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lunes, 25 de julio de 2016

ANGEL Y TERA YEGROS: EL CONTAGIO DEL ARTE






En la familia Yegros sin lugar a dudas el arte es una cotidianeidad. Tera Yegros tuvo la fortuna de nacer en una familia de artistas. Su tía Lucy Yegros es una renombrada artista visual que ha recorrido el mundo con sus obras. Su madre, Adriana Almada, es una de las más respetadas críticas de arte de nuestro país y su padre es nada más y nada menos que el gran escultor Ángel Yegros, uno de los cuatro novísimos, grupo de artistas que agitó la escena del arte paraguayo con su aparición en 1964.

Tera creció en el campo, entre los libros de su madre y la chatarra industrial que su padre iba transformando en impactantes esculturas que luego serían exhibidas en importantísimas Galerías y Museos del mundo entero. Creció rodeado de naturaleza y de cultura, en un ambiente absolutamente creativo, con padres que lo alentaban a seguir sus sueños y pasiones, predicando con el ejemplo, ya que ambos seguían firmemente las suyas. Como dice su padre: no es de extrañar que el arte “se le contagiara”.

La veta artística de Tera lo llevó a dedicarse al diseño industrial, desde donde le toca transformar el metal con un propósito diferente al de su padre, pero de una manera igual de creativa. Desde 2009 realiza trabajos de diseño y producción de mobiliario, integrando a veces, a la par que su padre hace con sus esculturas, material de recuperación.

En esta edición especial por el día del padre, decidimos entrevistar a este dúo tan creativo de padre e hijo, quienes además del ADN llevan la impronta artística en sus venas.

ANGEL YEGROS
Además de la escultura, ¿también te dedicás al diseño de accesorios y objetos?
Yo no diría accesorios ni objetos. Para mí siempre son esculturas, aunque sean de pequeño formato y cumplan alguna función específica. Por ejemplo, las joyas que vengo realizando desde hace muchos años y, más recientemente, la colección de recipientes escultóricos para los perfumes que yo mismo creo, a partir de plantas nativas. Utilizo las hojas, las raíces, los brotes, las flores, dependiendo de los casos.

Como padre, ¿cual fue tu granito de arena para acercar a tu hijo al mundo del arte y de la cultura?
Creo que fue sencillamente un contagio. Yo no hice nada especial para que él se acercara al arte y la cultura. Fue, simplemente, nuestra manera de vivir.

Cuando Tera era pequeño, ¿te imaginabas que haría algo vinculado al arte?
Sí, porque las cosas que Tera hacía evidenciaban su creatividad. Siempre estaba fabricando algo. Como vivíamos en el campo y no tenía juguetes sofisticados ni televisión, encontraba mil maneras de divertirse. Con los hermanos hacía casitas en los árboles, inventaba aparatos para deslizarse de una rama a otra, carros para transportarse en medio de las plantas… Y dibujaba muy bien. Dibujaba mis obras. En uno de los catálogos de una exposición que hice en la Galería Michèle Malingue, al lado de una escultura mía se publicó el dibujo de Tera, que tenía entonces cuatro años.

¿Qué crees fueron los factores que desencadenaron que Tera decida dedicarse al diseño? ¿En algún momento lo proyectaste para él o fue una sorpresa?
Fue una sorpresa, aunque siempre supe que su destino estaba ligado a alguna actividad creativa. Pero lo suyo también es técnica, y eso es importante. No sólo imaginación, sino también rigor. Él fue descubriendo solo su camino y nuestra casa fue un buen laboratorio de experimentación para sus primeros proyectos de mobiliario.

Me imagino que como padre estarás muy orgulloso de tu hijo. ¿Qué es lo que más te enorgullece a nivel laboral?
La inteligencia y el tesón para lograr sus objetivos.

¿Qué te gustaría que te diseñe Tera?
Una mesa de noche.

¿Cómo te gustaría que te recuerde siempre tu hijo?
¡Como un padre loco!

