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miércoles, 19 de diciembre de 2012

FIN DE AÑO: MOMENTO DE RETROSPECCIÓN





Quien no se siente nostálgico al finalizar el año. Tal vez sea la abundancia de sidra, champagne y la emotividad que se siente en cada rincón, sea cual sea el motivo (personalmente sospecho que es el champagne que es siempre una bebida traicionera), inevitablemente terminamos pensando en el ayer. Empezando reviviendo el año que se está acabando, y como a nuestras mentes le encanta deambular por los corredores de la memoria, lo más probable es que nuestros pensamientos se emocionen y sigan su rumbo, recorriendo todos nuestros momentos de gloria juveniles hasta llegar a nuestras infancias.

Yo no sé porqué, siempre termino anclada en los noventas. Tal vez porque los noventas fueron míos, era joven, tenía el mundo por delante y eran tiempos de éxtasis (en todos los sentidos). Como estoy segura que al terminar el año, en algunos de los interminables brindis me llegarán flashes noventosos (seguramente sugestionados por algún hit de la época sonando a lo lejos) he decidido convertir en mi misión de fin de año, no bajar 10 kilos para el 2013, ni volverme una mejor persona, sino simplemente llevarlas de paseo por esta maravillosa década.

Para despedir al 2012, mis amadas lectoras, están todas cordialmente invitadas a pasear por los pabellones de mi memoria. ¡Prepárense para la regresión más noventosa de sus vidas! ¡Salud!

Cuando yo tenía quince….
Año: 1992. Cortina musical: Timbiriche “Y ahoooraaaaa, despierta la mujer que en mi dormiiiiiiaaaa”. Edad: 15 años. HABLEMOS DE LOS QUINCES. Esas fiestas rocoquetas a las que las chicas de nuestra generación (treinta y piquito, aunque oficialmente solamente acusamos 30) íbamos disfrazadas de muñecotas (sobre todo en mi caso: porque yo no era ninguna Barbie... calcúlenle una muñeca Chiche versión XL). El atuendo de rigor para las chicas era: chatita blanca, vestido de tafeta híper armado y rebordado. Estos vestidos con volados y mangas abullonadas e inmensas terminaban a media pierna. Decir que parecíamos muñecotas resulta poco ya que hasta las muñecas de hoy en día tienen más onda que las que teníamos nosotras. Los vestidos te los hacía no algún diseñador top, sino la modista de barrio con la tela que elegía tu mamá muuuy a pesar tuyo. Lo peor que te podía pasar era encontrarte en la fiesta con otra chica luciendo el mismo estampado nefasto que te eligió tu mamá. Para completar el look, banana o jopo (el popular fleco de coté), o, en el peor de los casos te peinabas con plumerito tipo XUXA....mortal. A todo eso súmenle la natural torpeza y timidez de los 14/15 años.... RESULTADO: 90's FASHION VICTIMS. No nos olvidemos de nuestros chambelanes. Atuendo de rigor: camisa a cuadro, cinto trenzado marrón, NAUTICO o Timberlands y jeans clarito. Todos eran Suuuuper A CUAAADROS. Nivel de originalidad: 0,0. Creo que esto ha cambiado poco por lo que he visto. Aunque en algunos quince recientes he visto a una cantidad de cachitos trajeados que me hace suponer que las cosas han mejorado levemente.

