Mostrando entradas con la etiqueta lifestyles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lifestyles. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de julio de 2015

Emmanuelle Alt: Simplemente Chic





Emmanuelle Alt es la personificación perfecta del chic parisino. Hermosa, elegante, relajada e inteligente, Emmanuelle se convirtió rápidamente en un ícono contemporáneo de la moda.

Empezó trabajando como estilista en la Vogue parisina bajo la dirección de la gran Carine Roitfeld. Cuando Carine llegaba a los desfiles y eventos acompañadas de sus asistentes de Vogue causaban sensación por la combinación perfecta de belleza, elegancia y chic de este grupo que rápidamente fue apodado por la prensa especializada como “las Voguettes”. Tras la polémica salida de Carine Roitfeld en el 2011, Emmanuelle tomó las riendas de la Vogue francesa como Editora en Jefe. Mucho menos controversial que su predecesora, Emmanuelle asegura que es perfectamente posible producir imágenes fuertes sin choquear.

Emmanuelle nació en 1967. Antes de convertirse en una celebridad de la moda, se crió en una familia parisina acomodada y estudió en el Assomption-Lübek de París, un colegio privado católico muy selecto. Se enamoró de la moda tras asistir a un desfile de Jean Paul Gaultier en Porte de la Vilette, al cual le llevó su madre, Françoise, una ex modelo de los años 60 y 70 que había desfilado para Nina Ricci y Lanvin. Sus primer trabajo en la moda fue en las revista Elle, para la cual empezó a trabajar en 1984 con tan sólo 17 años. A los 26 años se convirtió en la editora de la revista 20ans y luego fue contratada por la revista Mixte como editora. Carine Roitfeld, admirando su trabajo para esta publicación, la contrató en el año 2000 al tomar las riendas de Vogue y la convirtió en su brazo derecho.

Hoy en día es una influyente mujer del mundo de la moda. A pesar de estar a la cabeza de la revista Vogue francesa y percibir un sueldo de más de 25.000 USD al mes, acostumbra editar ella misma la tapa y al menos una de las producciones de moda.

En cuanto a su vida personal, Alt tiene dos hijos, Antonin de 16 y Françoise de 9, junto a su marido Franck Durand, el editor artístico de la marca Isabel Marant.

Al tomar las riendas de Vogue, confesó en una entrevista que era muy raro para ella editar esta publicación, afirmando  que “es como decorar un apartamento en el que uno ya ha vivido por más de 10 años. Sabía que qué quería cambiar. Quería ver las cosas con humor, presentar ideas e imágenes que hicieran reír o sonreír a la gente. Soy una persona feliz.”

Alt acompaña su trabajo en la revista con el que desempeña como estilista freelance para campañas de publicidad de marcas como Gucci, Isabel Marant, Giuseppe Zanotti y Balmain. Además de campañas, también ha hecho el estilismo para los desfiles de estas marcas.

Su manera de vestir es sobria pero precisa. Es de las que ha vuelto del negro su uniforme. Es habitual verla con pantalones de cuero o jeans estrecho, blazers de corte perfecto y camisas y remeras simples. Sabe volver estiloso al look básico incorporando detalles de diseño, buena sastrería, unos buenos pares de zapatos, una cartera espléndida y algún detalle inesperado. El pelo al viento, la cara lavada y un semblante relajado la hacen ver siempre cómoda en su piel y dan la sensación de que el estilo es algo tan natural en ella que ni siquiera tiene que esforzarse para verse cool. Así Emmanuelle flota en una nube de sencillez femenina y descontracturada totalmente alejada de la antigua imagen de sofisticación francesa y firmemente anclada en la imagen de una mujer independiente, práctica y chic.



martes, 5 de agosto de 2014

Slim Aarons: Una maravillosa vida




Slim Aarons, cuyo nombre verdadero es George Allen Aarons, pero que se ganó el apodo de “Slims” por su delgadez, nació el 29 de octubre de1916 en Manhattan. Encabezó la lista de los fotógrafos de la alta sociedad y de celebridades europeas y americanas desde los años 50 hasta inicios de los 80.