TERA YEGROS
¿Qué se sintió crecer inmerso en el mundo del arte, con un padre escultor, una tía artista y una madre crítica de arte?
Fue natural, no imagino mi vida de otra manera. De mi padre me fascinó siempre la capacidad de transformar la materia, de convertir desechos industriales en obras de arte y en objetos utilitarios literalmente fuera de serie, únicos; y su pasión por la naturaleza, por las formas vivientes, que él había heredado también de su padre, gran enamorado de las plantas, en especial las orquídeas. Mi hermano Arapy y yo nacimos y crecimos en una quinta fuera de Asunción, con un jardín enorme, en partes salvaje, que mi padre había diseñado y cuidaba personalmente. Ahora veo cómo todos esos años de infancia fueron modelando mis intereses y también los de Arapy, que se dedica al audiovisual. De mi madre aprendí la importancia de crear un hábitat bello y agradable para vivir. Creo que me transmitió su pasión estética, su rigor y su perfeccionismo, tan necesarios cuando se trabaja en diseño e interiorismo. De mi tía me impresionó su concepción del arte como juego y el uso del guaraní en su obra. Tuve una hermana que dibujaba maravillosamente y escribía libros de cuentos. Se llamaba Luciana, igual que mi tía.

¿Cual fue tu primer vínculo con el arte?
No recuerdo, porque nací inmerso en un mundo de arte. Me cuentan que cuando tenía 2 ó 3 años mi padre me dejó un momento solo en el taller y al volver me encontró golpeando con un martillo todos los hierros que había alrededor. Supongo que ya se estaba despertando mi espíritu creador. A los 6 años tomé cursos de arte con Engelberto Giménez y Carlos Solano López. Y durante unas vacaciones, a los 7 años, conocí en Montevideo la obra de Torres García y en Punta del Este la casa de Páez Vilaró. Quedé fascinado con todo lo que vi en ese viaje y a partir de allí fui adentrándome más en el mundo del arte.

¿Cómo te alentaron tus padres al inicio de tu carrera?
Desde que yo era muy chico guardaban con mucho cariño mis dibujos, me daban muchos materiales para pintar, dibujar y hacer esculturas. También me llevaban a museos, galerías de arte y exposiciones. En la quinta teníamos varios estanques (les decíamos “lagunitas”) y me gustaba quitar el barro de las orillas para hacer muñequitos. Cuando estaba por terminar el colegio y les comenté que quería estudiar arquitectura (que fue la carrera que empecé antes de estudiar diseño industrial) y me alentaron mucho. Mi padre me regaló todos sus libros de arquitectura (él cursó la carrera, una parte en Paraguay y otra en Argentina) y mi madre me traía de cada viaje nuevos libros sobre arquitectos visionarios. Después de un año y medio de estudiar arquitectura conocí más sobre diseño industrial y me di cuenta que ésa sería mi profesión. Mis padres me apoyaron. Siempre me dijeron que lo más importante es hacer lo que a uno le gusta, lo que a uno le apasiona, pues solo así el trabajo se transforma en placer y se pueden lograr grandes resultados.

¿Cuáles son las cosas que te inspiraron de tu padre para vincularte con el arte a través del diseño?
Como te dije antes, me inspiró su capacidad de transformar cosas sin valor en piezas de arte, esa capacidad de crear formas, sensaciones y objetos delicados.

¿Cuánto de escultórico tienen tus diseños?
Probablemente muy poco en comparación con las obras de arte de mi padre y otros artistas. Desde el diseño, creamos productos que deben cumplir funciones específicas; la forma suele en muchos casos ser el resultado del desarrollo de una serie de requerimientos. Como diseñadores, debemos procesar todos estos requerimientos para convertirlos en piezas de diseño.

