miércoles, 14 de diciembre de 2016

BRIDEZILLAS







Las mujeres, somos luego naturalmente alteradas. Nos encanta complicarnos la vida y somos capaces de ahogarnos en vasos de agua, enredarnos con detalles irrelevantes y convertirnos en seres endemoniados simplemente porque las cosas no salen como esperábamos. Pero  definitivamente alcanzamos nuestro estado más crítico cuando nos convertimos en futuras esposas. Parece luego que al acercarse el día D nos convertimos todas en demoñas alteradas. Si somos ya densas en el día a día, ¡imagínense cuando estamos en vísperas de nuestras bodas!  Ahí directamente entramos en plan turbo. 

Dios bendiga a todas esas pobres almas que se cruzan en nuestros caminos en esas épocas “endemoñadas” (léase peluqueros, maquilladores, diseñadores, decoradores y todos esos prójimos que tienen que lidiar con nosotras en nuestras vísperas de bodas. ¡POBRECITOS!  Mi corazón late por ellos…

Es que las bodas, no sé por qué regla de tres, logran despertar en todas nosotras a un monstruo interno que ha sido apodado internacionalmente  “Bridezilla”, o sea, la novia endemoniada. 

Se recuerdan de aquella película en la cual unos el adorable Gizmo al mojarse se convertían en temibles Gremlins? Así mismo es la transformación de Novia a novia endemoniada.  Las Bridezillas son mujeres que antes de recibir el anillo de compromiso eran verdaderos seres de luz y de paz pero que luego de colocarse la roca al dedo quedan convertidas en  criaturas dignas del cine de terror.

La primer señal de alerta de que se está gestando una futura bridezilla es cuando la novia, ni bien su novio le propone matrimonio, antes de llamarle a contar ni siquiera a su mamá, ya agarra el celular y le llama volando a su maquilladora para reservar turno. No hay indicio más claro de que esta novia estará próxima a psicotizarse a medida que pasen los meses.

Antes de su casamiento, las Bridezillas entablan una relación íntima con el drama. Todo les altera. TO-DO.  Si una nubecita osa asomarse al cielo empieza a hiperventilarse y a gritar como una desaforada “SE VIENE UNA TORMENTAAAAAA” y es ella quien empieza a inundar el predio con sus lagrimones. Son capaces de desmayarse si las servilletas marfiles que le encargaron al decorador, tienen dos tonos más de lo que vieron en la foto. Y empiezan a analizar a la servilleta como si fuera un cuadro renacentista para encontrar todas las fallas imaginables ante la mirada atónita del decorador.

La principal víctima de las bridezillas son sus prójimos diseñadores de moda. Pueden ser los más tops del mundo mundial, pero ellas siguen inseguras y dudando de su talento. Los torturan con pruebas y preguntas ridículas sobre la opacidad o el brillo del canutillo. Como están híper ansiosas confunden un poco el rol del diseñador y a veces lo toman por psicólogo, otras por asesor de imagen y etiqueta/protocolo y ceremonial y finalmente por cirujano plástico. Porque no solo pretenden que el vestido le quede lindo….sino que también les adelgace, le agrande y levante las lolas y le reduzca la panza y las caderas.  Santos Hombres y mujeres de la costura que tienen que lidiar con estas demoñas. ¡No se las deseo a nadie!

Otra de las características de las bridezillas es su constante cambio de humor. Un día amanecen sencillitas queriendo casarse con camelias blancas en la cabeza, y al día siguiente amanecen originalísimas queriendo casarse con plumas de cacatúas africanas. Y al tercer día ya están todas enredadas e indecisas y ya no saben lo que quieren. Cuando están indecisas no hay decorador, modisto, maquillador, chef  ni wedding planner que las aguante. Que blanco, que no celeste, que mejor blanco siqué, y que decís si en vez de blanco y celeste ponemos azul mbaé, o mejor sería verde musgo?????  Follaje o rosas blanca, torta bombón de chocolate o de merengue frutilla, champagne o espumante…. Toda decisión se vuelve un interminable debate y finalmente termina confundiendo a todo el mundo y por supuesto luego llega el gran día y había sido que nada luego era como ella quería. Ahí empieza a hiperventilar de vuelta porque todo está al revés. Y empieza a criticar a diestra y siniestra absolutamente TODO.

Como se alteran tanto, las bridezillas terminan siempre psicóticas y enloqueciendo a toda su familia, amistades y proveedores. Afortunadamente, siempre hay una amiga con Solpan  en la cartera que no duda en darle un poquitito para que” se calme” (y que de paso deje de rompeeer). 

Finalmente, al quedar sedada, aquella turbulenta criatura que pretendía que el vestido de novia le adelgace, que el maquillador le haga la plástica y que el decorador recree el castillo de Windsor con un presupuesto de cumpleaños infantil, se convierte en un voladísimo ser de luz al cual ya nada le altera ni le turba. Tras el solpán y el sí quiero, ya todo vuelve a la normalidad y el demoño nupcial interno desaparece y viven felices para siempre. FIN….

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