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martes, 5 de agosto de 2014

FASHION ICON: JAMES FRANCO




James Edward Franco nació un 19 de Abril de 1978 en la ciudad de Palo Alto, California. Creció en una típica familia californiana y el convertirse en actor nunca fue una ambición ni un sueño, sino que fue algo que se dio por absoluta y total casualidad. En 1996,mientras estaba estudiando Literatura Inglesa en la universidad de UCLA decidió tomar clases de actuación para sobreponerse a su extrema timidez. El conocer la actuación por caso fue como el enamorarse a primera vista. Al año ya había abandonado sus estudios universitarios, ante el desmayo de sus padres, y ya estaba decidido que quería convertirse en actor. Tras quince meses de estudios intensivos en una academia de actuación, el joven James empezó a perseguir su nuevo sueño de trabajar como actor en Hollywood. Por suerte su sueño pudo hacerse realidad al poco tiempo, cuando en 1999 obtiene un rol estelar en la comedia televisiva “Freaks and Geeks”. Si bien la serie hoy es considerada una serie de culto, cuando fue emitida no tuvo el rating esperado y fue cancelada tras su primer año. 

Pero al poco tiempo llegaría su gran oportunidad cuando es elegido para interpretar el papel de James Dean en un biopic sobre su vida creado por la cadena de televisión TNT en el 2001. El interpretar a un legendario galán lo convertiría en galán también a él, quien al igual de Dean contaba con grandes dosis de carisma, talento y magnetismo. Desde entonces fue una cosa de no parar. Al poco tiempo aparecería en el “Hombre Araña”, uno de los films más taquilleros del 2002. Su carrera ha ido en acenso y es uno de los jóvenes actores más requeridos actualmente en Hollywood. ¡Sin lugar a dudas, la timidez ya no es un problema!

Además de actuar, Franco muestra que es un hombre multifacético. Pinta en sus ratos libres, y sus obras son sorprendentemente bastante interesantes. También tiene su propia empresa productora, “Rabbit Bandini Productions”. También ha incursionado en la dirección, dirigiendo dos cortometrajes para el grupo R.E.M. Una vez consagrado como actor, volvió a UCLA para terminar la universidad, graduándose en la carrera de escritura creativa. Empecinado en mostrar que sus intenciones eran serias y no quería apoyarse en su fama para obtener el título, tomón 62 unidades en vez de las 19 unidades requeridas para su último cuatrimestre en la facultad. De hecho sus logros académicos son un tanto sorprendentes para un actor de Hollywood. Además de su título de Inglés de la UCLA tiene dos masters, uno en escritura creativa en Columbia y otro en escritura del Brooklyn College además de un master de cine del NYU. Actualmente sigue tomando cursos universitarios e incluso enseñó un curso universitario en el 2011 en el cual enseñaba a los alumnos sobre el proceso de hacer un largometraje. Para completar sus logros académicos, en Diciembre del año pasado publicó un libro con sus poemas.

Franco se muestra igual de comprometido a la hora de prepararse para sus roles. Para el film Flyboys, en el cual interpretaba a un piloto durante la primera guerra mundial, estudió aviación obteniendo la licencia de piloto. El mismo año, para su papel de Annapolis, una película que gira en torno al boxeo en la academia naval, entrenó intensamente por ocho meses para interpretar a un boxeador.

Además de actor, escritor, productor, director y galán James Franco se ha convertido en todo un style icon. Él mismo se presenta como la definición en carne y hueso de lo cool y canchero: mezclando a la perfección carisma con misterio. Se nos presenta como la clase de chico travieso, solitario pero noble, como una especie de chico malo pero bohemio y soñador a la vez. Para aumentar más su halo de misterio, Franco logra mantener un perfil muy bajo y alejado de los lentes de los paparazzi. Sin recurrir jamás a la prensa mediática y ni siquiera a su cuenta de Twitter, ha logrado  a puro talento tener una carrera exitosa y cosechar una sorprendente lista de logros actorales y profesionales. En sólo 10 años ha ganado un Globo de Oro como Mejor Actor (por su interpretación de James Dean) y varias nominaciones por su interpretación de Scott Smith en la cinta “Milk”.

