martes, 2 de abril de 2013

FREDI CASCO: UNA IMAGEN MIL LECTURAS




Fredi Casco  no es un hombre de muchas palabras. Más bien utiliza las justas y precisas, un rasgo propio de quienes trabajan desde lo conceptual, donde una sola palabra mal empleada puede desarticular todo lo que uno quería decir. Hay que ser muy precisos en el mundo del arte conceptual y Fredi lo es, tanto en persona como también en su obra.

En su obra nada está librado al azar. Unas fotografías, un video fuera de foco son suficientes para desencadenar una avalancha de lecturas. Sin lugar a dudas, una imagen vale más que mil palabras, sobre todo cuando esa imagen la genera un artista como Fredi Casco. 

Uno de los temas recurrentes en la obra de Casco son aquellos relacionados con los medios de comunicación y los discursos del poder. Bajo su mirada la historia oficial es revisada y sus mentiras desnudadas con sutil ironía. En una de sus obras más recientes, “Chaco Fantasma”, la cual fue seleccionada para ser exhibida en el Pabellón Latinoamericano de la próxima Bienal de Arte de Venecia, explora ”los relatos de la tradición y el poder presentes en diferentes visualidades e iconografías populares o religiosas locales.”[1]

 En su obra “Chaco Fantasma” a partir del Areté Guasu de los chiriguanos, aborda la antropofagia cultural de nuestros pueblos indígenas, quienes se nutren de elementos de la cultura occidental e incluso de otras culturas indígenas, resignificándolos y cargándolos con sus propias tradiciones. Para proteger su celebración tradicional, los indígenas tuvieron que disfrazarla, por así decirlo, de carnaval. Según el artista “como resultado, el cruce de influencias y de tiempos es impresionante: formas que vienen de los Andes, de la Europa medieval, de otras etnias o íconos de la cultura pop tardocapitalista, se fusionan en un caos maravilloso hecho de colores, de danza, de polvo y de embriaguez.”

- ¿Qué fue lo que te acercó al arte?
No fue el colegio precisamente (risas), ahí llegué incluso a aplazarme en materias como dibujo, pues las clases estaban orientadas a intereses pragmáticos, como el dibujo técnico, que serviría a los futuros arquitectos e ingenieros. Considero que la educación escolar y la universitaria en Paraguay son totalmente contraproducentes a la hora de sensibilizar a la gente con respecto a la cultura y claro, al arte. Pero, por suerte, mis padres tenían una pequeña, pero interesante pinacoteca, por lo tanto, crecí rodeado de una especie de resumen anárquico y hedonista del Arte Moderno paraguayo. Luego de terminar la universidad,  fui a vivir a París un par de años, a comienzos de la década del noventa, donde descubrí la fotografía y el cine. Pero, mi encuentro definitivo con el arte, lo que me dio ánimos para dar el paso, se dio sobre todo a partir del descubrimiento de las literaturas surrealista y dadaísta. Literal y literariamente me “volaron el mate”, para hacerlo aterrizar en un nuevo territorio de prácticas estéticas. De ahí pasé a tomar clases de Historia del Arte y la Literatura, además del taller de Línea y Color, en el Centro de Estudios Brasileños. Luego vinieron los años del Seminario Crítica Cultural...

- Una gran parte de tu obra aborda la temática histórica, y cómo los poderes hegemónicos van articulando su historia oficial. ¿Qué fue lo que te llevó a tratar esta temática en tus obras?
Sí, más que la temática histórica, me interesan las imágenes y los discursos del poder, y cómo se articulan en nuestra historia reciente. No me interesa tanto un arte de denuncia, prefiero trabajar el desmontaje de esas imágenes, peinar a contrapelo de los mitos y de las historias oficiales... para que les salten las pulgas. ¿Cómo llegué a eso? No sabría decirlo, no tengo militancia política, tampoco mi familia. Sufrí, como tantos otros, los rigores del servicio militar stronista y luego, en la Facultad de Derecho de la Nacional, me di cuenta que estaba tomada por pyragues y profesores corruptos. Tal vez en ese momento tomé conciencia de lo que estaba pasando a mi alrededor, de cómo nuestra sociedad estaba podrida hasta los tuétanos. Antes vivía como en un termo. Por eso me interesa trabajar el tema de manera tangencial, con “archivos colaterales”. Pienso que tiene que ver con cómo viví la realidad de la dictadura y de la Guerra Fría, es decir, a través de la televisión y de los medios de comunicación, todos adictos al poder, todos alienantes.

