martes, 22 de mayo de 2012

MODELOS Y MUSAS: Encarnando la Moda – Segunda Parte



En los años 80 el modelaje sufre un giro paradigmático. Las modelos se apoderan de la industria de la moda, empezando a sobresalir más que los diseños que llevaban puestos. Se convierten en estrellas mediáticas que prescinden de sus apellidos, cobran cifras multimillonarias y borran los márgenes entre la pasarela, la prensa gráfica y la publicidad. Antes de ella existían modelos de pasarela, contratadas por su manera de caminar y modelos fotográficas, contratadas por su aspecto. Las supermodelos se destacaban tanto en la pasarela como en los estudios y sobretodo, lucían tan bien en las pasarelas que por primera vez las fotos de pasarelas se publicaban en las revistas (¡y sin cortar las cabezas!) Entramos a la era de las súper modelos.

Ellas dejan de ser meras modelos y hasta el apelativo de top models les queda corto. Ellas son las súper modelos. Una elite del modelaje que verdaderamente hizo historia y cambió para siempre el mundo del modelaje. Ya no se trataba de mujeres que representaban un estilo como las arrogantemente y estilosas modelos del New Look de los cincuenta, o las exóticas modelos sesentosas. Más que un ideal estético, estas modelos representaban un nuevo culto a la personalidad y a lo que desde entonces sería la palabra clave del modelaje: actitud.

En 1980 aparece la ultra chic aristocrática parisina Inés de la Fressange  que domina las pasarelas europeas y se convierte en el rostro de Chanel y desde 1989 suplanta a Catherine Deneuve como la Marianne de Francia. También es la década de la checa Paulina Porizkova. Sus enormes ojos verdes y pómulos bien definidos llamaron la atención de John Casablancas de Elite, quien la contrato a inicios de los 80’s y la llevó a París. Se hizo famosa cuando posó para la tapa  de dos ediciones consecutivas del Sports Illustrated Swimsuit Issue (la de 1984 y 1985). En 1988 firmó un histórico contrato con Estée Lauder por 6.8 millones de dólares anuales y lo mantuvo durante siete años. Durante los 80’s las revistas de moda estaban empapeladas con su rostro, no sólo aparecía en las portadas, sino también en un sinfín de publicidades, lo que le ganó el título de “la modelo de los 80’s”. La fama alcanzada con el modelaje la llevaría a la pantalla grande donde protagonizaría la comedia romántica “Her Alibi” junto a Tom Selleck en 1989 y en 1993 en el film de Kusturica “Arizona Dream” junto a Johnny Depp y Jerry Lewis. También integraría el jurado de “America’s Next Top Model”


A fines de los 80 e inicios de los 90 aparece un grupo de modelos que marcaría la historia. Sus pasos firmes trascienden la pasarela, convirtiéndose en fenómenos culturales y dejando su impronta en todas partes. Se trata de Cindy, Naomi, Linda, Christy, Stephanie y Claudia. Estas beldades glamorosas y omnipresentes tomaron al mundo de arrebato convirtiéndose en fenómenos mediáticos con status de estrellas, almas de divas y figura de diosas olímpicas. Ellas no se levantaban de la cama por menos de 10,000 dólares por día y más que meras maniquíes, recibían el mismo trato que estrellas de cine o del rock pues eran consideradas artistas que daban vida a las prendas impregnándolas de sus magnéticas personalidades. Ellas vendían un sueño. No sólo acumulaban millones, sino también dictaban quien las fotografiarían, y con cuales maquilladores y estilistas trabajarían y con cuáles no. Dominaban las pasarelas, las revistas, las grandes campañas publicitarias, salían con boxeadores (Naomi y Mike Tyson), estrellas del rock (Stephanie y Axl Rose), se las ligaba con la realeza (Clauida y el Príncipe Alberto de Mónaco) y se casaban con estrellas de cine (Cindy y Richard Gere). Posaban desnudas para Playboy o Rolling Stone, aparecían en videos musicales, programas de TV y películas. Estaban literalmente en boca de todos y en todas partes. Ellas convirtieron sus nombres en marcas registradas.

