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lunes, 25 de julio de 2016

ANGEL Y TERA YEGROS: EL CONTAGIO DEL ARTE






En la familia Yegros sin lugar a dudas el arte es una cotidianeidad. Tera Yegros tuvo la fortuna de nacer en una familia de artistas. Su tía Lucy Yegros es una renombrada artista visual que ha recorrido el mundo con sus obras. Su madre, Adriana Almada, es una de las más respetadas críticas de arte de nuestro país y su padre es nada más y nada menos que el gran escultor Ángel Yegros, uno de los cuatro novísimos, grupo de artistas que agitó la escena del arte paraguayo con su aparición en 1964.

Tera creció en el campo, entre los libros de su madre y la chatarra industrial que su padre iba transformando en impactantes esculturas que luego serían exhibidas en importantísimas Galerías y Museos del mundo entero. Creció rodeado de naturaleza y de cultura, en un ambiente absolutamente creativo, con padres que lo alentaban a seguir sus sueños y pasiones, predicando con el ejemplo, ya que ambos seguían firmemente las suyas. Como dice su padre: no es de extrañar que el arte “se le contagiara”.

La veta artística de Tera lo llevó a dedicarse al diseño industrial, desde donde le toca transformar el metal con un propósito diferente al de su padre, pero de una manera igual de creativa. Desde 2009 realiza trabajos de diseño y producción de mobiliario, integrando a veces, a la par que su padre hace con sus esculturas, material de recuperación.

En esta edición especial por el día del padre, decidimos entrevistar a este dúo tan creativo de padre e hijo, quienes además del ADN llevan la impronta artística en sus venas.

ANGEL YEGROS
Además de la escultura, ¿también te dedicás al diseño de accesorios y objetos?
Yo no diría accesorios ni objetos. Para mí siempre son esculturas, aunque sean de pequeño formato y cumplan alguna función específica. Por ejemplo, las joyas que vengo realizando desde hace muchos años y, más recientemente, la colección de recipientes escultóricos para los perfumes que yo mismo creo, a partir de plantas nativas. Utilizo las hojas, las raíces, los brotes, las flores, dependiendo de los casos.

Como padre, ¿cual fue tu granito de arena para acercar a tu hijo al mundo del arte y de la cultura?
Creo que fue sencillamente un contagio. Yo no hice nada especial para que él se acercara al arte y la cultura. Fue, simplemente, nuestra manera de vivir.

Cuando Tera era pequeño, ¿te imaginabas que haría algo vinculado al arte?
Sí, porque las cosas que Tera hacía evidenciaban su creatividad. Siempre estaba fabricando algo. Como vivíamos en el campo y no tenía juguetes sofisticados ni televisión, encontraba mil maneras de divertirse. Con los hermanos hacía casitas en los árboles, inventaba aparatos para deslizarse de una rama a otra, carros para transportarse en medio de las plantas… Y dibujaba muy bien. Dibujaba mis obras. En uno de los catálogos de una exposición que hice en la Galería Michèle Malingue, al lado de una escultura mía se publicó el dibujo de Tera, que tenía entonces cuatro años.

¿Qué crees fueron los factores que desencadenaron que Tera decida dedicarse al diseño? ¿En algún momento lo proyectaste para él o fue una sorpresa?
Fue una sorpresa, aunque siempre supe que su destino estaba ligado a alguna actividad creativa. Pero lo suyo también es técnica, y eso es importante. No sólo imaginación, sino también rigor. Él fue descubriendo solo su camino y nuestra casa fue un buen laboratorio de experimentación para sus primeros proyectos de mobiliario.

Me imagino que como padre estarás muy orgulloso de tu hijo. ¿Qué es lo que más te enorgullece a nivel laboral?
La inteligencia y el tesón para lograr sus objetivos.

¿Qué te gustaría que te diseñe Tera?
Una mesa de noche.

¿Cómo te gustaría que te recuerde siempre tu hijo?
¡Como un padre loco!

TERA YEGROS
¿Qué se sintió crecer inmerso en el mundo del arte, con un padre escultor, una tía artista y una madre crítica de arte?
Fue natural, no imagino mi vida de otra manera. De mi padre me fascinó siempre la capacidad de transformar la materia, de convertir desechos industriales en obras de arte y en objetos utilitarios literalmente fuera de serie, únicos; y su pasión por la naturaleza, por las formas vivientes, que él había heredado también de su padre, gran enamorado de las plantas, en especial las orquídeas. Mi hermano Arapy y yo nacimos y crecimos en una quinta fuera de Asunción, con un jardín enorme, en partes salvaje, que mi padre había diseñado y cuidaba personalmente. Ahora veo cómo todos esos años de infancia fueron modelando mis intereses y también los de Arapy, que se dedica al audiovisual. De mi madre aprendí la importancia de crear un hábitat bello y agradable para vivir. Creo que me transmitió su pasión estética, su rigor y su perfeccionismo, tan necesarios cuando se trabaja en diseño e interiorismo. De mi tía me impresionó su concepción del arte como juego y el uso del guaraní en su obra. Tuve una hermana que dibujaba maravillosamente y escribía libros de cuentos. Se llamaba Luciana, igual que mi tía.