En estas fiestas imponentes las flechas de cupido disparaban para todos lados. Pero yo llegué a la conclusión de que el desgraciado o no tenía mucha puntería o no me iba nomás a tocar mi turno todavía. Yo era del team PLANCHADORA o según mi versión propia: la pareja eterna de DULCINEO MESA (o sea de la mesa de dulces). Dulcineo no sabía besar, ni bailar lentas, ni agarrarte de la mano pero era una excelente y dulce compañía. Yo no sé cual era la fórmula del suceso para ligar en los quinces. No era quien tenía la banana más alta o la más discreta (eso era todo un arte). Pero lo que definitivamente no era el método, era la osadía. Porque toooodas eramos tan sant@s, incluso los que tenían novi@s se limitaban a agarrarse de las manos y tal vez uno que otro tímido beso a escondidas por supueeeesto. No fumabamos, no chupabamos, no manejabamos y ni se nos pasaba por la cabeza drogarnos. Dentro de las categorías de bandas entraban todas las que ya pasaban del beso al atraque (un beso más manoseado) o las que bailaban LAMBADA -se acuerdan del shoooorando se fueeee- a menos de medio metro de distancia. Típico en nuestra sociedad la palabra Bando no existía.... pero mirá que eso sique lo que había muuuucho. Pero no vamos a entrar en ese tema. En la pista todavía se bailaban lentas... a medio metro de distancia. Esto si que es una RAREZA hoy en día. ¡Deberían volver las pistas de lentas! Eran tan divertidas de mirar. Todavía me parece ver las caras de bobitontos de los que bailaban lentas por primera vez. Cada uno miraba para un lado diferente, uno para la izquierda y la otra para la derecha, ambos con cara de circunstancia. Si no te gustaba mucho tu pareja mirabas al piso con cara de resignación tratando de inventar rápidamente una excusa para pegarte un raje.

La música que escuchábamos y la que negamos haber escuchado….
Quisiera hacer un pequeño homenaje a la música de mi época. En los noventas el rock era rock y Ashlee Simpson no entraba dentro de la categoría. Teníamos a Blind Melon, No Doubt, Cranberries, Smashing Pumpkins, Alice in Chains, Pearl Jam, Radio Hedas, Nine Inch Nails, Lemon Heads, Stone Temple Pilots, Red Hot Chili Peppers, Oasis, The Verve, Counting Crows, Foo Fighters, Hole, Garbage, Alanis Morrisette, Sheryl Crow y la lista sigue y sigue y sigue. También teníamos nuestros ídolos Pop que por suerte aún nos siguen dando buena música y que iban más allá de la fórmula: imagen, packaging marketing, reality show y 0 talento. Teníamos a: Madonna (reina absoluta del pop que nos escandalizaba con sus inolvidables corpiños de cono), Gwen Steffani, George Michael, INXS, digamos que los artistas pop aún eran decentes....  En el 2000 llegaría la BASURA. ANINATI BRITNEY SPEARS PRINCESA DEL POP.... boy bands  como NSync y Backstreet Boys. Nosotros vivimos la época del rock alternativo!!! Había buen rap y hip hop y gracias a Dios ningún género dominaban la radio, la tele, y las discos. Había VARIEDAD! Eran los años dorados!!! Antes de American Idol. Era una época donde la música era mucho más que un reality show. Bueno en síntesis, creo que podemos decir con tranquilidad que HEMOS ESCUCHADO BUENA música, Era como para vivir colgada a la radio.....

Por supuesto toda generación tiene sus crímenes musicales y lo noventa también tiene su frondosa lista de fiascos, one hit wonders y atentados al oído refinado. Ya se perfilaban los proto reggaetoneros de Control machete y Proyecto Uno y curiosamente todo un repertorio musical que sigue repitiéndose hasta el cansancio en cuanta boda, evento y fiesta musicalizada existe. ¿Me pregunto quién lo que les grabó el “cassette”?

Los boliches eran pocos, divertidos y variopintos. Coyote estaba en pañales con su pista latina y su pista “alternativa” que básicamente era un quincho en el fondo. El Caracol había resucitado gracias al boom del House y sus famosísimas parlanteras, que eran auténticos personajes nocturnos y se volvieron tan populares que hasta en los casamientos siempre terminaba algún borrachín o borrachina colgado del parlante intentando imitarlas. Otro lugar que marcó la década fue sin lugar a dudas el Capricornio. Pululaban los bares como los eternos Bohemia y Britannia y los ya desaparecidos pero inolvidables como el Circo Bizarro, Bauhaus y Zona Urbana, donde sonaban Daft Punk, Chemical Brothers, Prodigy, Fatboy Slim, Limp Bizkit y Moby. Estaba empezando el milenio y la música estaba cambiando. Los casettes estaban agonizando ante la era digital.