Cindy Crawford puede perfectamente definir la palabra supermodelo. Su carrera empezó cuando terminó como finalista del “Look of the Year” de Elite en 1983, a los tres años ya era tapa de Vogue. Su atractivo radicaba en que gracias a su imponente figura era atractiva para los hombres y su apariencia de chica de al lado, con un lunar sobre el labio que la alejaba de las anteriores modelos de belleza impoluta e inalcanzable, volviéndola una figura no amenazante para las mujeres. Su físico atlético y de imponente curvas también se alejaba de la figura diminuta de muchas otras modelos. Cindy se convirtió en un fenómeno. No solo modelaba, también daba entrevistas, tenía su propio programa de moda, el “MTV’s House of Style”, actuaba en series de TV y películas y hasta se convirtió en empresaria lanzando sus exitosísimos videos de fitness y un restaurante temático llamado el “Fashion Cafè” junto a otras supermodelos. Tras la llegada de Cindy se hizo común que las modelos promovieran una gran variedad de productos alejados de la moda y cosméticos. De hecho Crawford había firmado un contrato multimillonario con Pepsi que había marcado historia, enseñando a las modelos como diversificar su profesión haciéndola aún más rentable. Con el modelaje amasó una verdadera fortuna, siendo nombrada por la revista Forbes en 1995 como la modelo mejor pagada del mundo, con un ingreso anual de 6.5 millones de dólares.

La escultural Naomi Campbell empezó a modelar a los 15 y desde entonces ha seguido deslumbrando con su caminata de gacela por todas las pasarelas del mundo. Naomi fue la primera mujer de color en aparecer en la tapa del Vogue Francés, y lo hizo gracias al apoyo de Yves Saint Laurent quien amenazó retirar sus publicidades de la revista si seguían reusándose a retratar a modelos negras en sus tapas. También fue la primera en aparecer en la tapa de la famosa edición de septiembre de Vogue US. Junto con Christy Turlington y Linda Evangelista formó el trío de modelos conocido como “la Trinidad” por ser las más reconocidas y solicitadas modelos de su tiempo. A ellas no les gustaba el término, y preferían el apodo que le había puesto el fotógrafo Steven Meisel: “las hermanas feas”. Naomi describió a su grupo de modelos y amigas en 1990 como: “somos como una galletita óreo pero al revés.” Ellas formaban una alianza para recibir los mejores contratos y mantener su caché siempre elevado. Incluso si algún diseñador se reusaba a contratar a una de ellas las otras se negaban a desfilar para él. Como eran súper estrellas, siempre conseguían lo que querían.

La camaleónica Linda Evangelista llegó a la fama al cortarse el pelo como un niño, un estilo que luego fue imitado por muchas mujeres. Sus cambios de looks eran tan frecuentes como los importantísimos contratos que firmaba. Apareció en más de 600 tapas, videos musicales y desfiló para todos los grandes. Hasta hoy en día es considerada como una de las modelos más sofisticadas e icónicas de su tiempo y sigue apareciendo en importantísimas campañas publicitarias. Por su parte la imagen impoluta de Christy Turlington con sus más de 500 portadas, es considerada como una de las modelos más hermosas de todos los tiempos. En 1991 ya siendo considerada una supermodelo dijo a la revista Time: “Nosotras nos damos cuenta del poder que tenemos. Hacemos toneladas y toneladas de dinero para estas compañías y lo sabemos.” En 1989, firmó un contrato en exclusiva con Calvin Klein, convirtiéndose en modelo de su ropa interior y de su perfume Eternity. Asimismo, ha sido el rostro de los productos de belleza Maybelline.

La modelo alemana, Claudia Schiffer fue otra súper modelo fenoménica que traspasó las fronteras de la moda, convirtiéndose en un ícono de los 90 y perdurando hasta hoy en día como modelo. Su salto a la fama se dio cuando a inicios de los 90 posó para la campaña de Guess, en imágenes que recordaban a Brigitte Bardot, lo que causó constantes comparaciones entre ambas a inicios de su carrera. Luego Karl Lagerfeld la eligió como nuevo rostro de Chanel, lo que sería el puntapié para convertirse en una de las modelos más cotizadas de su tiempo, apareciendo en más de 700 tapas y desfilando para Versace, Dolce & Gabbana, Valentino e Yves Saint Laurent y hoy en día, con más de 24 años de carrera, continúa siendo rostro tanto de marcas de lujo como comerciales. También ha aparecido en videos musicales y varias películas como Zoolander y Love actually. En el 2002 Forbes estimó su valor neto en más de 55 millones de dólares. Hablando de la profesión de modelo en la actualidad, dijo: “supermodelos, como lo eran antes, no existen más.”

Stephanie Seymour fue la sexta y última de las seis originales supermodelos. A la par que sus compañeras apareció en centenares de revistas, videos musicales y campañas publicitarias. También fue modelo de Victoria’s Secret, apareciendo en la actualidad, como las demás, ocasionalmente en campañas y editoriales. Stephanie fue la única de las supermodelos que odiaba la pasarela, debido al pánico escénico que tenía. Según sus propias palabras fue gracias a las sumas irresistibles que empezó a ofrecer Gianni Versace para aparecer en sus desfiles que logró vencer su miedo. Resulta que Versace, conociendo la repercusión mediática que traía la presencia de las supermodelos en los desfiles, para asegurarse de tener a todas en sus desfiles empezó a pagarles hasta 50.000 dólares por desfile.

