jueves, 20 de noviembre de 2008

VUELTA ESTRELLA EN LA CABEZA: La Crisis de los 30 - Nicoletta Fizzotti


Cuando éramos chicos nos moríamos de ganas de tener un año más. Mi hija me dice con muchísima seguridad y orgullo que cuando tenga TRES (enfatizando mucho en la palabra tres) va a ser una nena grande y se va a poder ir al espacio. Me dijo que se va a subir a una nave espacial para explorar la luna (palabras textuales).

Los niños quieren crecer. Creen que los años están cargados de posibilidades. Para ellos todo es posible y es normal que a los TRES uno ya tenga edad suficiente como para escalar una montaña, aprender a volar, o viajar a la luna. Quieren ser grandes y por eso juegan a serlo.

De adolescentes esto cambia poco ya que nos damos cuenta de que a medida que crecemos aumentan los permisos y también nuestra libertad. A los 16 uno se siente adulto, o mejor dicho, un adulto incomprendido, porque nos sentimos más genios que Einstein y creemos que ya no tenemos nada más que aprender a pesar de que todos nos digan lo contrario!
A los 20 uno ya admite su edad con orgullo. Los 30 forman parte de un horizonte muy lejano al que seguro vamos a tardar siglos en llegar. No tenemos apuro, estamos en nuestro apogeo viviendo nuestras vidas libres, eufóricos, felices, nambréna. Imaginarse de 30 resulta imposible. Alguien de 30 ya es un abuelo! Se vive tranquilo, con la ingenua convicción de que para cuando se llegue a los 30 ya se va a tener la vida resuelta. TON-TOS!

Pero la realidad es que antes de darnos cuenta llegan esos ineludibles 30 años. Los años volaron, y lo más extraño es que no nos sentimos abuelos, nos sentimos apenas de 20 y todavía no tenemos nada resuelto. Empieza la frustración.

Como me dijo una amiga: “pero si yo creía que todavía podía hacer vuelta estrella!” Al ponerlo en práctica se dio cuenta de que si bien podía hacerlo perfectamente en un plano mental, el engendro de vuelta estrella que logró hacer la dejó con un fuerte dolor de espalda, y un orgullo profundamente herido.

Esta vuelta estrella que nos sale tan bien en nuestras cabezas es uno de los momentos más traumáticos y significativos de la crisis de los treinta.

Resulta que antes de los treinta, tenemos asumido que podemos hacer vuelta estrella. Es un hecho. Sabemos que hacer una vuelta estrella es la cosa más fácil del mundo. Y si podemos hacerlo en la cabeza podemos hacerlo en cualquier lado. Tenemos la seguridad de poder hacerla con la gracia de Nadia Comanechi, y si nos sobra el tiempo para pichear hasta con saludito gimnástico incluido.


Después de los 30 uno empieza a dudar de sus habilidades. Empiezan las vocecitas internas cargadas de incertidumbre: “será que me sale todavía?” El hecho pasó a ser una duda con altas probabilidades de fracaso.

Tras constatar penosamente de que a mí también la vuelta estrella solo me salía en la cabeza. Con mi orgullo tremendamente herido y cargada de pensamientos perturbadores y apocalípticos confesé a mis amigas que al hacerla me quedé con el cuello duro.

“Hola, soy Nicoletta, y ya no puedo hacer vuelta estrella.” Una confesión terrible y desgarradora que cayó como una bomba en mi círculo más próximo. Los resultados de mi confesión fueron calamitosos. Mis amigas fueron llamándome una a una para contarme sus experiencias. Hasta mi amiga que había estudiado y practicado gimnasia olímpica (y no era una vulgar empírica de recreo como el resto de nosotras) quedó con los pantalones rotos.

La vuelta estrella que todas podíamos hacer en nuestras cabezas con gracia y agilidad de gacela se materializaba en unas contorciones toscas y dificultosas, más propias de una marmota que de las ágiles mujeres que todas somos (mentalmente).

A partir de este momento crítico de nuestras vidas surge primero un sentimiento de congoja. La vejez nos muestra por primera vez su poco agraciado rostro. Vienen los pataleos, los mambos, los gritos en el medio de la noche. Luego del desahogo llega la paz y con ella la aceptación. Los treinta han llegado. No podemos huir del tiempo. Por más de que entrenemos un mes para lograr la vuelta estrella perfecta de nuestros recuerdos, ya se ha perdido la espontaneidad y la seguridad de la juventud.

Por lo tanto, a partir de los 30, asumimos que la vejez nos tiene sentenciados. Abrazamos nuestro destino. Pero no nos resignamos. Ahora sobreviene el momento más significativo, aquel que marcará la cantidad de velas en nuestras futuras tortas. Tras las doscientas veinte noches sin dormir, pensando en que ya no podemos hacer vuelta estrella salvo en el perfecto mundo de las ideas, angustiados frente a los 30 que nos acechan, mambeándonos incesantemente hasta adormecernos nos percatamos de que solo nos quedan dos opciones:

A. ROBARSE LOS AÑOS: esto no es ningún robo. Es un derecho. Le da sabora la vida. Acaba con la frustración. Uno incluso puede llegar al fantástico prozac del auto engaño..... imagínense yendo por la vida con 10 años menos. A los 30 se cumple 20, y a los 40 se cumple 30 y a los 50 se cumple 40. Un detalle a tener en cuenta es que esta opción es solo para espléndidos y espléndidas. Si los años no fueron generosos con tu persona, ni sueñes con robarte ni siquiera un minuto de vida porque no vas a lograr el efecto deseado. Para quesea efectivo, lo único que puede llegar a delatarte es tu Cédula de Identidad, que por supuesto está eternamente perdida y por eso solo andás conla denuncia policial de su extravío en la cartera... argumentando que no la renovás porque no hay insumos.

B. AGREGARSE AÑOS: Esta es la opción para los no tan espléndidos quejuega astutamente con los preconceptos relacionados con la edad. Si ya se te nota una arruguita (que en realidad no son arrugas sino "signos de expresión" porque somos tan expresivos) y la piel te empieza a colgary a sobrar aunque sea apeniiiiitas... (recuerden que están autoengañados) lo ideal es sumarse un par de años (no abusen que un viejo es siempre un viejo... no vayan a sumarse 10 o 15 porque están fritos) No cumplan 30, cumplan 34. Y ahívan a llover las hermosas palabras: PERO SI NO PARECÉS MÁS DE 25!!! Esta esla única alternativa para que los no tan espléndidos terminen siéndolo... porque no hay nada más regio que envejecer con gracia.

O sea que ya lo saben, entre nosotros, para los que la vuelta estrella es una utopía, hay muchos que probablemente nunca lleguen ni cerca de los 30, al menos no en esta década y otros tantos que los saltearán para ir directo a los 35.

En mí caso en particular, por más de que la vuelta estrella no me sale como me la imagino, no me resigno. En mi cabeza la repetiré hasta la inconciencia. Como dice siempre mi abuelo de cien años, a la vejez: viruela.

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