viernes, 17 de diciembre de 2010

Historia de la Alta Costura: Creada con Dedos de Hadas



La palabra Alta Costura viene del término francés Haute Couture, que se refiere a una costura de alta calidad. Este término muchas veces es empleado de manera errónea como sinónimo de prendas de diseñador. Si bien las prendas de alta costura tienen un precio elevado, conviene hacer la aclaración que el precio de la prenda no es lo que la convierte en alta costura. Las prendas de alta costura son prendas de producción limitada, muchas veces únicas y hechas sobre medida. En esta edición de primavera entraremos al fabuloso mundo de la Alta Costura.

La alta costura surge en el siglo XVIII en París, en la corte francesa del Palacio de Versalles, donde se establece Rose Bertin, sombrerera y modista de la reina María Antonieta desde 1770 hasta su destronamiento en 1792, quien es considerada como la primera diseñadora francesa en hacerse famosa, acercando el mundo de la moda y la alta costura al público en general. En Versalles, Rose contaba con una habitación especial donde creaba y presentaba sus opulentos diseños a la reina. Necesitaba de un cuarto especial, ya que por su condición de plebeya no podía ser admitida a la habitación de la reina, por lo que dos veces por semana la reina la visitaba, para ver sus propuestas pasando horas con ella discutiendo sus creaciones. Exhibía en las vidrieras de su tienda de la rue Saint Honoré, calle que hasta hoy en día es sinónimo de alta costura, sus más elaborados diseños captando la atención y admiración de toda la población parisina.

María Antonieta adoraba la moda y le apasionaba participar en la creación de los ostentosos y artificiosos diseños de Rose, a quien convirtió en “Ministro de la Moda”. Bertin llegó a convertirse en confidente y amiga de la reina, gozando de mucho prestigio y poder en la corte. Sus creaciones establecieron a Francia como el centro de la moda, y a la par que su nombre, la fama de la moda parisina trascendió fronteras. Sus vestidos eran enviados a Londres, Viena, Venecia, San Petersburgo y hasta a Constantinopla y fueron llevados por la reina Sofía Magdalena de Suecia, la reina María Luisa de España, la Zarina María Feodorovna de Rusia y otras personalidades de la época como la celebre Duquesa de Devonshire.

María Antonieta se encontraba tan orgullosa de su propia influencia a dictar la moda que convocó a su amiga diseñadora para vestir unas muñecas de cera  porcelana a la última moda, para enviarlas como regalo a sus hermanas y a su madre la emperatriz María Teresa I de Austria. El mismo Rey Luis XIV compartía el orgullo de su esposa por la moda parisina y empezó también a enviar muñecas vestidas con los diseños de Rose a todas las cortes europeas, con el fin de que toda Europa conozca la maravillosa moda parisina.

Estas muñecas llevaban el nombre de pandoras y podían estar hechas de cera, madera o porcelana y ser del tamaño de una muñeca común o hasta la mitad o igual a una persona real. Las muñequitas eran para las mujeres de la época el equivalente a lo que hoy serían las revistas de moda.  Los vestiditos que llevaban eran copias fidedignas de trajes reales, la escala de estos vestiditos era tan perfecta que podían ser usados como moldes para hacer copias en tamaño real. Naturalmente, las damas que las recibían, comisionaban a sus modistas para que copiaran las ropas, zapatos, sombreros y accesorios que llevaban las pandoras parisinas y así la moda parisina fue imitada en toda Europa.
Al poco tiempo, las pandoras estaban disponibles en toda parís para que cualquier mujer que visitara la ciudad, las compara para copiar los modelitos de las mismas. Las mujeres extranjeras también tomaron la costumbre de ordenar muñecas vestidas con lo último de la moda para copiar sus vestidos con sus costureros locales. Esta costumbre siguió vigente hasta finales del siglo XIX.