En el transcurso de la década de los  90’s, a las primeras supermodelos se les unen Nadja Auermann, con sus interminables piernas; la atlética Elle McPherson, apodada como “The body” por su escultural cuerpo; Tyra Banks la primera afroamericana en lograr un contrato con Victoria’s Secret y hoy convertida en estrella televisiva con su propio talk show y programa de concurso; la top alemana y presentadora del Project Runway Heidi Klum;  la elegante rubia Karen Mulder; Eva Herzigova la famosa chica Wonderbra; la belleza WASP de Carolyn Murphy; la actual primera dama francesa Carla Bruni; la Marianne francesa del milenio Laetitia Casta; las exóticas Yasmeen Ghauri y Nadege; la sueca funky Emma Sjoberg y la diosa danesa de increíbles ojos verdes Helena Christensen.

A fines de los 90 el estilo de belleza glamorosa da paso a un estilo más urbano y rebelde. El exceso de glamur de esta década no podía durar para siempre. La recesión llevó a que los diseñadores y casas de moda se unieron para reclutar a nuevas chicas, de rostros anónimos y cachés mucho más reducidos que sus predecesoras. Los movimientos de contra cultura promovieron nuevos ideales estéticos. Debemos recordar que los 90 son la era del
grunge y del minimalismo. La hegemonía de las supermodelos, que se había mantenido fuerte por una década (lo que sería el equivalente a un milenio en el siempre cambiante mundo de la moda) cedió su lugar al ascenso de una camada de modelos más andróginas y de belleza atípica. Las supermodelos se volvieron inadecuadas para la nueva estética minimalista que dominaría el resto de la década, las glamazonas simplemente no se veían bien en los trajes de Jil Sander. Otro factor en la caída de la era de las supermodelos fue la nueva tendencia de utilizar a actrices y celebridades en las portadas de revistas, y campañas publicitarias de productos de moda y cosméticos. La estocada final llegó en 1998, cuando el famoso September Issue de la Vogue Americana retrató a la actriz Renée Zellweger en su portada. Este fue declarado el fin de la era de las supermodelos.

Kate Moss sería quien mejor encarnaría esta nueva estética signada por la flacura extrema, la rebeldía, la belleza de cánones atípicos y el heroin chic. Una nueva estética absolutamente contrastante con las curvas de las supermodelos marcaría el comienzo del fin de la era de las supermodelos. La adolescente Kate, causaría un escándalo al aparecer sin maquillaje y con aspecto emaciado en una campaña de Calvin Klein. Su expresión reflejaba la nueva actitud fatalista, rebelde y hasta algo depresiva y oscura propuesta por la estética del heroin chic. Irónicamente, Kate Moss alcanzaría el status de supermodelo de sus predecesoras, manteniéndose como ellas todavía vigente en las pasarelas, editoriales y campañas.
La nueva estética significó el surgimiento de modelos de una belleza atípica como Kristen McMenamy, Amber Valletta, Shalom Harlow, Stella Tennant, Eve Salvail, Alek Wek, Esther Cañadas.

El Nuevo milenio marcaría la entrada  de las camadas de modelos extranjeras, todas de una misma zona geográfica y parecidas unas a otras. De estos flujos muy pocas lograrían destacarse. Este fue el caso de Natalia Vodianova, Carmen Cass y Karolina Kurkova entre las modelos de los países del este y Gisele Bundchen, Isabeli Fontana, Adriana Lima y Alessandra Ambrosio de entre las brasileñas.

Con la llegada de la curvilínea e imponente Gisele Bundchen la moda nuevamente volvió a fijarse en las glamorosas supermodelos. De hecho, para Claudia Schiffer, Gisele es la única modelo del siglo XXI que puede clasificarse como una verdadera supermodelo, sus imposibles ingresos de 35 millones de dólares anuales son prueba fiel de ello. El siglo XXI trajo muchos nuevos rostros, pero esto lo dejamos ya para otra entrega.

El ideal estético femenino ha evolucionado notoriamente en los últimos cien años, y las diosas estéticas de cada década nos muestran con claridad en qué manera lo ha hecho. Innegablemente ellas son las afroditas que marcan el paradigma estético de su época.

Consejos Maternos: Ignorándolos con descaro



La mayoría de las mujeres hemos hecho un arte del acto de ignorar los bienintencionados consejos de nuestras madres. Iniciamos a practicar este arte desde muy temprana edad. Lo que de  niñas es catalogado como desobediencia, en la adolescencia se le llama rebeldía y en la edad adulta se lo conoce como necedad. Es que se supone que al llegar a la madurez con tantos años de equivocaciones a nuestras espaldas ya deberíamos haber aprendido que nuestras madres saben más por viejas que por diablas. Pero aún así nos resistimos a escucharlas.