¿Cual fue tu primer vínculo con el arte?
No recuerdo, porque nací inmerso en un mundo de arte. Me cuentan que cuando tenía 2 ó 3 años mi padre me dejó un momento solo en el taller y al volver me encontró golpeando con un martillo todos los hierros que había alrededor. Supongo que ya se estaba despertando mi espíritu creador. A los 6 años tomé cursos de arte con Engelberto Giménez y Carlos Solano López. Y durante unas vacaciones, a los 7 años, conocí en Montevideo la obra de Torres García y en Punta del Este la casa de Páez Vilaró. Quedé fascinado con todo lo que vi en ese viaje y a partir de allí fui adentrándome más en el mundo del arte.

¿Cómo te alentaron tus padres al inicio de tu carrera?
Desde que yo era muy chico guardaban con mucho cariño mis dibujos, me daban muchos materiales para pintar, dibujar y hacer esculturas. También me llevaban a museos, galerías de arte y exposiciones. En la quinta teníamos varios estanques (les decíamos “lagunitas”) y me gustaba quitar el barro de las orillas para hacer muñequitos. Cuando estaba por terminar el colegio y les comenté que quería estudiar arquitectura (que fue la carrera que empecé antes de estudiar diseño industrial) y me alentaron mucho. Mi padre me regaló todos sus libros de arquitectura (él cursó la carrera, una parte en Paraguay y otra en Argentina) y mi madre me traía de cada viaje nuevos libros sobre arquitectos visionarios. Después de un año y medio de estudiar arquitectura conocí más sobre diseño industrial y me di cuenta que ésa sería mi profesión. Mis padres me apoyaron. Siempre me dijeron que lo más importante es hacer lo que a uno le gusta, lo que a uno le apasiona, pues solo así el trabajo se transforma en placer y se pueden lograr grandes resultados.

¿Cuáles son las cosas que te inspiraron de tu padre para vincularte con el arte a través del diseño?
Como te dije antes, me inspiró su capacidad de transformar cosas sin valor en piezas de arte, esa capacidad de crear formas, sensaciones y objetos delicados.

¿Cuánto de escultórico tienen tus diseños?
Probablemente muy poco en comparación con las obras de arte de mi padre y otros artistas. Desde el diseño, creamos productos que deben cumplir funciones específicas; la forma suele en muchos casos ser el resultado del desarrollo de una serie de requerimientos. Como diseñadores, debemos procesar todos estos requerimientos para convertirlos en piezas de diseño.

¿Qué elementos locales te inspiran para crear tus diseños?
Como te dije que pasé mi infancia en el campo, por lo que me inspira la naturaleza, las formas, los colores y las texturas de los bosques y animales del Paraguay. Tener en cuenta la cultura del lugar es muy importante para familiarizar a las personas con el diseño, ya sea de espacios o mobiliario.

¿Cuál es tu proceso creativo?
Siempre busco congeniar la función con la forma. Además de eficiente, un objeto debe ser, en lo posible, bello y atractivo. Para empezar a diseñar hago muchos bocetos, dibujos técnicos en la computadora en 2 y 3 dimensiones, hago prototipos a escala 1 en 1 y los voy corrigiendo hasta llegar al resultado esperado. Con mi novia, Ana González, hemos creado el Estudio Apu’a, que no tiene un año todavía y ya está desarrollando importantes proyectos de interiorismo y equipamiento mobiliario. A principios de este año participamos en el Salón Nude de la Feria Hábitat, en Valencia (España), con excelentes resultados.

¿Existe alguna característica de tu diseño o algún conocimiento que estás seguro que te vino por herencia paterna?
La fascinación por el metal es herencia paterna… Es el material que mi padre más ha utilizado en sus obras. El me enseñó a soldar; siempre me fue familiar estar rodeado de metal y con él pude conocer diferentes maneras de usarlo. En mis diseños lo utilizo  por las características óptimas que presenta: la precisión con la que se lo puede trabajar, la resistencia que tiene, la variedad de acabados que permite y la larga duración en condiciones adecuadas. Existe una gran variedad de metales, pero el que más utilizo es el acero en sus distintos tipos. Y volviendo a mi padre y su influencia en mi carrera, puedo decirte que una vez, hace muchos años, me hizo un regalo premonitorio, cuando yo aún ni pensaba en el diseño. Me regaló una escultura pequeñita, un juguete, que era un banco, y tenía escrito en la parte del asiento la palabra “Apu’a”. Yo me había olvidado por completo de ese juguete, que en una mudanza se había extraviado. Lo reencontré hace poco, al regresar de la feria de Valencia, donde Ana y yo presentamos la marca Apu’a. ¡No lo podía creer!

