buenos 10 años volver a animarnos a usarlas. Mi sabio consejo: no abusen comprándose un placar entero de prints florales…. Este apasionamiento floral será tan efímero como la primavera. Yo personalmente me declararé Floricienta porque no pienso comprarme ni una vincha floreada. Será como un pequeño acto de protesta hacia una tendencia que ya me tiene empalagada desde antes de verla en mis amigas. Aunque para lo que estoy preparadísima es para descostillarme de risa en todos los eventos de la temporada con la cara de espanto que tendrán las innumerables y desafortunadas “cortejos” accidentales con las que seguramente nos toparemos.

ANTEOJOS JACKIE-O
La tendencia de esta temporada para protegernos del sol serán unas magníficamente espléndorosísimas gafas mariposa. Estas son del estilo que usaba Jackie O en su época más glamorosa (obviamente no estamos hablando de sus años de aburrida primera dama en la tan poco glamorosa capital americana, sino de los años en los que andaba echada sobre el yate de Onassis pegándose incontables paseítos de St. Tropéz a Skorpios). Imagínense a Uds. mismas como Jackie O, regiamente protegidas de nuestro inclemente sol paraguayo, aunque su recorrido sea el tan poco glamoroso viaje de Villa Morra a Ñu-Guazú. Recuerden chicas: soñar es gratis.

OXFORD
Este verano tendrás que comprarte un par de jeans Oxford tras prenderle fuego a todos tus pantalones chupines. Para las musas de botero que rondamos esta tierra, los pantalones Oxford tienen la ventaja de contrarrestar el peso visual de nuestras caderas, haciéndonos ver más estilizadas. Aprovéchalos y ámalos. Hurrahh!!! Hurrahhh!!! (con acento british por supuesto, nada de venirme con gringadas)

CINTURA ALTA
Seguiremos viendo los jeans de “cintura alta”, aunque más bien son de “costilla alta” porque cubren prácticamente toda nuestra zona abdominal. Prepárense para ver muchos jeans, pantalones y también muchos shorts con el talle elevado al más puro estilo de la venganza de los nerds. Esta es tal vez la tendencia más inclemente de la temporada, recomendada únicamente para nuestras hijas adolescentes. Para aquellas madres que tienen la difícil tarea de tener que soportar a una hija adolescente, no se peleen con su hija de 15 cuando les implore de rodillas que quiere el jeans de cintura alta que vio en la última High Class. Conciéntanla con el capricho, y no se olviden de sacarle muchas fotos con el jeans puesto y enmarcarlas para colocarlas por toda la casa. Les garantizo que su hija lo lamentará dentro de 5 años (así como nosotras seguimos lamentando los jeans nevados) y usted tendrá muchas evidencias para recordarle de cuando no quería seguir sus consejos. No hay nada más dulce que un pequeño y maternal acto de venganza fashionista.

ESTAMPADOS ARTÍSTICOS
El arte y la moda siempre han ido de la mano. Esta temporada los diseñadores sonríen al arte abstracto adoptando fragmentos de obras o reminiscencias de pinceladas y manchas como detalles estampados en los vestidos. Esta es la tendencia más chic de la temporada, y también la más apta para sentirse actualizada a pesar de los años. Les recomiendo que no abusen de los estampados, nada de echarse encima la obra entera de Pollock, unas cuantas manchas will do.

SANDALIAS ABOTINADAS
Prepárense para elevarse a las alturas calzando unas regias sandalias abotinadas. Estas son la principal tendencia para nuestros piecitos. Siempre que tengan tacos altísimos y plataformas serán cómodas y favorecedoras. Prefieran los cueros acharolados y no le teman al color.

VESTIDOS CAMISEROS
Ya se que éstos a veces tienen un airecito a uniforme muy poco favorecedor. Pero te aseguro que lo terminarás amando por lo prácticos y favorecedores que son. Es lo máximo a la hora de vernos regias con el mínimo esfuerzo. Para evitar incómodas confusiones, tenés que usarlo con mucho glamour. Nada de rodetito desprolijo, cara lavada y zapatillas (te terminarán preguntando por tu “patrona”). Accesorizálo con un cinto bien ancho y unas sandalias abotinadas. No te olvides de tus gafas de Jackie y tu bolso XL estampado. Te garantizo que ninguna mujer en uniforme puede verse así de regia.

PIROPIROPERA ¿Donde fue a parar el Hola Que Tal? - Nicoletta Fizzotti


No sé que es lo que lleva a las mujeres a saludarse con piropos. Podemos decir que es una rareza netamente femenina. Jamás se ha visto a un hombre ponderar lo bien que le queda a su amigo el shortcito cuando llega al partido de fútbol. Sin embargo, entre las mujeres, el piropo parece haber sustituido al saludo.