¿Qué elementos locales te inspiran para crear tus diseños?
Como te dije que pasé mi infancia en el campo, por lo que me inspira la naturaleza, las formas, los colores y las texturas de los bosques y animales del Paraguay. Tener en cuenta la cultura del lugar es muy importante para familiarizar a las personas con el diseño, ya sea de espacios o mobiliario.

¿Cuál es tu proceso creativo?
Siempre busco congeniar la función con la forma. Además de eficiente, un objeto debe ser, en lo posible, bello y atractivo. Para empezar a diseñar hago muchos bocetos, dibujos técnicos en la computadora en 2 y 3 dimensiones, hago prototipos a escala 1 en 1 y los voy corrigiendo hasta llegar al resultado esperado. Con mi novia, Ana González, hemos creado el Estudio Apu’a, que no tiene un año todavía y ya está desarrollando importantes proyectos de interiorismo y equipamiento mobiliario. A principios de este año participamos en el Salón Nude de la Feria Hábitat, en Valencia (España), con excelentes resultados.

¿Existe alguna característica de tu diseño o algún conocimiento que estás seguro que te vino por herencia paterna?
La fascinación por el metal es herencia paterna… Es el material que mi padre más ha utilizado en sus obras. El me enseñó a soldar; siempre me fue familiar estar rodeado de metal y con él pude conocer diferentes maneras de usarlo. En mis diseños lo utilizo  por las características óptimas que presenta: la precisión con la que se lo puede trabajar, la resistencia que tiene, la variedad de acabados que permite y la larga duración en condiciones adecuadas. Existe una gran variedad de metales, pero el que más utilizo es el acero en sus distintos tipos. Y volviendo a mi padre y su influencia en mi carrera, puedo decirte que una vez, hace muchos años, me hizo un regalo premonitorio, cuando yo aún ni pensaba en el diseño. Me regaló una escultura pequeñita, un juguete, que era un banco, y tenía escrito en la parte del asiento la palabra “Apu’a”. Yo me había olvidado por completo de ese juguete, que en una mudanza se había extraviado. Lo reencontré hace poco, al regresar de la feria de Valencia, donde Ana y yo presentamos la marca Apu’a. ¡No lo podía creer!

¿Qué le diseñarías hoy a tu papá para homenajearlo?
Un atelier. Puedo ver cómo trabaja y darme cuenta de las cosas que necesita y quisiera tener en su taller. Me gustaría diseñarle un espacio de reflexión y creación, pero al mismo tiempo un espacio para exponer su obra.


jueves, 26 de mayo de 2016

ICON PHOTOGRAPHER: GABRIEL MACHADO





Nacido en 1966 en la Provincia de Buenos Aires, tras estudiar publicidad y sin ninguna experiencia previa más que el don de hacerles buenas fotos a sus amigos decidió aventurarse en el mundo de la publicidad en 1993 junto a su amigo José Cicala. Al sumarse dos años después Fabián Morassut nace Machado Cicala Morassut, uno de los más importantes estudios fotográficos de Argentina.

Gabriel Machado tiene el talento para captar la esencia de sus retratados, por lo que se ha convertido en uno de los fotógrafos preferidos por celebrities no solo de su Argentina natal, sino del mundo entero. A pesar de tener un currículum que dejaría mudo a cualquiera - Cher, Kate Moss y Al Pacino son solo algunas de las estrellas que han pasado por su lente-  Gabriel ostenta la sonrisa fácil de las almas nobles y una tremenda humildad que lo hacen aún más carismático.

¿Cuál fue tu primera experiencia con la cámara?
La primera experiencia que tuve fue en la adolescencia, una camarita de las que tenemos todos en nuestras casas. En el viaje de egresados o en todos lados, siempre las mejores fotos de la gente eran las mías y todos me pedían que les hiciera la foto. Pero no me daba cuenta que podía llegar a ser fotógrafo, así que no fue una cosa pensada. Siempre estuve conectado con la imagen, con la belleza, con los colores, con dibujar, siempre pinté. Pero no asociaba eso a la fotografía. La fotografía, vino mucho después, a los veintisiete años, y de un día para otro, cuando tomé la decisión con José Cicala de armar un estudio fotográfico.

