sábado, 5 de junio de 2010

MUSEO DE ARTE SACRO DE LA FUNDACIÓN NICOLÁS LATOURRETTE BO


Hace poco más de un año entrevisté al Sr. Nicolás Latourrette Bo, quien me habló de un proyecto muy especial que estaba iniciando: la creación del Museo de Arte Sacro de la Fundación Nicolás Darío Latourrette Bo. Hoy este museo es un sueño hecho realidad, una meta cumplida que constituye un importantísimo legado para todos los paraguayos. El museo fue inaugurado el pasado 24 de marzo y fue habilitado al público el 27 de marzo del corriente.

El Museo de Arte Sacro exhibe la colección de arte sacro del la Fundación Nicolás Darío Latourrette Bo. Cabe recalcar que esta colección está compuesta por más de 700 piezas y está considerada como una de las colecciones privadas de Arte Sacro Barroco Guaraní más grandes e importantes del mundo.

Debido a la gran cantidad de piezas, en el Museo se exhibirán de manera permanente solo parte de la colección, compuesta de casi un centenar de imágenes religiosas paraguayas de los siglos XVII y XVIII, seleccionadas por ser consideradas las más didácticas e ilustrativas de la misma. Estas esculturas, que sobresalen por su incalculable valor artístico e histórico, se encuentran perfectamente clasificadas y catalogadas, permitiendo una lectura comprensiva de las distintas temáticas del Arte Sacro Paraguayo y de su evolución a partir del Barroco europeo importado por jesuitas y franciscanos, hasta la apropiación e reinterpretación de estos conceptos por los artistas indígenas, que dio por resultado la original expresión de nuestro barroco hispano-guaraní.

Las demás piezas de la colección podrán ser apreciadas en exposiciones temporales, que serán complementadas eventualmente con otras obras de arte pertenecientes a la colección privada del mismo mecenas. El Sr. Nicolás Latourrette, comentó que tienen proyectado ir sacando las demás piezas para muestras especiales de carácter temático. Todo esto hace suponer, que el Museo de Arte Sacro nos tendrá preparadas muchas gratas sorpresas para los años venideros.

El Museo tiene su sede en la Villa Lina, ubicada en la esquina de las calles Manuel Domínguez y Paraguarí, en las alturas del Cerrito de Antequera, una de las siete colinas de Asunción. Esta imponente villa situada en uno de los puntos más altos y hermosos de Asunción, a solo unos pasos de la Escalinata, fue propiedad de la familia Zuccolillo hasta el 2008, año en que fue adquirida por el Sr. Nicolás Latourrette para albergar su Colección de Arte Sacro.

Esta preciosa villa de estilo italiano, que es además un inmueble protegido por su valor arquitectónico, fue totalmente restaurada hasta recuperar su antigua gloria. El Sr. Latourrette comentó al respecto muy emocionado: “Estoy muy contento de haber recuperado un espacio que no estaba siendo aprovechado para el disfrute de la ciudadanía. Fue un trabajo arduo del cual me quedó la satisfacción de ver día a día como se iba recuperando esa hermosa casa, que nadie cree que haya podido quedar así.”

El Museo cuenta con seis salas, un salón auditorio, cafetería, una librería y tienda de regalos y una hermosa terraza para eventos al aire libre. Nicolás Latourrette comentó que están preparando una agenda variada que promete va a ser entretenida y diferente. La misma incluirá conciertos, pequeñas obras de teatro y otras manifestaciones culturales.

El Museo de Arte Sacro será de libre acceso para todos los paraguayos y estará abierto de martes a domingo de 9:00 a 18:00 horas. Si bien esta semana santa aún no hubo muestras especiales- ya que el evento en sí fue la concurrida inauguración del museo- para la próxima semana santa tienen previstos eventos alusivos a estas fiestas.

Nicolás Latourrette aseguró sentirse muy emocionado por la receptividad que está teniendo el Museo en la gente y en los medios de prensa. Pero tal vez su mayor satisfacción se encuentra en haber logrado su objetivo: un museo que asegura “será el primer museo del siglo XXI en el Paraguay.”

El Museo de Arte Sacro ya fue declarado “De Interés Cultural” por la Secretaría Nacional de Cultura, así como “De Interés Turístico” por la Secretaría Nacional de Turismo y “De Interés Municipal por la Junta Municipal de la Municipalidad de Asunción.

Para Nicolás Latourrette, el Museo de Arte Sacro “tiene como misión educar, especialmente a aquellas personas que no tienen fácil acceso a las obras de arte, y sobre todo a los niños. Porque es una forma de que ellos cuiden nuestro patrimonio, conociéndolo y valorándolo como forma de expresión artística.”

El Museo de Arte Sacro de la Fundación Nicolás Darío Latourrette Bo nos dará la posibilidad a todos los paraguayos de acceder a maravillosos testimonios de nuestro patrimonio artístico y cultural. En un país como el nuestro, donde la mayoría de las obras de arte se encuentran en colecciones privadas, la apertura al público de esta importantísima colección, constituye un gesto magnánimo por parte de este mecenas para el beneficio de nuestra sociedad.

La Cápsula del Tiempo de la Fundación “Nicolás Darío Latourrette Bo”

Conmemorando el Bicentenario de Nuestra Independencia, se depositará el 14 de mayo de 2011 una cápsula del tiempo en la sede del Museo de Arte Sacro de la Fundación “Nicolás Darío Latourrette Bo”.

La “Cápsula del tiempo del Bicentenario de la Independencia Nacional” contendrá todo lo referente al Paraguay contemporáneo, con miras de que sea abierta en un acto público a celebrarse el 14 de mayo de 2111, cuando se celebre el Tricentenario de la Independencia Nacional.

El objetivo de esta cápsula es precisamente transmitir todas las tradiciones, costumbres, cultura, hechos históricos y peculiaridades del Paraguay contemporáneo a la generación del siglo venidero.

Distintas personalidades de diversos ámbitos del quehacer nacional serán convocadas a participar. Actualmente se está confeccionando una lista de las personalidades de los distintos medios que serán entrevistadas para éste proyecto, así mismo, el Sr. Nicolás Latourrette Bo asegura que si alguien quiere unirse al proyecto, puede acercarse para proponer ideas, participar y colaborar.

La cápsula del tiempo no solo tendrá testimonios, sino también guardará objetos, dando especial relevancia a la artesanía que con el paso del tiempo podría desaparecer. Se documentarán en videos los procesos de elaboración de orfebrería en plata, filigrana, cerámica y distintos tejidos como el ñandutí, el ao po’í y también se incluirán muestras de los mismos.

Así mismo se guardarán todos los textos lanzados en ocasión del Bicentenario, así como otros de relevancia cultural e histórica. Se incluirá información digitalizada sobre el arte, la política, la economía, la cultura , la música y las tradiciones paraguayas. Teniendo en cuenta que no se sabe cual será el soporte que se utilizará en 100 años, la cápsula probablemente incluirá un reproductor con un manual de instrucciones para poder reproducir toda la información contenida en el material digitalizado.