En Franco encontramos habilidades actorales, aptitudes académicas, dedicación, belleza, inteligencia, misterio y para coronarlo todo, un agudo y acertado sentido de la moda. No en vano fue elegido por Gucci para ser la imagen de su fragancia homónima. La campaña lo muestra vestido con trajes elegantísimos así como remeras básicas, demostrando que se ve estupendo elegante y cómodo con cualquier cosa que se ponga. James Franco es un chico que sigue la moda con naturalidad, y eso es algo que se percibe a simple vista y de seguro es lo que la gente de Gucci encontró en él y que motivó que sea elegido como imagen de campaña de su fragancia.

Franco sabe llevar los trajes más elegantes con una naturalidad absolutamente refrescante y muy apropiada a su edad. En vez de disfrazarse de roquero y rebelde y seguir cuanta moda efímera pasa, él se mantiene fiel a un estilo clásico pero relajado y apuesta siempre por piezas elegantes y de corte impecable. Cuando se viste de manera casual no pierde ni un gramo de glamour, logrando ponerle onda hasta a las prendas más básicas.

Para complementar su talento natural para verse siempre elegante, James es un entusiasta de la moda. De hecho muchas marcas de moda se han enamorado de este versátil actor e ícono de moda. Algunas se han inspirado en él a la hora de diseñar sus colecciones masculinas y otras le han confiado la dirección de sus fashion films. Incluso, recientemente anunció que está dirigiendo un documental sobre Gucci. Sin lugar a dudas Franco seguirá dando muestras de estilo por mucho tiempo a seguir. ¡No lo perdamos de vista!

martes, 12 de marzo de 2013

Sean O’Pry: De MySpace a Modelo Top






Este modelo norteamericano nacido el 5 de Julio de 1989 en el pequeño pueblo de Kennesaw Georgia actualmente ostenta el puesto número uno en el ranking de los “50 mejores modelos masculinos del mundo” de la página models.com y el puesto número cinco en la lista de los modelos masculinos que más facturan de la misma página web. Ser el modelo masculino del momento ha hecho que hasta le fueran entregadas las llaves de su propia ciudad natal.

Sean fue descubierto nada más y nada menos que en una red social. Corría el año 2003, cuando el entonces desconocido Sean O’Pry, de sólo 17 años, subió a su página de MySpace sus fotos de la fiesta de colación del colegio. No estaba siquiera buscando fama internacional, simplemente estaba compartiendo una foto suya como miles de adolescentes que por entonces utilizaban esta red social antes de que surgiera el dominio de Facebook en internet.

O’Pry posaba con un smoking blanco y unos lentes aviadores espejados momentos antes de ir a su propia fiesta de graduación, o prom, como la llaman en Estados Unidos. La chica a quien había invitado al prom lo había dejado plantado a último momento diciéndole que no iba a ir y a luego él se había enterado por Facebook que su pareja iría con otro chico. A pesar del desplante, O’Pry puso buena cara al mal tiempo y decidió ir de todos modos a la fiesta, sacándose una foto antes de ir. Por más de que inicialmente las fortuna parecía estar jugándole en contra, el destino quiso que jugara a su favor.

Su foto fue vista por casualidad por Nolé Marin, scouter y ex juez de America’s Next Top Model, quien se la reenvió a Lana Winters Tomczak, propietaria de la agencia VNY Models de Nueva York. Ésta reconoció inmediatamente el potencial de Sean en convertirse en un súper modelo. Esa misma tarde ya estaba llamando a la madre de O’Pry ofreciéndole un contrato en su agencia y llevarlo a Nueva York.

Todo fue tan inesperado que los padres de O’Pry y ni siquiera el mismo Sean creyeron la propuesta, pensando de que se trataba de una broma. Tomczak tuvo que ir personalmente a Kennesaw para convencer a Sean y a sus padres de que sus intensiones eran serias y que su oferta era real.