- En tu obra también está muy presente la cultura indígena, sus tradiciones y su espacio en el mundo contemporáneo. ¿De dónde nace este interés?
En la variedad y la riqueza de esas culturas, indígenas y populares, que han sido justamente tapadas por esos mitos oficiales, tipo “la raza guaraní” y otros artefactos que nos insertaron en el cerebro desde chicos. Este es un país con muchos colores culturales, sólo que están invisibles a nuestros ojos, que ya solo ven como espectadores de los massmedia. Sin embargo, estas prácticas, las indígenas y las campesinas, están más vivas que nunca, con más “contemporaneidad” incluso que muchas de nuestras prácticas urbanas del arte llamado “contemporáneo” o “erudito”. Justamente, a mí me interesa trabajar con esas culturas, pero desde mi mirada, filtrada ya irremediablemente por los instrumentos de comprensión occidentales. No me considero una excepción a esa regla general, tampoco soy etnógrafo.

- ¿Cómo surge la invitación para participar en la Bienal de Venecia?
Fueron el curador Alfons Hug y su co-curadora Paz Guevara quienes sugirieron mi nombre al IILA (Instituto Italo-Latinoamericano), encargado del Pabellón Latinoamericano en la bienal. En 2010, la muestra latinoamericana que participó en la anterior Bienal de Venecia recorrió el continente. Cuando llegaron a Paraguay, me invitaron a realizar una obra y mostrar en paralelo a esa exposición. Bien, allí conocieron mis otros trabajos, entre ellos “Chaco Fantasma”.

- ¿Me podrías hablar sobre tu obra "Chaco Fantasma"?
Básicamente, como te explicaba antes, intento abordar esas prácticas indígenas desde mi mirada occidental, prácticas que aparecen ante mis ojos como algo extraño, y su territorio (el Chaco), como alucinación, como fantasmagoría. Pero, esa fantasmagoría está en mi cabeza, como está en la cabeza de mucha gente que conoce mal esos territorios, pero que al verlos, queda atrapada en el fascinum. Para los chiriguanos, es parte de su vida, para nosotros, una excepción, también una trampa. Los fantasmas son una trampa. El video podría haberse llamado “La trampa del Chaco” o algo así, pero no sonaba tan seductor como “Chaco Fantasma”.

- En esta obra en especial abordás el Areté Guasu o Carnaval de los Chiriguanos. Me decís que Areté Guazú quiere decir "el gran tiempo verdadero". ¿Qué es este gran tiempo verdadero?
Pienso que el “gran tiempo verdadero” está en todas las culturas, sólo que en muchas se ha perdido o sepultado por las urgencias y las exigencias del mundo actual. Ignoro en esencia qué es ese tiempo para los chiriguanos, salvo por las formas en que este se manifiesta; y la parte que me interesó registrar de ese acontecimiento es la del regreso de los muertos, que vuelven periódicamente a visitar a sus seres queridos. El “gran tiempo verdadero” o Arete Guasu, sería según mi interpretación, un momento en el que el territorio del Chaco se convierte en un gran escenario que da lugar a este acontecimiento excepcional, tanto en el tiempo como en el espacio. Sería, en palabras de Shakespeare, cuando “el tiempo está fuera de sí”.

- Me decís que la obra se centra en la aculturación de los pueblos indígenas como estrategia de supervivencia. ¿Cómo se da esto en el contexto del Areté Guazú Chiriguano?
Tal vez me equivoqué al hablar off the record de aculturación. Aculturación es cuando una determinada cultura adquiere elementos de otra cultura en detrimento de los suyos. En tal sentido, los elementos que incorporan los chiriguanos no son parte de una aculturación, sino más bien de una “antropofagia cultural”. Los chiriguanos se nutren de elementos de la cultura occidental y de otras culturas indígenas y los fuerzan a adquirir sus propios sentidos.

- ¿Cuál es el gran fantasma de este Areté guasú?
Para mí es el Chaco, cruzado por mitos y ritos indígenas, por animales fabulosos y por los fantasmas de una guerra cruel e insensata. Para los chiriguanos, no sé, probablemente la tierra mítica de sus muertos, el Matyvyrocho, que tal vez sea el Matogrosso, o “la Tierra sin mal”, devenida para siempre territorio fantasma.