A los 18 se enlistó al ejército de los Estados Unidos y se convirtió en fotógrafo en la prestigiosa Academia Militar de West Point, desempeñándose como reportero fotográfico de combate durante la Segunda Guerra Mundial, donde perdió a su hermano gemelo y obtuvo una Medalla de Honor por su desempeño.

Al finalizar la guerra se instaló en California donde comenzó la mundana tarea de fotografiar a celebridades. A partir de los años 50 se inicia como fotógrafo del Jet Set, dedicándose por entero a retratar el mundo lujoso y glamoroso de Hollywood y de todos los personajes célebres de la época. Construyó su carrera en base a sus fotografías de la alta sociedad, como él mismo decía, simplemente “fotografío a gente atractiva, que hace cosas atractivas en lugares atractivos.”

En 1957 realizó una de sus fotografías más conocidas “Los reyes de Hollywood”, una imagen en la que aparecen juntos frente a una barra, compartiendo risas y tragos Clark Gable, Van Heflin, Gary Cooper y James Stewart. En esta foto estos reyes de la gran pantalla aparecen retratados relajados y con absoluta naturalidad, llevando a los espectadores a sentirse parte de ese instante íntimo compartido por las estrellas.

Toda la fotografía de Aarons se caracterizó por este acceso a un mundo privado y maravilloso, como si nos estuviera permitiendo un atisbo al mundo reservado de los ricos y famosos. Slim Aarons era invitado por ellos a sus fiestas, a sus eventos familiares y a sus vacaciones, para capturar sus vidas y su impecable lifestyle. En el 2002, en una entrevista al periódico inglés “The Independent” afirmó: “conocía a todos, ellos me invitaban a sus fiestas y sabían que no les causaría ningún daño. Yo era uno de ellos.”

A pesar de gozar de una estrecha familiaridad con sus retratados que lo hacía parte de ese mundo fastuoso, Aarons no venía de una familia acaudalada. Sus orígenes eran muy humildes. Se trataba del clásico chico extraño a ese mundo al cual ahora se le permitía acceso, fotografiando desde adentro con una mirada desde afuera y una idealización de sus sujetos. Cuentan que de  niño solía ir a Broadway y esperar horas afuera de los teatros por la oportunidad de sacar alguna foto a los actores y actrices famosos para luego enviárselas por correo para que las autografiaran.





Tuvo una carrera maravillosa que duró seis décadas y le permitió llevar una vida igual de maravillosa. Trabajó para las mejores revistas de la época, “Town and Country”, “Life”, “Holiday”, “Vogue”, “Harper’s Bazaar” y “Travel and Leisure”, entre otras. Gracias a su trabajo viajó por todo el mundo, visitando destinos glamorosos como Capri, Sardegna, la Riviera francesa, Atenas. Su trabajo también le permitió conocer a todas las celebridades de la época. Retrató a la familia Kennedy, a la familia Bogart Bacall, Marilyn Monroe, Grace Kelly, Babe Paley, Cee Cee Guest, Truman Capote, Esther Williams, Katharine Hepburn, Gianni Versace, Joan Collins, Verushka, Marisa Berenson, Gloria Guiness, Britt Ekland, Capucine,  Brigitte Bardot, y la lista sigue. Seis décadas de celebridades, estrellas, nobles y millonarios, recorriendo el mundo en un verano eterno donde el día se transcurría bajo el sol y las noches se vestían de fiesta.

Slim trabajaba sin peinadores ni maquillaje, prefiriendo fotografiar a las celebridades con sus  propias ropas y en sus propios entornos y bajo una luz natural. Cuentan que se ponía furioso si alguna de sus retratadas iba a la peluquería antes de ser fotografiada. Quería que las tomas fueran naturales, simples y espontáneas. También instaba a que sus sujetos vistieran prendas casuales, las que llevaban en su día a día, no trajes de noche y optaba por que las sesiones se realizaran siempre en el entorno personal de sus retratados y jamás en un estudio o en un lugar montado.