Cuando encontramos a una amiga siempre tenemos asegurado que va a hallar algo que ponderar, ya sea el vestido, el corte de pelo (por más de que no te hayas cortado el pelo), tu maquillaje, tus zapatos o tu joyas.

Los piropos que sustituyen a los saludos incluyen “Que churra estás”, o “Que chururú”, o si se trata de alguien un poco más fina, sustituye el chururú por adjetivos como Chic, fabulosa, regia o fantástica.

Convengamos que a veces el piropo sale de pura costumbre. En estos casos nos encontramos saludando a una amiga que parece una estatua de Botero viviente con un “¡Que regia estás, estás más flaca!”. Por supuesto que será la mujer más feliz del universo hasta que se vuelva a mirar al espejo. Momento en el cual empezará a creer que le estabas tomando el pelo.

Conozco mujeres que siempre tienen un piropo en la punta de la lengua. No paran de repartir bondad. Cuando verdaderamente no tienen nada, pero NADA, que ponderar igual encuentran algún adjetivo benévolo. Por ejemplo, si se encuentran con una amiga que es un fashion emergency en su máximo apogeo, que todavía usa el mismo blazer azul marino con hombreras y jamás se enteró que los jeans nevados se dejaron de usar en 1989, le saludan con un “Me encaaanta tu look retro.” O si encuentran a una amiga vanguardista que se acaba de teñir el pelo de violeta, seguramente le saludarán con un “¡Que novedooosa!!”

Generalmente cuando una amiga me saluda con un piropo, mi modestia me lleva a pensar que solo está siendo amable conmigo. Pero más que bondad, ahora que lo pienso, creo que esta nueva forma de saludarnos responde a una necesidad de apoyarnos unas a otras. El saludo piropero es una forma de decirle a tu amiga que no importa que sus ojeras le llegan hasta el piso, que vamos a ignorar solidariamente la erupción de acné que le salió en la nariz u omitir el hecho de que el jeans chupín le queda fatal. Es una forma muy femenina y educada de concentrarse en lo positivo.

Por supuesto que como indican todos los cánones de cortesía, un saludo tiene que ser contestado con otro. Lo mismo ocurre con el piropo. Por esto, cuando vemos a un grupo de amigas saludarse, se oirá un rosario de elogios antes de que prosigan su camino.


Sinceramente extraño la brevedad del sencillo, sincero y cordial “hola que tal”. Ahora saludarse entre mujeres es una cosa de no acabar. Si Fulanita saluda a Menganita, Fulanita le dirá primero: “¡Mengui estás diviiiina! (por supuesto es una mentira super hiper mega ultra piadosa). Menganita sonreirá y contestará con un efusivo “¡Vos si qué!”; tras el cual comentará lo hermoso que es el vestido de Fulanita y le preguntará dónde lo compró. La respuesta de Fulanita será invariablemente: “Cuando quieras Mengui” (por más de que Fulanita mida un metro treinta y pese 30 kilos menos que Menganita). Recién después de todo este protocolo piropero en el cual ambas mujeres aprueban sus respectivos looks y exorcizan cualquier signo de inseguridad, proseguirán a hablar sobre como están.

Ahora bien, que pasa cuando el piropo no llega. Esta situación horrible es el equivalente a pasar frente a una obra en construcción y no recibir ningún piropo de los albañiles. Esto es un signo inequívoco de que te ves fatal. Pero no te sientas mal. Probablemente tu amiga es o muy descortés o sencillamente no es tu amiga. Porque una verdadera amiga siempre, pero siempre va a ponderarte algo cuando te vea, aunque solo sea el color de tu esmalte.

Ñu Guazú: 6 Km de peripecias – Nicoletta Fizzotti



Como todas las asuncenas a esta altura del año, con el calorcito incipiente y la presión por la llegada del verano, he incorporado a mi rutina, regulares caminatas a Ñu Guazú. Por supuesto que me voy regia. Porque en “ÑuGua” una se encuentra con todo el mundo y si bien todos te saludas re bien al pasar, no dudo que apenas se alejan a una distancia prudente empiezan a criticar la pinta de una, o por supuesto, lo gordita que una está, o lo mal que le quedaron las nuevas lolas, o lo sucio que estaba su perro!! (Las mujeres no escatiman en detalles a la hora de criticar, y con la inclemente luz del sol veraniego, aumenta notablemente la visibilidad de estas detestables criticonas que se pasan radiografiándonos.)