- El tema propuesto por el Instituto Italo-Latinoamericano es  "El Atlas del Imperio". ¿A tu parecer cómo dialoga tu obra dentro de la temática curatorial del IILA?
El título general de la bienal es “El palacio enciclopédico”, y dentro de esa gran enciclopedia, habrá seguramente Atlas.  En el caso de mi video, tal vez tiene que ver con el hecho de que registra una práctica cultural “subalterna”, silenciada por la cultura oficial local, en primer término, y por las historiografías coloniales del Imperio, en segundo.

- ¿Qué significa para vos el poder representar a nuestro país en la Bienal de Arte de Venecia?
Como sabés, hay una representación oficial de Paraguay, con pabellón propio. Creo, en mi caso, que es más bien Chaco Fantasma, el que representa un aspecto de ese gran Atlas Latinoamericano, que tiene riquezas y particularidades inauditas y que serán dadas a ver. Me parece muy estimulante que mi obra elegida tenga que ver con el registro e interpretación de una práctica cultural tan rica como el Arete Guasu.

- Un artista no sólo representa a su propia obra, también en cierta forma ejerce una representación cultural y nacional. ¿Has conseguido apoyo estatal?
En absoluto, y es terrible lo que está ocurriendo. Las instituciones que manejan las políticas culturales públicas están pasando por su peor momento, un gravísimo retroceso para la cultura, por decirlo en términos suaves. Por lo tanto, no consideré adecuado ni ético pedirles respaldo. Felizmente, existen iniciativas privadas locales que promueven el arte contemporáneo, como “Selección Texo”, y otros proyectos internacionales como “Ediciones El Mojado” o Ángeles Alonso, directora de la “Fundación Amparo” (México-Francia), que han demostrado interés en mi obra y han decidido apoyarla. Hay todavía un largo camino por recorrer en materia de difusión del arte paraguayo por parte del Estado.

- Para terminar, te hago una pregunta que siempre hago a los artistas: ¿Qué significa el arte para vos?
Una excepción a la regla, que es la cultura; un lugar alumbrado, que da lugar a determinados acontecimientos estéticos; un “laboratorio de experimentos antropológicos” y antropofágicos; una experiencia genuina de libertad... podría seguir con la lista, por el solo hecho de llenar el vacío que se me presenta ante tan importante pregunta.



[1] www.latinart.com

LA MOSQUITA MUERTA: PEOR QUE EL DENGUE!






En esta época del año el país entero se alía para combatir al dengue, luchando juntos, armados de citronella, insecticidas y variopintos repelentes contra los mosquitos. Yo le propongo a mis queridas lectoras para unirnos en otra gran batalla para erradicar a una de las plagas más antiguas de nuestro país: la mosquita muerta.

Para una mujer, no hay peor suplicio en este mundo que tener que sufrirla a una mosquita muerta. ¿Por qué? Porque nosotras sabemos que ella está ahí, agazapada bajo ese disfraz de “niña bien y bien intencionada”. A nosotras no nos vende el cuento. Conocemos su verdadera naturaleza. ¡El problema es que somos las únicas en notarlo! Todos los demás se creen el cuento de que es la reencarnación de la Madre Teresa de Calcuta en el cuerpo de Lady Di. Pero nosotras, las mujeres inteligentes del mundo, no bajamos la guardia y nos bañamos de repelente para que la bicha ni nos roce.

No se dejen engañar por su apariencia de dulce e inofensiva, que este bicho no tiene nada de inocente. Pero lo más dramático es que ellas logran engañar con una facilidad tremenda a los hombres siempre desprevenidos y a las mujeres de buen corazón. Se muestran tal cual damiselas en apuro, incapaces de dañar ni a una mosca, más buenas que Lassie sedado y más noble que el Chapulín Colorado. Calladitas calladitas van envenenando la sangre de sus insospechadas víctimas, para cuando la gente se percata de su esencia nociva, el daño ya está hecho y las consecuencias son irreversibles. Recién en este momento, cuando ya ha logrado su objetivo de infligir daño sacando el máximo provecho, la “inocente” criatura revela su verdadera naturaleza de predadora sexual y depravada moral.

Ellas vienen en todos los tamaños y colores, ya sea  disfrazada de secretaria hacendosa o de mejor amiga, su apariencia inicial es  absolutamente inofensiva. Ella no se presenta como una potencial rival para poder pasar discretamente bajo el radar de su víctima. Nada en su presencia amenaza. Su vocecita es dulce y apenas audible. Sus ojos siempre están fijos en el suelo y por motivos más que obvios jamás de los jamases y nunca de los nuncases se atreverá a mirar a sus víctimas a los ojos. Sus comentarios son siempre buenos y justos. Ella pobrecita angá siempre tiene una historia de llantos y lamentos que parece robada de la trama de alguna novela de siesta. Ella siempre empieza su ataque colocándose en el rol de prójima víctima.