¿Qué le diseñarías hoy a tu papá para homenajearlo?
Un atelier. Puedo ver cómo trabaja y darme cuenta de las cosas que necesita y quisiera tener en su taller. Me gustaría diseñarle un espacio de reflexión y creación, pero al mismo tiempo un espacio para exponer su obra.


jueves, 26 de mayo de 2016

DAZZLER : ESPACIOS MULTIDISCIPLINARIOS





¿Qué sucede cuando la arquitectura invita al arte a apoderarse de sus espacios? La respuesta es sencilla. Todo lo que convive con el arte se vuelve magia. En un espacio habitado por obras de arte se respira un aire diferente, como enrarecido.  Por ejemplo, cuando entramos a un museo, ingresamos a una especie de sitio sagrado, solemne, donde se guarda silencio para conectarse con múltiples diálogos interiores. El arte nos conmueve, nos sensibiliza, nos transporta. La arquitectura contemporánea cada vez comparte más sus espacios con el arte. Lo visual, lo auditivo, lo sensorial, y por supuesto las movilizaciones internas producidas por la emoción Stendhaliana, adquieren cada día mayor relevancia en la arquitectura contemporánea.

El interior del nuevo hotel Dazzler nos encontramos con el resultado de una invasión amigable del arte en los espacios públicos. Esta interesantísima acción multidisciplinaria ideada por el arquitecto argentino Fabián Parra, congregó a dos reconocidos jóvenes artistas locales – la fotógrafa Mónica Matiauda y el director de cine Juan Carlos Maneglia- con el fin de invadir los espacios arquitectónicos con imágenes, movimiento, sensaciones y conceptos. El resultado hace que un banal lobby de hotel, y una antesala, se conviertan en verdaderas instalaciones artísticas.

FABIÁN PARRA
¿Cómo surge la idea de hacer la intervención del hotel con obras de artistas locales?
Cuando empezamos a hacer el diseño de éste espacio, la temática fue recuperar el espacio verde perdido y volver a hacer que la gente se sienta en ese lugar que se había de alguna manera dilapidado. El tema era poder estar debajo de árbol, que empiece en el lobby por ejemplo a través de un gran plegado de madera tipo origami a la escala del árbol; y el árbol en sí había que armarlo de otra manera. Una manera de generar sensaciones era con algo que tenga que ver con la imagen, pero una imagen que tiene que estar en movimiento. Y de ahí nació la idea de mezclarnos con la dinámica de fotografía, en este caso la filmación, y comenzamos a juntarnos con Mónica Matiauda y con Juan Carlos Maneglia. El armó una filmación que genera esa sensación de estar uno debajo de los árboles, donde el sol se filtra y te protege, y eso de alguna manera, ese volumen que materializa esos ascensores; y por otro lado Mónica Matiauda, trabajó con la imagen fija, que hace que ese árbol crezca a través de esas imágenes desde el foyer hasta el spa, recorriendo las habitaciones con cuadros que van haciendo un bosque de imágenes.

¿Cuáles son los detalles técnicos del montaje de la video instalación de Juan Carlos Maneglia?
La video instalación es una superficie hoy con bastante tecnología a través de monitores LED 30 30 que se van agrupando uno a uno hasta conformar una placa entera, y es un LED que llamamos 2 milímetros porque modifica la distancia que hay entre el observador y la pantalla  para poder observar con nitidez. A través de ésta pantalla lo que Juan Carlos elaboró se traslada digitalmente y se genera este efecto de volumen, que es un volumen macizo a través de una película se desmaterializa, y una vez dentro del ascensor es como si te estuvieses metiendo por dentro de ese gran espacio verde, ese bosque y empezás a gozar de ese espacio.

 ¿Y cómo idearon el montaje, los paneles? ¿Tiene algún significado el tamaño, fue alguna cuestión más estética? ¿O tiene algo que ver también con el concepto?
Bueno, esto de seguir la dinámica de pasar por debajo de los árboles se lo planteamos a Mónica, y Mónica con gran sutileza retoma la imagen planteada por Juan Carlos y empieza a digitalizar y a trasladar esto a un sistema de pintura digital, que después teníamos que mantener esa escala de árbol grande. Entonces el árbol grande es una enorme placa que pega la vuelta sobre el techo como para genera esa sensación de cobijarte debajo de este techo, y es ahí donde la imagen de Mónica nos cubre como un árbol te cubre en la vida real.

¿Y creés que ahora con tanta deforestación tal vez la manera de integrar el edificio, la arquitectura a la naturaleza sea a través de fotografías, filmaciones, recuerdos de lo que fue?
Yo creo que nada nunca va a compensar el dolor que significa quitar un solo árbol de ningún lugar. Me parece que estas cosas son compromisos para quienes venimos de afuera o integramos otra cultura, de alguna manera responsable estar enunciando lo que está pasando. Y me parece que es un compromiso de todos.

 ¿Y en las habitaciones el arte también está presente? Dentro de la decoración digamos.
 Sí, la idea es que éste concepto del árbol que te está cobijando arranque de la planta baja hasta el spa, entonces Mónica va a planteando distintas instancias de ese árbol, desde su basamento, su copa, y así como empieza en el lobby y sigue en el foyer, las habitaciones van teniendo un sector de ese árbol, y es el spa el que culmina con su gran sector más alto, dando terminación a éste árbol que se recorre de arriba hacia abajo.