Cuando tema era bueno, términos de antes del chauloquismo
Cabe recalcar que muchos aún siguen utilizando estos términos del ayer porque no han logrado actualizarse con el chauloquismo actual. Les ruego a todos ustedes que siguen verbalizando estos términos noventosos que se actualice NO ATO.
-  QUE TEEEMA!!! QUE  PURETE!!! QUE  MBARETE!!!  Usados todos indistintamente para decir que bueeeno. 
-  CHIRIKI o CHUPI
-  POLLO: bobo y si eras muy bobo ya entonces eras un pavi pollo (osea un pollo pavote)-
- NA KI VERR: con la erre vibrante, era el término registrado de las más culís del  país

Cuando la entrada de cine valía x tres….
Si tenías la suerte de agarrar un matiné podías hacer un maratón de hasta 3 películas al precio de una. Había como mucho 3 cines y las películas tardaban muchísimo en llegar. Las chicas de nuestra generación hemos inundado el cine con lagrimones en Ghost, Titanic y el Rey León, nos hemos escabullido al cine para ver Basic Instinct sin que nos excomulguen, nos hemos descostillado de risa con Mi Pobre Angelito, Tonto y Retonto y Locos Por Mary y saltado de susto en Jurassic Park y con la novia de Chucky. Nos enamoramos de L’Estat el proto vampiro Edward Cullen, bailamos con Vincent Vega y Mia Wallace en Pulp Fiction y aprendimos con Forrest Gump que la vida es igualita a una caja de chocolates (nunca sabes lo que te va a tocar).

Volviendo al 2012 pero recordando a Forrest con el corazón, espero que el 2013 les tenga preparado a todas ustedes una enorme caja de chocolates y que cada uno de ellos sea un bombón de dulce de leche (o de su favor favorito). ¡CHIN CHIN!


miércoles, 22 de diciembre de 2010

MARTA CARPINELLI: CON LOS GRANDES DE LA MÚSICA ITALIANA EN COCINA

Portada del Libro "Mi Scrivi la Ricetta" de Marta Carpinelli


El pasado 14 de Setimbre salió a la venta en Italia un libro de cocina muy sui generis que fue muy difundido por la prensa italiana y recibido con entusiasmo por el público italiano. Se trata del libro “Mi Scrivi la Ricetta? I grandi della música italiana in cucina” (¿Me escribes la receta? Los grandes de la música italiana en la cocina) de Marta Tea Carpinelli.

Esta fantástica recopilación de recetas de cocina de más de setenta cantantes y músicos italianos, escritas a mano e ilustrada por ellos mismos, recoge mucho más que recetas. Nos acerca a la intimidad de artistas como Jovanotti, Claudio Baglioni, Gianna Nannini, Claudio Baglione, quienes comparten sus secretos de cocina, sus platos favoritos y aquellos que forman parte de sus recuerdos. Cargado de anécdotas, música y humor, este libro nos ofrece desde recetas absurdas hasta verdaderas exquisiteces; desde los platos más sencillos hasta los más elaborados.

En esta edición de Alacarta, conversamos con Marta Tea Carpinelli, la autora de esta brillante recopilación que conjuga la excelente combinación de comida y música italiana no es ajena al mundo de la música. Trabajó más de diez años en la industria musical italiana, encargada del marketing de la división de artistas italianos de la Universal Music desde 1998 hasta el 2007 y luego como productora independiente.

¿Como nació la idea de hacer este libro?
Trabajé por 10 años en Universal Music colaborando con muchísimos artistas y tuve la idea de juntarlos a todos en un libro que no hablara de música. ¡Todos tienen al menos una receta que aman para compartir!

¿Cual es tu relación con la cocina?
Me divierte y desde que estoy casada experimento cada vez más. En Italia tenemos la suerte de tener excelente materas primas y hasta unas simples verduras al horno gratinadas con queso pueden convertirse en un óptimo plato.