Una de las cosas que detesto ver en Ñu Guazú son los saunas ambulantes. Me refiero a esas personas que van con buzos invernales, mangas largas, hule y faja azul ciñéndoles la cintura, creyendo que con deshidratarse van quemar los kilitos de más. Me sofoco al verlos!! Me dan más calor del que ya tengo, y ni que decir de las detestables salpicadas de sudor que recibimos cuando pasan trotando al lado nuestro.

También, como digna mujer que soy, odio ver a las footineras exhibicionistas. A esas que siempre están más regias que una y quieren hacértelo saber a gritos. Esas que van en micro top y micro todo, que llevan el pelo suelto y corren como protagonistas de propaganda de shampoo, moviendo las caderas como en cámara lenta. Por supuesto que nuestros maridos las aman. Ni bien nos cruzamos con ellas vemos como se quedan bizcos para tratar de mirarlas disimuladamente (léase: sin que nosotras nos demos cuenta). Pero por supuesto que les pescamos en el acto! Yo ni bien me cruzo con una de estas escandalosas me pongo bizca (pero hacia mi marido) y casi siempre termino dándole un codazo para sacarle del embobamiento en el que queda.

Muchos hombres han adoptado la técnica del cordón para observarles el derriere mientras se alejan. Justo cuando pasan, a ellos mágicamente se les desatan los cordones y mientras se agachan para simular atárselos, observan embelesados sus colas como si fueran pantallas plasma. El marido de mi amiga Erika adoptó una técnica más original para mirarlas sin pudor y evitar los codazos de su esposa. Me contaba Erika que mientras caminaban por el parque, se cruzaron con una blonda fantástica que iba trotando junto a su perro. El descarado del marido al cruzar exclamó: “¡Que lindo tu perro!” (Obvio que lo que miraba fijamente no era al cuadrúpedo sino los implantes de la blonda). Como Érika no es ninguna tonta, no le dio un codazo…. ¡Le dio tres!

Otra amiga, Marga, odia a las jadeantes. Aquellas que a parte de ser footineras exhibicionistas, se hacen sentir a un kilómetro de distancia exhalando onda Sharapova mientras trotan. Mientras caminábamos y charlábamos el otro día, me informó sobre su ingeniosa técnica para ponerlas en evidencia. Cada vez que se topa con una jadeante simula asustarse mientras grita: “¡Dios mío que susto! ¡Pensé que era un caballo!”

Pero la experiencia más desagradable en Ñu Guazú me tocó vivirla en carne propia. Un par de años atrás tuve la brillante idea de ir a trotar al medio día y la mala fortuna de toparme con un gordito sudoroso que justo al cruzarse conmigo tuvo la delicadeza de eructar (en el momento exacto en el que yo estaba inhalando todo el aire que podía para no desmayarme por el esfuerzo de trotar con el tufo). Era evidente que el gordito había comido empanada de carne. Hasta hoy en día recuerdo la oleada de náuseas que me invadió y como llegué arrastrada a mi auto sin poder sacarme el asco del sistema.

Ñu Guazú en su época pico se vuelve una especie de carrera con obstáculos. No solo tenemos que pedir paso a los pánfilos que se pasean uno al lado del otro, abarcando todo el ancho del camino y obstaculizando el paso. También tenemos que ir sorteando perros que se meten en nuestro camino o cuyas correas se te enredan entre las piernas y niños en rollers o en bicicleta que a menudo terminan chocándonos estrepitosamente. Tampoco faltan los desubicados que lanzas escupitajos que uno tiene que ir esquivando y los numerosos insectos que te pican o que uno termina tragando asqueado si pasa muy rápido. Ahh y no nos olvidemos de las tarántulas que ocasionalmente salen en manada (o como sea que se llame a los grupo numerosos de estos arácnidos peludos) y que nos hacen gritar como taradas dando saltos como tilingas para huir de ellas! A la hora pico, Ñu Guazú deja de ser un paseo para convertirse en una peripecia.

Pero lo más patético de Ñu Guazú (a parte de los mirones de nuestros babosos maridos) son los atrevidos. Todas odiamos a los atrevidos más que a las exhibicionistas, porque mujeres de todos los tamaños y formas hemos sido víctimas de su descaro. En esta categoría incluyo a los pilas bobalicones que te chistan al pasar, a los poetas chabacanos que te lanzan coloridos e piropos indecentes y por supuesto a los badulaques sinvergüenzas que no se conforman con mirar o verbalizar su calentura y tienen que palparte al pasar. ¡Que experiencia espantosa es esa! ¡Que ultraje a nuestro género! Por suerte la semana pasada presencié una escena maravillosa. Pasó todo como en una película. Un atrevido le tocó el trasero a una chica que pasaba tranquilamente, absorta con la música de su I-Pod. En un nano segundo esta chica inocente y con aire angelical se transformó en una de especie de Ninja Justiciera del tercer mundo y le dio caza al insolente. Al alcanzarlo puso en práctica todo lo aprendido en su clase de Muay Thai dándole la paliza de su vida, al más puro estilo de Kill Bill. Fue un momento mágico. Todas las presentes le vitoreamos y le aplaudimos sintiéndonos finalmente redimidas. La próxima vez “que pase el desgraciado” va a pensar dos veces antes de pasarse de vivo.