Su composición era fantástica, logrando orquestar tomas que se equilibraban perfectamente entre el fotoperiodismo y el retrato formal de la alta sociedad. El resultado era tomas en las que los personajes estaban exquisitamente vestidos, atractivos, elegantes y compuestos, posando en casas iban desde palacios y castillos europeos hasta mansiones en el caribe y departamentos neoyorquinos. Slims se convirtió en el cronista oficial de esta vida maravillosa llevada por las clases altas y la aristocracia, yendo más allá de la fotografía, contando historias con su lente. 

Su forma de vivir y trabajar inspiró a Alfred Hitchcock en “La Ventana Indiscreta”, cuyo personaje principal, interpretado por Jimmy Stewart, es un fotógrafo. Se dice que el apartamento donde transcurre la mayor parte del film fue decorado teniendo como base el apartamento del propio Aarons. En 1997 donó su extensa colección, compuesta por centenares de tomas ya icónicas, a la  Getty Foundation. Murió en el 2006, a los 90 años, y antes de morir dijo a su familia “he vivido una vida maravillosa.” Sus fotos dan fe de ello.






martes, 12 de marzo de 2013

EL ARTE DE VIAJAR





Viajar es para mí uno de los grandes placeres de la vida. Pero ojo: no todo viaje es un viaje, pues todos sabemos que hay viajes y viajes. Si bien viajar por trabajo puede tener un valor agregado visto desde afuera, para quienes debido a su profesión viajan constantemente, los viajes tienden a convertirse en un verdadero suplicio. Los tiempos ajustados y el mismo ambiente laboral muy pocas veces permiten a quien viaja por trabajo vivir una experiencia local, distenderse y relajarse. ¡Y que es un viaje sino una experiencia!

Un viaje debe necesariamente crear las condiciones para que se produzca un momento de reflexión, de desconexión con nuestro día a día y de conexión con un ambiente distinto. Todo viaje debe significar una especie de escape de nuestro cotidiano, que nos permita lograr aquello que uno está buscando, que podría ser: relajarse, desenchufarse del trabajo, recargar las energías, aprender de otras culturas, vivir una experiencia, conectarse con los seres queridos o vivir una aventura. Si se producen cualquiera de estas situaciones, entonces habremos verdaderamente aireado un poco nuestras cabezas y viajado como se debe.

Cada día es más y más fácil viajar, hay un sinnúmero de ofertas, oportunidades, y algunas verdaderas gangas para hacerlo más de una vez al año. Pero viajar no es solamente treparse a un avión, atiborrarse de comida y de shopping. Todo viaje requiere una introspección para saber cuáles son los motivos que nos impulsan a hacerlo y qué necesitamos extraer de la experiencia. En caso contrario, qué sentido tiene viajar, si no trae consigo a la vuelta algo más que compras y cuentas. Sin embargo, si verdaderamente uno logra alcanzar aquello que estaba buscando, ya sea relajarse, divertirse, encontrar el silencio necesario para tomar una decisión, ver a su propia vida desde otro ángulo, entonces uno verdaderamente vuelve del viaje sintiéndose satisfecho y hasta podría decirse feliz.

Recuerden que viajar no es un capricho o una frivolidad. Viajar de manera inteligente, reflexiva y satisfactoria puede convertirse en una vivencia seria y trascendente y no una mera huída de la rutina donde lo único importante es estar lejos y subir muchas fotos al Facebook.

Para recorrer un lugar a fondo, y vivir una experiencia local, lo importante es adentrarse en la cultura, conocer a los locales, disfrutar de las cosas sencillas del lugar, saborear su gastronomía y el día a día, escuchar sobre la problemática social local. Para que todo esto sea posible es imprescindible mantenerse alejado de los lugares turísticos. Aléjense de las rutas, bájense del interminable carrusel de recorridos, tours programados, visitando monumento tras monumento y salgan a pasear por las calles, piérdanse en las ciudades, sigan los caminos donde les lleva su curiosidad: armen su propio itinerario y sigan su propia brújula. Si no te sacas una foto frente al Big Ben, o sosteniendo con tu mano la torre de Pisa o si decidís no entrar a la Sagrada Familia, tu experiencia no va a ser menos plena. Subir a la Estatua de la Libertad no te hace conocer mejor Nueva York y no tiene por qué  ser una visita indispensable para regresar a casa satisfecho. 