Cada vez que abren sus bocotas para dejar escapar alguno de sus irrefrenables consejos (sencillamente no pueden resistirse a darlos) las hijas adultas automáticamente entornamos los ojos y les contestamos hastiadas con algún comentario cínico. Esto en el caso que las hayamos escuchado, pues muchas de nosotras hemos tomado por hábito ni siquiera escucharlos. Sus consejos entran por un oído como ruido blanco y salen por el otro sin siquiera haber sido procesado por nuestros cerebros. ¡Ignorar a alguien tan descaradamente es sin lugar a dudas un arte que se perfecciona con la práctica! 

En el tema de los consejos maternos se produce una inusual dicotomía. Por un lado ellas sienten un deseo incontenible de emitir consejos maternales; a tal punto que podríamos decir que dar consejos es el principal hobby materno. Por otro lado, las hijas tenemos a cultivar como hobby la irreverencia hacia los consejos maternos. Esto significa que esencialmente nuestras madres están tirando consejos al aire, dándoselos a personas que no quieren oírlas y que prefieren mil veces ser atropelladas por una topadora que escuchar un solo consejo materno más.

A pesar de que está clarísimo que los consejos maternos no son de interés de las hijas, aún así ellas optan por seguir produciéndolos. Tienen una fuente de consejos aparentemente inagotable. Hasta parecería que existe un manual secreto de consejos maternos que todas nuestras madres consultan a escondidas para hacer nuestras vidas imposibles.

A parte de que no queremos escucharlos, los consejos maternos tienen otra característica que los hace particularmente insufribles. Irónicamente, tienden a estar siempre en lo cierto. A todo consejo materno ignorado, automáticamente le sucede un fiasco catastrófico que prueba que a fin de cuentas, nuestras madres estaban en lo cierto. Cada vez que esto sucede, ellas no tardan en hacernos notar este hecho con su frasecilla de cabecera: “yo te dije, yo te avisé…”

Sólo hay un consejo materno peor al de nuestras madres. Se trata de los consejos maternos emitidos por la madre de él: alias la suegra metiche. Y lo peor de todo es cuando ELLAS tienen le razón. Honestamente no hay peor cosa en el planeta tierra que tener que darle la razón a nuestras suegras.

Bueno, pasemos ahora a analizar los consejos maternos más frecuentes:

“Llevate el saquito por las dudas”: Parecería que nuestras madres tienen un pacto con el diablo que hace que cada vez que ellas emiten esta frase, por más de que haya un solo radiante, automáticamente se largue una tormenta huracanada y la temperatura baje 15 grados. Si no es el saquito es el paraguas. Lo cierto es que como SIEMPRE optamos por no hacerles caso terminamos tiritando como pavotas, empapadas en medio de un raudal y patéticamente engripadas al día siguiente.

 “Ponete el protector que vas a terminar insolada”: Dicho y hecho. Invariablemente en vez del color del verano terminamos con el color del tomate, absolutamente adoloridas, insoladas y abochornadas. Pero lo más triste ocurre cuando llegamos a los treinta y pico y aparecen las primeras manchas. En ese mismo instante aparece el cosejito ignorado como un eco distante que viene del siglo pasado a atormentarnos.

“Ese chico no es para vos”: Por alguna extraña razón ellas saaaben cuando el candidato no es el indicado. No hay príncipe azul que ante sus ojos no se convierta en sapo. Parece como si tuvieran un tercer ojo para detectar al sapo interior que habita dentro de quienes creemos príncipes azules. Si te dice que el candidato nuevo tiene “Bicho encerrado”, no te sorprendas que algo hay de cierto.

“Cortá con el dulce de leche que no te va a entrar el vestido”: ¡Algunas hasta instan a que te hagas punto cruz en la boca y directamente dejes de comer!  Hay madres que sinceramente no pueden ver comer nada remotamente engordante a sus hijas sin hacer algún tipo de comentario. Si no se trata de lechuguita, ponele la firma que te sale con alguna indirecta del tipo: “Mirá que el chocolate engorda…” (Como si nos estuvieran haciendo una GIGANTE revelación) DA! ¡Colón! ¡Más vale que engorda!, pero en ese momento no nos importa. Comemos más solo para incidentar. Solo el reflejo moldevaí que te devuelve el espejo antes de ir al casorio de turno te hará arrepentirte por  no haberle hecho caso a la pesaaada de tu vieja.