LOS MEJORES ACCESORIOS PLAYEROS: Los tips de Nicoletta Fizzotti


DE CHOLOLÓ A PUNTA DEL ESTE
Los paraguayos cuando viajamos podemos olvidarnos hasta del pasaporte pero jamás del tereré. Ya sea nuestro lugar de veraneo San Ber o Miami, el equipo de tereré es nuestro principal accesorio veraniego. Pero así como la yerba se cambia, tu equipo también tiene que renovarse. Si su guampa está tan gastada que ya ni se ve el escudo de Olimpia y su termo está teñido de verde por tantos años de mejunjes yuyeros, espero que este año tomen la decisión de comprarse un coqueto termo forrado y una paquetísima guampa con borde en plata. Porque por supuesto que lo autóctono también es re chic.

BOLSONES XXL
Si sos de las que no puede imaginarse un día de playa sin tu revista High Class, el libro del verano, tu IPOD, toallas, cambios de ropa (porque nunca se sabe que puede surgir), cámara fotográfica y todo el kit de pareo-toalla-anteojos-bronceador-protector solar, convengamos que un buen bolsón de playa es un accesorio indispensable. Por suerte este verano los bolsos extra large fueron la principal tendencia en carteras, por lo que tendrás un sinnúmero de opciones a la hora de elegirlo. La consigna es que sea amplio, práctico y sufrido (los mejores son los tela o lona, totalmente lavables). Los bolsos de rafia están ahora en su mejor momento y la playa será el mejor lugar para lucirlos. Anímense a los colores y a las texturas.

ANTEOJOS ESPLENDIDOS
Este verano la tendencia apunta hacia los anteojos enormes con fuerte aire retro. Los anteojos setentosos de marco cuadrado causarán furor. Los anteojos son la principal inversión veraniega pues aportan un toque instantáneo de glamour. Nada de andar con versiones truchas sin protección UV y logo ARMANDI, HENDI o TRUCCI. Por favor cómprense gafas originales, sus ojos se lo agradecerán.

PAREOS Y TÚNICAS DE ORIENTE
Todas las mujeres del mundo amamos los pareos y las túnicas, pues son nuestra única contención ante la inclemente exposición veraniega. El pareo es la mantita de seguridad de toda gordita, dispuesto a ocultar desde la celulitis hasta las caderas más protuberantes. Las túnicas y los caftanes en materiales ligeros y discretos bordados con aire oriental son otros fidelísimos aliados.

MALLAS Y BIKINIS COLORIDOS
Toda adoradora del sol debe tener un bikini que le ayude a resaltar el bronceado. Los tonos naranjas, turquesas y rosados son ideales. Los bikinis con estampados multicolores son un must! Al lucirlos estás rindiendo un merecido homenaje al verano y por supuesto a ti misma.

MALLAS Y TRIKINIS CON DETALLES GLAMOROSOS
Si sos una adicta a las miradas este verano tenés que equiparte con una malla o trikini mega glamorosa. No hay nada más sexy que un traje de baño de una sola pieza estratégicamente diseñado. Disfrutate y sacá a tu diosa del verano interior eligiendo algún modelo escotadísimo con recortes geométricos y herrajes o bordados fabulosos.

TU PEOR ES NADA
Las mujeres a veces nos poseemos planeando nuestros atuendos, craneando hasta el más mínimo de los detalles. Ideamos mentalmente ponernos el bikini plateado, con el pareo blanco, la ojota bordada, el anteojo de marco metálico y estrenar el bolso espectacular que nos compramos en el último viaje…. Todo fríamente calculado…. Pero inevitablemente nos olvidamos de nuestra pareja, que mal que bien es nuestro principal y más llamativo accesorio. Vamos a la playa espléndidas de arriba abajo, de izquierda a….. (suena la banda sonora de tiburón) la derecha el pila de nuestro marido!! Luciendo orondo su remera rota (total se la va a sacar ni bien llegamos a la playa-así piensa el-), su short estampado comprado probablemente en algún decadente mercadillo callejero o en el peor de los casos el slip que tiene desde que practicaba natación en el San José cuando tenía 15 años y que por supuesto está tan cedido que bajo la presión de su insipiente pancita revela siempre más de lo que debería. Lo dramático del caso es que probablemente tendrás que aguantarte el slip todo el verano ya que no se lo quita porque lo ama (así como solo nuestras parejas aman a sus prendas más rotosas y horripilantes) y tendrás que aguantar el odioso comentario cada vez que se lo pone (con gesto orgulloso y golpe en la pancita): “estoy hecho un pibe…. me sigue entrando el bañador de cuando practicaba natación!” Y vos probablemente le responderás mentalmente: “porque reventó la goma taraaadooo!!!” Cuando salgas de compra, anotá con flúo todo lo que tenés que comprarle a tu marido para evitar la pelada.