Alejarse de las rutas y tours  no implica que viajen como veleta a donde les lleve el viento. Requiere que lean antes de viajar, que se informen ya sea con libros de viajes o internet sobre las actividades que podrán hacer, los lugares que les podrían interesar más que otros, las experiencias de otras personas que les gustaría compartir, etc. Informarse previamente sobre la historia, la cultura y las características del país que van a visitar es algo fundamental.

Viajar implica desprendernos de la necesidad casi voraz de viajar por viajar, de prescindir tomar una pila de fotos y dedicarnos en vez a maravillarnos, a absorber la belleza que nos rodea con los ojos, registrar cada momento en el corazón, y poder decir a la vuelta que hemos vivido una experiencia tan intensa y grata que quedó grabada dentro nuestro, de manera a que podamos volver a ella cada vez que lo queramos.

Old Hollywood Glamour




La palabra glamour originalmente se utilizaba para describir a un hechizo que hacía creer a una persona que otra era atractiva. O sea que este hechizo idiotizaba al sujeto e idealizaba al objeto. A fines del siglo XIX el término se utilizó para referirse algún accesorio que realzaba la apariencia de alguien haciéndola ver más atractiva.

Pero fue en la era dorada de Hollywood cuando la palabra adquirió su acepción definitiva y se empezó a utilizar profusamente para referirse a la atracción y fascinación que una apariencia lujosa y particularmente elegante genera en los demás de hacerlos parecer mejores que en la realidad. Es que la industria cinematográfica se dio cuenta de que necesitaban glamorizar a sus estrellas para que generaran un mayor impacto en el público. Porque antes de que prosigamos, es importante que entiendan que el glamour, al contrario de la inteligencia y la belleza, es algo que se crea. Toda persona glamorosa ha trabajado para crear su propia imagen.

Por entonces los grandes estudios contrataban a sueldo fijo a las estrellas de la época para que trabajaran exclusivamente en sus películas. Al estar bajo contrato, los estudios producían la imagen entera de estas estrellas, transformándoles de pies a cabeza, cambiándoles los nombres  y sobre todo la apariencia. Los estudios acuñaron un sistema para volver glamorosos a sus actores. La transformación empezaba con el nombre. Así Norma Jean Mortenson se convirtió en Marilyn Monroe, Margarita Cansino pasó a ser Rita Hayworth y Betty Joan Perske obtuvo el glamorosísimo nombre de Lauren Bacall. Los hombres también tuvieron que hacer más glamorosos sus nombres, y así Issur Danielovitch pasó a llamarse Kirk Douglas y Archibald Leach se convirtió en Cary Grant.

Otro eje de la conversión era la distancia. Los estudios se dieron cuenta de que para que el hechizo funcionara, sus estrellas deberían parecer como si estuvieran a miles de kilómetros de la realidad ya que la familiaridad desgasta. Ellos debían estar como en otro plano, inaccesibles, lejanos de toda cotidianeidad, y totalmente desvinculados del día a día de los comunes mortales. Esta distancia era  necesaria para deificar a los sujetos, mediante ella los actores y actrices del viejo Hollywood adquirían una vida idealizada, que nada tenía en común con la de la gente ordinaria. Ellos no iban al mercado, para atenderlos las tiendas cerraban sus puertas; ellos llevaban estilos de vida glamorosos, desayunaban champagne y no resultaba imposible imaginar que decoraran sus arbolitos de navidad con diamantes. 