También serán depositadas semillas de los árboles típicos de nuestro país como el lapacho (rosado, blanco y amarillo), naranja hái, jacarandá, etc. En cuanto a las tradiciones se incluirán las comidas típicas, la etiqueta y las costumbres de nuestra época.

El objetivo final es presentar un panorama completo de la realidad del país y dejar un importante registro histórico para las generaciones futuras. El Sr. Nicolás Latourrete sostiene que “la gente que abra este cofre encontrará testimonios de lo que vivió y vive el Paraguay”.

Si querés conocer más acerca del museo, podés ingresar a http://www.museodeartesacro.com

miércoles, 2 de junio de 2010

PAPAS ALHAJAS


Hay un término que me encanta de nuestro léxico paraguayo: el sustantivo “alhaja”, que en nuestro país se emplea como adjetivo para describir a aquellas personas que son auténticas “joyitas”… irónicamente, por supuesto. En el día del padre nos toca homenajear a las joyitas de nuestra coronilla doméstica: nuestros maridos alhajas en su rol de padres. Si bien ellos nos producen 30 mil jaquecas diarias, no podemos negar que son la adoración de nuestros hijos.

En este día tan especial para ellos, es un placer para mí hacerles un pequeño boicot en su fecha conmemorativa, recordando todas las características paternales que nos sacan de quicio a las madres.

AMAN DELEGAR: A la hora de tener que lidiar con las tareas domésticas y con nuestros hijos, lo primero que hacen es remitirnos inmediatamente la cuestión a nosotras. La mayoría de las veces se produce una delegación tácita. Ellos ya asumen que la cuestión nos corresponde a nosotras. Por ejemplo, si hay que llevar a los niños al médico o cambiar las sábanas cuando nuestros hijos se hacen pipí en la cama, directamente dan por asumido que nos corresponde a nosotras encargarnos del asunto. Otras veces, lo solucionan todo con la odiosa frase: “pedile a tu mamá” (porque por supuesto ellos están muy ocupados viendo el partido de fútbol en la tele).

INVENTARON LA LEY DEL ÑEMBOTAVY: Otra de sus estrategias para evitar hacer cosas que no tienen interés en hacer es alegar ignorancia. Pueden ser Neurocirujanos o Físico nucleares, pero a la hora de vestir a sus hijos o cambiar un pañal, declaran que no saben hacerlo y obviamente nos pasan NUEVAMENTE la tarea a nosotras. También sacan el mayor provecho de su “oído selectivo”, mediante el cual filtran solo lo que QUIEREN escuchar. Por lo que cuando le recordamos que a la tarde le tiene que buscar a los niños del cole ya que nosotras tenemos un compromiso, lo más probable es que a las 5:00 de la tarde recibamos una llamada del cole preguntándonos si tenemos planeado buscarle a los chicos del cole o planeamos dejarlos allí de camping.

SON LOS PEORES NIÑEROS DEL UNIVERSO: Cuando nos toca delegar a nosotras las madres, sabemos que dejar a nuestros hijos solos con el padre no siempre es la opción más conveniente. Lo más probable es que acepten a regañadientes, algo que no nos sorprende ya que están más acostumbrados a delegantes que a ser delegatarios. Cuando aceptan sin manifestar ningún tipo de oposición a la idea, recuerden que no hay que cantar victoria antes de tiempo. Lo más probable es que aplicaron su oído selectivo y respondieron sí mecánicamente sin escucharnos en realidad, por lo que no es de extrañar que al volver a casa encontremos a nuestro marido plácidamente dormido y toda la casa revuelta, las paredes pintadas, los niños embardunados de pintura o jugando a los espadachines con el machete del jardinero.

SON ADICTOS A LA ADRENALINA: Adoran probar sus limites… y por supuesto también los nuestros. A los pocos meses de ser padres ya intentan transmitir su pasión por la adrenalina a sus hijos. Empiezan tirándolos al aire de bebés y poniéndolos boca abajo, matándose de risa mientras nosotras observamos con cara de espanto. Ni bien nuestros hijos crecen lo suficiente como para utilizar un triciclo ya empiezan a fantasear con carreras de karting, motocross y todas esas cosas que las madres odiamos. Cuando nuestros hijos se vuelven adolescentes son los primeros en apoyar su intención de inscribirse al curso de paracaidismo. Cuando nos oponemos, nos tachan de locas o de exageradas a lo que no nos queda más alternativa que contestar: “¡Espero estar equivocada… porque si se llega a hacer puré, a vos te hago PICADILLO con mis estiletos!”

SON TECNO ADICTOS: Llenan la casa con inútiles aparatejos espaciales que nosotras no entendemos ni tras leer el manual. Esta adicción hace que cuando nacen sus hijos se surtan de una variedad de cámaras y filmadoras en las que registrarán cada uno de los innumerables momentos kodaks domésticos. Hasta ahí todo bien… hasta que estos padres empiezan a rememorar su adolescencia (de la que nunca se recuperaron totalmente) y empiezan a sacarle fotos jocosas a sus pobres e inocentes bebés. Por lo que no es de extrañar, que al observar el álbum familiar, entre la foto del tierno bebé comiendo su papilla y la emocionante imagen del bebito dando sus primeros pasos aparezca una foto del inocente bebé tomando (aparentemente… aunque nunca podemos estar seguras) una cerveza, o desmayado en su sillita alta mientras sostiene con sus pequeñas manitos un ñoño gigante.

SUFREN DEL SÍNDROME DEL GUARDABOSQUES: Para ellos la frase “menos es más” es la regla a la hora de admirar la indumentaria femenina. Resulta patente que los hombres aaaaman los escotes y las minis…. SALVO en sus hijas. Cuando sus adoradas hijitas crecen y empiezan a mostrar sus atributos ellos, que conocen muy bien todos los ratoneos mentales que se generan en la mente masculina, son los primeros en pegar el grito al cielo. Inmediatamente el puritanismo de Benedicto XVI invade su cuerpo y arman un escándalo que merece un Óscar, al caradurismo obviamente. Pero lo que más disfrutan hacer es atormentar a los primeros noviecitos. Cuando visitan la casa por primera vez, ellos los reciben con su mejor cara de “pocos amigos”. Luego lo invitan a la sala mientras “la nena” (quien para ellos sigue teniendo 10 años menos de lo que en realidad tiene) se prepara. Mientras esperan en la sala a que venga la nena, hacen todo tipo de sutiles artimañas para hacerle entender al personaje en cuestión de que “la nena no se toca”. No sería de extrañar que se pongan a limpiar un rifle frente a las narices del espantado adolescente para intimidarlo aún más de lo que ya está, mientras le dice con tono de autoritario: “a la nena, la traes de vuelta a las 12”.