¿Tuviste un inicio totalmente empírico?
Nunca estudié nada. Nunca estudié fotografía y sigo sin saber nada de fotografía. Solamente se agarrar una cámara y disparar. Qué se yo, es como Bárbara Streisand que nunca estudió canto y tiene la mejor voz del mundo; o Paco Lucia el mejor guitarrista y nunca estudió, toca de oído. Acá el mejor actor, Ricardo Darín, nunca estudió actuación. ¿Será la intuición? No sé qué es. Uno nace con ese don de la belleza. Como decía una frase de Pablo Neruda que me la pasó Nacha Guevara: “tengo un pacto de amor con la hermosura”. Me encanta, la tomé como mía y la cito siempre porque es un pacto de amor, pero no por la hermosura por la gente bella, por la hermosura de disfrutar la vida, la hermosura de un café con leche, la hermosura de un amanecer, la hermosura de estar vivos. Viste, tengo un pacto de amor, desde chico, muy de disfrutar, muy de comerme la vida en cada momento. Soy muy pasional con mi vida, con la vida en general.

¿Y de qué te nutrís a nivel creativo para generar después imágenes?
Lo que más me gusta y creo que lo único que me gusta es el teatro. Veo mucho pero mucho teatro. Suelo ir hasta cuatro veces por semana porque me encanta. He llegado a ver una misma obra 50 veces. Para los actores, que vaya tres veces significa que no me gustó. Y me dicen “no te gustó, la viste tres veces nada más, no te gustó tanto”. Me encantan los actores, me dan mucho. Es como digo yo el restaurant del  alma. Me nutre, me llena, me hace volar. Luego, yo en las fotos  llevo a las celebridades, a las modelos y a las actrices, a un lugar como de dirección teatral. Les digo: “está pasando esto, llegaste al balcón y miraste” y los voy llevando. Me gusta ese juego de imaginación que se crea para generar miradas, o situaciones, o poses. Miro siempre las poses, las manos,  y siempre creo frases que sean fáciles para que el que está en frente mío capte. Le digo a una mujer “estate soberana” o “te quiero frágil”. 

¿Cómo fueron tus inicios?
José Cicala y yo, año ’93, éramos letristas y en ese momento trabajábamos en complejo La Plaza pintando los tres subsuelos del complejo (las flechas que marcan el estacionamiento hecho por nosotros, Machado-Cicala). Ya estábamos los dos casados y con hijos y no sé, comiendo una hamburguesa en el McDonald’s de La Plaza dijimos: “¿por qué no abrimos un estudio y le hacemos fotos a actores? Empecemos”. Y tuvimos mucha suerte rápido, porque uno  de los primeros días vino Diego Impagiazzo (que ya era conocido por peinarle a Valeria Mazza) junto con el actor Hernán Kuttel. Diego me dijo “si querés te traigo una modelo” y trajo a Lorena Giaquinto que en ese momento se había cortado el pelo cortito blanco y era como famosa. Las fotos las ve Piñeiro por casualidad y nos llamó en seguida para hacer el libro entero de su agencia. Desde que empezamos hasta que empezara a irnos bien pasaron solo tres meses, fue muy rápido todo y de ahí no paramos más.

Por lo visto fue el momento justo.
Sí, como digo yo. Ahora hay fotógrafos que salen de debajo de las baldosas, todo el mundo es fotógrafo, hay un código fotográfico instalado que con el celular todos  se creen fotógrafos, y lo son. Hace veinte años atrás no era normal sacar fotos todo el tiempo, ahora se está mucho más pendiente de las fotos y se fomenta más la vocación de fotógrafo. Además hay un código fotográfico, que es casi como hablar, porque vemos imágenes, vemos imágenes, vemos imágenes, todo el tiempo, todo el tiempo de todo el mundo entonces es como muy normal. Hoy hay mucha más competencia,  y la vocación está mucho más en la sociedad como profesión.