Sean nunca antes había estado en Nueva York, de hecho nunca había estado en un avión grande, pero solo tres días después de su llegada a la gran manzana ya tenía un contrato y bookings para importantes firmas como Calvin Klein y desde entonces ya no paró de viajar. Sean O’Pry aseguró en una reciente entrevista televisiva que jamás se hubiera imaginado tener tanto éxito y llevar la vida que lleva agregando: “He estado en la Plaza Roja, estuve en el Carnaval de Río, he hecho tantas cosas tan cool siendo aún tan joven.”

Su asenso en el mundo del modelaje fue verdaderamente meteórico. En su primer año como modelo debutó abriendo la pasarela de Yves Saint Laurent en París, desfilando luego para Diesel, Lacoste, Marc by Marc Jacobs, Narciso Rodríguez y Zegna en Nueva York, fue seleccionado para posar para el catálogo de Barney’s junto a Jessica Stam  se convirtió en el rostro de la colección otoño invierno 2007 de Calvin Klein, además de ser fotografiado para Another Man, V Man, Details, Arena, L’Officiel Hommes, Número Homme y Ten Men. La corona llegaría en su primer año como modelo cuando fue elegido por la revista GQ como el hombre de la temporada en el 2007.

Desde entonces, Sean-O, como es conocido por sus amigos, ha sido la imagen de Giorgio Armani, Versace, Dolce & Gabbana, Gianfranco Ferré, H&M, Marc Jacobs, Emporio Armani, Lacoste, Dsquared2, American Eagle, Bottega Veneta, DKNY, Fendi, Uniqlo, Bloomingdale’s, Belstaff, Diesel, Gap, Joop! y Zara.

En cuanto a las revistas ha aparecido en las tapas de GQ, Dazed & Confused, V, Details, Numéro Homme, i-D y varias cubiertas de Vogue. Sus credenciales de pasarela incluyen abrir para Versace, Givenchy, YSL, Ferragamo y Perry Ellis y cerrar los shows de Moschino, Trussardi y Zegna. También desfiló para Roberto Cavalli, Louis Vuitton, Chanel, Michael Kors, Emporio Armani y Hermés. Es el rostro de la fragancia “Spicebomb” de Viktor & Rolf.

Entre sus últimos logros incluimos el ser elegido por la revista Forbes como el modelo masculino más exitoso del 2009 y el aparecer en el video musical de Madonna “Girl Gone Wild”. E n resumidas cuentas podemos decir que no está nada mal para tan solo 5 años de carrera. Sean O’Pry logro en poquísimo tiempo lo que muchos modelos ni siquiera pueden soñar realizar en sus carreras enteras. Sus impactantes ojos azules, sus facciones esculpidas y sus 1.85 cm de perfección nos hacen presumir que le queda aún mucho tiempo para brillar en el mundo del modelaje.

miércoles, 25 de enero de 2012

DAVID GANDY: El Supermodelo


Este modelo sin lugar a dudas es uno de los súper modelos masculinos más reconocidos y solicitados del momento. En realidad es muy fácil comprender por qué. Su físico no podría pasar jamás inadvertido; pero son sus rasgos, una mezcla perfecta entre el dandismo inglés y el magnetismo del hombre mediterráneo, lo que lo convierten en el modelo perfecto. Prueba de ello es la infinita cantidad de campañas y editoriales que temporada tras temporada protagoniza este modelo británico de 1,88.

Contrariamente a lo que hace suponer su aspecto físico de aires mediterráneos, David James Gandy es 100% británico. Nació en 1980 en un pequeño pueblo de Essex, al este de Inglaterra llamado Billericay. También contrario a las suposiciones, no era un adolescente muy popular ya que era algo gordito, por lo que no tenía mucho éxito con las chicas. Más gracias al rugby y al gimnasio logró desarrollar un físico imponente.