SU MACHO STYLE NO ACEPTA DIFERENCIAS: Si bien nosotras estamos siempre actualizadas en cuanto a moda, ellos se quedaron atrapados en el tiempo de las camisas a cuadros, los mocasines y los pantalones kakis, por lo que tienen un muy limitado código de indumentaria. Ellos crecieron con una sencilla regla en la cual creen con fervor: Pelo largo + arito = GAY (en realidad emplean otra palabra menos glamorosa y absolutamente impublicable que seguramente ya imaginan). ¡Guay que su hijo se deje crecer el pelo y que un día le aparezca con un arito en la oreja! No entrarán en razón por más de que intentemos razonar con ellos y le expliquemos que ahora se llaman “piercings” y que la mayoría de los gays son demasiado regios como para ponerse algo tan poco glamoroso en la oreja. Y si el hijo le sale emo, gótico o flogger…. Lo más probable es que el padre entre en shock ya que la sola idea de que un hombre se vista así, y que EN CIMA se maquille es tan descabellada que ni se le ocurrió agregarla a su lista de restricciones! Ahí directamente tendremos que llamar a una ambulancia para internarlo de urgencia del soponcio que le va a agarrar!

SON MONOSILÁBICOS: si bien las madres tendemos a ser verborrágicas, los padres son la antítesis total. Su vocabulario está compuesto principalmente de monosílabas. El resto lo expresan con sus expresiones faciales y con “la mirada del padre”: aquella mirada autoritaria que no necesita ninguna explicación verbal para transmitir claramente el mensaje. Cuando aplican “la mirada” nuestros hijos empiezan a temblar porque con “la mirada” ya les dio la advertencia, el reto y el castigo. No hay nada más frustrante para las madres que ver como nuestros maridos alinean a nuestros hijos sin desperdiciar palabras… generalmente, nosotras ya empleamos antes todas las palabras del Diccionario de la Real Academia Española, comentado y ampliado y todas aquellas palabrotas que no fueron incluidas al mismo por obvios motivos, sin lograr éxito alguno y ellos solo dijeron NO acompañado de “la mirada” y problema solucionado.

martes, 1 de junio de 2010

De tal palo tal astilla: Con la moda en la sangre

A la mayoría de las mujeres nos apasiona todo lo relacionado con la moda. Algunas afortunadas, tienen la ventaja de nacer en él, al punto que se podría afirmar sin dudas que la moda corre por sus venas. Las hijas de algunas de las más importantes trendsetters de décadas pasadas, así como también las herederas de grandes imperios y nombres de la moda, nos demuestran como dice el viejo proverbio que “la sangre no es agua”.

En esta edición les presentamos a una nueva generación de mujeres que ya está inspirando tendencias, siguiendo los pasos de sus padres en el mundo de la moda y atrayendo la atención de la prensa especializada. Algunas de ellas intentaron alejarse del rubro familiar, tal vez por simple rebeldía o por motivos de afirmación personal, pues cargar con semejantes apellidos no es nada fácil. Sin embargo, otras se han mostrado bien dispuestas a seguir los pasos de sus progenitores.

Ellas son jóvenes, ricas y famosas. Tienen acceso a los eventos más exclusivos, lugares de primera fila en los principales desfiles y seguramente vestidores repletos con los últimos objetos de deseo de la temporada; pero principalmente ellas tienen moda en la sangre.

Julia Restoin Roitfeld: ella es nada más y nada menos que la hija de la fabulosa Carine Roitfeld, editora del Vogue francés. Julia heredó la belleza y el estilo de su madre y se ha transformado en un ícono del estilo. No se podría esperar menos de alguien que tiene acceso a tal vez el mejor guardarropa del mundo: Julia Restoin Roitfield redefine el sentido de la vieja frase “se lo robé a mi mamá”. Al igual que su madre, tiene pasión por los vestidos atrevidos y originales, le encanta provocar con su look moderno y audaz. Es modelo y aspira a ser diseñadora. Criada en París, estudió en Parsons de Nueva York. Evidentemente, con sus credenciales y pedigrí fashion, ni bien puso un pie en Nueva York, se convirtió en la nueva chica consentida del mundo de la moda neoyorquina. Paralelamente a la universidad, tomó clases de actuación y trabajó como asistente del fotógrafo de moda Craig McDean. Al terminar la universidad un viejo amigo de su madre, Tom Ford, la contrató como imagen de su primera fragancia “Black Orchid” y en el 2007 fue la imagen de la marca “Restoration of the Monarchy”. Terminada la Universidad se estableció en Londres. Recientemente fue la imagen del perfume “Jil by Jil Sander” y protagonizó las campañas publicitarias de Mango y Gap. Sus estudios en Parsons la han prepararon para desarrollar y lanzar sus propia marca, algo que asegura está en el primer lugar entre sus proyectos personales. A pesar de que ella lo niega, la prensa asegura que, a la par de la rivalidad entre su madre y Anna Wintour, también hay una gran rivalidad entre Julia y Bee Schaffer (la hija de la Nuclear Wintour). Entre sus conquistas amorosas figuran el multimillonario Stavros Niarchos III y el modelo Magnus Berger.



Carolina Herrera Jr.: Ícono de belleza, productora de cine y mano derecha de su homónima madre. Nació en Caracas, se educó en Nueva York y se mudó a España tras su casamiento con el torero español, Miguel Báez, el Litri. Su estilo informal y naturalidad han servido para renovar la célebre marca de su madre. Al terminar la universidad, donde estudió Química, decidió probar suerte en la industria del cine. Se mudó a Los Ángeles, donde pasó 3 años trabajando como productora de cine y televisión. Desde 1997 trabaja con su madre en el desarrollo de los cosméticos y fragancias de la firma CH. Su formación en Bioquímica y Bio-psicología, le han servido para convertirse en la encargada de las fragancias de este imperio, creando perfumes ahora ya clásicos como 212, 212 Sexy, Chic y el más reciente: CH.


Patricia Herrera:
La menor de las hijas de la diseñadora Carolina Herrera, ingresó al “Fashion Hall of Fame” a los 24 años. Junto con su hermana, Carolina Adriana, ha colaborado en dar un aire fresco y juvenil a la marca. Poseedora de una elegancia innata, heredada de su siempre impecable madre, conforma, junto a su hermana, el futuro de este gran imperio de la moda. Trabajó como editora de modas de la revista “Vanity Fair”, trabajo que dejó para integrarse al equipo de diseño de su madre, con quien colabora en el desarrollo de las colecciones e imagen de la marca. Está casada con el empresario Gerrit Livingston Lansing Jr., descendiente de una aristocrática familia neoyorquina.


Katherine “Bee” Shaffer:
Hija de Anna Wintour, editor de la edición Americana de Vogue satirizada por el libro y la película “El Diablo se viste de Prada”. A pesar de su juventud, ya sigue los pasos de su madre como periodista, y ha colaborado escribiendo en las columnas de moda de “Teen Vogue” y “The Daily Telegraph”. Con su madre comparte su estilo clásico, femenino y pulido, así como los asientos de front row en los desfiles. Viste de Chanel Couture, Carolina Herrera y Oscar de la Renta desde su adolescencia, algo que hace inevitable envidiarla. Nacida en Londres y criada Nueva York, empezó a colaborar con su madre estando aún en la secundaria, cuando, a los 17 años su madre la nombró editora colaboradora del “Teen Vogue”. Mientras estudia periodismo en la universidad Columbia de Nueva York, escribe una columna de moda para el diario londinense “The Daily Telegraph”. Con su madre también comparte el talento para detectar a jóvenes diseñadores, el hecho de que vestía los diseños de Proenza Schouler y Zac Posen antes de que se hicieran famosos, demuestra su heredado entendimiento de la industria de la moda.