“Comé algo que te vas a sentir mal”: cuando finalmente le hacemos caso al consejo materno anterior y empezamos a cuidarnos, nuestras madres empiezan a preocuparse de que nos estemos volviendo anoréxicas. Nos instan a que comamos hasta el perejil decorativo de cada plato y temen que nos desmayemos por malnutridas. Lo más probable es que lleguemos a desmayarnos, pero de seguro no nos salvamos de protagonizar el papelón de nuestras vidas emborrachándonos en algún casamiento familiar por tomar champagne con el estómago vacío. Cuando nos esté llevando a casa a rastras será la primera en recordarnos enfurecida: “¡yo te DIJE que comas algo!”

 “No te olvides de”: no hace falta que les diga de qué. Basta que ella nos advierta que no nos olvidemos de algo, para que – por ley de Murphy-  nos olvidemos juuusto de eso.

“Te dije mil veces que”: Si, efectivamente nos repite mil veces todo. Al punto que las palabras se entremezclan en un gran plagueo confuso que a nuestros oídos sordos llega como si se tratara de un ruido blanco o de interferencia radial noooooteeeurrrooolviiiiideeezzzzzzdeeeeebussscaaaarlewwwwwaoootuuuhhhhermaaaaaahhhhnoooohhhwrrr. Es que estamos taaaaan acostumbradas a ignorarlas que ya ni las escuchamos siquiera. Pero como nuestras viejas son taimadas y astutas, se dan cuenta de que no les hacemos caso, por eso no nos repiten mil veces, nos repiten un billón de veces, muuuuuy a pesar nuestro, la escucharemos repetírnoslo hasta el cansancio. Y si aún así el mensaje no llega, estate segura de que no perderá la oportunidad de recalcarte que ella te lo dijo mil veces (tal vez más).  De seguro no estará exagerando.

martes, 17 de abril de 2012

Mi peluquerida



Al menos una vez por semana tengo una cita inamovible en mi agenda: ir a la pelu. Si hay raudal voy en bote, si hay marcha campesina les regalo tierra para que vuelvan a su valle y me liberen las calles, si hay procesión o desfile voy en carroza. Se puede caer el mundo, pero jamás de los jamases y nunca de los nuncases falto a mi cita. Cuando dejo de ir por motivos de fuerza mayor (que como se imaginarán son poquísimos) mi pelo se reciente, mis uñas se resquebrajan y mi paz interior se ve saboteada por el EPP.

Es que para toda mujer, su peluquería es mucho más que eso. Es un santuario, un espacio perfecto destinado a nuestra transformación y reinvención. Es un lugar donde junto con el baño de crema para reparar las puntas se nos nutre también el alma. ¿Qué no me creen? ¿Qué estoy exagerando? Si dudan de mis palabras es porque todavía no encontraron su peluquerida. Encontrar a la peluquerida (Léase: la peluquería perfecta, aquella con la cual nos casamos hasta que la muerte nos separe) es el equivalente a encontrar la paz interior. Créanme que ni el Dalai Lama con toda su inmensa sabiduría podría acercarlas tanto a la paz interior como su peluquero de confianza. Es más, las mujeres que nos encontramos a nosotras mismas en la peluquería no dependemos de los libros de Jorge Bucay ni Paulo Coelho para alcanzar la felicidad. Lo hacemos ojeando Hola o HC mientras Luján Halley, la fantástica joven manos de tijera, nos reinventa el look. 

Cuando encontramos la peluquería perfecta se crea un vínculo inquebrantable, al punto que preferimos cambiar de marido antes que de peluquero. Tu peluquero de confianza debe ser mucho más que un estilista. A la par de lograr el brushing perfecto y el peinado que encuadre tu rostro a la perfección, debe ser tu asesor de imagen, consejero sentimental, gurú sexual, psicólogo, nutricionista, estetista y chismógrafo. Mi peluquero de cabecera, Alexei, además de todo lo anterior es personal trainer, enfermero y partero CERTIFICADO! Ellos dan toda una nueva dimensión a la palabra multitasking. En menos de una hora, no sólo salimos con la melena de la Bundchen, sino también nos hemos informado de todos los últimos acontecimientos sociales, nos hemos liberado del stress, desahogado de nuestro último quebranto amoroso, desarrollado la estrategia a seguir en nuestra batalla con alguna chirusa de turno, y conocido el secreto para vencer a la celulitis. Y como si esto no fuera poco, llevamos como combo, bien dobladito en la cartera, el papelito con el nombre del último producto de SEDAL co-creations garantizado por nuestro peluquero en devolver a nuestra cabellera el esplendor perdido. Si mi peluquero lo recomienda, yo lo compro, porque nadie sabe de pelo como un peluquero. ¡He dicho!