¿Antes de comenzar a escribir tu libro, ya habías pedido una receta a algún cantante con el cual trabajaste?
Algunos cantantes son verdaderos apasionados de la cocina como Carmen Consoli o Alex Britti y tuve la oportunidad de degustar sus recetas en algunas ocasiones y por supuesto también de “robárselas”!

¿Que criterio seguiste para la selección de las recetas?
Fue un criterio muy personal. Solo convoqué a artistas que amé mucho y que adoro.

¿Cual es tu receta preferida entre las que recogiste en “Me escribes la receta”?
Hay muchas…pero de seguro es la “Spadellata alla Leo” de Paola Turci que dedicó a mi hijo.

¿Cuál es la receta más original?
Tantas son originales, pero la que seguramente se lleva el premio es  la receta de “Vaso de agua ligeramente fría” de Caparezza. Evidentemente no es una verdadera receta propiamente dicha, pero Caparezza quiso, de una manera irónica, desdramatizar el problema del agua. Además  parte de los royalties del libro serán destinados a sostener el proyecto hídrico de AMREF en África, destinado a mejorar la salud de las poblaciones africanas más desfavorecidas.

¿Cuantas recetas recopilaste? ¿Fue difícil hacerlo?
Recogí más de 70 recetas, algo que me exigió verdaderamente mucho tiempo y esfuerzo, pero el resultado valió la pena.

¿Tenés alguna anécdota especial en este periplo que significó recopilar todas estas recetas?
Firmé el contrato con la editorial y después de una semana me enteré que estaba embarazada, por lo que trabajé en el libro estando embarazada y luego ya mi hijo Leonardo Nur en brazos. ¡Fue muy cansador pero absolutamente divertido!

Los cantantes no solo te escribieron sus recetas, sino también compartieron contigo anécdotas y recuerdos. ¿Podrías compartir alguna historia con nosotros?
Por ejemplo, Jovanotti me “regaló” la receta de sus meriendas de niño: “Pan, azúcar y vino”, contándome que el mismo se lo preparaba y después miraba la tele o leía Comics.

¿Probaste hacer alguna de las recetas del libro?
Si, la exclente torta de chocolate de Dori Ghezi e Luvi De André (la esposa y la hija del mítico cantante italiano Fabrizio de André.

¿Entre todos los cantantes que te escribieron sus recetas, quien es el más talentoso en la cocina?
Muchos de ellos son buenos cocineros, pero tal vez los que más se destacan son Carmen Consoli, Alex Britti y Roy Paci.

¿Por cuál motivo pediste a los artistas que te escribieran sus recetas a mano?
Principalmente para poder penetrar en el cotidiano del artista y poder conocer su mundo más de cerca.

¿Cómo fue recibido el libro en Italia?
Tuvo una recepción excelente. Los medios de prensa italianos se mostraron muy interesados y fui entrevistada en todas las principales radios italianas, muchísimos diarios y también programas televisivos.

¿El libro se vende únicamente en Italia? ¿Planean traducirlo?
Por el momento está en venta solo en Italia, pero como salió a la venta recién el 14 de Setiembre todavía hay muchas puertas abiertas. ¡Me encantaría que se traduzca y poder llevarlo al mundo entero! Tanto la cocina como la música italiana son muy apreciadas internacionalmente.

¿Cuál será tu próximo proyecto?
Por el momento estoy aún concentrada en la promoción de “Mi Scrivi la ricetta? I grandi della música italiana in cucina”. ¡Pero ni bien tenga un nuevo proyecto se los haré saber!

viernes, 8 de octubre de 2010

ROSSINI: UNA DELICIOSA SINFONÍA


El apetito es la batuta que dirige la gran orquesta de nuestras pasiones.”
Gioacchino Rossini

Gioacchino Antonio Rossini nació en Pesaro, Italia en 1792 y transcurrió sus días creando las más bellas melodías. Su enorme talento y genialidad se hicieron patentes desde temprano. Compuso su primera ópera a los 14, estrenando la primera en Venecia cuando contaba con solo 18 años. Las magníficas óperas que compuso en el transcurso de su vida le ganaron éxito y fortuna.

