Todos los sábados tengo una cita impostergable con Alexei,
mi peluquero de confianza y sensei capilar. Mientras va domando mi blonda
cabellera natural, no solo me relajo, sino también me entretengo intercambiando
con Alexei los más jugosos chismes,
anécdotas inverosímiles y estudiados debates sobre el rubio ideal. El sábado
pasado, mientras me encontraba en pleno debate sobre quienes pueden decolorarse
el pelo -y quienes no deberían ni siquiera asomarse al blondon- me interrumpe
una cachaquera fuera de contexto (¿Me pueden explicar que hace una cachaquera
en mi peluquería Fino?)
La susodicha- una tal
Dalmys según Alexei- acotó súper emocionada: “¡Dios míaaaa! Hablás igualiiiito que Lorenza Agrias! Masiado bien co
te sale el acento de teresiana”
Mientras mi alisado se hacía frizzé levanté una ceja
mientras le contesté indignada: “¡¿Perdóooooonn?
¡¿Qué quéeee?”
A lo cual la Dalmys me contesta orondamente: “Y así todo pipí cucú”.
Ya al borde del afro, le contesté conteniendo una apoplejía:
“¡Disculpame pero yo soy culí de CUNA! “
¡Este acentito podrá ser imitado, pero nunca igualado si no
sos teresiana de pura cepa! ¡Estamos todos locos! ¡Cuando se ha visto! Estamos
ante una verdadera invasión de impostoras, que en vez de aprender dicción y
ortografía (y decencia), deciden gastar sus energías en fingir acento de
teresiana exagerado y mal pronunciado (y a veces con algunas eses de más y
otras tantas de menos). Pero como no se
dan cuenta que culí se nace y no se hace. ¡Es como pretender pasar por rubia
natural cuando no te da lo morocha!
Para desenmascarar a las impostoras que fingen demencia
robando acentos les voy a pasar esta guía sencilla para distinguir a una culí
de cuna de una culí de catre.
1.
A una culí de cuna nadie le baja el penacho y
menos una rubia teñida con nombre ingles mal escrito. ¡Pero por favor! Como se vas a achicar antes ante una Yesica
Yohana una culí que tiene DOS apellidos que son CUATRO palabras (y los usa
TODOS).
2.
A una culí de cuna todo le queda bien. Se puede incluso
permitir ciertos deslices fashionistas sin que sean visto como tropiezos, sino
más bien como audacias ya que ella dignifica todo lo que luce. Una culí de cuna
puede aparecer en una fiesta en zapatillas e igual ser vista como canchera. Una
culí de catre tiene el efecto contrario entruchece hasta al Louis Vuitton más
auténtico. En ella el logo de Gucci siempre instala una duda de Trucci.
3.
Una culí de cuna no ostenta ni auto, ni novio,
ni viaje, ni marca. Es sobria hasta en sus posteos del Facebook y está
convencida que gastar 2 palos verdes en una fiesta de quince es una guanacada
de las hordas de nouveaux riches. Una culi de catre sube luego hasta la foto escandalosa
en trikini, acotando que le regaló su nuevo ami junto con un cheque con fondos
ilimitados del chonguex del momento, contrata a un decorador hasta para el
cumple de su salchicha… lastimosamente el combo del decorador no incluye
lecciones de buen gusto.
4.
A una culí de cuna no le quita el sueño salir en
ninguna revista. Por su parte, la culí de catre sueña con salir en sociales. Pero lo más probable es que tenga que conformarse con salir en la portada
de alguna publicación hot con algún titular nefasto tipo “Temo perder la virginidad”.
5.
Una culí de cuna tiene verdadera y amplia
cultura general. Una culí de catre seguramente está convencida que el sillón
estilo Luis XVI de su sala verdaderamente perteneció al decapitado.
6.
Una culí de cuna sabe que hablar de dinero no es
elegante. La culí de catre te arremete sobre el reloj Rolex bicolor que
heredaste de tu abuela preguntándote “¿cuánto te costó tu reglot roglex?” Y
luego te muestra un Rolex Trolex chorreado de diamantes que seguro le regaló
algún chonguex y acota: “pero el mío es más grande y le salió cariiiiiiiiisimo
a mi bebecito” (que seguro tiene más de 70 años y 90 kilos de barriga).
7.
Y por último, lo más importante. Una culí de
cuna tiene clase. Sabe ser elegante y respetuosa y tiene un refinamiento
auténtico insertado en su ADN. Una culí de catre puede intentar hacerse la
refinada levantando el meñique con sus uñas postizas mientras toma el té, pero
si eso ya no sirve para delatarla, de seguro su mamá sorbiendo ruidosamente de
su taza cumplirá la misión.
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