Para completar el paquete. Todas las mujeres salimos de la peluquería con una sonrisa (salvo las amargadas y santorós para quienes no hay peluquería ni peluquero que les calce) ¡Y pensar que entramos taaaan opacadas y salimos taaaaan regias! Por lo general ingresamos con la cara larga, ojeras hasta el polo sur, y un caso de bad hair day tan serio que parece que llevamos un caniche mojado sobre la cabeza. Ni bien entramos ya nos salta espantada nuestra cosmetóloga de cabecera gritando: “¡Dioooos míooo nenaaaaa que te pasóooo! Tenés todos los poros dilatados, el cutis hecho una suela de zapato y tu nariz parece una frutillita de tantos puntos negrooos.” Si, la sinceridad de los expertos en belleza es tremenda y hasta brutal. Pero se les perdona por el sencillo hecho de que todas sus críticas vienen acompasadas de una solución. NO hay problema estético que ellos no estén plenamente capacitados para solucionar o disimular en menos de una hora. Antes de que podamos largarnos a llorar ya estamos echadas sobre una camilla con una mascarilla súper híper mega ultra hidratante de baba cascarón medula y feto de caracol en la cara, y para matar dos pájaros de un tiro la cosmetóloga de paso ya nos conectó electrodos a cada centímetro de nuestro cuerpo mientras nos hace un masaje de pies para desestresarnos. ¡Ni un médico de ER podría actuar tan rápido atacando a tantos frentes al mismo tiempo!


A los 45 minutos ya tenemos el cutis radiante y dos centímetros menos de cintura. Nuestra alma empieza a entrar en sintonía con el santuario estético capilar. Pasamos al lavado. No hay nada mejor en EL MUNDO que lavarse el pelo en la peluquería. Además del masajito capilar está el hecho de que a pesar de usar el MISMO shampoo que usamos en casa nuestro pelo siempre termina más limpio y más brilloso. 

Si estamos depre no hay nada como un cambio de look para sacarnos de este estado deplorable. No sé porqué, pero el hecho de reinventar nuestra cabellera nos hace sentir como si nos estuviéramos reinventando a nosotras mismas. Cuando decidimos hacerlo tenemos dos alternativas: corte o color, ambas igualmente efectivas para hacernos sentir renovadas, frescas, jóvenes y fantásticas. Lo fundamental es caer siempre en el sillón del profesional indicado. Con la colorista y con el corte NO SE JODE. Naaaada de ir a una pelu perdida buscando un mejor precio.  Tu cabellera se merece un mejor trato. Te vas a las mejores y punto. Que no sea que por tacaña termines: A) con rubio de modelo cachaquera o corte de futbolista de segunda división; o B) con el pelo quemado hasta las raíces y un corte que parece haber sido hecho por tu hija de tres años.
 
Como yo soy rubia natural, no suelo teñirme el pelo. Pero mi tía Catalina, que es una blonda muy digna (porque no todas las rubias teñidas lucen aquel rubio natural tan digno que sólo una buena colorista puede lograr) JURA y REJURA sobre la tumba de Whitney Houston que prefiere cambiar de ginecólogo antes que de colorista. Es que las coloristas son las alquimistas de la pelu. Sólo ellas manejan la mezcla perfecta de TU color.

Yo le tengo pánico a las agujas, pero más miedo le tengo a las tijeras en manos equivocadas. No hay peor cosa que pedir que te corten las puntitas y encontrarte con que te hicieron el sopísima corte de Victoria Beckham. Recuerden siempre que el pelo tarda en crecer y nuestro clima no da para pelucas. Yo sólo me dejo cortar el pelo por el estilista cuyo nombre está en el cartel o su mano derecha consagrada por su talento. El nombre de un buen estilista corre de boca en boca y como son más difíciles de encontrar que plata yvyvý cuando nos pasan el dato del estilista del momento lo ATESORAMOS. No hay nada mejor que cambiar de look con el estilista del momento ya que es el más agiornado y la autoridad máxima en lo que respecta a la dignidad capilar. Lucir un teñido o corte vulgar o mal hecho es el equivalente capilar al suicidio social. En la dignidad de tu corte un ojo entendido podrá distinguir perfectamente QUIEN estuvo detrás de las tijeras. 

Hoy en día nuestras peluqueridas nos ofrecen un sinfín de opciones para transformarnos. En un par de horas podemos pasar de un carré renegrido a una cabellera de supermodelo eslava. O de unos rulos salvajes al liso perfecto de Sedal. Yo, por mi parte, puedo asegurar QUE VI LA LUZ cuando conocí el alisado. ¡Finalmente mi cabellera fue domada por un producto que tal cual ninja asiático le dio un estate quieto a mis rulos rebeldes!