Margherita Missoni
: heredera de la casa italiana, Missoni, pertenece a una de las familias más influyentes en la moda italiana y es la nueva chica consentida de la moda italiana. Varias generaciones de la familia han trabajado para esta marca y Margherita continúa la tradición, siendo imagen de su perfume y embajadora de la marca. Los vaporosos vestidos de Missoni con sus famosos estampados multicolores en zigzag le sientan mejor que nadie, hecho que ha contribuido en que la marca gane adeptas entre los más jóvenes. Su estilo fresco, juvenil y con aires bohemios, sumado a su belleza mediterránea, y al hecho de que es la heredera de una de las marcas italianas más emblemáticas la han posicionado entre las figuras consentidas de la escena social europea y norteamericana y de las principales publicaciones de moda. “Teen Vogue” le dedica reportajes alabando su estilo personal, “Elle” la invitó a escribir sobre sus vacaciones familiares en Cerdeña y “Harper’s” la catalogó como una de las mujeres más elegantes del mundo. Esta aspirante de actriz y modelo, es además una activa colaboradora de la empresa familiar, trabajando en el desarrollo de las colecciones de la firma y en la creación de su último perfume. Margherita divide su tiempo entre Milán donde trabaja junto con su madre Angela Missoni y Nueva York, donde toma clases de actuación en el “Lee Strasberg Theater and Film Insititute”.


Allegra Beck:
La anoréxica hija de la diseñadora italiana Donatella Versace y del modelo americano Paul Beck y sobrina favorita del gran Gianni Versace, al cumplir los 18 años heredó una fortuna de 400 millones de euros, convirtiéndose en la adolescente más poderosa del negocio de la moda. Ella era la luz de los ojos de su tío, quien la llamaba “mi pequeña princesa” y prueba de su adoración por ella, es el hecho de que la declaró heredera universal, convirtiéndola en la propietaria del 50% del Imperio Versace. Vivió una infancia de cuento, dividiendo sus días entre la escuela en Milán y fines de semana en la mansión de su tío a orillas del la
go Como. De niña acompañaba a su tío a las presentaciones de suscolecciones en París, criándose entre backstages y pasarelas. Parecían padre e hija y ella lo llamaba “el mago” por su capacidad de convertir los sueños en realidad. No iba a dormir sin hablar antes con su tío, aunque sea por teléfono. El asesinato de su tío, cuando Allegra solo tenía 11 años, fue un duro golpe para ella. Al terminar el colegio en Milán, estudió en Brown y luego se transfirió a UCLA donde estudia francés, Historia del Arte y Teatro, ya que su verdadero sueño es ser actriz. Para sorpresa de todos, al heredar la fortuna, Allegra, quien siempre ha mantenido un perfil bajísimo, pidió un tiempo de 5 años para seguir sus intereses académicos y artísticos, antes de tomar una decisión sobre el rol que tomará en la empresa familiar. Durante este periodo, su madre y su tío Santo gestionarán la firma Versace con la autorización de Allegra. Todavía es incierto si decidirá dedicarse a la actuación o tomar las riendas de Versace. Recientemente, Allegra Beck entrevistó a Taylor Momsen de Gossip Girl e hizo el styling de las fotos para la novísima revista de moda “Love”, algo que nos hace presumir que está volcando la balanza hacia la moda.


Francesca Versace: La hija de Santo Versace, presidente de Versace Ltd., y sobrina del diseñador italiano Gianni Versace, al contrario que su prima Allegra, siempre tuvo bien claro que deseaba dedicarse a la moda. Esta jet setter, si bien no tiene los millones de Allegra, es al fin y al cabo una Versace y comparte el gusto de sus tíos Gianni y Donatella por la vida lujosa y su amor por el diseño y la moda. Pasa sus días entre sus casas de Londres y Nueva York, mientras forja su propio camino en el mundo de la moda. Estudió diseño de moda en la prestigiosa Universidad de “Saint Martins” de Londres. Recientemente empezó a trabajar como consultora de moda y diseñadora, ayudando a relanzar la tradicional marca italiana de ropa masculina Verri Uomo. Además de trabajar como diseñadora de modas, se dedica al diseño de interiores.

La Mesa Felíz de Pablo Neruda


Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda, nació el 12 Julio, de 1904, en la ciudad de Parral, Chile. Fue galardonado con el premio Nóbel de Literatura en 1971 y es considerado por muchos como uno de los poetas más importantes del siglo XX. En la vida y obra de este gran poeta conviven la poesía con la voluptuosidad de la cocina.

Solo un sibarita como él podría dedicarle odas tan aduladoras a la comida. Al leer sus versos uno siente el espíritu goloso que guiaba su pluma. Neruda era una especie de cocinero de palabras que cocinaba sin receta, condimentando sus versos con los ingredientes más sencillos, hasta impregnarlos de profundos aromas, revelándonos intensos sabores que alimentan al alma.

Pablo Neruda disfrutaba enormemente de la comida, desde el plato más sencillo hasta el más sofisticado, por supuesto siempre acompañados de un buen vino. Sabía rodearse de sabores, texturas y aromas para agasajar tanto a su exigente estómago como a sus invitados y amigos.

El propio Neruda se describió a sí mismo diciendo: “Por mi parte, soy o creo ser… creciente de abdomen… amigo de mis amigos… investigador de mercados… monumental de apetito.”

Al leer a Neruda uno no puede más que preguntarse si estaba escribiendo algo profundo con significados escondidos, o si estaba escribiendo solamente sobre las cosas sencillas de la vida. En sus “Odas elementales”, Neruda precisó que solamente quería escribir sobre los objetos más simples que existen. A su editor explicó que quiso colocarse en la situación del niño a quien el maestro le pide que redacte un texto sobre un tema determinado y escribir como un escolar acerca de todo lo cotidiano: el pan, el fuego, el aceite…y por supuesto, el delicioso Caldillo de Congrio, donde “se calientan las esencias de Chile”.

Apelando a los sentidos, celebra poéticamente lo cotidiano al enaltecer al placer de degustar los sencillos productos comestibles que se acercan cada día a nuestra mesa. En sus odas, canta a la cebolla, al tomate, a la sandía, a la manzana, a la papa y al caldillo de congrio. En esta última, la oda toma forma de receta, celebrando este tradicional plato chileno donde están “recién casados los sabores del mar y de la tierra para que en ese plato tú conozcas el cielo”. A diferencia del plato típico chileno, la variante del caldillo nerudiano lleva camarones y crema, como lo preparaba su gran amor Matilde Urrutia.

En toda su obra poética abundan las referencias culinarias. Incluso en su discurso de aceptación del premio Nobel de la Literatura, compara al poeta con un panadero, expresando que “el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree Dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria.”