BUENA COMPAÑÍA
Tanto para la vida como para la playa, lo mejor es tener buena compañía. Ninguna experiencia playera puede ser buena sin buenos amigos y familiares con quien compartirla. Ahora que todo está organizado solo te queda disfrutar el verano!

I JUST KNOW WHAT YOU DID LAST SUMMER…..Nicoletta Fizzotti



Con toda la experiencia de mis 30 veranos he decidido compartir toda mi sabiduría veraniega. Creo que soy la versión femenina y hueca de Paulo Coelho. Soy una guía con patas de auto ayuda, pero al revés. A mí no me pregunten lo que hay que hacer, sino lo que NO ya que soy una experta en veranos calamitosos. Si toman mi ejemplo y hacen exactamente lo contrario… les aseguro que van a tener el mejor verano de su existencia. Por supuesto que para dar consejos al revés no hace falta título, pero oficialmente me autoproclamo y corono VERANÓLOGA.

Empecemos por lo primero: BRONCEADO. Estar blanca como cana de vieja en verano es un pecado capital. Muchas de Uds. seguramente habrán caído alguna vez en el error, ante la desesperación de necesitar un bronceado express, de seguir los consejos satánicos de alguna de sus amigas maquiavélicas. Esa rubia tostadita y espléndida que siempre está perfecta y que antes de que lleguen las fiestas de primavera parece recién llegada del Caribe y que te dice con toda la naturalidad del mundo que su secreto es usar Coca Cola como bronceador. Y ahí vamos, sonsas e ingenuas al patrio trasero con 1 litro entero esparcido sobre nuestra humanidad, solo para darnos cuenta, de que tu patio es el hábitat ideal para toda una gama de insectos que ni siquiera el más renombrado entomólogo paraguayo podría terminar de clasificar en un milenio. Por supuesto, las picaduras son múltiples, las manchas son eternas, y tu querida amiga (recién ingresada a tu lista negra) se llevará su verdadero secreto de bronceado perfecto a la tumba antes de compartirlo contigo. La lista de recomendaciones infernales es extensa. La próxima vez que te recomienden: aceite de cocina, manteca, tintura de yodo, mantequilla de cacao, aceite de bebé y cualquier otro producto destinado a totalmente otra cosa ahorrate una quemadura de 5º grado y comprate un buen bronceador.

Otro error en el que seguramente todas hemos caído es en el del maratón solar. El famoso primer día de playa, en las que agotadas de tanta mediterraneidad, corremos al mar como heroína de telenovela para luego caer desmayadas sobre la arena en un sopor eterno arrulladas por el rumor de las olas. Al atardecer, regresamos al departamento más rojas que una morcilla dándonos cuenta de que en la prolongada siesta que nos pegamos en la playa jamás nos dimos la vuelta y solo con otra insolación similar podremos emparejar nuestro bronceado. Por supuesto que demás está decir, que el color rojo flúo de nuestra piel y las peladuras que seguirán, exclamarán a gritos que sos una valle que se insoló en su primer día de playa. Cuando llegues este verano a Punta querida, acordate que si lo que esperas es volver retinta de la semanita de vacaciones que te dio el desgraciado de tu jefe, comprate un protector solar y quedate los primeros días bajo la sombrilla.

Otro error lamentable en el que por suerte caí solo una vez (y les aseguro que fue más que suficiente) fue en el del comprarme el precioso bikini blanco que la vendedora me juró por la salud de sus hijos (que obviamente no tiene) que no se iba a transparentar. Tonta! Por supuesto que ni se me pasó por la cabeza hacer un test de calidad previo en la discreción de mi hogar y lo estrené de manera calamitosa en la playa, bajo la mirada jocosa de mis amigos que no pararon de reírse de mi tití timbre y de mis tristemente expuestas partes más íntimas. La próxima vez que les tiente ese divino bikini blanco, recuerden que la vendedora gana comisión por las ventas y seguramente les está mintiendo para sacarse el mono de encima, cómprense el negro para no convertirse en la eterna anécdota veraniega de sus amigos!