Además de su lenguaje corporal, su aspecto físico tampoco se presenta para nada amenazante. Si bien esconde una vampiresa interior, su exterior es poco relevante. No es ninguna beldad y su cuerpo no presenta señales de tuneo. Nada en ella delata su naturaleza de predadora sexual. No esperen que se presente como una bomba sexy de alargues platinados con bucles en las puntas, curvas sinuosas y voz de locutora vespertina. Lo más probable es que tenga pinta de bibliotecaria, de pueblerina inocente, de poca cosa.

Inicialmente se presenta como una bienintencionada criatura, como un ser dulce y angelical, moralmente intachable, esforzaaaada, cumpliiiida, educaaada, guaaapa, simpaaatica, iluminada por Dios, entusiasta de la paz mundial y protectora de las ballenas y recolectora de perros abandonados. Pero la realidad, es oscura, muy oscura. Bajo esta piel de cordero yace una loba más peligrosamente seductora que Shakira en minifalda. En el fondo hay una criatura maléfica, envidiosa, falsa, hipócrita e imperiosamente necesitada de estropear la vida del prójimo.


La mosquita muerta jamás se acerca a sus víctimas de manera directa. Ella siempre vuela en círculos a su alrededor (algo que debería delatar su naturaleza carroñera). Primero se hará íntima de algún miembro de su familia, o de algún amigo o incluso de su novia o esposa. Se pondrá en campaña chupando la media, adulando, agasajando sistemáticamente con regalitos y detalles y mostrándose siempre disponible para dar una mano, hasta ganarse la simpatía de su víctima y de todo su círculo más intimo. Pero recuerden queridos, ellas siempre tienen una agenda. Una vez que ha invadido por completo todo tu medio ambiente no parará hasta lograr su objetivo: controlar a todos, cautivar a la víctima y luego sembrar el caos. 

Nadie se salva de su ataque voraz y pernicioso ya que todos hemos sido víctima alguna vez en nuestras vidas de este bicho endemoniado. Sus tácticas de reproducción maravillarían al mismísimo Darwin por su efectividad. Armada de falsedades ella deja tras de sí la más absoluta devastación. Créanme querida lectoras, la mosquita muerta es la más letal de todas las plagas. Cualquiera que haya pasado por una lo puede confirmar. ¡Creanme, es peor que el dengue mis honeys!

martes, 12 de marzo de 2013

EL ARTE DE VIAJAR





Viajar es para mí uno de los grandes placeres de la vida. Pero ojo: no todo viaje es un viaje, pues todos sabemos que hay viajes y viajes. Si bien viajar por trabajo puede tener un valor agregado visto desde afuera, para quienes debido a su profesión viajan constantemente, los viajes tienden a convertirse en un verdadero suplicio. Los tiempos ajustados y el mismo ambiente laboral muy pocas veces permiten a quien viaja por trabajo vivir una experiencia local, distenderse y relajarse. ¡Y que es un viaje sino una experiencia!

Un viaje debe necesariamente crear las condiciones para que se produzca un momento de reflexión, de desconexión con nuestro día a día y de conexión con un ambiente distinto. Todo viaje debe significar una especie de escape de nuestro cotidiano, que nos permita lograr aquello que uno está buscando, que podría ser: relajarse, desenchufarse del trabajo, recargar las energías, aprender de otras culturas, vivir una experiencia, conectarse con los seres queridos o vivir una aventura. Si se producen cualquiera de estas situaciones, entonces habremos verdaderamente aireado un poco nuestras cabezas y viajado como se debe.

Cada día es más y más fácil viajar, hay un sinnúmero de ofertas, oportunidades, y algunas verdaderas gangas para hacerlo más de una vez al año. Pero viajar no es solamente treparse a un avión, atiborrarse de comida y de shopping. Todo viaje requiere una introspección para saber cuáles son los motivos que nos impulsan a hacerlo y qué necesitamos extraer de la experiencia. En caso contrario, qué sentido tiene viajar, si no trae consigo a la vuelta algo más que compras y cuentas. Sin embargo, si verdaderamente uno logra alcanzar aquello que estaba buscando, ya sea relajarse, divertirse, encontrar el silencio necesario para tomar una decisión, ver a su propia vida desde otro ángulo, entonces uno verdaderamente vuelve del viaje sintiéndose satisfecho y hasta podría decirse feliz.