A pesar del gran prestigio del cual gozó Rose Bertin, Charles Worth, el gran costurero inglés establecido en París en 1858 es considerado por muchos como el verdadero padre de la alta costura. La mayor diferencia entre ambos es que Worth fue el primero en crear colecciones anuales, ya que anteriormente, los costureros se limitaban a hacer cada traje según las especificaciones de sus clientes en vez de proponer sus propios diseños. Con la llegada de Worth a París, los artesanos costureros adquirieron status de artistas de la costura. En su atelier parisino se confeccionaban elaborados e inimitables vestidos de gala hechos a mano con las sedas más finas y fastuosos adornos. La emperatriz Eugenia, la princesa Pauline von Metternich, la Condesa de Castiglione, Sarah Bernhardt y Nellie Melba vestían sus diseños. Se hizo tan famoso que muchas mujeres llegaban de otros países para hacerse vestidos con él. Sus colecciones eran tan exquisitas y únicas que el Sr. Worth decidió empezar a firmar sus diseños, como si fueran obras de arte. Tal vez su más grande aporte al mundo de la moda fueron los desfiles. El Sr. Worth fue el primero en exhibir sus diseños a su clientas con modelos que desfilaban las prendas en su atelier. Así nacen los desfiles parisinos y la industria de la alta costura.

No crean que la falsificación es una invención reciente. El pobre Sr. Worth se cansó tanto de que le copiasen sus vestidos que fundó en 1868 la primera cámara sindical de la Costura, la Chambre Syndacale de la Confection et de la Couture pour Dames et Fillettes, asociándose con otras firmas a fin de evitar la copia de sus diseños.

A Worth le siguió una larga lista de prestigiosas casas de moda francesas, llamados ateliers. A inicios del siglo XX, las mujeres más acaudaladas se engalanaban con prendas hechas por íconos como Jeanne Lanvin (quien abrió su atelier en 1889), Paul Poiret y Jean Patou (establecidos ambos en 1902), Coco Chanel y Jeanne Lanvin (establecidas ambas en 1909), Madeleine Vionnet (establecida en 1912), Elsa Schiaparelli (establecida en 1927) y Mainbocher (establecida en 1929) quien diseñó el vestido celeste que llevó Wallis Simpson en su boda con el Duque de Windsor en 1937. A inicios de los años XX Paris se viste de alta costura, la reputación de sus diseñadores la convierten en la capital mundial de la moda, y para nutrir a esta floreciente industria, en 1929 se establece Les Ecoles de la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne, una escuela que proporcionaba a las costureras parisinas las herramientas no solo para cocer, sino para hacer magia con el hilo y la aguja.

La alta costura tuvo su apogeo entre los años 30 y 50, época  en la que contaba con más de 80 firmas. En esta época hacen su aparición los inolvidables genios de la alta costura: Cristóbal Balenciaga y Christian Dior. Éste último incluso revitalizó la economía francesa tras la segunda guerra mundial, llegando sus exportaciones en 1949 a significar el 5% de los ingresos de importación de Francia.

En los años 60, un grupo de jóvenes aprendices de los grandes modistos de la época se independizan abriendo sus propias tiendas. Así aparecen los innovadores Yves Saint Laurent, Pierre Cardin, Emilio Pucci, André Courreges y Emanuel Ungaro. Muchas de estas casas de moda aún existen bajo la dirección de diseñadores modernos. Este es el caso de Karl Lagerfeld para Chanel, John Galliano para Christian Dior, Tom Ford para Yves Saint Laurent y Maria Grazia Chiuri y Pier Paolo Piccioli para Valentino.

