viernes, 16 de enero de 2009

LUCY ES UNA FIESTA

Lucy Yegros


Lucy Yegros es una de esas personas que nunca pasan desapercibidas. Maneja un pequeño auto pintado con la bandera paraguaya, vive una casa llena prácticamente cimentada en arte, viste siempre frescas túnicas y accesorios étnicos y por en cima de todo esto, exuda buena onda. Todo en ella es generoso y contagiante. Como artista, siempre se encargó de transmitir su energía, de compartir sus creencias y aprendizajes y de plasmar su esencia a través de su arte. Lucy Yegros, no es solo una gran artista, ¡es una fiesta!


¿Qué es Areté?
Areté es mi nombre artístico. En guaraní quiere decir fiesta sagrada. Etimológicamente significa tiempo verdadero. Para mí hacer estas vyrezas (arte) es un tiempo no tiempo porque me olvido del tiempo. Yo entro mucho en ese “no-tiempo”.

¿Cómo te convertiste en Areté?
En el ’90, la arqueóloga Luciana Palestrini, me pidió un dossier para enviar al MASP (Museo de Arte de Sao Paulo). Yo ni siquiera sabía lo que era un dossier. Pero lo hice y me dije: “si sale la exposición, la voy a llamar Areté.” La muestra salió y fue un éxito; de ahí en más pasé a ser Areté en mi obra.

¿Expusiste mucho en el extranjero?
Si, tuve la oportunidad de participar en muchas muestras importantes. Expuse en el MASP, expuse con grupos Fluxus en Viena, en la Bienal de Venecia del 2001, en el Museo del Papel de Japón, en la 1º Bienal Internacional de Arte Popular Bárbaro Rivas de Caracas y en la 4º,5º y 6º Trienal de Chamaliéres en Francia. También expuse en Washington en una muestra llamada “En las puertas del Paraíso”.


¿Estás preparando algo para alguna muestra?
Yo no trabajo para una exposición en particular. Trabajo porque me gusta, por lo que siempre estoy haciendo algo. Siempre estoy buscando, investigando y trabajando. Además a la mano hay que tenerla ejercitada, eso es algo que aprendí de un antiguo maestro mío. Siempre tengo a mano pequeñas serigrafías en papel de obras mías, y cada vez que estoy tekoreí me pongo a trabajar sobre ellas, pintando, pegando, escribiendo. Al final, a pesar de que trabajé sobre la misma imagen, cada una es diferente a la otra.


¿Alguna vez te sentiste limitada?
Limitaciones siempre existen, pero puedes traspasarlas. El Tao Te Ching dice: “nada es más blando que el agua, pero vence a lo más duro, sé como el agua.” Cuando mi marido murió yo quedé muy triste. Un día en la playa empecé a cavar un pozo en la arena. Mientras lo hacía me daba cuenta de que el fondo del pozo se llenaba de agua y pensé: “aunque yo sé que seré polvo, me gustaría ser agua”.


¿En qué te inspiras?
Yo creo que hay ideas en el cosmos que de repente un artista capta y plasma al escribir o pintar. Yo no copio a nadie, trato de plasmar lo que siento y lo que capto.


De tu casa nunca se sale con las manos vacías. ¿Te gusta regalar?
A mí siempre me gustó regalar. Yo creo que en la vida todo lo que uno da te regresa. Un artista amigo siempre me decía: “Lucy, no te canses de sembrar.” Y cuando uno regala algo está también sembrando algo en la otra persona. Regalo mucho mi obra, el día de mañana, el que quiera investigar sobre mi obra, va a tener mucho trabajo.


En tu obra se percibe mucha influencia guaraní. ¿De donde viene esa influencia?
Diego Yegros, el primer Yegros que vino al Paraguay en tiempos la colonia se casó con la nieta de un cacique. Yo soy un producto del mestizaje y me siento muy orgullosa de mi sangre guaraní. Como se dice popularmente: “la sangre no es agua”. Yo admiro mucho la cultura guaraní, incluso estudié formalmente el guaraní en la facultad de lenguas y fui varias veces a visitar a distintas etnias guaraníes. Creo que tienen mucha sabiduría. De joven escribí en un libro de Moisés Bertoni que me había regalado mi padre: “la raza guaraní estará siempre presente, y mientras haya un hijo de Yegros, no desaparecerá”.


Acabás de llegar de la 27º Bienal de Artes de Sao Paulo. ¿Qué te llamó la atención en la Bienal?
Me gustó mucho la obra de Marcelo Cidade. Es un artista preocupado por la cuestión de la vivienda y del agua. Con desechos apilonados rodeó una pileta de plástico donde caía una cascada de agua cristalina. Me hizo pensar mucho sobre la cantidad de basura que generamos hoy en día. Otra obra que me encantó fue la del colombiano Alberto Baraya. Hizo una obra con la corteza de un árbol de caucho que tenía miles de “heridas” para extraer el caucho. También hizo un estudio de botánica, tipo los que hacía Humboldt, pero con flora de plástico.


¿Cómo estuvo la Bienal en general?
Me gustó bastante porque las cosas que vimos llevaban a reflexionar sobre lo que está pasando hoy en día en el mundo: la falta de armonía, las guerras, el exceso de ego, la polución.
El tema de esta Bienal fue “cómo vivir juntos”. ¿Qué soluciones plantearon los artistas para lograrlo?
Los artistas no solucionan el problema, lo resaltan. Pero el problema lo tenés que resolver vos. Lo importante para vivir juntos es que uno tiene que encontrar como aceptar a los demás. Siempre queremos cambiar a los demás pero no queremos cambiar nosotros. Primero tiene que cambiar uno mismo.


Hablame sobre la curadoría.
Para mí que la curadoría es como que te den instrucciones para usar un water. Hay gente que al ver una obra de arte te dice: “explicame pues”. Es como que te pregunten como hacer el amor. Uno mismo tiene que saber lo que le gusta y como le gusta. Si uno tiene belleza interior, ve arte hasta en la cosa más simple. Pero hoy en día la gente se complica demasiado.


¿Qué opinás sobre la ausencia de los artistas paraguayos en la Bienal?
Mirá, yo iba caminando con Carlos Spatuzza y oímos a una señora que preguntaba por qué Paraguay no participaba de esta bienal. Yo le respondí: “¿sabés como se llama la bienal? Cómo vivir juntos. Nosotros no sabemos vivir juntos.” Hay muy pocos artistas en el Paraguay que sepan trabajar en conjunto. Cada uno es muy celoso de su obra.


¿Cuales son tus proyectos para el próximo año?
Quiero intervenir con un grupo de artistas el Mercado Nº 1, como una especie de happening, donde hay de todo, con música, instalaciones, fotografía, pintura, feria de objetos y sobre todo mucha alegría. Como no va a haber curador, ya que los mismos artistas “cuidaremos” de la muestra la llamaremos “Cura-ndera” (estalla en risas). También estoy preparando un homenaje a Josefina Plá inspiradas en su obra literaria.


¿Por qué el Mercado Nº 1?
Porque es el mercado más antiguo de Asunción. Creo que el mercado es más importante que el supermercado porque es más auténtico. El supermercado es la globalización. Uno va al súper a comprar algo y solo encuentra productos extranjeros de la invasión fronteriza. En el mercado uno encuentra lo nuestro.


¿En todos estos años de arte, qué aprendiste?
Yo buscaba mucho afuera y ahora me doy cuenta de que está todo dentro de nosotros. Somos como un cántaro que contiene en su interior al universo. Dicen siempre: conócete a ti mismo. Nos conocemos tan poco. Yo trato de conocerme y estoy siempre buscando dentro de mí.