A los 18 años, se marchó de su pueblo natal para estudiar marketing en la Universidad de Gloucestershire. Los estudios los compaginaría trabajando para la revista Auto Express. El modelaje no estaba entre sus planes, y curiosamente surgió como consecuencia de una broma que le gastaron sus compañeros de facultad en el 2001, cuando enviaron unas fotos suyas a un concurso televisivo de la cadena británica ITV. El concurso consistía en encontrar al telespectador más atractivo y el premio era trabajar durante un año con la prestigiosa agencia de modelos Select Model Management. David Gandy fue el más sorprendido de todos al resultar ganador del concurso. A los 21 años, la broma, le abriría las puertas al mundo de la moda, donde iniciaría una exitosísima carrera.

Los primeros años de David en el mundo de la moda no fueron nada fáciles. Se presentó a infinidad de castings de pasarelas, pero siempre era rechazado. Su masculinidad le jugaba en contra, pues la estética de aquellos años se volcaba hacia tipos más andróginos y pequeños. Además se sumaba el hecho de que en sus primeros castings no le entraba la ropa, pues estaba hecha para hombres excesivamente delgados. Una y otra vez le decían que era “demasiado grande” para ser modelo. Por este motivo sus primeros trabajos no fueron nada memorables, limitándose a catálogos de marcas poco conocidas. Sin embargo, en el 2004 su carrera daría un giro inexperado, cuando fue elegido para ser la imagen de la campaña publicitaria del perfume masculino “Aqua” de Carolina Herrera.

Posteriormente su carrera empezó a despegar. En el 2005 fue imagen de Gant y Massimo Dutti, siendo el principal protagonista de sus campañas hasta el 2008. En el 2006 inicia una relación de largo plazo con la firma Dolce & Gabbana, convirtiéndose en el rostro favorito de la marca y el protagonista más icónico de sus campañas publicitarias. 



La imagen de masculinidad exacerbada que transmite el modelo combinaba perfectamente con la imagen que Dolce & Gabanna busca transmitir en sus campañas masculinas, por lo que los diseñadores lo convirtieron inmediatamente en su modelo fetiche. Luego llegarían las campañas de la Fragancia “Light Blue”, un anuncio que dio vuelta al mundo y llegó a las 11 millones de vistas online, convirtiéndolo en uno de los hombres más deseados del planeta. De hecho, la gran popularidad que gozó esta campaña hace que constantemente lo paren en la calle preguntándole si es el “hombre del slip blanco”. Desde entonces ha aparecido en cada una de las campañas de D&G, quienes incluso le han dedicado un calendario en el 2008 para el cual fue fotografiado por Mario Testino y un libro en el cual se destaca su carrera como supermodelo masculino.


A parte de las campañas protagonizadas para el dúo italiano, Gandy ha sido imagen de Stefanel, junto con Gisele Bundchen, de Ermenegildo Zegna, Cavalli, Zara, Seven For All Mankind, Sergio K y rostro del perfume Zirh Ikon. También ha sido retratado para las principales revistas de moda del mundo, apareciendo en más de 25 portadas de revistas como VMan (Vogue), L’Optimum, GQ, L’Officiel, Twist, Attitude y la edición de Noviembre de Details Magazine. Ha protagonizado incontables producciones para revistas de la envergadura de Harper’s Bazaar, Glamour, Vogue y ha recorrido las más importantes pasarelas del mundo.

Ha trabajado con supermodelos como Gemma Ward, Claudia Schiffer, Naomi Cammpbell, actrices como Scarlett Johansson para la campaña de cosméticos de Dolce & Gabbana. Además en el 2010 filmó un cortometraje para la cadena de Hoteles W, con Helena Christensen como coestrella. Actualmente escribe un blog para la Vogue británica, hablando sobre su carrera en el modelaje, la moda y su pasión por los autos. Todo esto lo convierte en uno de los rostros más reconocidos del mundo del modelaje masculino y le hacen ocupar el primer podio entre los modelos británicos, y estar ranqueado entre los tres modelos más exitosos del mundo.

viernes, 8 de octubre de 2010

EL PROTO-METRO SEXUAL


Cada día escuchamos hablar más y más de los “metrosexuales”, aquellos hombres que sienten una gran preocupación por su imagen, invirtiendo en cosméticos, tratamientos estéticos y ropa de diseñador y que están al tanto de todas las últimas tendencias de la moda.