Recuerden que viajar no es un capricho o una frivolidad. Viajar de manera inteligente, reflexiva y satisfactoria puede convertirse en una vivencia seria y trascendente y no una mera huída de la rutina donde lo único importante es estar lejos y subir muchas fotos al Facebook.

Para recorrer un lugar a fondo, y vivir una experiencia local, lo importante es adentrarse en la cultura, conocer a los locales, disfrutar de las cosas sencillas del lugar, saborear su gastronomía y el día a día, escuchar sobre la problemática social local. Para que todo esto sea posible es imprescindible mantenerse alejado de los lugares turísticos. Aléjense de las rutas, bájense del interminable carrusel de recorridos, tours programados, visitando monumento tras monumento y salgan a pasear por las calles, piérdanse en las ciudades, sigan los caminos donde les lleva su curiosidad: armen su propio itinerario y sigan su propia brújula. Si no te sacas una foto frente al Big Ben, o sosteniendo con tu mano la torre de Pisa o si decidís no entrar a la Sagrada Familia, tu experiencia no va a ser menos plena. Subir a la Estatua de la Libertad no te hace conocer mejor Nueva York y no tiene por qué  ser una visita indispensable para regresar a casa satisfecho. 

Alejarse de las rutas y tours  no implica que viajen como veleta a donde les lleve el viento. Requiere que lean antes de viajar, que se informen ya sea con libros de viajes o internet sobre las actividades que podrán hacer, los lugares que les podrían interesar más que otros, las experiencias de otras personas que les gustaría compartir, etc. Informarse previamente sobre la historia, la cultura y las características del país que van a visitar es algo fundamental.

Viajar implica desprendernos de la necesidad casi voraz de viajar por viajar, de prescindir tomar una pila de fotos y dedicarnos en vez a maravillarnos, a absorber la belleza que nos rodea con los ojos, registrar cada momento en el corazón, y poder decir a la vuelta que hemos vivido una experiencia tan intensa y grata que quedó grabada dentro nuestro, de manera a que podamos volver a ella cada vez que lo queramos.

Old Hollywood Glamour




La palabra glamour originalmente se utilizaba para describir a un hechizo que hacía creer a una persona que otra era atractiva. O sea que este hechizo idiotizaba al sujeto e idealizaba al objeto. A fines del siglo XIX el término se utilizó para referirse algún accesorio que realzaba la apariencia de alguien haciéndola ver más atractiva.

Pero fue en la era dorada de Hollywood cuando la palabra adquirió su acepción definitiva y se empezó a utilizar profusamente para referirse a la atracción y fascinación que una apariencia lujosa y particularmente elegante genera en los demás de hacerlos parecer mejores que en la realidad. Es que la industria cinematográfica se dio cuenta de que necesitaban glamorizar a sus estrellas para que generaran un mayor impacto en el público. Porque antes de que prosigamos, es importante que entiendan que el glamour, al contrario de la inteligencia y la belleza, es algo que se crea. Toda persona glamorosa ha trabajado para crear su propia imagen.

Por entonces los grandes estudios contrataban a sueldo fijo a las estrellas de la época para que trabajaran exclusivamente en sus películas. Al estar bajo contrato, los estudios producían la imagen entera de estas estrellas, transformándoles de pies a cabeza, cambiándoles los nombres  y sobre todo la apariencia. Los estudios acuñaron un sistema para volver glamorosos a sus actores. La transformación empezaba con el nombre. Así Norma Jean Mortenson se convirtió en Marilyn Monroe, Margarita Cansino pasó a ser Rita Hayworth y Betty Joan Perske obtuvo el glamorosísimo nombre de Lauren Bacall. Los hombres también tuvieron que hacer más glamorosos sus nombres, y así Issur Danielovitch pasó a llamarse Kirk Douglas y Archibald Leach se convirtió en Cary Grant.

Otro eje de la conversión era la distancia. Los estudios se dieron cuenta de que para que el hechizo funcionara, sus estrellas deberían parecer como si estuvieran a miles de kilómetros de la realidad ya que la familiaridad desgasta. Ellos debían estar como en otro plano, inaccesibles, lejanos de toda cotidianeidad, y totalmente desvinculados del día a día de los comunes mortales. Esta distancia era  necesaria para deificar a los sujetos, mediante ella los actores y actrices del viejo Hollywood adquirían una vida idealizada, que nada tenía en común con la de la gente ordinaria. Ellos no iban al mercado, para atenderlos las tiendas cerraban sus puertas; ellos llevaban estilos de vida glamorosos, desayunaban champagne y no resultaba imposible imaginar que decoraran sus arbolitos de navidad con diamantes. 