 ¿O sea que todo el hotel es como si fuera un gran árbol?
Todo el hotel recuerda a un gran árbol que se perdió, y que de alguna manera empieza a recuperarse.

Bueno, ¿y cuál es tu postura con respecto a la deforestación, y desde la arquitectura que se podría hacer al respecto?
Me parece que los arquitectos y quienes construyen este tipo de obras deben ser conscientes del espacio verde que quitan y de alguna manera recuperarlo en el mismo lugar o sectores aledaños; me parece que es vital recuperar aquellos lugares perdidos.

Claro, sobre todo porque Asunción era una ciudad muy verde que se caracterizó siempre por sus árboles en las veredas, en los patios…
Totalmente. Esa pérdida a mí, aunque sea de afuera me duele. Pero estoy tratando con todo hincapié en que ésta paisajista nos ayude a recuperarlo a todo eso que se perdió. Pero se puede recuperar los árboles, estamos en eso. Estamos haciendo conciencia y estamos haciendo hincapié.

Qué bueno. ¿Y a vos te sensibilizó como arquitecto el hecho de que vos mismo estás formando parte de un proceso que de cierta forma tiene que sacar el árbol, eliminarlo?
Sin duda. Fue muy fuerte cuando hicimos el Palacio de los Patos; me acuerdo que una tarde llegué y habían quitado unos árboles, y había un operario con una máquina que me dice “Arquitecto, quiero que vea esto”. Y había un árbol de setenta años, que estaba abrazando  a una palmera que la contenía, y la rama la estaba abrazando, y me dice “Arquitecto, no la puedo tirar”, y a mí se me cayeron las lágrimas cuando vi, porque habían crecido juntos durante muchos años. Por eso el Palacio de los Patos, ese volumen de chapa con que fue efímero estaba cubierto por una imagen del lugar, del verde que habíamos perdido y yo la pongo por encima, como pidiendo perdón por eso y diciendo “en algún momento la vamos a volver a recuperar”.

Fabián, ¿cómo es éste proceso creativo de trabajar en conjunto, vos como arquitecto argentino con estos artistas locales?
Siempre que voy a un lugar distinto que no sea mi tierra me parece como muy lógico idóneo plantear la integración de la propia cultura a mi arquitectura, para que la gente cuando entre a uno de estos hoteles sienta que también le pertenece. Así que bueno, yo lo conocí a Juan Carlos a través de una de sus películas, a Mónica de manera personal porque habíamos trabajado. Y me pareció que armando un equipo en conjunto con ellos podía lograr que la cultura argentina de alguna manera se mezcle con la paraguaya y den entre ambos un concepto que le sea propio a los paraguayos cuando lo vean, o  quienes visiten de afuera sientan que adentro de éste edificio hay parte de la cultura local, una cultura que no se debe perder y que aparte es extremadamente rica y a la que yo admiro mucho.

Y dentro de tu diseño en particular, siempre hay está presente el arte.
La arquitectura es un arte bastante egoísta, desde el punto de vista del arquitecto. Es nuestro gran hobby, es nuestro gran amor, pero ese egoísmo perdura constantemente, y a lo largo de los años me fui dando cuenta que era importante que cada vez que viajaba y salgo afuera, esas culturas se agreguen. Y eso me dio una riqueza enorme, por lo menos a mi arquitectura. Soy amante de la fotografía, soy amante de la imagen en movimiento, las películas y el cine. Entonces quiero ingresar todas esas cosas a un lugar que es un sólido, y de repente ponerlo en movimiento iba a enriquecerlo. Y ese enriquecimiento se puede empezar a ver ahora en cada una de las obras donde voy al exterior. Es en New York, o es en Los Ángeles, en cada obra donde estoy incluyo artistas locales para que la cultura se mezcle en un espacio más acorde a la realidad de cada lugar.

Y el arte integrado a la arquitectura, ¿hoy en día para vos supera el fin estético ya agregando contenidos a la edificación?
Sí, totalmente. Hace ya casi cinco o seis años que tomé conciencia de esto de trabajar en el grupo con pintores, escultores, escritores, ingresarlos al espacio para ver cuál era la sensación del espectador. Y obviamente fue increíble, que cuando la gente llega a un lobby o a un espacio que está alterado por distintos artistas, la percepción dentro es totalmente diferente, la gente empieza a mirar, se moviliza, preguntan por qué. Si vos lográs que ese espectador se movilice y sienta algo por todo lo que estás haciendo, la misión está cumplida.

Claro, y va más allá de lo estético.
Va más allá de que quede lindo. A mí me parece que los espacios no deben ser lindos, los espacios deben sensibilizar al espectador por una de estas cuestiones; y si lo hace porque su cultura se ve de alguna manera representada por alguien que vino de afuera y de alguna manera los abrazó, ya está, eso es lo que estamos buscando.