Para el típico macho latino, los metrosexuales están a un centímetro de ser gay; pero la realidad es, que la preocupación por la imagen personal no tiene nada que ver con la orientación sexual y mucho que ver con la importancia que tiene la buena presencia en los ámbitos laborales y sociales.

Si bien esta es una palabra de acuñación reciente, inventada en 1994 por el periodista inglés Mark Simpson para referirse al “nuevo hombre” del siglo XXI, la preocupación del hombre por su apariencia personal no es nada reciente. El término metrosexual no es más que una nueva denominación para referirse a aquellos hombres que antes se denominaban dandis.

El cuidado de los hombres por su apariencia y el empleo de cosméticos y maquillajes tienen su origen en la evolución misma. La madre naturaleza eligió dotar a las especies masculinas con colores más llamativos que las especies femeninas. Este hecho tiene sus motivos en los rituales de apareamiento de las especies, en los cuales mientras más sobresalía el macho, mayor chance tenía de atraer a una compañera para reproducirse. Como siempre, los primeros hombres, inspirados en la naturaleza, utilizaron el maquillaje corporal, vistosas plumas y diversos tipos de ornamentos para diferenciarse y atraer a las mujeres.

Los cosméticos han sido empleados por los hombres desde la antigüedad. Los primeros hombres utilizaban diversos pigmentos de origen orgánico para pintar sus cuerpos, rostros y cabello.

Etimológicamente la palabra cosméticos viene del vocablo  latino cosmetae, nombre dado a los esclavos romanos que cumplían la función de asear y adornar a sus amos. Los griegos utilizaban la palabra kosmein, que significaba decorar, maquillar y cuidar para crear una harmonía entre el cuerpo y la mente. Para los filosóficos griegos, el aseo y el cuidado de la apariencia personal eran fundamentales no solo para embellecer al cuerpo sino también para estar en harmonía con el mismo y alcanzar la felicidad.

Desde épocas tan remotas como el 10,000 a.C. los hombres ya acostumbraban usar fragancias y ungüentos aromáticos para suavizar y perfumar su piel en su ritual de aseo diario. El uso de aceites para conservar la humedad de la piel e impedir su desecación surgió en los climas desérticos y calurosos. Desde el 7000 al 4000 a.C. los hombres neolíticos utilizaban aceites grasos de oliva y sésamo, combinados con plantas aromáticas en los ungüentos destinados al cuidado de la piel masculina.

Entre los asirios, antiguos habitantes de Irak, existía una fascinación por la cabellera. Los hombres tenían la curiosa costumbre de rizar sus largas barbas. Los hombres también acostumbraban rizar, peinar y teñir sus cabellos. Incluso se establecía por ley que tipo de peinado se debía lucir según la posición y el cargo de cada persona. La calvicie total o parcial era considerada como un defecto antiestético y se ocultaba con elaboradas pelucas. Los hombres egipcios también usaban elaboradas pelucas que variaban según su posición social.

Hacia el 3000 a.C. los egipcios ya importaban grandes cantidades de Mirra y otras especias y plantas aromáticas empleadas para cosméticos, perfumes y ungüentos utilizados tanto por hombres y mujeres. De hecho, para los hombres egipcios el aseo y cuidado personal eran partes inherentes de la higiene y la salud. Empleaban cremas y aceites para cuidar su piel y protegerla contra el abrasivo sol y secos vientos egipcios. Los cosméticos egipcios incluían diversos ingredientes, entre los que podemos citar: mirra, manzanilla, mejorana, tomillo, lavanda, liliáceas, menta, romero, cedro, rosa, aloe y aceites de oliva, sésamo y almendras.

En el mundo antiguo se creía que los genitales de los animales jóvenes podían retrasar el envejecimiento y restaurar el vigor sexual. Destacaba un preparado hecho con partes iguales de falo de buey y vulva de ternera debidamente secados y molidos.