En Francia Haute Couture es un sello oficial jurídicamente protegido que obedece a criterios muy estrictos. No cualquiera puede jactarse de hacer alta costura; de hecho, se requiere la aprobación de la Cámara Sindical de la Alta Costura para poder emplear esta designación, y conseguir esta aprobación no es tarea fácil. En 1945 La Cámara Sindical de la Alta Costura francesa, establece una guía específica para la determinación de la elegibilidad de una casa de moda para llevar el  prestigioso sello de Alta Costura. La casa de moda debe mantener un atelier en París con un mínimo de 15 empleados contratados a tiempo completo (convengamos que las firmas más famosas cuentan con centenares de personas trabajando en sus líneas de alta costura), donde se diseñen prendas sobre pedido y realizadas totalmente a mano y a medida. Además deben realizar al menos dos desfiles anuales, con al menos 35 prendas tanto para el día como para la noche, para exhibir sus colecciones a la prensa parisina. A través de este último requisito se crea el Fashion Week de París.

Cada seis meses los miembros de la Cámara se reúnen para deliberar las candidaturas. Al seleccionarlos, exhiben su primera colección de alta costura como miembros invitados de la Cámara Sindical de la Alta Costura. Pero antes de ser reconocidos como miembros oficiales deben presentar ocho colecciones para verificar que financieramente puedan permitirse ese honor.

Algunas de las actuales marcas de alta costura son: Chanel, Christian Dior, Givenchy, Jean Paul Gaultier, Giorgio Armani, Valentino y Elie Saab. En el pasado también formaron parte de la Cámara de Alta Costura: Yves Saint Laurent, Atelier Versace, Hanae Mori, Christian Lacroix y Thierry Mugler. Cada miembro del exclusivo club de la alta costura tiene un estilo distintivo que lo hace diferenciarse del resto.

En lo que respecta ya a la creación de los trajes de alta costura todo el proceso puede llevar cientos de horas de trabajo y con un precio igualmente cuantioso. El proceso empieza con el boceto del diseñador, seguido por un modelo tamaño natural en muselina de algodón, para hacer todos los ajustes y modificaciones antes de cortar las finas y costosísimas telas usadas para el vestido. A partir de allí la clienta es citada a varias pruebas donde están presentes tanto el diseñador como su costurera principal para que el vestido le quede impecable. Las primeras pruebas se realizan solo con el forro y luego siguen pruebas ya con el vestido completo.

Generalmente los ateliers de Alta Costura tienen dos divisiones: la flou, dedicada a los vestidos y la tailleur, dedicada a la sastrería. Los vestidos o trajes de alta costura son cocidos a mano y terminados perfectamente de manera que el vestido se vea tan hermoso tanto del derecho como del revés. A diferencia del Prét a Porter, cada detalle, bordado o embellecimiento es hecho a mano. Muchos de los vestidos llevan intricados bordados compuestos por miles de lentejuelas, perlas y hasta plumas o pieles, elaborados con gran cuidado y hermosura. El legendario diseñador Christian Dior una vez se refirió a sus talentosas modistas que materializaban sus diseños, diciendo que éstas tenían “doights de fées” o dedos de hadas.

El pináculo de la alta costura son los vestidos de novia o robes des mariées. En estos vestidos, los diseñadores ponen todo su empeño para demostrar su lado más creativo y su gran virtuosismo. En cada desfile de Alta Costura, es costumbre que la última pasada sea la del vestido de novia, que sirve como fantástico broche final de la colección. También es costumbre que el diseñador salga a recibir los aplausos de los presentes del brazo de la modelo que lleva el vestido de novia. Generalmente estos vestidos son los más costosos, llegando a costar hasta 200.000 dólares, como fue el caso del vestido de Alta Costura de Dior que llevó Melania Knauss en su boda con el billonario Donald Trump.

Los vestidos de alta costura tienen un precio inaccesible para la mayoría y por supuesto son las prendas más costosas hechas por cada diseñador, pero aún así no constituyen la principal fuente de ingresos para los mismos. En realidad, las ganancias de las colecciones de alta costura, conforman un porcentaje muy pequeño de las ventas de los diseñadores y muchas veces estas colecciones traen más perdidas que ganancias, debido a su enorme costo de producción y la poca cantidad de clientes que pueden acceder a los mismos. Se cree que actualmente hay menos de 3000 clientes de alta costura en todo el mundo, siendo menos de 1000 los clientes regulares. Los diseñadores mantienen colecciones de alta costura no por la ganancia que éstas puedan generarles, sino por el prestigio y publicidad que acarrean y que también les sirve para vender sus colecciones de prét á porter, accesorios y fragancias.