 ¿Y cómo era el primer estudio?
El primer estudio en Congreso, era del tamaño de un pañuelo; era como una cajita de zapatos. Para hacer el cuerpo entero de las modelos teníamos que abrir la puerta e irnos hasta el odontólogo, que estaba al otro lado del pasillo. ¡Te juro!

¿En qué momento sentiste por primera vez que lo habías logrado?
Y el primero fue en el año ’98, cuando hicimos fotos a Cindy Crawford que venía especialmente a la Argentina y no podíamos creerlo, hacerle fotos a Cindy Crawford, sobre todo que era la modelo del momento y después tuvimos la posibilidad de hacerle fotos a Kate Moss dos veces. Después nos llama Cher, desde Estados Unidos especialmente para hacer las fotos de su disco y viajamos allá tres veces a hacer fotos a ella. Hicimos las fotos de tour y también las fotos del último disco para el cual viajamos especialmente allá.

¿Cómo los conoció Cher?
Por nuestra amiga Lucila Polak que es la novia de Al Pacino y vive hace mucho tiempo en Los Ángeles. Lucila nos conectó con una amiga de Cher y le hicimos fotos a esta amiga de Cher sin tener en cuenta nada. Cher ve las fotos, y le encantaron y dijo “cuando haga las fotos del álbum voy a llamar a éstos fotógrafos argentinos”. Lo tomamos como un cumplido en su momento pero después nos sorprendió cuando a  los seis meses nos llama la discográfica si podríamos viajar el veinte de julio para hacer las fotos a Cher. 

¿Te queda algún sueño por cumplir?
He retratado en estos años a gente que jamás esperé retratar. De la comunidad artística de Argentina por suerte a todos y también a Al Pacino, Antonio Banderas…. Tal vez un sueño por cumplir, sería poder hacer una película.

¿Qué es lo que te apasiona de los retratos fotográficos?
A mí me gusta tener personas adelante mío, no me gusta hacer paisajes. Me mueve la parte altruista o psicológica, o la parte donde vos cuidás o elevás el ego de las personas cuando les haces una buena foto y está bueno eso. Yo digo, una buena foto te evita tres años de terapia. Para trabajar con personas cuido un montón de detalles. Nunca en el primer cambio voy a decir “no me gusta, cambiale”. Aunque no me guste, le hago las fotos igual. Las personas son muy vulnerables frente a la cámara y al decir “no me gusta” le bajás la energía. Las buenas tomas se van logrando de a poquito. Todo tiene que ser muy con mano de seda. Si hay algún cambio que hacer, yo lo hago tranquilito. Pero no decir “no”, porque la palabra no en una situación así es muy fuerte. 

¿Cómo te relacionás con éste mundo digital de la imagen?
Extraño mucho lo otro. Yo viví muchos años de lo analógico, del rollo, de revelar y se extraña, yo lo extraño. Es como mandar una carta por correo o escribir. No sé. Un mail es más frío, es como otra cosa. Se pierde la expectativa. Era otro romanticismo. Quizá para la camada de fotógrafos que vienen directamente con lo virtual es diferente, pero a nosotros que vivimos muchos años del revelar, del rollo, de llevar, de esperar, todavía nos queda un resabio de aquel momento Te queda la nostalgia del movimiento de la cámara, de girar la manilla y ese ruido, de sacar el rollo; era todo una mística que se perdió, y se extraña. Es más, muchos y muchos fotógrafos están volviendo a hacer rollo porque quieren recuperar esa magia.

 ¿Tenés alguna anécdota graciosa para compartir con nosostros?
Teníamos una producción de quince chicos con buen cuerpo con una actriz, y todos los chicos tenían que estar desnudos. Habíamos alquilado una Van para llevarlos a un palacio. Entonces todos los chicos subieron y luego llega otro chico y me dice “yo vengo por las fotos”, le digo “subí, subí”. El chico terminó totalmente desnudo y recién cuando termina la sesión viene y me dice: “yo venía a averiguar por el book….”