Pero su obra más estrechamente ligada a la gastronomía fue el libro “Comiendo en Hungría”, que publicó en 1969 en colaboración con otro premio Nobel, Miguel Ángel Asturias, una colección de poemas, prosas poéticas y textos sobre la comida húngara. Según Neruda, Hungría los motivó a emprender este recorrido culinario porque: “por el corredor de Europa pasaron guerras e invasores, pero también condimentos y fragancias. Todo quedó en la cocina húngara mezclando en las ollas y en las calderas nómadas el jengibre y la páprika, el eneldo y el ajo… Las especias de todas la tierra entran en estas ollas generosas y los húngaros saben que convivir es concomer.”

En este libro, Neruda explica con humor el origen de las sopas escribiendo: “Internarse en el mundo de las sopas es seguir los pasos de aquel que, temeroso de morir de sed, buscaba el líquido y ya frente a éste, reflexionando que podría morir de hambre, corría hacia el sólido sustento…. Para resolver el problema cortó por lo sano e hizo una mezcla líquido-sólida, para comer y beber al mismo tiempo, o beber y comer, el orden no altera la sopa, nacida de los dos grandes temores ancestrales del hombre. El hambre y la sed”.

Neruda era un gran anfitrión. Le encantaba estar rodeado de amigos y recibía muchas visitas en su casa. En su mesa de Isla Negra reinaba un ambiente divertido y espontáneo. Esta casa fue construida y decorada como un barco con enormes ventanales al mar. En comedor, que era el núcleo de la casa, Neruda siempre ocupaba la misma silla, como correspondía al capitán del barco. Desde su sitio habitual, tomando vinito en copas de colores que según él le daban otro sabor, se explayaba largamente recordando a sus amigos, contando anécdotas, compartiendo alegremente con sus comensales. Las reuniones que compartía con sus amigos eran siempre entretenidas. Neruda disfrutaba de sorprenderlos, recibiéndolos disfrazado o recitando disparatados poemas que escribía especialmente para hacer reír a sus invitados. Parafraseándolo podríamos decir que su mesa era un lugar donde se aprendía a comer, a beber, a cantar… una mesa feliz.

Matilde Urrutia, su tercera mujer era una gran cocinera que se dedicaba a complacer el gran apetito de su marido. El poeta prefería pescados al horno y guisos de carne vacuna. En su casa nunca faltaba el cebiche, los estofados y las ensaladas frescas, en especial la de berros que era su favorita. Amaba las aceitunas así como el queso mantecoso y los duraznos. Los viajes que hizo por el mundo como embajador chileno lo convirtieron en un verdadero gourmet, conocedor de licores y especialista en buenos vinos. En la embajada prefería servir platos criollos. Solía agasajar a sus invitados con empanadas y vino que era servido directamente de un gran barril.

Una de las cosas que más le gustaba era oficiar de barman. Sus residencias siempre estaban bien provistas de licores con los que preparaba peligrosos tragos para sus invitados. En la Embajada Chilena en París había acondicionado un bar estilo Belle époque. Detrás de la barra, llevando un delantal azúl y una gorra gris, Neruda atendía a su “clientela habitual” con ojos chispeantes. Entre sus más recordados se encuentra el “coquetelón”, que llevaba una medida de cointreau, una de coñac y dos de jugo de naranja, servido en copa alta y terminado con champagne.

Cuentan sus amigos que verlo comer era un hermoso espectáculo. Comía con concentración y placer, entregándose al plato como un niño ante su platillo favorito. Comía con tanto gusto que daba la impresión que la vida valía la pena de ser vivida, de que alcanzar la felicidad era posible y que el secreto chisporroteaba en un sencillo sartén.

ODA AL CALDILLO DE CONGRIO - Pablo Neruda
En el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne. Y en las ollas chilenas, en la costa, nació el caldillo grávido y suculento, provechoso. Lleven a la cocina el congrio desollado, su piel manchada cede como un guante y al descubierto queda entonces el racimo del mar, el congrio tierno reluce ya desnudo, preparado para nuestro apetito. Ahora recoges ajos, acaricia primero ese marfil precioso, huele su fragancia iracunda, entonces deja el ajo picado caer con la cebolla y el tomate hasta que la cebolla tenga color de oro. Mientras tanto se cuecen con el vapor los regios camarones marinos y cuando ya llegaron a su punto, cuando cuajó el sabor en una salsa formada por el jugo del océano y por el agua clara que desprendió la luz de la cebolla, entonces que entre el congrio y se sumerja en gloria, que en la olla se aceite, se contraiga y se impregne. Ya sólo es necesario dejar en el manjar caer la crema como una rosa espesa, y al fuego lentamente entregar el tesoro hasta que en el caldillo se calienten las esencias de Chile, y a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra para que en ese plato tú conozcas el cielo.

viernes, 16 de abril de 2010

MOMMY DEAREST: ¡MAMITA QUERIDA!

Juro, arrodillada sobre la tumba de Farrah Fawcett, que por más que sea el día de las madres, la columna de Nicoletta jamás de los jamases se va a poner cursi ni melindrosa. Yo soy así, digo lo que siento y siento lo que digo y por supuesto mi lengua, como bien saben, está finamente depilada, por lo que no me guardo nada a la hora de escribir mi columna.

Ustedes seguramente ya conocen la aberración que me producen todas estas fiestas y celebraciones temáticas que van del Día de los enamorados hasta la Navidad. Las considero fiestas fabricadas con fines comerciales que lo único que hacen es estresarnos más de lo que ya nos estresa Lugo y el EPP. Cuando llegan estas celebraciones no se si mis neuronas entran en cortocircuito o me sopla viento norte. Lo que sí se es que el resultado siempre es el mismo: me trastorno. Me olvido de todo lo que aprendí en mi clase de Kundalini Yoga para controlar mi nivel de stress y exploto como pororó de microondas. En estas celebraciones recomiendo a todos mis amigos y familiares que se mantengan a la larga y hasta he pensado en colgarme un cartelito al cuello que lea: “Cuidado Perra Brava”.

Hoy me toca hablar del Día de las Madres. Como dice la máxima “Madre hay una sola“; y yo digo “¡¡¡POR SUERTE!!!” En el día de las madres tendemos a olvidar que nuestras madres, a quien por supuesto adoramos incondicionalmente, han hecho millonarias a nuestras psicólogas. No podemos negar que en toda relación madre-hija se produce frecuentemente situaciones de amor-odio, aceptación-rechazo, alejamiento-acercamiento que son el pan de cada día de los terapistas del mundo.

Por más que las idolatramos de niñas, llega la adolescencia y se convierten en nuestras enemigas acérrimas. Con el tiempo, cuando crecemos y nos damos cuenta de lo difícil que es ser madre y lo complicado que es crear a un hijo las comprendemos y las valoramos y nos acercamos a ellas. Aún así, todo lo que nos hicieron padecer con sus interminables reproches, plagueos y actitudes tan propias de las madres, dejan su marquita en nuestras vidas.

Convengamos, antes de seguir, que sentimos un amor INCONDICIONAL hacia ellas, que quiere decir, que por más que nos sacan de quicio las amamos sin restricciones con tooodos sus defectos y virtudes. Una vez aclarado esto, vayamos al grano: las cosas que nos vuelven locas de nuestras madres.