Mónica Matiauda
¿Cómo decidiste encarar la propuesta de Fabián para representar de esa manera la deforestación?
En realidad no pensé tanto en la deforestación, o sea me fui más intuitivamente hacia lo que era entrar en un  bosque. Primero iban a ser fotografías, empecé juntando fotos, después empecé a hacer collage y después, tratando de hacer collage con los árboles empecé a dibujar sobre esos árboles, y después me di cuenta borrando las fotografías de abajo que quedaban las siluetas, y me di cuenta que eso creaba un efecto bastante nuevo para mí; y me fui por ahí, y terminaron siendo dibujos digitales sobre fotografías.

¿Vos ya tenías en cuenta la dimensión del espacio para hacer esto?
Sí, porque el proyecto ya estaba; o sea, Fabián me presentó el proyecto, me dio medidas, y a partir de esas medidas yo me fui pensando en la imagen.

¿En qué te apoyaste, qué te inspiró para hacer esas imagenes?
El concepto de Fabián de justamente revalorar el espacio verde que estamos perdiendo, en Asunción sobre todo, donde se está perdiendo rapidísimo.

Y después de trabajar esta obra en digital y verla en ese formato que cambia mucho las perspectiva y la sensación que genera la obra ¿qué fue lo primero que sentiste?
Emoción. Para mí fue muy revelador. Ayer por primera vez vi la obra en su tamaño real; o sea, para mí hasta el día de ayer todo fue en la pantalla de la computadora. Yo trabajaba esas medidas en una computadora  Mac, en una pantallita; yo trabajaba a escala. Cuando ayer por primera vez vi en realidad la obra en su tamaño real, fue como una sorpresa enorme.

¿Y cuánto mide la obra?
 Tiene diferentes tamaños pero creo que el panel más grande tiene como once metro de alto por cinco de largo.

¿Y cómo fue, cómo encararon el trabajo en equipo? ¿Cada uno se encargó de lo suyo o se reunían?
 Nos reuníamos, y siempre Fabián estaba ahí, siempre Fabián era el que tenía que al final dar el OK, porque estábamos colaborando para su proyecto, en el cual el trabajo de cada uno tenía que caber en un concepto preciso y dialogar con los espacios.

Y justamente, ¿cuál es el valor que vos encontrás en esto más allá de lo decorativo?
Tratar de reconectarse con Paraguay de otra manera, aunque sea con una imagen.


lunes, 28 de julio de 2014

FRANCESCO GALLARINI SIENRA: ARQUITECTURA FOR EXPORT




Francesco Gallarini es un arquitecto joven, pero ya con una carrera que lo llevó muy lejos y le generó un portafolio verdaderamente impactante. A sus 36 años ya trabajó en Milán, Suiza, Dubái y Nueva York, colaboró con genios del diseño y de la arquitectura y puso su granito de arena en uno de los edificios más altos del mundo, el Burj Khalifa.

De padre italiano y madre paraguaya, al graduarse del Colegio Americano de Asunción decidió ir a Europa a estudiar Arquitectura, pasando por dos prestigiosas universidades: el Politécnico de Milán y la Facultad de Arquitectura de Mendrisio, Suiza, la cual se encuentra en el top ten de las mejores facultades de arquitectura del mundo. Al graduarse fue contratado inmediatamente por Matteo Thun, uno de los arquitectos más conocidos del mundo de la hotelería de lujo, famoso por sus hoteles design como el Nhow Milano, proyecto en el cuál tuvo la oportunidad de participar, encargándose del diseño de todas los espacios comunes.

Luego vendría una oferta imposible de rechazar, la de trabajar tet a tet con uno de los más grandes diseñadores vivientes, Giorgio Armani, cabeza y dueño de un imperio de Diseño que va mucho más allá de la moda, extendiéndose al interiorismo y a la hotelería. Con el Señor Armani tuvo la posibilidad de formar parte de uno de los proyectos más desafiantes y maravillosos del siglo XXI, el Burj Khaliffa, lugar elegido por Armani para albergar a su primer hotel de lujo, el Armani Hotel.

Tras más de 17 años viviendo y trabajando entre Italia y Dubai, Francesco, por motivos familiares, recientemente tomó la decisión de regresar al Paraguay junto a su familia y desde High Class les invitamos a conocer a este arquitecto de brillante futuro.

- ¿Que te llevó a la arquitectura?
El hermano de mi padre, el arquitecto novarés Luciano Gallarini fue mi primera imagen del "arquitecto". De chico siempre me gustaba ir a su estudio a jugar con sus pantones y lápices. Me parecía el mejor trabajo del mundo, todo el día lo veía dibujar y pintar casas y edificios. No parecía un trabajo de verdad.  También me fue fundamental la amistad entre Genaro Pindú y mis padres. Era una persona muy creativa y culta que entendía de arte, de cine y de construcción... Creo que conociéndolo entendí que la formación del arquitecto abarcaba muchas áreas y de allí me sentí inspirado a seguir esta carrera.