¿Cómo definís tu estilo?
Mi estilo es…ponderar la belleza. O sea, no me dejo llevar tanto por las cosas de la modernidad, me gusta más tirar a lo clásico, me gusta más lo antiguo que lo moderno, me gusta el Hollywood de los años ’40. Lo más clásico nunca va a pasar de moda. Es como escuchar los Beatles, es algo que no va a fallar nunca. Aunque juego también con la descontractura y el pelo profundamente desprolijo, lo disfruto pero siempre me encausa para el lado de la belleza clásica, que estén lindos y que esa foto pueda perdurar como un Valentino, como un Chanel, y no una cosa moderna que dentro de dos años te va a parecer horrible. 

¿Y enseñaste alguna vez? ¿Diste cursos?
Sí, ya estamos armando el tercer workshop y queremos ir a Paraguay a hacer una masterclass. Nunca estuve en Paraguay así que quiero ir.


FIORELLA Y CRISTINA ENCISO SOSA DE GALLI – CON LA FILIGRANA EN LA SANGRE






Fiorella y Cristina, madre e hija, crecieron en el mundo de la joyería. Además de los lazos de sangre que las unen, también se ven unidas por lazos de filigrana, la pasión que ambas comparten y que siempre estuvo presente en la actividad familiar. Ambas son descendientes del gran Cirilo Sosa, uno de los grandes artesanos joyeros de la filigrana. El apellido Sosa está por ende entrelazado con la filigrana y la joyería tradicional paraguaya.

Cristina, junto a su marido Guido Galli, encabezan la joyería Luxor, una de las joyerías más tradicionales y conocidas de nuestro país. No es de extrañar, que su única hija, Fiorella, decidiera seguir la tradición familiar. Pero Fiorella hizo mucho más que meramente seguir una huella. Ella labró su propio camino, innovando en cuanto a diseño y concepto, con una de las técnicas más antiguas de la joyería: la filigrana. Fiorella logró darle un giro de tuerca a lo que se venía haciendo desde hacía siglos con la filigrana en Paraguay, incorporando motivos más modernos y nuevos materiales (desde zircones hasta fibra de caraguatá y palo santo), y transformando completamente este rubro, generando una renovación y resurgimiento del mismo.

Conozco a ambas desde hace mucho tiempo y sé que el lazo que las une es más fuerte y precioso que el oro. Las une el amor y  la pasión, trabajando siempre codo a codo con una complicidad total. Cristina rara vez logra ocultar lo orgullosa que Fiorella le hace sentir, así como Fiorella no puede contener la admiración por estos padres que le inculcaron tantos valores como la pasión en el trabajo y el amor por la familia y la tradición.


CRISTINA ENCISO SOSA DE GALLI
A vos, a la par que a tu hija, te tocó crecer en el mundo de la joyería. ¿Cómo fue esta experiencia para vos?
Empecé a ayudar desde muy chica, ya a los 7 años hacia los inventarios, me ocupaba de hacer los regalos y  paquetes, participaba del negocio familiar  y aprendía del quehacer de joyería en el día a día con mis padres. Cuando fui más grande y ellos viajaban, yo me quedaba a cargo, pero era todo mucho más tranquilo que ahora, estamos hablando de 1958 cuando se abre Luxor. Y cuando me recibí me metí a trabajar a full y me ocupaba de lo que hoy seria la imagen de la joyería,  con las vidrieras y empecé a viajar con mis padres para comprar joyas y piedras a Argentina.
A los 21 viaje a Suiza a seguir lo q me apasiona también que es la sociología, allá estudie 8 años. El último tiempo también me vinculé al mundo de la relojería Suiza. Mi papá ya había llevado a Paraguay la representación de la marca de relojes Longines, entonces me dieron la oportunidad de trabajar en la fábrica de relojes Longines en Suiza. Luego trabajé en otra que se llamaba Fortis, donde me encargué del mercado latinoamericano, y ahí me nacieron de nuevo las ganas de volver a mi país a trabajar en el negocio familiar  