Son las reinas de los plagueos: ¡Este es indiscutiblemente el número uno del ranking! Parece que al convertirse en madre una automáticamente se convierte en una plagueona patológica. En cima los plagueos maternos tienen aires de letanía, una vez que empiezan ya no pueden parar y siguen y siguen como el conejito de Duracell, volviéndote loca las 24 horas del día. Empiezan con algo y luego lo van encadenando con otra cosa y otra más hasta formar un chorizo verbal imposible de digerir. Por lo que es muy normal escuchar a las 7:00 am un chorizo como este:

“Ya no vino otra vez la empleada-Seguro que voy a llegar tarde a la oficina porque a la pelotuda de Evanhy se le ocurrió hacer los recapados del centro de día-¡¿Porqué china no trabajan de noche cuando no hay un alma en el centro?!- Y yo más pelotuda que la voté-Pero también le voté al zurdo de Lugo y ese sique es un voto del cual me arrepiento (mientras abre el tetrapack de la leche)-¡Ay me rompí una uña!-¡Miéeeercoles!-Justo ayer me hice las manos-Y vos, ¿no pensás ir a hacerte las manos? Mirá que ya parecen garras y de paso te cortás ese pelo que dentro de poco te van a rezar rosarios porque parecés una virgencita- (Interrumpe para tomar aire)- ¡Juuuulioooooo! Vení a desayunar que vas a llegar tarde al coleeeegio-Y antes de bajar alzá toda tu ropa del piso que no soy tu empleada-Tu hermano es un fresco- Igualito a tu padre tenía que salir y para el colmo mirá que se toma su tiempo-Salió pancho como tu abuela-¡Juliooo, vení ya te digo que se enfría la leche-Ni sueñes que te la voy a recalentar que se descompuso el microondas y el gas está carísimo-Ya sé que en esta casa todos creen que soy la empleada-(Para y mira el reloj con cara de espanto) ¡Dios mío ya son las 7:30! (en realidad son las 7:05) y no vino todavía la empleada- Pero si esa es más pancha que tu hermano y tu abuela juntos-¡Juuuulioooo bajaaaaate caramba que es tardísimo!-Bien que farrear estás siempre listo a tiempo- Y que sea la última vez que me llegás a la una entresemana- Mirá que la próxima te quito el auto-Y vos tomá rápido tu café que no llegamos y pará con la manteca que te engorda-¡Juuuuliooooo! ¿Vas a venir o vas a esperar que te pase a buscar el avión presidencial?-Es que en esta casa nadie me escucha-¡Parece que hablo a la pared!”


La verdad es que nadie las escucha. Esos plagueos habituales de las madres generan en sus receptores una habilidad increíble para abstraerse, pensar en prados, mariposas y George Clooney y poner en off a nuestros oídos. El problema es que ellas no se dan cuenta y se siguen plagueando.


Son las sargentas del hogar: Como están acostumbradas a que se las ignore (evidentemente con justo motivo ya que sus plagueos ya nos tienen saturados) tienen la costumbre de gritar todo el día como si fuera que así le vamos a hacer caso. Ellas no entienden que nuestros oídos están en off y que estamos pensando en George Clooney. Nos llaman a los gritos todo el día, por más que estemos frente a sus narices (probablemente creen que estamos sordas). Es normal escucharlas gritar a todo pulmón: “Josefiiiinaaaaa! Dejá ese aparatito (ya sea la tele, la computadora, el celular o el ipod) y vení a almorzaaaaar”. Así nos encontramos respondiendo (a los gritos también) unas 5345 veces x día: “¡Si mamá ya voooy!” Como tienen el hábito de sargentear en el hogar se convierten en unas mandonas insufribles. Todo el tiempo están imponiendo órdenes y estableciendo reglas inquebrantables (salvo para ellas). Su persona engloba en uno al poder legislativo, ejecutivo y judicial. De niños nos obligan a tomar todo el jugo de zanahoria porque hace bien a la vista o a abrigarnos ante el más leve cambio de temperatura. Al crecer nos ponen trabas en las salidas y nos prohíben hacer todas las cosas que ellas hicieron de jóvenes. Y de adultas siguen imponiéndose a la distancia con sus interminables llamados telefónicos.


Son manipuladoras expertas: Como tienen muchas leyes que hacer cumplir son extremadamente arteras a la hora de manipularnos para que hagamos lo que ellas quieren. Por supuesto que cuando somos niños e ingenuos abusan de nuestra inocencia arguyendo las razones más absurdas e ilógicas. En su repertorio de justificaciones abundan frases del tipo: “no te saques los zapatos que te van a crecer los pies”, “Si te rompés el cuello corriendo por la escalera no te vas a poder ir al cumpleaños”, “Si no comés la ensalada se te van a caer los dientes”. Cuando crecemos y adquirimos un poco de lógica sus amenazas y advertencias sufren sutiles cambios del tipo: “Si te aplazás en matemática te voy a llevar a la escuela graduada n° 3564 y vamos a ver si se acuerdan de vos tus compañeros”, “Si me seguís dejando todas las luces prendidas te voy a hacer pagar a vos la cuenta”. Cuando todo falla, tienen sus ases bajo la manga, las elementales y universalmente implementadas frases: “porque yo lo digo” o “porque sí o porque no, y punto”. Al convertirnos en adultos ellas cambian de estrategia y empiezan a adoctrinarte con ejemplos alarmantes que sacan de los noticieros matutinos y de las experiencias de sus amistades, del tipo: “No le vayas que a dejar solos a tus hijos con la niñera, mirá que la sobrina de la amiga de Chichú un día volvió temprano a casa y no estaban, y luego los encontró mendigando por la calle!”


Aman el drama: Siempre encuentran un motivo para preocuparse y sus múltiples preocupaciones tienden a volverlas contradictorias. Seguramente les habrá tocado estar en una situación como esta:

Madre: “¡Porqué no me avisaste que ibas a llegar tarde! Ya estaba a punto de llamar a la policía! Acaso no ves los noticieros. Es que vos luego ni te enterás de las cosas que pasan. Pensé que te secuestraron, que te chocó un borracho, que te acuchillaron! ¿Me podés decir en qué estabas pensando?”

Hija: (Silencio. Se escuchan grillos de fondo)

Madre: “¡Contestame cuando te hablo!”

Hija: ¡Ya te dije mil veces que no te llamé porque se me quedó el celular sin batería!

Madre: “¡No me vayas a contestar chiquilina!”


A veces son más difíciles que entender que la astrofísica. Primero te dicen una cosa y luego otra. Cuando estás flaca te atiborran de comida y vitaminas y cuando finalmente subís de peso empiezan a preocuparse por tu sobrepeso y te ponen a dieta para que no termines desbordada como la tía Marilú que no podía ni levantarse de la cama por obesa. Se preocupan por el sedentarismo de sus hijos y los alientan para que practiquen deportes y luego se quejan de que están todo el día jugando fútbol y no estudian. Cuando se convierten en abuelas empiezan a preocuparse por sus nietitos. Si les retamos somos malas madres porque no les tenemos paciencia y si les hablamos bien se preocupan porque no les ponemos límites.