Tanto las mujeres como los hombres babilonios y egipcios tenían la costumbre de utilizar kohl, una mezcla preparada con polvo de antimonio, almendras quemadas, óxido negro de cobre y ocre, para delinear sus ojos. En este caso, este delineador negro se utilizaba como protección contra los rayos solares e infecciones en los ojos. Los egipcios no solo maquillaban sus ojos, también usaban un barro rojizo llamado ocre mezclado con agua, para colorear sus mejillas, labios y uñas. Los egipcios más elegantes tenían la costumbre de embellecer sus ojos con polvos brillantes que obtenían moliendo los caparazones iridiscentes de ciertos escarabajos y malaquita finamente triturada. Los hombres guardaban sus maquillajes en cajitas especiales, y a diferencia de las mujeres, quienes acostumbraban llevar sus cosméticos a fiestas colocándolos bajo sus sillas, los hombres no tenían llevaban sus cajitas con cosméticos con ellos.

Los varones egipcios eran muy vanidosos, tanto en la vida como en la muerte. Atiborraban sus tumbas con una copiosa provisión de cosméticos para la vida del más allá. De hecho, cuando se descubrió la tumba del rey Tutankhamon, que gobernó hacia 1350 a.C., se descubrieron varias jarritas de cremas para la piel, color para los labios y colorete para las mejillas, productos que todavía eran utilizables y que conservaban sus respectivas fragancias.

Alejandro el Grande, el gran conquistador macedonio, tras sus largos viajes por Asia, se hizo adepto de las cremas, ungüentos aromáticos y maquillajes ampliamente difundidos en los territorios conquistados por su ejército. Incluso llegó a enviar a Atenas muestras de las plantas con las que se elaboraban los cosméticos asiáticos, para crear un jardín botánico destinado a proveer a los atenienses de productos para el cuidado de la piel, aseo personal y maquillaje.

Los hábitos de cuidado personal masculino, incluyendo el uso de maquillaje, eran tan importantes que hicieron florecer el comercio de especies. Desde Yemen los comerciantes persas traían al Mediterráneo mirra e incienso. Las rutas comerciales pululaban con rosas, narcisos, azafrán, musgo, canela, cardamomo, pimienta, nuez moscada, jengibre, aloe y resinas empleadas en cremas para la piel y maquillajes.

Al conquistar Egipto, los hedonistas romanos emularon la costumbre egipcia del maquillaje masculino, llevándola a nuevas proporciones. No solo empezaron a delinear sus ojos con kohl, también usaban tiza para aclarar su piel y pigmentos rojos para dar rubor a sus mejillas. También tenían la costumbre de tratar el acné con harina de cebada, limpiar sus dientes con piedra pómez y utilizar grasa de oveja mezclada con sangre ovina para pintar sus uñas de rojo. Pero su aporte más bizarro a la cosmética fue la introducción de los baños de barro y excremento de cocodrilo para suavizar la piel.

Los griegos fueron los primeros en promover la educación física con fines no militares. Los atenienses creían en el desarrollo simétrico del cuerpo y enfatizaban la belleza corporal tanto como el desarrollo intelectual del hombre. Veían el deporte y la gimnasia como un instrumento para alcanzar el equilibrio entre lo físico y lo espiritual, siguiendo el lema de “una mente sana en un cuerpo sano.” De hecho la palabra gimnasia es un vocablo de origen griego, pues fueron los griegos los primeros en desarrollar esta disciplina.

Los griegos fueron los primeros en construir gimnasios, donde además de los cuartos destinados a la práctica de diversas actividades físicas, incluían cuartos para el baño en aceite y el enarenado de los cuerpos y estancas de baños que ofrecían baños de vapor y piscinas frías, templadas y calientes. Los romanos, siguiendo el ejemplo helénico, construyeron estancias similares a las cuales llamaron termas, donde no solo se realizaban actos de limpieza y relajación, sino también cuidados corporales con aguas curativas, prácticas deportivas y masajes con diferentes esencias y aceites. Los romanos se volvieron tan adeptos a los baños termales, que se empezaron a construir monumentales termas públicas en diversas ciudades, que se convirtieron en centros de reunión de los ciudadanos romanos.