También te dedicás al diseño. ¿Esto es algo que aprendiste de tus padres?
En esa época se fabricaba muchas joyas de filigrana en oro y pude aprender de mi mamá a administrar una joyería que es muy diferente, a una empresa común, los clientes eran muy sencillos en esa época, porque no existía o no se conocía el concepto de diseño de joyas. El diseño de despertó en mi cuando trabajando en Fortis, veía que cada dos meses sacaban una nueva colección. Ahí nos pedían que demos nuestra mirada a los diseños de acuerdo al mercado con el cual trabajamos, y ahí me di cuenta que me gustaba diseñar. Es así que cuando llegué de Suiza, venía de estar en muchas ferias de joyería y buscando lo que había visto allá, y como por aquí no había, empezamos a diseñar con mamá. Ella me guiaba sobre el gusto de los clientes de acá, y así íbamos haciendo las joyas . 

Fio siempre me habla de su abuelita, ¿me podrías contar más sobre ella?
Mi abuelo Cirilo Sosa, fue uno de los primeros joyeros en Luque. Hacia filigrana y joyas en oro, ya que en esa época el producto principal era la filigrana en oro. Vivieron allá hasta después de la guerra, y luego vinieron y se establecieron en Asunción, frente a lo que era el cine Granados. Inauguraron la Joyería Sosa, sobre Estrella en el centro y ahí mi mamá, que era la mayor, desde muy chica, atendió en el mostrador. Ella atendía a los clientes y se empezó a formar en el manejo de la joyería. Mi abuelo trabajó siempre como maestro joyero, y mi mama era la que estaba en contacto con el cliente. Trabajó con su familia hasta que tuvo la idea de formar su propia joyería con su hermana. Fueron muy modernas para su época, al abrir su joyería juntas y empezar a traer relojes. Era una mujer muy emprendedora y empresaria , en una época que no era común , como ahora. 

Cuando Fio era chiquita, ¿te imaginabas que seguiría tus pasos y que encima se destacaría tanto nacional e internacionalmente?
Nunca se me pasó por la mente, porque ella no se quería luego poner joyas y no le gustaba dibujar, no se podía quedar quieta, entonces era muy difícil imaginarla quieta, dibujando una joya con tanta paciencia. Fio quería ser independiente, cuando estaba en el colegio no quería trabajar con nosotros, ella trabaja desde los 16 años, porque quería, porque no se podía quedar sin hacer nada en las vacaciones, entonces fue una hermosa sorpresa cuando decidió dedicarse a esto. No me esperaba pasar por esto, en realidad me la imaginaba en las artes, pero como bailarina o actriz, ya que de chica se destacó en eso, y después cuando empezó a estudiar comunicación, me la imaginaba como periodista y en programas de televisión.  

¿Cuáles crees que fueron los factores que desencadenaron que Fio decida dedicarse al diseño? ¿En algún momento lo proyectaste para ella o fue una sorpresa?
 Ella comenzó sola. Un día vino  y nos empezó a preguntar nuestra opinión sobre lo que estaba haciendo. A mí me gustó, y le animé a seguir. Pienso que el haber tenido éxito en sus primeros diseños, hizo que ella se animara a continuar junto con nuestro apoyo, el mío y el de su papa, como parte de la joyería. 

Me imagino que como toda madre estarás muy orgullosa de tu hija. ¿Qué es lo que más te enorgullece de su trabajo como diseñadora de joyas?