- ¿Quiénes son tus principales referentes arquitectónicos?
Tengo varios, de diferentes épocas y por diferentes motivos. Seguramente una fuerte influencia en mi forma de ver la arquitectura es Peter Zumthor (suizo). Tuve la fortuna de tenerlo como profesor en mis primeros años y me dio una óptica diferente, intuitiva y menos clásica. 
Otro arquitecto al cual le dediqué mucho estudio fue Richard Neutra por su simplicidad y ligereza en el dibujo como también fue un referente Marco Zanuso, designer y arquitecto de milano. En una oportunidad visité una casa suya en la costa de Liguria, toqué el timbre y pedí humildemente si me dejaban visitarla... Fue una sorpresa, una casa muy intima. Hoy en día aprecio mucho la estética del arquitecto americano Rick Joy, usa materiales pobres y vernaculares con gran poesía.


- ¿Que es lo que más te gusta de la arquitectura?
Creo que lo que más me gusta de la arquitectura es que cada nuevo proyecto es totalmente nuevo, no hay parámetros que repetir ni obedecer. Uno comienza con una hoja en blanco y no tiene la menor idea de que puede llegar a salir. Así mismo todas las escalas del proyecto tienen siempre un desafío personal e intimo con el proyectista.  

- ¿Quienes fueron las influencias personales más importantes en tu vida?
Mi papá como ética en el trabajo y en su forma de ver y ser con las personas. Mi tío Luciano en la pasión por la cultura clásica y la arquitectura. El Sr. Armani, mi ex jefe, por su ética profesional y su irreducible sagacidad en todo lo creativo.

- Tras estudiar en la Universidad Politécnica de Milán te transferiste a la Universidad de Arquitectura de Mendrisio, una de las más innovadoras y prestigiosas del mundo, creada por el arquitecto Mario Botta. ¿Cómo fue esta experiencia?
El cambio fue seguramente acertado aunque difícil. Milano es milano, una ciudad cosmopolita, con mucho teatro, cine, una vida activa. Mendrisio queda en un pueblo chico entre colinas de viñedos, o sea muy linda como postal pero hasta allí... Pero como universidad tenía un programa muy singular con profesores de primera y fueron seis años de mucho aprendizaje.

-   Tus primeros trabajos, aún como estudiante los realizaste en Nueva York. Contame más sobre esta experiencia.
Empecé haciendo una pasantía en un estudio en Union Square, Design Laboratories de Karen Fromme y David Ruff. La verdad que siempre les seré grato. Siendo honesto, llegué a ellos que ni para hacer fotocopias servía y con mucha paciencia me dieron un espacio en su estudio. Luego hice otra pasantía, con Peter Sibilia, un designer que se dedicaba exclusivamente a hacer proyectos de restaurantes y locales nocturnos. Con ellos me divertí mucho y fueron los primeros en darme un espacio creativo grande, hice un club/lounge en Church Street mientras ellos seguían otro proyecto en Las Vegas y también el Sugar Lounge un bar en Nolitta que era propiedad de Matt Dillon y Robert De Niro. Tenía 21 años. Me sentía en la cima del mundo.

-   ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos en Milán?
Mi primer proyecto significativo en Milano fue con el estudio de Matteo Thun, el Nhow Hotel en zona Tortona. La zona Tortona es la zona de la industria de la moda de Milán, y el hotel estaba orientado a todo lo que era el fashion business y fue uno de los más innovadores en su momento.  Matteo Thun es un designer y arquitecto, miembro fundador de la escuela Memphis. En ese momento estaba desarrollando uno de los primeros design hotels de Milano, el NH. Era un proyecto gigante y la verdad, los que seguíamos ese proyecto en el estudio éramos pocos. Trabajábamos de lunes a lunes hasta las 12 de la noche. Sufrí mucho, ya que en esa época vivía en otra ciudad  y no llegaba a mi casa antes de las 1:30 am para arrancar de vuelta a las siete, pero gracias a esta experiencia aprendí mucho del sobre el diseño de Hoteles y empecé mi camino en el rubro en la arquitectura de hoteles de lujo.


-  ¿Que significó para vos participar de un proyecto tan grande e importante como el Burj Khalifa de Dubái, la torre más alta del mundo?
Fue una experiencia irrepetible poder trabajar codo a codo con los mejores constructores y ingenieros del mundo, con varios estudios de creativos, arquitectos y designers. Gente de todo el mundo. En una mesa de reunión habían fácilmente quince nacionalidades distintas, todos trabajando para entregar un proyecto gigante en tiempos breves.

- ¿En qué consistió tu participación en dicho proyecto?
Empecé el proyecto como diseñador dentro del grupo Armani; me ocupaba del diseño de las habitaciones y las áreas públicas del Hotel. Luego cuando empezó la obra, fui el resident architect y project manager para todo el Hotel Armani, o sea estaba encargado de más de 300 habitaciones entre standards y suites, más 7 locales y varios restaurantes al interno. Seguía la obra paso a paso y supervisaba la calidad del trabajo. A la vez uno tenía que resolver detalles constructivos que no siempre aparecen fácilmente en papel. Aprendí mucho verificando la diferencia entre lo que es el proyecto y la parte práctica. 