El misterio también era vital. Como el glamour requería de una imagen fabricada, los estudios creaban historias fantásticas sobre sus estrellas. Les inventaban pasados idealizados, adaptados a la perfección a la imagen que querían atribuir a sus estrellas. Lo fantástico es que siempre sabían el punto justo hasta el cual podían llegar con estas idealizaciones, sin llegar a pasarse jamás hasta el punto de que las personas ya no pudieran identificarse con ellas. Encontraban el punto justo para crear historias en  las cuales las situaciones jamás eran tan opacas hasta el punto de cubrirlo todo, ni tan transparentes para exhibirlo todo (como sucede hoy en día). El glamour era simplemente traslucido, mostrando sólo aquello que debía mostrarse, o sea, lo positivo. 

La imagen de las estrellas era vital. Esta imagen no acababa con su aspecto físico, extendiéndose además a sus vidas privadas. Cuando las cosas no marchaban bien, los estudios se encargaban de encubrir la situación. Si un actor empezaba a generar dudas sobre su orientación sexual, le proveían rápidamente de una esposa. Si una pareja de actores estaba en plena guerra marital, se encargaban de desmentir el asunto proveyendo fotos familiares idílicas y si una de sus estrellas se metía en un lío que podría afectar su carrera eran los primeros en salir en su auxilio. Fue muy famoso el caso de la muerte del marido de Jean Harlow, quien se cree había sido asesinado por una amante celosa con un tiro en la cabeza. Los encargados de la seguridad de la MGM llegaron al sitio antes que la policía y fabricaron una nota de suicidio  para hacer creer que su marido se había suicidado debido a su impotencia, ¡salvando de esta manera la dignidad de su estrella!

Pero donde el glamour se hizo más notorio fue en la apariencia física de las estrellas. El star system de la época se especializaba en dotar a todas las estrellas de un glamour externo fríamente calculado hasta en el más mínimo detalle. Lo primero que hacían era sacarles fotos magníficas, creando un estilo fotográfico llamado glamour photography, traducido a fotografía de glamour. En ellas todo estaba ideado para realzar la belleza de sus sujetos, poniendo énfasis en su sensualidad y encanto, valiéndose del vestuario, el  maquillaje, el estilismo, el ambiente y los accesorios empleados en el retrato. Si querían que una estrella se viera saludable, juvenil y vital la fotografiaban practicando un deporte al aire libre, si querían una imagen más inocente la fotografiaban con aves y animales pequeños para generar ternura, si querían dotarles de una imagen más sensual, la fotografiaban con lencería y estolas de piel.

Increíblemente, sin la ayuda de medios digitales disponibles hoy en día como photoshop, fotógrafos como George Hurrell, Man Ray y Cecil Beaton perfeccionaron el arte de retratar a sus sujetos como si fueran dioses, perfectos hasta en el más mínimo detalle, con una iluminación tan mágica que era capaz de generar glamour instantáneamente con sus juego de sombras en blanco y negro. Supieron exaltar las formas de sus sujetos, retratándolos desde el ángulo perfecto, bajo la luz ideal para imprimirles un sello de glamour que sería imborrable por el tiempo, fijando sus imágenes idealizadas para siempre en el celuloide de manera a que trasciendan.

Según el gran cineasta de la época Josef von Sternberg “El glamour es el resultado del chiaroscuro, el juego de las luces sobre el paisaje del rostro, el uso de lo circundante a través de la composición, a través del aura del cabello y la creación de sombras misteriosas en los ojos. En Hollywood estrellas tan distantes entre sí como Marlene Dietrich, Carole Lombard, Rita Hayworth y Dolores del Río, poseen y adquieren glamour, la técnica y la voluntad de refinar su propia belleza. Son la magia indescifrable del cine, la substancia de los sueños de una generación y del encuentro admirativo de las siguientes.”

Estas estrellas lograron perfeccionar con la ayuda de sus estudios y fotógrafos un allure tan fuerte capaz de mantenerse vigente hasta nuestros días, convirtiéndose en la epítome misma de lo que es el glamour. No es de extrañar que las estrellas contemporáneas intenten imitarlas en sus grandes apariciones en la alfombra roja, peinándose, maquillándose y vistiéndose al estilo de las grandes estrellas de antaño para ver si adquieren, como por arte de magia, un poquito del glamour que éstas tenían.