Todas la blondas del universo (cada vez somos más) aprovechamos el verano para aclarar nuestras mechas y a veces nos oxigenamos hasta el cerebro para conseguir ese platinado radiante que tanto resalta con nuestra piel tostada. Por supuesto que como buenas rubias que somos, nos aplazamos en química, y a la semana el pelo se nos quedó verde a causa del cloro de la pileta. Ya se que es re vairo nadar perrito, pero más lamentable es quedarnos con el look alienígena por hacernos las sirenitas.

Otra clásica catástrofe veraniega son las caipirinhas en la playa, que con el calor del sol se nos suben a la cabeza en tiempo record. Una lleva a otra (porque demasiado luego te gustó y querés probar también la de maracujá) y para cuando te metés con tanta alegría en cima al mar terminás como estrella principal de una escena de Baywatch, en la que vos por supuesto sos la chica en problemas. Recordate que en el cono sur los salvavidas no son rubiazos fisicudos, y que probablemente serás rescatada por un negrito panzón en sunga que te hará respiración boca a boca bajo la mirada atónita de una multitud de curiosos y como sos paraguaya seguro le conocés a más de la mitad de los espectadores. Querida, te aseguro que no querrás ser la estrella de este show!

Espero que este verano tengan en cuenta todo lo que yo hice el verano pasado y hagan exactamente lo contrario: no se insolen, no experimenten, mantengan la cabeza fuera del agua, opten por los bikinis oscuros y por favor no se ahoguen!!

Hello Celulitis! – Nicoletta Fizzoti

Numerosos autores han dedicado centenares de páginas al tema de la belleza, intentando encontrar un ideal de belleza universal; sin embargo, de todas estas cuestiones quedaron más interrogantes que respuestas, y hoy en día seguimos preguntándonos dónde está y en qué consiste la belleza. Tal vez lo único que podemos afirmar con certeza es que la belleza es cuestión de consenso y se caracteriza por su relativismo.

Aún así, debido a la siempre presente dicotomía de las cosas, a pesar de que el ideal de belleza es tan fluctuante como el viento, la lucha por alcanzarlo se mantiene constante a través de toda la historia. Cada cultura y época tiene su propio ideal de belleza, el cual ha ido cambiando y seguirá cambiando quien sabe cuantas veces más.

El hombre ha encontrado belleza en los lugares más insólitos: en los cuellos alargados, en los pies miniaturizados, en los labios colagenados. Las mujeres, desde la antigüedad han hecho de todo para seguir los cánones estéticos del momento e intentar imitar al arquetipo de belleza. Hasta han llegado a consumir arsénico para lograr la palidez intensa considerada deseable en el siglo XVII.

Las romanas disponían en sus tocadores de todo un kit completo de artilugios de belleza instantánea. Marcial, un escritor del siglo I, criticaba a una dama llamada Gala, por alterar su apariencia de pies a cabeza: “Mientras te quedas en casa, Gala, tus cabellos se encuentran en la casa del peluquero; te quitas los dientes por la noche y duermes rodeada por un centenar de cajas de cosméticos... Ni siquiera tu cara duerme contigo. Después, guiñas el ojo a los hombres bajo una ceja que aquella misma mañana has sacado de un cajón.”

Hoy en día, todas quien más quien menos, podemos identificarnos con esta romana. Hasta podemos hacer un paralelo moderno valiéndonos del brillante monólogo del film “Todo sobre mi madre” de Almodóvar, en el cual un travestido llamado Agrado da cuenta de su supuesta autenticidad diciendo: “Además de agradable, soy muy auténtica..." afirmación tras la cual empieza a dar la lista detallada de todas las cirugías a las que se ha sometido para ser “auténtica” y su correspondiente costo: "…Rasgado de ojos, 80 mil, silicona en labio, frente, pómulo y cadera... el litro está a sesenta mil pesetas. Echad vosotros la cuenta, porque yo ya la he perdido... ¿Tetas? Dos. Que no soy ningún monstruo. Setenta cada una, pero esas las tengo muy amortizadas..." Agrado termina con una sentencia fabulosa: "Me ha costado mucho ser auténtica. Pero no hay que ser tacaña con todo lo relacionado con nuestro aspecto. Porque una mujer es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma".

Y al fin y al cabo, alcanzar ese ideal de nosotras mismas es lo que perseguimos todas las mujeres desde que el mundo es mundo. Por supuesto que ese ideal ha ido cambiando así como también las técnicas para alcanzarlo.