El uso del término Couture se ha prestado últimamente a grandes abusos, ya que muchas marcas y diseñadores, sin estar debidamente sindicados lo han utilizado para vender productos de prét a porter que no cumplen con los requisitos de confección de la alta costura. Tal es el caso de los vestidos de novia de diseñador, que muchas veces son comercializados con este nombre a pesar de estar hechos en fábricas. La palabra alta costura también es utilizada para diseños exclusivos que si bien son elaborados por diseñadores siguiendo las pautas de confección de la alta costura, no se encuentran sindicados. Aunque este hecho puede ser fácilmente pasado por alto debido a la alta calidad de sus vestidos y al hecho de que son diseñadores extranjeros que no tienen acceso a rigurosa y costosa Cámara Sindical de la Alta Costura parisina.

Actualmente debido a la crisis internacional que afectó notablemente a la industria de la moda, se podría decir que la Alta Costura se encuentra en terapia intensiva. El clima económico mundial no es muy alentador para propiciar las ventas de vestidos con precios de más de seis dígitos en euros. De hecho, muchas casas se han visto forzadas a abandonar sus divisiones de alta costura por los bajos ingresos que éstas representaban, para concentrarse en sus colecciones de prét a porter que generan mayores ganancias.

En 1946 existían 106 casas de alta costura. Para 2002 quedaban solo 12 En 2003 Donatella Versace dejó de producir prendas de alta costura y en 2004 la siguió Ungaro y en 2009 Christian Lacroix. Una excepción a esta tendencia fue la del lanzamiento en 2005 de la primera colección de alta costura de Giorgio Armani, “Armani Privé”. Actualmente sobreviven solo 11 casas de alta costura.

Algunas de las casas de alta costura sobrevivientes, adoptaron recientemente la estrategia, no solo de usar sus líneas de alta costura para el marketing de sus empresas, sino también de cobrar a los buyers de grandes almacenes y minoristas una elevada entrada de ingreso para presenciar sus colecciones de alta costura, para tener una idea de la colección que les pueda servir de inspiración, cobrándoles así una tarifa por la inspiración que puedan encontrar en sus desfiles. Otros directamente han puesto a la venta bocetos de sus diseños, moldes y muestras de tela para que fabricantes minoristas o mayoristas puedan reproducirlos en cantidad. De esta manera venden el derecho a la reproducción y la mención del nombre del diseñador para que se fabriquen réplicas económicas de sus diseños de alta costura.

La crisis actual nos lleva a preguntarnos si la Alta Costura sobrevivirá al siglo XXI. Es innegable que la exclusividad y el prestigio que representan el lujoso mundo de la alta costura siempre mantendrá un atractivo especial tanto para los afortunados que pueden acceder a ellas como los que se limitan a admirarla desde lejos y soñar con ella. Los diseñadores comprenden muy bien que la alta costura significa una fantasía y un sueño vital para la industria de la moda y que es fantástica como medio de mercadeo de sus otras líneas más económicas, las cuales se ven beneficiadas por el prestigio que estas colecciones traen al nombre del diseñador. La alta costura permanecerá vigente siempre y cuando los diseñadores las sigan utilizando como estrategia de venta, conciliando así su visión artística con inteligentes planes de negocios y proveyéndonos de este magnífico mundo de exuberancia y ensueño.

2 comentarios:

Fabián Castillo dijo...

Aplausos me encanto tu resumen de la historia de alta costura.

Valeria Gallarini Sienra dijo...

Gracias Fabían!