Ellas lo hacen todo mejor: Se empeñan en compararse con nosotras y demostrarnos que ellas saben más. Todólogas por naturaleza, aman demostrar su inteligencia y sabiduría y chantarnos el popular: “Yo te dije que” o “Si me hubieras hecho caso no te hubiera pasado esto”. En algunos casos no menos frecuentes tienden a querer competir con nosotras a través de reclamos y comparaciones odiosas del tipo:

Madre: No entiendo porqué estás siempre de negro. ¿Se murió alguien acaso?

Hija: Y yo no entiendo porqué te echás encima el arcoíris. ¿Hay alguna fiesta atrasada de carnaval?

Madre: Es que con lo flaca que soy me puedo permitir usar todos los colores que quiero. Hasta el flúor te quedaría lindo si fueras flaca como yo.

Hija: Ya te dije que me gusta el negro y no me gustan los colores.

Madre: Y si seguís comiendo menos te van a gustar.

Por supuesto sus comparaciones no tienen porqué limitarse a situaciones actuales. Sin problema alguno se remontan al pasado con frases del tipo: “Cuando tenía tu edad ya estaba casada y con tres hijos, no entiendo cuanto más vas esperar para casarte”, “En mi época si salías así a la calle te mandaban presa” o “Cuando era joven mi piel parecía de porcelana, es que no nos incinerábamos como morcillas al sol como ustedes.”


Sufren del síndrome de la gallina clueca: Para ellas nunca dejamos de ser sus pollitos indefensos y nos tratan como si el mundo nos fuera a comer al espiedo por el simple acto de salir del gallinero. No dejan de meterse en nuestras vidas, sobreprotegiéndonos hasta la asfixia. Son las que ante la menor mancha sacan un pañuelo y lo mojan con su saliva para limpiarte, la que cuando estás jugando con otros niños te llaman (a los gritos por supuesto) para peinarte los pelos para que no se te caigan sobre la cara, las que si nos engripamos se convencen a sí mismas que tenemos la gripe aviar y se ponen histéricas y las que si llegamos tarde llaman al 911 y cuando volvemos a casa nos encontramos a Mario Bracho reportando sobre nuestra desaparición y probable secuestro. Cuando les reprochamos lo más probable es que nos contesten: “Ya me vas a entender cuando tengas hijos, y espero que ellos salgan como vos para que veas lo que me hacés sufrir.” Seguido de un plagueo interminable en el cual manifestarán lo poco que las valoramos, lo mucho que las hacemos preocuparse, lo gorda que estamos y que no vino la empleada.


Estamos destinadas a convertirnos en ella: Nuestra peor pesadilla es convertirnos en nuestras madres y repetir todas las cosas que odiábamos de ellas al crecer. Cuando alguien (generalmente nuestro peor es nada) nos dice: “te estás volviendo igualita a tu madre”. Por más de que amamos a nuestras madres no lo vemos como un cumplido, más bien lo sentimos como si nos estuvieran diciendo: “¡estás loca como tu madre!” Ahí mismo sentimos una puñalada en el estómago y empezamos a pasar noches en velas preguntándonos si será cierto. Lo más probable es que lo sea. No solo nos unen lazos genéticos sino que somos el producto de su crianza e influencia y estamos destinadas a seguir los patrones que nos impusieron. Como hijas tendemos a criticar mucho a nuestras madres. Sentimos que nos sofocan durante nuestra adolescencia y juventud y juramos ser diferentes al ser madres. Pero al convertirnos en madres ¡zácate! Su fantasma parece poseernos como a la prójima de Linda Blair en “El Exorcista”. Con nuestros hijos aprendemos mucho sobre nosotros mismo y sobre nuestras historias previas con nuestras propias madres. Al tener hijos recién una entiende la envergadura de lo que significa la maternidad. Empezamos a ser menos críticas y en pensar en todo lo que las hicimos sufrir y en las veces que nos habrán querido encerrar en el ropero y salir al patio a tomar un Martini doble para relajarse y no lo hicieron.


Mi único consejo es que les tengan muchísima paciencia a sus madres y les sigan la corriente haciéndoles saber que ellas SIEMPRE tienen la razón para estar en paz y evitar plagueos y reproches. Por más de que a veces nos hieran o nos molesten, no lo hacen intencionalmente. Ellas tienden a estar más estresadas que nosotras y con justo motivo. Recuerden que trabajaron mucho por formarnos y que de seguro hizo todo lo mejor que pudo dentro de sus posibilidades. Al fin y al cabo ellas son las primeras a quien recurrimos para un consejo o un abrazo, ellas nos enseñaron todos nuestros valores, como sentir, como comportarnos y como ser. Nos trajeron al mundo y nos hicieron tal cual somos. La próxima vez que alguien les diga que se parecen a sus madres no se alteren tanto. Sonrían graciosamente con esa misma sonrisa de miss que ponían cuando sus madres les hacían pasar papelones frente a sus amigos y contesten con aplomo: “Gracias”. Y por favor recen, recen mucho para que cuando sus hijas crezcan, ellas también respondan de la misma manera cuando se les acuse de ser igualitas a ustedes…

Pascuas de chocolate

Ya se que para ustedes la Semana Santa es sinónimo de vacaciones. Para mí es mucho pero MUCHÍSIMO más que eso. Espero que no crean que me vaya a poner a hablar de la fe ni de mi grupo de oración a San Antonio. Para mí la Semana Santa es un periodo de recogimiento en el cual me paso ayunando con un solo objetivo: comerme todos los huevos y conejos de chocolate que encuentro en mi camino el domingo de Pascua.

TODO el año me controlo, TODO el año cuido mi silueta, TODO el año sudo como micrero en el spinning, TODO el año me resisto a la intolerable tentación de comer chocolate… porque se que un solo bombón me lleva a 20 y que cada gramito de ese tentador bocado se metabolizará como por arte de magia en un profundo cráter celulítico en mis muslos.

Todas las mujeres sabemos lo importante que es el chocolate en nuestras vidas y lo difícil que es resistirse a esta dulce adicción. Cuando no nos resistimos, cuando nos permitimos una escapada, cuando nos damos el gusto de rendirnos ante este placer inconfesable, nos sentimos inmediatamente en culpa. Castigándonos mentalmente por haber cedido a la tentación como si fuéramos criminales convictos.

Como método de control empezamos a contar calorías mentalmente como auténticas obsesivas compulsivas, y luego calculamos los kilómetros que vamos a tener que caminar para reducir los kilogramos que ganaremos. Se nos encienden todas nuestras neuronas matemáticas para efectuar estos cálculos e inmediatamente nos prometemos cosernos la boca con punto cruz.

Pero luego llega Marzo y el pasillo del súper destinado a nuestra perdición (aquel pasillo lleno de golosinas que siempre evitamos) se expande hasta apropiarse del supermercado entero. Vamos como unas dementes por los pasillos intentando hacer la vista gorda para no engordar, usando toda nuestra fuerza de voluntad para llegar a la góndola light, o a la sección de frutas y verduras evitando todos esos obstáculos tentadores que aparecen en nuestro camino. Es un HORROR…. Una tortuuura!!!