- ¿Que recuerdos especiales guardás de esta experiencia?
Tendría que escribir un libro de buenas y malas experiencias, aunque las malas hoy en día hacen parte de los buenos recuerdos. Mi recuerdo más singular fue al entregar la obra, subir hasta la antena (a más de 829 metros) con los dos ingenieros principales de la Samsung (constructora coreana). No dijimos nada, pero todos sentíamos en silencio la enorme satisfacción de ver terminada una obra gigante. También el nacimiento de Franco, mi hijo, que nació en Dubái ya que me trasferí allí con Gloria, mi esposa. 

 - ¿Qué sentiste al entregar este proyecto?
Entendí la frase de Newton, "somos enanos a hombres de gigantes". Entendí que participé en uno de los proyectos más significativos de nuestra época. Que fui parte de un aparato gigante que realizo algo impensable.

- ¿Cuál es tu opinión sobre la arquitectura en Dubái?
 Hay de todo. Al comienzo cuando empezó el boom edilicio, se hacían proyectos no necesariamente especiales y a veces banales, muy ligados a la especulación edilicia. Pero eso cambio mucho en los últimos años debido a la crisis mundial que redimensionó la burbuja de Dubái; hoy en día  hay proyectos interesantes, sobre todo si uno considera la tecnología empleada y las aplicaciones de nuevos conceptos urbanos y de green building que vienen constantemente probados en Dubái.

- ¿Cómo fue trabajar para Giorgio Armani?
Fue una experiencia única, llena de aprendizaje y esfuerzo.  Él es muy exigente pero a la vez te otorga muchas responsabilidades y espacio en la parte creativa.  Una gran persona, un gran trabajador. El team de trabajo era chico (éramos nada más 2 arquitectos que estábamos desde el comienzo y en la última fase llegamos a 6) así que nos conocíamos todos y teníamos un trato directo con el Sr. Armani.  En el gabinete teníamos gente muy creativa de todas partes del mundo, un ambiente seguramente competitivo pero leal.  

El Sr. Armani me enseñó a no tener miedo a probar nuevas soluciones y a experimentar con materiales y texturas,  contaminando el minimalismo con texturas. 

¿Qué otros proyectos destacados hiciste en el extranjero?
A parte de los Hoteles NH de Milán, los Hoteles Armani de Dubái y de Milano, hice la residencia invernal de Giorgio Armani en Saint Moritz, el Nobu Bar de Milán, las oficinas corporativas de Armani en Hong Kong y en Milán. También seguí varias tiendas de Emporio Armani en Europa y Medio Oriente. Hice el stand para un constructor muy grande en Dubái para el Hotel Show y varias consultorías para otros grupos hoteleros como Rosewood Hotels. Uno de mis últimos proyectos en Europa, el stand de Mármol de Fibra Marmi, que ganó el premio en la Feria Internacional del Mármol en Verano. Cabe destacar que en esta feria los stands son hechos por grandes nombres de la arquitectura, como Zaha Hadid, que había ganado el mismo premio el año anterior.

- Contame más sobre la experiencia de trabajar  como arquitecto en proyectos de tan gran escala y en ciudades tan importantes.
Trabajar con un grupo como el de Armani me dio la posibilidad de viajar mucho; estuve en medio riente, Estados Unidos, Europa. Seguíamos diferentes proyectos de diferentes escalas. Lo sorprendente era que el Sr. Armani le daba la misma importancia al proyecto de una casa así como al de un sillón. Uno tenía que tener la misma agudeza mental para cada proyecto, para cada cosa.

- Te tocó trabajar en colaboración con renombrados diseñadores y arquitectos. ¿Me podrías hablar sobre ellos y contarme más sobre esta experiencia y tal vez compartir alguna anécdota?
Uno aprende mucho viendo el trabajo de diseñadores y arquitectos. Matteo Thun era arriesgado pero tenía siempre soluciones únicas que mezclaban el diseño con la arquitectura. El Sr. Armani tenía una concepción clásica, muy ligada a la estética de los años 30, pero lograba hacer espacios minimalistas con riqueza de materiales y de formas. A la vez tuvimos varios colaboradores de otros estudios, como Tadao Ando y Massimiliano Fuksas que participaban en diferentes proyectos.  

Nunca me olvidaré un encontrazo  que presencie entre dos titanes de la arquitectura. No daré nombres, pero se pasó de comentarios muy edulcorados a una riña de gallos, con manos que volaban, acusaciones, y gritos del tipo "yo estoy en los libros de historia". Fue Patético.  Me enseñó que el ego uno lo tiene que dejar siempre de lado.

 - ¿Qué te llevó a regresar a Paraguay?
Creo que cumplí un ciclo. Salí a los 18 para estudiar y nunca pensé quedarme tanto afuera. Pero una cosa lleva a la otra, y me encontré como profesional realizado en Italia, luego en Suiza. Siempre amé a mi país y siempre tuve en claro que quería regresar algún día y a los 35 me dije, hasta aquí llego o vuelvo ahora, o ya nunca. 

