jueves, 26 de mayo de 2016

ICON PHOTOGRAPHER: GABRIEL MACHADO





Nacido en 1966 en la Provincia de Buenos Aires, tras estudiar publicidad y sin ninguna experiencia previa más que el don de hacerles buenas fotos a sus amigos decidió aventurarse en el mundo de la publicidad en 1993 junto a su amigo José Cicala. Al sumarse dos años después Fabián Morassut nace Machado Cicala Morassut, uno de los más importantes estudios fotográficos de Argentina.

Gabriel Machado tiene el talento para captar la esencia de sus retratados, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos preferidos por celebrities no solo de su Argentina natal, sino del mundo entero. A pesar de tener un currículum que dejaría mudo a cualquiera - Cher, Kate Moss y Al Pacino son solo algunas de las estrellas que han pasado por su lente-  Gabriel ostenta la sonrisa fácil de las almas nobles y una tremenda humildad que lo hacen aún más carismático.

¿Cuál fue tu primera experiencia con la cámara?
La primera experiencia que tuve fue en la adolescencia, una camarita de las que tenemos todos en nuestras casas. En el viaje de egresados o en todos lados, siempre las mejores fotos de la gente eran las mías y todos me pedían que les hiciera la foto. Pero no me daba cuenta que podía llegar a ser fotógrafo, así que no fue una cosa pensada. Siempre estuve conectado con la imagen, con la belleza, con los colores, con dibujar, siempre pinté. Pero no asociaba eso a la fotografía. La fotografía, vino mucho después, a los veintisiete años, y de un día para otro, cuando tomé la decisión con José Cicala de armar un estudio fotográfico.

¿Tuviste un inicio totalmente empírico?
Nunca estudié nada. Nunca estudié fotografía y sigo sin saber nada de fotografía. Solamente se agarrar una cámara y disparar. Qué se yo, es como Bárbara Streisand que nunca estudió canto y tiene la mejor voz del mundo; o Paco Lucia el mejor guitarrista y nunca estudió, toca de oído. Acá el mejor actor, Ricardo Darín, nunca estudió actuación. ¿Será la intuición? No sé qué es. Uno nace con ese don de la belleza. Como decía una frase de Pablo Neruda que me la pasó Nacha Guevara: “tengo un pacto de amor con la hermosura”. Me encanta, la tomé como mía y la cito siempre porque es un pacto de amor, pero no por la hermosura por la gente bella, por la hermosura de disfrutar la vida, la hermosura de un café con leche, la hermosura de un amanecer, la hermosura de estar vivos. Viste, tengo un pacto de amor, desde chico, muy de disfrutar, muy de comerme la vida en cada momento. Soy muy pasional con mi vida, con la vida en general.

¿Y de qué te nutrís a nivel creativo para generar después imágenes?
Lo que más me gusta y creo que lo único que me gusta es el teatro. Veo mucho pero mucho teatro. Suelo ir hasta cuatro veces por semana porque me encanta. He llegado a ver una misma obra 50 veces. Para los actores, que vaya tres veces significa que no me gustó. Y me dicen “no te gustó, la viste tres veces nada más, no te gustó tanto”. Me encantan los actores, me dan mucho. Es como digo yo el restaurant del  alma. Me nutre, me llena, me hace volar. Luego, yo en las fotos  llevo a las celebridades, a las modelos y a las actrices, a un lugar como de dirección teatral. Les digo: “está pasando esto, llegaste al balcón y miraste” y los voy llevando. Me gusta ese juego de imaginación que se crea para generar miradas, o situaciones, o poses. Miro siempre las poses, las manos,  y siempre creo frases que sean fáciles para que el que está en frente mío capte. Le digo a una mujer “estate soberana” o “te quiero frágil”. 

¿Cómo fueron tus inicios?
José Cicala y yo, año ’93, éramos letristas y en ese momento trabajábamos en complejo La Plaza pintando los tres subsuelos del complejo (las flechas que marcan el estacionamiento hecho por nosotros, Machado-Cicala). Ya estábamos los dos casados y con hijos y no sé, comiendo una hamburguesa en el McDonald’s de La Plaza dijimos: “¿por qué no abrimos un estudio y le hacemos fotos a actores? Empecemos”. Y tuvimos mucha suerte rápido, porque uno  de los primeros días vino Diego Impagiazzo (que ya era conocido por peinarle a Valeria Mazza) junto con el actor Hernán Kuttel. Diego me dijo “si querés te traigo una modelo” y trajo a Lorena Giaquinto que en ese momento se había cortado el pelo cortito blanco y era como famosa. Las fotos las ve Piñeiro por casualidad y nos llamó en seguida para hacer el libro entero de su agencia. Desde que empezamos hasta que empezara a irnos bien pasaron solo tres meses, fue muy rápido todo y de ahí no paramos más.

Por lo visto fue el momento justo.
Sí, como digo yo. Ahora hay fotógrafos que salen de debajo de las baldosas, todo el mundo es fotógrafo, hay un código fotográfico instalado que con el celular todos  se creen fotógrafos, y lo son. Hace veinte años atrás no era normal sacar fotos todo el tiempo, ahora se está mucho más pendiente de las fotos y se fomenta más la vocación de fotógrafo. Además hay un código fotográfico, que es casi como hablar, porque vemos imágenes, vemos imágenes, vemos imágenes, todo el tiempo, todo el tiempo de todo el mundo entonces es como muy normal. Hoy hay mucha más competencia,  y la vocación está mucho más en la sociedad como profesión.