“The Art of Beauty”, manual de belleza editado en 1825, recomendaba engordar para hacer desaparecer las arrugas (porque al contrario de nuestros días, era preferible ser una rozagante mofletuda antes que tener cara de papel corrugado). El mismo manual también, recomendaba aplicar menta en polvo para reducir los senos prominentes (por supuesto que litros y litros de silicona han derogado este canon). Otra de las absurdas recomendaciones de este texto era la de usar extracto de belladona para aumentar el tamaño de las pupilas. Al leer esta última parte pensé: “Que las arrugas y los senos sean objeto de acicalado femenino entiendo, pero a quien le importa el tamaño de las pupilas hoy en día!” Seguro que los últimos en ponderar las pupilas de una mujer fueron los poetas románticos del siglo XIX mientras clavaban en sus pupilas su pupila azul y le decían “poesía eres tu”.


La historia nos demuestra que las mujeres han hecho literalmente de TODO para estar hermosas de acuerdo al parámetro imperante en la época que les tocó vivir. Han luchado contra la gravedad, contra el tiempo, contra la naturaleza, contra las inclemencias de la vida. Han teñido sus cabellos, estrechado sus cinturas, aumentado sus senos, estirado sus arrugas, se han depilado, hidratado, encremado, emperifollado, pintarrajead…hasta han dilatado sus pupilas para verse bonitas.

Sin embargo, llama la atención que en la historia de la lucha de la mujer por verse espléndida y parecerse más al sueño de sí misma, la celulitis sea una incorporación reciente. A pesar de que los cuadros de Rubens atestiguan que las mujeres de siglos pasados eran verdaderas promotoras de la tan detestable piel “d’orange”, poco hacían para frenarla. Es más, directamente no les molestaba. La celulitis antes ni se mencionaba en los tratados de belleza. Tal vez los vestidos de otras épocas no dejaban a la vista evidencia de su existencia o quizá esto se debía a que no era considerada un problema. A lo mejor de tan dilatadas que tenían las pupilas sencillamente no alcanzaban a mirarse el “derrière”.

Ahora, sin embargo, hay una guerra declarada contra ella. Legiones de mujeres armadas con cremas, pastillas, fajas, dietas, ejercicios, lipos y cuanto consejo se les ocurran a especialistas y empíricos, juran derrotarla. Sin embargo, a pesar de tanta TANTA insistencia…. ella oronda siempre ahí presente.

El problema de este cuco moderno es que de ella no se salva ni la Kournikova. Y si te jactás de ser inmune, disfruta mientras puedas de tu ilusión, porque te aseguro que tarde o temprano serás llamada a engrosar las filas de las estadísticas que afirman que entre el 85% y el 98% de las mujeres después de la pubertad presentan algún grado de celulitis. Según estas cifras, la triste realidad es que si sos mujer y tenés más de 15 años estás destinada a ser celulítica. Que feo suena ¿no?

Hasta el nombre es horrendo e implacable: CELULITIS. Al decirlo como que se traba la lengua un poquito obligándonos a fruncir ligeramente el ceño. Es sencillamente desagradable y absolutamente detestable.

Pero lo peor de todo es que ella es como la gripe, no pondera ni raza ni religión, ella ataca a todas las mujeres con una inclemencia brutal. Cualquiera sea su figura o talla, independientemente de que tenga una linda silueta o haga yoga y pilates, igual ella encuentra la manera de montar campamento en sus muslos. Nada la detiene. Y la desgraciada, porque tiene mucho de descarada, se reproduce como coneja. Empieza pequeña e imperceptible, re mosquita muerta. Prácticamente tenés que exprimirte las carnes para detectarla. Luego saca sus pezuñas y aparece el primer pozo. Antes de que te des cuenta se extendió hasta los tobillos. Cuando esto sucede, ya es demasiado tarde y no hay ni crema ni mejunje que logre sacártela de encima.

A pesar del resentimiento profundo que le guardamos todas las mujeres por habernos fundido tantos veranos en la playa….la realidad es que nadie se muere de celulitis. La celulitis, a pesar de significar inflamación del tejido subcutáneo y sonar tan parecida a meningitis o peritonitis no es maligna ni síntoma de alguna enfermedad. Es más, su origen es hormonal y es prácticamente inherente a las mujeres.

La escritora Naomi Wolf, en su obra “El Mito de la Belleza” argumenta que cada día nuevos productos son introducidos al mercado para “corregir” algún “defecto” inherentemente femenino. Así como ahora nos causa risa que las mujeres se dilataran las pupilas para mejorar su look, tal vez en un futuro, nuestra lucha contra la celulitis sea vista como algo igualmente absurdo.