Mis idas a la peluquería no están completas sin un spa de manos y pies mientras me peina mi regio Alexei. Este es el momento en que nos enteramos de tooooodo lo que pasó desde aquí hasta Tanganica, y todo eso mientras tomamos un cafecito y hacen lo más parecido a un milagro con nuestro pelo. Es que los peluqueros, no hay caso, SON NOMÁS CARISMÁTICOS.
Cuando una sale verdaderamente se siente transformada como por un milagro divino. Resulta imposible de creer que salimos sintiéndonos taaaan bellas por dentro y por fuera, renovadas, distendidas, reafirmadas, mimadas, queridas, divertidas, reanimadas y reinventadas. En un mundo donde todo tiende a opacarnos: que el stress, que la humedad, que la polución, que la mala onda, que la crisis, que el payé, tener un santuario ajeno a toda la mala vibra como lo es una buena peluquerida NO TIENE PRECIO. 


Sarah Burton: Tras la sombra de McQueen



La actual directora creativa de Alexander McQueen, al asumir las riendas de la marca en mayo de 2010, tuvo que demostrar al mundo que sería capaz de seguir los pasos del genial enfant terrible de la moda quien había tomado su propia vida hacía tan sólo tres meses.

Al igual que McQueen, Sarah nació en el seno de una familia británica numerosa y se formó en el “Central Saint Martins College of Art and Design” de Londres, Inglaterra.  Antes de empezar la carrera se encontraba indecisa entre perseguir una carrera en la moda o una en Bellas Artes. A último momento optó por la carrera de Diseño Textil. En 1996, cuando cursaba su tercer año de carrera, su tutor, Simon Ungless, amigo cercano de McQueen, le consiguió una entrevista para una pasantía en el atelier de Alexander McQueen. Fue entrevistada por el mismo McQueen, quien le preguntó todo tipo de preguntas absurdas como si creía en los Ovnis. Sarah causó una buena impresión y empezó a trabajar en la compañía como pasante. 

Al graduarse en 1997, Sarah fue contratada oficialmente como asistente personal de Alexander McQueen. Para el año 2000 ya era nombrada cabeza de la línea de womenswear, aunque siguió asistiendo a McQueen hasta su precoz muerte en 2010. En todo este tiempo que trabajó como mano derecha de McQueen lo ayudó a crear prendas para Michelle Obama, Cate Blanchett, Gwyneth Paltrow y Lady Gaga y fue una figura clave en su equipo de diseño.

Tras el suicidio de McQueen en febrero de 2010, el grupo Gucci, dueño de la marca, confirmó que la marca continuaría. Como era de esperar, Sarah, quien ya se había ganado su lugar en la compañía como una de las principales colaboradoras del difunto diseñador, fue nombrada como nueva directora creativa. Jonathan Akeroyd, presidente y CEO de Alexander McQueen, dijo al momento del nombramiento de Burton que estaban “encantados de que Sarah haya estado de acuerdo en asumir el rol de directora creativa. Habiendo trabajado al lado de Lee McQueen por más de 14 años, ella tiene una profunda comprensión de su visión que permitirá a la compañía mantenerse fiel a sus valores intrínsecos.” En gran medida, gracias a la seguridad que daba a los dueños de la marca el gran conocimiento que tenía Burton sobre la visión de McQueen, el grupo tomó la decisión de mantener la marca y apoyar a su nueva directora creativa.

En entrevistas, Burton admitió que sustituir a McQueen representó una situación muy intimidante para ella, asegurando que ella pensaba que no sería capaz.  Al comienzo Sarah pensó que no sería capaz. Su primer pensamiento al enterarse de la muerte de su amigo fue que la marca moriría con él, que no habría forma que existiera sin él. Declaró a la Vogue británica: “Yo pensaba: ¿de qué manera comenzaría a trabajar? La mente de Lee era tan distinta a la de cualquier otra persona. Sabía que no había manera de que pudiera pretender ser él; pero tuve que preguntarme a mí misma, ¿para qué trabajó tanto Lee? ¿Para que todo esto se cierre? Pensé en lo que quería. En lo que era mejor para mí. Como muchas mujeres de mi edad pensé, quiero tener hijos, pero luego me di cuenta que esta no es una razón para no asumir un desafío. Al final decidí lanzarme y poner lo mejor de mí.”

La diseñadora tenía bien en claro que no pensaba imitar a su mentor. Para su primera colección para McQueen en Septiembre de 2010, ni siquiera se propuso imitar sus desfiles llenos de teatralidad. Ella sabía que ese era territorio exclusivo de Lee McQueen. No podía pretender ser él, debía ayudarlo a perpetuar su legado, su visión, pero siendo fiel a ella misma.