Aparte del cuidado del cuerpo, en general los griegos preferían mantenerse naturales. Solo prestaban especial atención a sus cabellos, adoptando peinados elaborados con gran complicación y perfumados con profusión, con la finalidad de distinguirse de los bárbaros del Norte, quienes huían del lavado y del cepillo y lucían cabellos muy desaliñados y sucios. Como los cabellos blondos eran muy estimados, acostumbraban aclarar sus cabellos con jabones especiales procedentes de Fenicia.

A la par que los griegos, los romanos también tenían la costumbre de teñir sus cabellos de rubio. Este color de pelo era asociado a la juventud y a la belleza. Para teñirse utilizaba el jabón cáustico spuma cáustica o un preparado compuesto de harina amarilla, polen y oro en polvo. Pero estas tinturas, principalmente el jabón cáustico, tenía un efecto secundario: la caída del pelo. Como en Roma se daba mucha importancia a la cabellera, la calvicie era considerada un deshonor. Debido a esto muchos romanos empezaron a usar peluquines llamados capillamentum. Otra curiosa costumbre romana era el uso de pelucas rubias (confeccionadas con cabellos de mujeres bárbaras de las tribus germánicas) por parte de los romanos que frecuentaban a las prostitutas. Los hombres las usaban para hacer saber a las prostitutas que estaban buscando una noche de placer. Incluso el más detestado emperador romano, Calígula, llevaba una peluca rubia cuando por las noches visitaba los burdeles romanos.

Las normas sociales romanas exigían llevar los cabellos siempre bien cuidados, y la negligencia en este aspecto era despreciada incluso con insultos abiertos. Los cónsules y senadores ancianos se esforzaban por ocultar sus canas, valiéndose de tintes oscuros obtenidos hirviendo cáscara de castaña y puerros. Algunos hombres también se aplicaban por las noches una pasta hecha de hierbas y lombrices de tierra para evitar las canas. Contra la caída del pelo utilizaban un ungüento de arándanos triturados con grasa de oso.

No todas las sociedades eran partidarias de los cabellos rubios o castaños. Los sajones tenían la curiosa costumbre de teñir sus cabellos y barbas de azul, rojo, verde o naranja. Los galos preferían los tonos rojizos.

Los varones griegos y romanos compartían la costumbre de depilar el vello indeseado de sus cuerpos. El emperador romano Heliogábalo tenía la costumbre de depilar absolutamente todo su cuerpo. Un popular agente depilador greco romano era el oropimente, utilizado para eliminar el vello corporal. Este era muy nocivo ya que su ingrediente activo era un compuesto arsenical.

En la Edad Media, la influencia de la iglesia católica ocasionó la disminución del uso de cosméticos, que eran vistos como signos de la vanidad. Solo sobrevivieron muy pocas costumbres. Si bien los hombres dejaron de usar maquillaje, siguieron haciendo de todo para evitar las canas. Como no era bien visto teñirse, atribuían el cambio en la coloración de su cabellera al uso de peines de plomo. La realidad era que se teñían a escondidas ya que estos peines no acarreaban cambio alguno en la coloración. De hecho, en esa época, decir que alguien se peinaba con peine de plomo era un eufemismo para indicar que se teñía las canas.

Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra se vio un resurgir en los cuidados cosméticos y maquillajes masculinos. Los ingleses isabelinos lavaban sus cabellos con romero para evitar la caída y utilizaban salvia para blanquear sus dientes. Para el cuidado de la piel empleaban ungüentos de flores de sauco, baños en vino y una máscara de miel y huevos para quitar las arrugas.

En cuanto a lo puramente ornamental la tendencia estética era tener la piel muy pálida. Para lograrlo se usaba una base de plomo y arsénico que podía incluso ocasionar la muerte. Para contrastar la palidez coloreaban sus labios y mejillas con rouge, dándoles un aspecto un tanto payasesco. Ser pelirrojos como la reina estaba de moda, por lo que los nobles empezaron a teñirse en tonos rojizos y naranjados. Como los tintes que usaban seguían siendo muy dañinos, terminaban perdiendo su cabellera, lo cual solucionaban usando largas pelucas, también en tonos cobrizos.