Pero porqué esperar 200 años para dejar de luchar contra ella. Es hora de que en vez de gastar inútilmente más tiempo y dinero en pomadas y procedimientos, tomemos conciencia de que la celulitis no desaparece ni amputándose las nalgas y nuestra única opción es aceptarla.

Avivémonos de una vez por todas y pongámonos de acuerdo todas las mujeres. Digo todas porque TODAS ya somos sus víctimas o sus proyectos de víctimas y digo “ponernos de acuerdo” porque como ya se habrán dado cuenta, el ideal de belleza surge principalmente del consenso. Es cuestión de hacer una campaña para mejorar su imagen y poder empezar a llevarla con soltura.

Espero que no crean que esta sea una propuesta absurda. Esto ya se ha hecho y con mucho éxito en la Europa del Siglo XVII. Por entonces las epidemias de viruelas eran muy frecuentes. Esta enfermedad temible, si no te mataba te dejaba totalmente desfigurada de por vida con horrendas cicatrices. Las del cuerpo se cubrían con los voluminosos vestidos, pero las que quedaban en el rostro eran imborrables e imposibles de ocultar. Estas epidemias llegaron a ser tan frecuentes que la mayoría de la población europea ostentaba, en mayor o menor grado, las señales de la viruela. Pero las mujeres se avivaron y empezaron a usar lunares postizos, de seda o terciopelo negro, en forma de estrellas, medialunas y corazones como estrategia para desviar la atención de las marcas de viruela. Al poco tiempo todos estaban usándolos, tanto que hasta las que no tenían las marcas de la viruela empezaron a colocarse lunares postizos sobre la piel.

No digo adoptar una estrategia similar, más bien aliarnos para convivir con nuestras celulitis así como las europeas de antaño se aliaron para sobrellevar sus cicatrices. Es hora de solidarizarnos con nuestra celulitis colectiva y dejar de machacarnos unas a otras. Empecemos a cambiar su imagen y volvámosla fabulosa.

Empecemos por repetirnos mil veces frente al espejo que nuestra celulitis es bella, que nos sienta maravillosamente, que nos dona mucha feminidad. Hagan un gran esfuerzo y traten de creerlo. Luego mediten con los ojos cerrados y recórranla mentalmente, acéptenla y ámenla infinitamente.

Si la ven en las piernas de una amiga, FELICITENLA. Porque al fin y al cabo es una señal de que ha comido bien, de que ha descansado, de que ha disfrutado de muchos cafés con sus amigas, de que ha brindado en incontables momentos especiales.

La próxima vez que vayan a un desfile, en vez de saltar eufóricamente como si hubiesen inventado la vacuna contra el sida al ver un asomo de celulitis en las piernas de alguna modelo, pondérenla. Digan que lo más sexy de esa modelo son sus piernas, porque tienen muchísima MUCHÍSIMA personalidad. En vez de criticarla caraduramente (como si ustedes no tuvieran nada que ocultar en sus traseros), comenten con su amiga lo bien que tenía marcados los pocitos.
La próxima vez que su hermana acuda a ustedes entre lágrimas porque la celulitis no se le fue ni con el tratamiento de láser dirigido, díganle bien fuerte de que debería estar orgullosa de tener TANTA celulitis. Asegúrenle que es verdaderamente admirable ver a alguien tan reposado como ella y que su celulitis es tan bella que debería lucirla como una medalla sobre sus piernas porque muestran lo bien que ha vivido! Inspírense como esos poetas del siglo XIX que ponderaban tanto a las pupilas ya que sus palabras tienen que generar convicción.

Cuando su hija adolescente desarrolle su primer pocito. Felicítela y explíquele que es una señal de que está creciendo y convirtiéndose en mujer. Tranquilícela y dígale que no se preocupe que pronto su celulitis va a “madurar” y reproducirse majestuosamente en sus piernas.

Lo importante de todo esto es generar un cambio de actitud y de percepción. Hay que concienciar a la gente en ver a la celulitis no como una desgracia sino como una bendición. Ese pozo desgraciado tiene que convertirse en un simpático hoyuelo.

Recuerden que es posible que algo de tan feo se vuelva bello y que la belleza no acontece sin alguien que la reconozca y la aprecie, sin un diálogo y un consenso que no puede ocurrir sin que nosotras demos este paso inicial.

Se que va a costar ponerse el próximo verano el microbikini a lunares e ignorar el adoquinado que ha estado pavimentando nuestros muslos muy a pesar nuestro. Va a costar mucho y no vamos a tener otro remedio que hacer la vista gorda… o mejor dicho la pupila dilatada. Va a ser una tarea muy dura pero una infinitamente noble. Tal vez nuestras nietas nos lo agradezcan!