 ¿Y cómo era el primer estudio?
El primer estudio en Congreso, era del tamaño de un pañuelo; era como una cajita de zapatos. Para hacer el cuerpo entero de las modelos teníamos que abrir la puerta e irnos hasta el odontólogo, que estaba al otro lado del pasillo. ¡Te juro!

¿En qué momento sentiste por primera vez que lo habías logrado?
Y el primero fue en el año ’98, cuando hicimos fotos a Cindy Crawford que venía especialmente a la Argentina y no podíamos creerlo, hacerle fotos a Cindy Crawford, sobre todo que era la modelo del momento y después tuvimos la posibilidad de hacerle fotos a Kate Moss dos veces. Después nos llama Cher, desde Estados Unidos especialmente para hacer las fotos de su disco y viajamos allá tres veces a hacer fotos a ella. Hicimos las fotos de tour y también las fotos del último disco para el cual viajamos especialmente allá.

¿Cómo los conoció Cher?
Por nuestra amiga Lucila Polak que es la novia de Al Pacino y vive hace mucho tiempo en Los Ángeles. Lucila nos conectó con una amiga de Cher y le hicimos fotos a esta amiga de Cher sin tener en cuenta nada. Cher ve las fotos, y le encantaron y dijo “cuando haga las fotos del álbum voy a llamar a éstos fotógrafos argentinos”. Lo tomamos como un cumplido en su momento pero después nos sorprendió cuando a  los seis meses nos llama la discográfica si podríamos viajar el veinte de julio para hacer las fotos a Cher. 

¿Te queda algún sueño por cumplir?
He retratado en estos años a gente que jamás esperé retratar. De la comunidad artística de Argentina por suerte a todos y también a Al Pacino, Antonio Banderas…. Tal vez un sueño por cumplir, sería poder hacer una película.

¿Qué es lo que te apasiona de los retratos fotográficos?
A mí me gusta tener personas adelante mío, no me gusta hacer paisajes. Me mueve la parte altruista o psicológica, o la parte donde vos cuidás o elevás el ego de las personas cuando les haces una buena foto y está bueno eso. Yo digo, una buena foto te evita tres años de terapia. Para trabajar con personas cuido un montón de detalles. Nunca en el primer cambio voy a decir “no me gusta, cambiale”. Aunque no me guste, le hago las fotos igual. Las personas son muy vulnerables frente a la cámara y al decir “no me gusta” le bajás la energía. Las buenas tomas se van logrando de a poquito. Todo tiene que ser muy con mano de seda. Si hay algún cambio que hacer, yo lo hago tranquilito. Pero no decir “no”, porque la palabra no en una situación así es muy fuerte. 

¿Cómo te relacionás con éste mundo digital de la imagen?
Extraño mucho lo otro. Yo viví muchos años de lo analógico, del rollo, de revelar y se extraña, yo lo extraño. Es como mandar una carta por correo o escribir. No sé. Un mail es más frío, es como otra cosa. Se pierde la expectativa. Era otro romanticismo. Quizá para la camada de fotógrafos que vienen directamente con lo virtual es diferente, pero a nosotros que vivimos muchos años del revelar, del rollo, de llevar, de esperar, todavía nos queda un resabio de aquel momento Te queda la nostalgia del movimiento de la cámara, de girar la manilla y ese ruido, de sacar el rollo; era todo una mística que se perdió, y se extraña. Es más, muchos y muchos fotógrafos están volviendo a hacer rollo porque quieren recuperar esa magia.

 ¿Tenés alguna anécdota graciosa para compartir con nosostros?
Teníamos una producción de quince chicos con buen cuerpo con una actriz, y todos los chicos tenían que estar desnudos. Habíamos alquilado una Van para llevarlos a un palacio. Entonces todos los chicos subieron y luego llega otro chico y me dice “yo vengo por las fotos”, le digo “subí, subí”. El chico terminó totalmente desnudo y recién cuando termina la sesión viene y me dice: “yo venía a averiguar por el book….”

¿Cómo definís tu estilo?
Mi estilo es…ponderar la belleza. O sea, no me dejo llevar tanto por las cosas de la modernidad, me gusta más tirar a lo clásico, me gusta más lo antiguo que lo moderno, me gusta el Hollywood de los años ’40. Lo más clásico nunca va a pasar de moda. Es como escuchar los Beatles, es algo que no va a fallar nunca. Aunque juego también con la descontractura y el pelo profundamente desprolijo, lo disfruto pero siempre me encausa para el lado de la belleza clásica, que estén lindos y que esa foto pueda perdurar como un Valentino, como un Chanel, y no una cosa moderna que dentro de dos años te va a parecer horrible. 

¿Y enseñaste alguna vez? ¿Diste cursos?
Sí, ya estamos armando el tercer workshop y queremos ir a Paraguay a hacer una masterclass. Nunca estuve en Paraguay así que quiero ir.


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