Su enorme creatividad e imaginación para hacer joyas, y que haya elegido la filigrana como medio de expresión, porque creo que le vino en la sangre por mi abuelo, y eso me emociona mucho. Ya a su abuela le emocionaba porque decía que su abuelo hizo que ella se dedicara a la filigrana, porque ninguno de nosotros le había contado la historia antes para que ella pensara en eso, surgió de ella solita nomas. También  me llena de orgullo el hecho de que haya hecho evolucionar a esta técnica como lo hizo.  

¿Qué te gustaría que diseñe Fio para homenajearte en tu día?
Una linda pulsera que me recuerde a ella todos los días, porque me encantan las pulseras. 


FIORELLA GALLI
¿Qué se sintió crecer en el mundo de la joyería?
En realidad, ahora de grande recién me doy cuenta del mundo en el cual crecí, para mí era el trabajo de mi familia, y me gustaban las joyas, inconscientemente iba asimilando todo lo que me rodeaba. Viajar a las ferias de joyas de Milán, eran las vacaciones con la familia. Cuando visitábamos a mi abuela en Suiza, también visitábamos la fábrica de relojes, lo que para mí era súper divertido. Yo jugaba en un rincón y me perdía por la fábrica, mientras mis papas miraban la colección de relojes. Soñaba ser parte de ese mundo algún día, pero no sabía todavía cómo iba a ser parte, pero algo me decía que ahí iba a ser feliz. 

¿Cuáles son las cosas que te inspiraron de tu madre y de tu padre para decidir seguir sus pasos?
De ellos aprendo todos los días sobre cómo trabajar en una empresa joyera, porque mi mama lo lleva en la sangre, y conoce de procesos, piedras y tiene muy buen gusto, es mi auditora ultima, si a ella no le gusta, no pasa el filtro el diseño. En cuanto a mi papa, él se enamoró de la joyería, del quehacer joyero y se volvió experto. De él aprendo el trato con el cliente  y su devoción al trabajo bien hecho como un reloj suizo. Me inspiran a seguir aprendiendo de ellos todo el tiempo posible. 

¿Alguna vez te sentiste presionada por seguir la tradición familiar?
Digamos que al principio no, pero cuando empecé con la marca Fió, es como que me comprometí mucho más, y ya no pude dar un paso al costado. Es difícil sostener 58 años de trabajo de tres generaciones, pero hago el intento y con mi toque, que era lo que más me preocupaba. Yo no quería seguir la tradición por seguir nomas, sino que realmente quería que fuera el trabajo que haría aunque no me pagaran, mi pasión realmente. Y lo siento así.
  
¿Cómo te alentaron tus padres al inicio de tu carrera?
Mis papas creyeron en mi proyecto y me alentaron con todo lo que yo les presenté. Ese apoyo lo valoro muchísimo, porque se q a veces, muchas personas no cuentan con eso para lanzarse, y también estuvieron presentes en todo momento, no es que me dieron las herramientas y ya, sino que me ayudaron a q todo suceda con el ejemplo.  

¿Para vos que es lo más valioso de seguir la tradición familiar?
¡Qué buena pregunta porque nunca me había planteado! Ahora que pienso, creo que es el pertenecer a una historia familiar, que si lo pienso bien, es como que espontáneamente se repite una historia, de tres mujeres, de distintas generaciones, en tiempos distintos, y creo que cada una en su momento le supo dar un toque particular  a esta tradición. Es como que cada una tuvo su misión, dentro de esta historia y espero estar cumpliendo con la mía.  

¿Existe alguna característica de tu diseño o algún conocimiento que estás segura que te vino por herencia materna?
Creo que el amor por las piedras y la idea de combinarlas. A las dos nos encantan las piedras, y podemos estar horas inventando combinaciones. Cuando vamos a las ferias, podemos estar todo un día en un proveedor de piedras sin darnos cuenta, es fascinante ese mundo, y la verdad que eso lo aprendí de ver a mi mamá trabajar con ellas. 

¿Qué le diseñarías hoy a tu mamá para celebrar su día?
Y le voy a cumplir el deseo, una pulsera de filigrana para ella exclusiva.