- ¿Cómo fue este regreso?
Creo que todavía no puedo definirlo ya que todavía, cada día me siento que "estoy regresando". Hay días que me siento totalmente gringo y extranjero, y otros menos.

-   ¿Cómo definirías tu estilo arquitectónico?
Es la primera vez que me preguntan esto.  Hoy en día me resulta difícil hablar de un estilo, seguramente no me interesa lo puramente vernacular, aunque no me definiría un modernista, o minimalista. Sin llegar a definirme en un estilo me gusta trabajar con diferentes texturas  y materiales tratando de buscar una atmosfera única y singular para un lugar. Últimamente, no le tengo miedo al decor, cosa que durante mi periodo de universitario me enseñaron a detestar. 

- ¿Qué cosas te inspiran como arquitecto?
Los perfumes,  las atmosferas de algunas películas de Fellini, las texturas de los materiales. Un edificio viejo que aun tiene genius loci o un comentario sorprendentemente ingenioso de mi hijo de cinco años. Como objeto de análisis, pienso mucho en las ciudades. Seguramente los  libros de Calvino, "Las Lecciones Americanas" y "las Ciudades Invisibles" siguen siendo fuentes de inspiración.

- ¿Qué elementos considerás los principales a la hora de proyectar?
Llegar a la mesa de dibujo sin preconceptos. La pregunta tiene siempre que ser nueva y la solución única para ese proyecto. 

- ¿Cuál considerás tu mayor logro hasta ahora?
Mi mayor logro lo considero el haber proyectado y realizado el Armani Hotel en el Burj Khalifa. Fue un gran esfuerzo que logramos en tiempos cortos y varios desafíos que al momento parecían insuperables.

- ¿Cuál es el papel de la arquitectura en el siglo XXI?
El papel de la arquitectura en este siglo creo que es el de trabajar en sinergia con varias otras realidades para encarar y resolver escalas mayores o más efímeras,  creo que hasta globales. Hoy en día los limites se esfuman, y hablar del límite de un espacio, de un territorio o de una  ciudad, es relativo. 

¿De qué parte del mundo considerás que se verá el mayor impulso para la arquitectura y el desarrollo urbano emergente en el futuro?

Seguramente de los países en vía de desarrollo. Hoy creo que las soluciones urbanísticas mas inteligentes fueron realizadas y experimentadas en países emergentes por gente local sin recurrir a escuelas de pensamiento del primer mundo, cosa que nunca antes se dio.

- ¿Qué soñás con construir?
 Un mercado diferente o un hotel urbano en Paraguay.

- ¿Qué es la arquitectura para vos? ¿Evolucionó en algo tu idea de arquitectura desde que empezaste a trabajar en la profesión?
Mi definición evoluciona constantemente, aunque creo que la arquitectura es algo que tiene que cubrir nuestra cotidianidad sin influenciarnos en forma categórica. La arquitectura tiene que ser siempre contemporánea a su época y lograr aspirar a seguir siendo contemporánea,  para la gente del futuro. Mi ejemplo en esto sigue siendo siempre el Panteón de Roma.

Creo que con los años me volví aun más idealista.

- Mientras trabajabas en Dubái, te tocó trabajar en proyectos propios en Paraguay y también proyectos en tu estudio de Milán. ¿Cómo conciliás trabajar en distintas partes del mundo a la vez? 
La verdad es que la arquitectura hoy en día, es muy global. Creo que lo único que no se puede proponer en otra parte del mundo es un iglú. Yo no soy de la escuela que uno solo localmente puede resolver o pensar un proyecto, aunque si manejar una estética que funcione y comunique localmente.

A nivel de conciliar mi formula es muy fácil, valija lista, pasaporte en fecha y ideas claras pero no definidas. Empezar un proyecto sin preconceptos y desde lo incierto funciona siempre.

- ¿Qué opinás de la arquitectura paraguaya contemporánea?
Es única y muy variada. Hay varios proyectos interesantes.  

- ¿A quienes considerás como los principales exponentes de la arquitectura contemporánea en Paraguay?
Creo que hay varios nombres y sobre todo muchos arquitectos que se dedicaron a crear una escuela local de arquitectura, con un idioma autóctono y identificable en todo el mundo. En pocas palabras, pusieron a Paraguay en el mapa. 

Hoy en día hay varios arquitectos emergentes que incluyen a varios amigos de mi generación, pero seguramente los principales para mí  que lograron realizar un cambio singular en nuestra arquitectura son Solano Benítez y Javier Corvalán.

En mi época de estudiante Javier fue seguramente al que más seguí y conocí. Las veces que venía de vacaciones aprovechaba y visitaba su laboratorio. Tuvo siempre un team creativo óptimo y el es un gran pensador. 

- ¿Qué proyectos tenés para el futuro?
 Estoy trabajando en un pequeño edifico en el barrio Manorá y tengo otros proyectos de edificios, entre esos uno que me intriga mucho ya que voy a colaborar con dos amigos, Francisco Tomboly y Sonia Carisimo.