Sin embargo la música no era lo único que apasionaba a Rossini. Tras sus exitosas óperas “El Barbero de Sevilla”, “Otelo” (1816) y sobre todo “Guillermo Tell” (1829), Rossini que por entonces contaba con solo 38 años y ya había compuesto alrededor de 39 óperas, así como numerosos himnos, cantatas y obras religiosas con las que había alcanzado la fama internacional, decide darse a sí mismo una especie de jubilación anticipada, para dedicarse a disfrutar de los placeres de la vida y sobretodo a otra de sus grandes pasiones: la gastronomía. ¡No en vano tantos restaurantes y platos llevan su nombre!

Al llegar a Paris por primera vez en 1823 le precedió la fama de su genio, lo que le permitió codearse con los nobles e intelectuales franceses como Anthelme Brillat-Savarin, Alejandro Dumas, entre otros.  En este ambiente conoció a quien se convertiría en su gran amigo: Antoine Carême, el famoso cocinero y gastrónomo francés, quien tras haber trabajado para los personajes más influyentes de la época, dirigía por ese entonces las cocinas de los Rotschild, donde conoció al compositor, ya que cada vez que este último era invitado a cenar a esta casa, lo primero que hacía era dirigirse a la cocina para saludar al chef y robarle algunas recetas y consejos gastronómicos. Mediante estos encuentros se fue forjando una gran amistad, que duraría años, hasta el regreso de Rossini a Italia. Pero ni la distancia logró cortar la amistad. Un ejemplo de esto ocurrió cuando Carême le envió un paté de faisán trufado a Bolonia para el disfrute de su gran amigo, con una sencilla nota: “De Carême a Rossini”. El maestro no se quedó atrás, respondiendo a este detalle componiéndole una pieza musical titulada “De Rossini a Carême”.

Anteriormente en Francia solo se conocían los macarrones dulces de pasta de almendras, introducidos por los cocineros de Catalina de Medicis. Seguramente fue gracias a Rossini, quien no dudaba en dar detalladas indicaciones a los maîtres sobre la manera en que prefería que se le preparasen los platos y que además amaba los macarrones en su versión de pasta salada, que durante su estadía en Francia se acabasen popularizándolos allí.

Rossini, además de tener un paladar exquisito, se destacaba como cocinero. Uno de sus platos preferidos eran los macarrones a los que tras cocer la pasta, y una vez que los macarrones quedasen suficientemente grandes, casi como canelones, les inyectaba foie gras con una jeringa y los volvía a poner a calentar al horno. Otro de los platos que acostumbraba cocinar era paté de pollo con cangrejos  a la manteca.

Además de los macarrones, Rossini tenía otra gran debilidad: las trufas. Por este motivo, la mayor parte de los platos que llevan su nombre son generalmente a base de trufa. Según Burton Anderson, autor del libro “Treasures of the Italian Table”,  Rossini prefirió siempre los Tartufi bianchi d’Alba o trufas blancas de su tierra natal, por encima de la trufa negra, más común en la gastronomía francesa. Cuentan además que en su vida lloró únicamente dos veces: cuando murió su padre, y cuando se le cayó por la borda del barco un pavo trufado. Esta situación es comprensible teniendo en cuenta que para el Maestro la trufa blanca era “el Mozart de los hongos”, por su sabor intenso y glorioso aroma.

Aparte de cocinar, a Rossini le encantaba recibir invitados en su casa y compartir con ellos veladas musicales rematadas en opíparas cenas. Cada semana agasajaba a sus selectos invitados  con sus “sábados musicales”, reuniones a las que invitaba a cenar a dieciséis personas a su casa, las cuales debían asistir vestidos de gala. El compositor ponía especial esmero en atender a sus invitados, no solo sirviéndoles exquisiteces culinarias, sino también prestando atención a la vajilla y decoración de la mesa. A estas reuniones asistían verdaderas eminencias de la época como: Verdi, el príncipe Poniatowski, Alejandro Dumas, el Barón Rothschild, el Barón Haussmann, Franz Liszt, Gustave Doré, entre otros.