Burton no sólo asumió un enorme desafío. Alexander McQueen era un diseñador que se había ganado la reputación de genio desde sus primeras colecciones. Su temprano deceso había sorprendido a toda la industria de la moda quien ya lo veneraba en vida y tras su muerte había empezado un verdadero culto a su memoria. Sarah no solo debía ganarse el respeto de la industria de la moda, también debía rendir tributo a su gran amigo, perpetuando su sueño y su legado. Y para empeorar más aún la situación, debía hacerlo en medio del gran dolor que le generaba su pérdida. Sarah y Alexander habían sido amigos muy cercanos.
Tras su muerte, Sarah declaró: “Era un hombre tan adorable… Era tan importante para mí. Uno sólo quería hacerlo feliz, cuidarlo. A pesar de que sentía que yo lo protegía, ahora siento que él era quien me protegía a mí.” 

Su conocimiento del estilo de McQueen, su talento como diseñadora y su compromiso con el legado de su gran amigo rindieron sus frutos. Su primera colección “solista” para McQueen en París fue elogiada por todos. Con ella Sarah rindió tributo a la estética dramática de su mentor, pero agregando detalles más femeninos, que en cierta medida atenuaban la teatralidad de los diseños de McQueen. Al respecto de su primera colección Burton puso en claro que habiendo trabajado tantos años para McQueen, ella también había dado su aporte a aquellas colecciones anteriores de McQueen. No pretendía borrar el estilo de McQueen empezando con una tabla rasa. Eso sería también como borrar algo de ella. Sarah declaró a la prensa” Siempre habrán esos elementos de McQueen, pero al mismo tiempo, uno nunca puede mantenerse quieto y se debe ser fiel a uno mismo. Esto es lo que Lee me inculcó: a poder defender mi trabajo.”

Sarah es la primera en afirmar que McQueen fue quien le enseñó todo lo que sabe de diseño. Al respecto afirma: “Todo lo que se lo aprendí aquí. Si uno no sabía cómo hacer algo, Lee te hacía asumir el desafío, enseñándote cómo hacerlo o dejándote para que aprendas cómo hacerlo por tu cuenta.”

Tras su primera colección, se ganó la aprobación de toda la prensa especializada como heredera de McQueen. Incluso los amigos cercanos de McQueen, como la excéntrica Daphne Guinness, siempre apoyaron el nombramiento de Sarah Burton, pues sabían que al trabajar tanto tiempo al lado del genio, había adquirido algo de su genialidad. Además ellos sabían que McQueen hubiera estado muy conforme con ella como sucesora. Ella había aprendido todo lo que sabía de él.

Pero sin lugar a dudas, su mayor reconocimiento tras tomar las riendas de la marca se lo dio la familia real británica en Abril de 2011. No se trataba de un título ni de una condecoración, sino del gran honor de encargarle el diseño del vestido de novia de Catherine Middleton, para su boda con el príncipe Williiam de Inglaterra, futuros duques de Cambridge. Durante meses la prensa había especulado sobre quien se encargaría del diseño del vestido de la que sería la boda de la década. Se habían barajado los nombres de los principales diseñadores del mundo. Muchos libraron una verdadera batalla por conseguir el encargo. Sin embargo, la elegida fue Sarah Burton, quien aún no había cumplido un año al frente de Alexander McQueen.

Los ojos del mundo se centraron en ella y le dieron su aprobación al ver los exquisitos trajes que había diseñado para Kate Middleton (el traje de novia y el traje de la fiesta) así como el traje de dama de honor creado para la hermana de la novia, Pippa Middleton. Sobre esta experiencia, la diseñadora aseguró: “Fue la experiencia de una vida y disfruté cada momento del proceso. Fue un honor tan grande ser encomendada con esta tarea y estoy tan orgullosa de lo que creamos junto al equipo de Alexander McQueen. Me encanta que el vestido represente lo mejor del artesanato Británico. Los diseños de Alexander McQueen se caracterizan por unir contrastes para crear prendas bellas e impactantes y espero que al maridar géneros y encajes tradicionales con una estructura y diseño moderno creemos un vestido hermoso para Catherine para el día de su boda.”

Su siguiente reconocimiento llegaría de parte de la industria de la moda. El 28 de Noviembre de 2011, Sarah Burton fue nombrada Diseñadora del Año en los British Fashion Awards de 2011. Colección tras colección, Burton se ha ganado el respeto de la crítica especializada y ha sido aclamada por los diseños que ha creado tras la muerte de McQueen. Gracias a ella la marca continúa creciendo y las ventas siguen manteniéndose firmes, demostrando que la clientela de McQueen también confía en su talento. Todos sabemos que no es fácil crecer a la sombra de un gigante. Sin embargo, Sarah Burton ha demostrado con creces, que con dedicación, respeto y conocimiento se puede hacerlo.