El misterio también era vital. Como el glamour requería de una imagen fabricada, los estudios creaban historias fantásticas sobre sus estrellas. Les inventaban pasados idealizados, adaptados a la perfección a la imagen que querían atribuir a sus estrellas. Lo fantástico es que siempre sabían el punto justo hasta el cual podían llegar con estas idealizaciones, sin llegar a pasarse jamás hasta el punto de que las personas ya no pudieran identificarse con ellas. Encontraban el punto justo para crear historias en  las cuales las situaciones jamás eran tan opacas hasta el punto de cubrirlo todo, ni tan transparentes para exhibirlo todo (como sucede hoy en día). El glamour era simplemente traslucido, mostrando sólo aquello que debía mostrarse, o sea, lo positivo. 

La imagen de las estrellas era vital. Esta imagen no acababa con su aspecto físico, extendiéndose además a sus vidas privadas. Cuando las cosas no marchaban bien, los estudios se encargaban de encubrir la situación. Si un actor empezaba a generar dudas sobre su orientación sexual, le proveían rápidamente de una esposa. Si una pareja de actores estaba en plena guerra marital, se encargaban de desmentir el asunto proveyendo fotos familiares idílicas y si una de sus estrellas se metía en un lío que podría afectar su carrera eran los primeros en salir en su auxilio. Fue muy famoso el caso de la muerte del marido de Jean Harlow, quien se cree había sido asesinado por una amante celosa con un tiro en la cabeza. Los encargados de la seguridad de la MGM llegaron al sitio antes que la policía y fabricaron una nota de suicidio  para hacer creer que su marido se había suicidado debido a su impotencia, ¡salvando de esta manera la dignidad de su estrella!

Pero donde el glamour se hizo más notorio fue en la apariencia física de las estrellas. El star system de la época se especializaba en dotar a todas las estrellas de un glamour externo fríamente calculado hasta en el más mínimo detalle. Lo primero que hacían era sacarles fotos magníficas, creando un estilo fotográfico llamado glamour photography, traducido a fotografía de glamour. En ellas todo estaba ideado para realzar la belleza de sus sujetos, poniendo énfasis en su sensualidad y encanto, valiéndose del vestuario, el  maquillaje, el estilismo, el ambiente y los accesorios empleados en el retrato. Si querían que una estrella se viera saludable, juvenil y vital la fotografiaban practicando un deporte al aire libre, si querían una imagen más inocente la fotografiaban con aves y animales pequeños para generar ternura, si querían dotarles de una imagen más sensual, la fotografiaban con lencería y estolas de piel.

Increíblemente, sin la ayuda de medios digitales disponibles hoy en día como photoshop, fotógrafos como George Hurrell, Man Ray y Cecil Beaton perfeccionaron el arte de retratar a sus sujetos como si fueran dioses, perfectos hasta en el más mínimo detalle, con una iluminación tan mágica que era capaz de generar glamour instantáneamente con sus juego de sombras en blanco y negro. Supieron exaltar las formas de sus sujetos, retratándolos desde el ángulo perfecto, bajo la luz ideal para imprimirles un sello de glamour que sería imborrable por el tiempo, fijando sus imágenes idealizadas para siempre en el celuloide de manera a que trasciendan.

Según el gran cineasta de la época Josef von Sternberg “El glamour es el resultado del chiaroscuro, el juego de las luces sobre el paisaje del rostro, el uso de lo circundante a través de la composición, a través del aura del cabello y la creación de sombras misteriosas en los ojos. En Hollywood estrellas tan distantes entre sí como Marlene Dietrich, Carole Lombard, Rita Hayworth y Dolores del Río, poseen y adquieren glamour, la técnica y la voluntad de refinar su propia belleza. Son la magia indescifrable del cine, la substancia de los sueños de una generación y del encuentro admirativo de las siguientes.”

Estas estrellas lograron perfeccionar con la ayuda de sus estudios y fotógrafos un allure tan fuerte capaz de mantenerse vigente hasta nuestros días, convirtiéndose en la epítome misma de lo que es el glamour. No es de extrañar que las estrellas contemporáneas intenten imitarlas en sus grandes apariciones en la alfombra roja, peinándose, maquillándose y vistiéndose al estilo de las grandes estrellas de antaño para ver si adquieren, como por arte de magia, un poquito del glamour que éstas tenían.