Explica su biógrafo Francis Toye en su libro “Rossini, el Hombre y su Música” que “En términos generales los alimentos muy condimentados no eran de su predilección. Le interesaban, más bien productos sencillos pero genuinos. Rossini, como Debussy, era un epicúreo; no un glotón como Brahms.” Como buen gastrónomo de gusto cosmopolita se hacía traer aceitunas de Ascoli, trufas italianas, panettone de Milán, stracchini de Lombardía, zampones de Módena, mortadela y cappelli del prete de Italia, jamón de Sevilla, quesos Stilton de Inglaterra, nougat de Marsella y sardinas royal.

Rossini, además de por sus pasión por la música y la gastronomía, también era conocido por su gran sentido del humor. Al respecto Radicciotti, su biógrafo, recogió varias anécdotas muy graciosas en su biografía del compositor, dos de las cuales compartimos en estas páginas:

Una vez, Rossini ganó en una apuesta un pavo trufado; pero el perdedor evitaba pagar la apuesta. El compositor lo fue a ver un día y le dijo:
–Ese famoso pavo, ¿cuándo se come?
–Sabe, Maestro, no es todavía la estación de las trufas de primera calidad.
– ¡Que no, que no! Eso es una falsa noticia que difunden los pavos para no hacerse rellenar.

En 1864, el Barón Rothschild le mandó como regalo unos racimos de las uvas de sus invernaderos, y recibió esta respuesta:
– ¡Gracias! Su uva es excelente, pero no me gusta mucho el vino en pastillas.
El Barón entendió la indirecta, y le gustó tanto este divertido comentario, que hizo mandar en seguida al Maestro una barrica de su mejor Chateau-Lafitte.

Según destaca Toye, el compositor “se tomaba la molestia de conseguir buenos vinos de todo el mundo, incluyendo los de países tan improbables como Perú. En sus años de madurez se mostraba desvergonzadamente orgulloso de su cava.” Y esto no era en vano, visto que la misma contenía botellas de su propio viñedo de las Islas Canarias, de Burdeos, vino blanco de Johannesburgo que Metternich le enviaba a Málaga, botellas de Marsala, así como Madeira y Oporto que le enviaba su gran admirador, el rey de Portugal.

El gran maestro se dio cuenta pronto de la excelente combinación que hacen la música y la buena mesa y disfrutó en su vida de una sinfonía con ambas. Rossini no sólo fue uno de los más grandes compositores de la historia, sino también un refinado gastrónomo. Si no hubiera sido opacado por su talento musical, sin duda hubiera sido considerado uno de los más grandes gastrónomos del siglo XIX. Queda claro que a Rossini no solo le debemos sus bellas composiciones, sino también algunos de los platos más exquisitos del repertorio culinario europeo.

RECETAS DE ROSSINI:

CANELONES ROSINNI
El relleno de carne se debe hacer salteándola con foie fresco, en una proporción de un 20 por ciento de la carne, algo de trufa y dos gotas de vino dulce. La bechamel se ha de hacer aprovechando la grasa que queda en la sartén tras saltear la carne picada, el foie y la trufa. Ya con los canelones en el horno, con el parmesano rallado por encima, a medio tiempo, espolvorearemos por encima un poco de ralladura de trufa.

TOURNEDÓS ROSSINI
Se fríen unas rodajas de pan. Los tournedós, gruesos de al menos dos dedos, se saltean en mantequilla (opcional en aceite). En la misma sartén se calientan unas láminas de trufa negra. Se saltean brevemente tantos escalopes de foie gras fresco como tournedós queramos servir; los "restos" que quedan en la sartén salteados se disuelven (“desglasan”) con un vino ligeramente dulce (Rossini utilizó Madeira, pero se puede hacer con un moscatel), y se deja reducir un poco. Se monta un tournedó sobre cada pan frito, y encima se coloca un escalope de foie gras ya salteado –un dedo de grueso o algo menos– y encima se ponen tres buenas láminas de trufa negra. Finalmente, se rocían con el desglasado, y se sirven.