En la Francia del siglo XVI se puso de moda tanto en hombres como mujeres, empolvarse los cabellos y las pelucas con harina de trigo blanqueada e intensamente perfumada. Esta costumbre se difundió rápidamente por toda Europa. Incluso el Parlamento Inglés, aprovechando el auge de esta moda, creó un impuesto sobre el producto calculando que los ingresos llegarían a un cuarto de millón de libras al año. Pero el cambio de la moda le jugó en contra y no se logró la recaudación prevista.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, los hombres continuaron embelleciéndose y cuidando su piel con cremas. En esta época, hace su aparición los dandis ingleses: hombres excesivamente elegantes y refinados, con gustos rebuscados, que seguían la moda y cultivaban su belleza personal. Baudelaire escribió que un dandi no debía tener ninguna otra profesión que la elegancia, ningún otro estado que aquel de cultivar la idea de belleza en su propia persona. Un dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupciones, debe vivir y dormir frente a un espejo”.

Sin duda alguna, el dandi más famoso fue Georges Brummell, también conocido como Beau Brummell (el bello Brummell), quien fuera árbitro de la elegancia en la corte inglesa del Rey Jorge IV. De él se decía que tomaba 5 horas en vestirse y que se bañaba diariamente, como Cleopatra, en una bañera llena de leche. Para lustrar sus botas usaba champagne y dilapidó su fortuna en ropas y lujos, terminando sus días en la miseria absoluta. Incapaz de vivir sino como un príncipe, dejó de vestirse, bañarse y afeitarse y enloqueció, representando cada noche en el mísero cuarto de la pensión en la que vivía, simulacros de las grandes cenas que había vivido.

A inicios del siglo XX los productos para el cuidado de la piel masculina empezaron nuevamente a ganar popularidad. En el año 1911, la empresa de Hamburgo Beiersdorf, produce una crema hidratante y nutritiva a la cual llamaron Nivea y que se convirtió en un éxito comercial utilizado para curar la piel de paspaduras y sequedad y que fue utilizada y sigue siendo utilizada en su formulación original tanto por hombres como por mujeres. A partir de 1986, la marca Nivea introdujo la línea Nivea For Men con una variedad de productos destinados específicamente para el público masculino.

A finales de los años 90 se produjo el boom de los productos cosméticos masculinos a la par que el surgimiento del vocablo metrosexual, creado por el escritor y periodista británico Mark Simpson en un análisis que hiciera sobre los efectos del consumismo en la identidad masculina.

Actualmente prestigiosas empresas cosméticas como Biotherm, Clinique, Decleor, L’Occitane, Dove y Neutrogena solo por citar algunas han creado líneas de productos destinados a los hombres. Lo mismo ha ocurrido con cosméticos de marcas de diseñadores como Armani, Yves Saint Laurent, Tom Ford, Dolce & Gabbana, Givenchy, Carolina Herrera, Christian Dior, Gucci, Calvin Klein, etc.

La antigua preocupación del hombre por su apariencia ha resurgido en la sociedad moderna. Así como los egipcios, los griegos y los romanos, el hombre actual quiere verse bien. Este deseo como habrán comprobado tras leer estas líneas, no tiene nada de nuevo, es simplemente un nuevo resurgir de la preocupación que los hombres siempre han tenido por su imagen personal y el cuidado de su cuerpo y apariencia. El metrosexual no es una invención del siglo XXI, es el producto de años de acicalamiento en las filas masculinas. Tal vez la única diferencia entre un metrosexual moderno y un proto-metrosexual sea que para verse bien, el metrosexual ya no tiene que bañarse en excremento de cocodrilo, simplemente tiene que ir a la farmacia o perfumería a comprarse una coqueta cremita. ¡Que suerte la suya de haber nacido en este siglo!