Yo se que muchas de ustedes son tan regias que logran resistirse. Pero yo no. Debo admitir que soy débil y la tentación me supera y en marzo no logro salir invicta del súper. Mi compra habitual de lechuguitas, tomatitos, pan integral y yogures descremados termina siendo sustituida por huevitos, huevotes y mega huevos reloaded de chocolate.

En Pascua tiro la toalla. En pascua doy rienda suelta a mi adicción al chocolate y sinceramente la disfruto. Me siento como una náufraga rescatada a la que se le presenta un banquete opíparo tras 100 días de dieta de coco y banana. En Pascua me convierto en una chocoadicta orgullosa y renegada que se avalancha como una poseída sobre la góndola de chocolates gritando Aleluuuya!
En Pascua digo: hola, mi nombre es Nicoletta y soy chocohólica. No se si existen centros de rehabilitación para mi adicción, pero ni aunque existieran los pisaría. En Pascua no me importa la celulitis, la gordura, las críticas de mi marido, las miradas de mis amigas, los cierres rotos ni el acné. En Pascua solo quiero chocolate dulce, amargo, blanco, de leche, relleno de menta, cereza, naranja o dulce de leche. En Pascua solo quiero vivir la fantasía de tirarme en una bañera de chocolate fundido y entregarme con placer y sin culpas a mi adicción.

En Pascua me quiero transformar en Neruda y dedicarle una ODA al huevo de Pascua. Quiero transformare en azteca y dedicarle una ofrenda a sus dioses agradeciéndoles por haberles iluminado para inventar el xocolat.

En Pascua quiero comer chocolate sin culpa y ser feliz. Quiero reivindicar todas las veces que me abstuve. Las veces que quise comerlo y no lo hice: cuando tenía antojos, cuando estaba sola, cuando estaba triste, cuando me quería premiar, cuando me sentía obesa y solo quería salir de la dieta, cuando venía Andrés, cuando no venía Juan, cuando me sentía depre, cuando me quería mimar, cuando me sentía incomprendida y cuando solo quería celebrar su existencia en mi paladar.

En Pascua lo saboreo, lo siento derretirse lentamente en mi lengua y luego me relamo los dedos, para no desperdiciar ni un solo gramo. Y lo hago sin pensar en consecuencias, simplemente disfrutando el momento.

Estas Pascuas me voy a entregar a mi pasión. Voy a amar al chocolate como una niña. Y tal vez el lunes tenga un rollito más, me apriete el jeans, me sienta hinchada y rechoncha. Pero eso será el lunes. El domingo, mientras tenga en mi boca un chocolate divino fundiéndose sin culpa, calmando todas mis angustias, reivindicando todas mis abstenciones y rompiendo todos mis controles, me sentiré animada celebrar la vida sin prejuicios olvidándome de reglas y de medidas. El domingo compartiré un chocolate con mis hijas y sonreiré con ellas compartiendo el gusto de saborear un pecaminoso chocolate sin complejos.

viernes, 26 de marzo de 2010

Eramos tan ricos....


En estos días en que el mundo entero se viste de crisis, nosotros, los pioneros de la crisis nos mofamos de nuestros vecinos del norte diciendo: “¡chupáte esta mandarina!” A nosotros las crisis ya no nos asustan… acá ya estamos acostumbrados a todo tipo de recesiones, devaluaciones y retrocesos.



En los ochentas el cómico argentino Alberto Olmedo acuñaba la frase: “éramos tan pobres” recordando tiempos peores. Pero hoy en día, es difícil recordar tiempos peores cuando vamos de mal a peor. Recordar un tiempo en el cual éramos más pobres de lo que somos actualmente significaría que existe progreso, o al menos una ilusión de progreso. Pero lastimosamente aquí lo que pulula es el retroceso. Como no nos quedan tiempos peores para recordar, solo tiempos absoluta o relativamente mejores, solo podemos emitir un suspiro mientras exclamamos resignadamente: “¡éramos tan ricos!”

Los únicos que pueden mirar atrás y sentirse consolados con su progreso son los nuevos ricos. Ellos si pueden decir: “éramos tan, pero tan pobres que cuando nos casamos nos quedamos a juntar el arroz que nos tiraron en la iglesia… y ahora comemos risoto ai fungii.” (Por supuesto que no tienen idea de cómo se escribe ni se pronuncia).

Pero los nuevos ricos son solo una parte del problema. Ellos son solo unos cuantos que supieron sacar provecho de la crisis y por supuesto hacer rendir el zoquete político hasta su más alto rédito. El problema real es la crisis, que alcanza a todo el espectro social, convirtiendo a los pobres en paupérrimos y a muchos ricos en la nouvelle vague de la pobreza.

Lo preocupante no es que cada vez haya más nuevos ricos, sino que cada vez haya más proliferación de nuevos pobres. Numerosas familias de rancio abolengo, se han visto catapultadas directamente de las burbujas de champagne a la sidra, sin ni siquiera tener el consuelo de pasar por el espumante. Este grupo de “gente bien” pasó a ocupar, contra su voluntad, las filas de la clase media. Pasar del plan full a la mini carga no es un cambio fácil.

Como rezaba el título de una novela mexicana, los ricos también lloran…y no siempre de felicidad. La movilidad social a la inversa, no es un sendero sembrado de flores. Así muchas regias pasaron a llorar por todos los rincones, mientras se le encendían los ojos de rabia al ver como los nuevos ricos les usurpaban todos sus privilegios. A ellas solo les queda su dignidad y el recuerdo de los tiempos mejores.

Como es claramente comprensible, la caída de clase es traumática para cualquiera. Como los nuevos pobres tienen una reputación y apellido compuesto que proteger, lo primero que hacen es tratar de cubrir a toda costa el problema familiar, que para ellos evidentemente más que un problema es una tragedia griega. La consigna es: si ya no somos ricos, aparentemos.


Para seguir viviendo la vida a la que estaban acostumbrados (auto del año, clubes privados, cenas en restaurantes de moda, vestidos por el diseñador top), los nuevos pobres se convierten en artistas del bicicleteo; manteniendo su estilo de vida alternando sus antiguas tarjetas doradas. Por supuesto esto les agota y terminan inevitablemente deprimidos. Como su psicólogo no acepta tarjetas de crédito, se consuelan leyendo todos los libros de autoayuda del gurú del momento.

Cuando ya no solo pueden pagar el mínimo de sus tarjetas, empiezan a bajar cautamente su estilo de vida. El primer recorte se produce en todos los artículos domésticos. Empiezan a comprar el papel higiénico de lija, a cargar aceite de girasol en las botellas vacías de aceite de oliva italiano, a aguar el detergente y a dejar de ir al Agro Shopping para ir a rozarse con el pueblo en el Mercado de Abasto.

El segundo recorte se produce en el área Shopping. Así las nuevas pobres se echan un pañuelo a la cabeza y unos lentes oscuros y van de compras a Bonanza de incognito, entonando un rosario interno para no encontrarse con nadie conocido. De comprarse cada temporada los bolsos de la última colección de Louis Vuitton y los más regios lentes de Gucci pasan a equiparse de Luis Truchón y Trucci. Para los casamientos empiezan a recurrir a sus modistas de barrio, a quienes evidentemente reniegan, jurando por la vida de sus caniches que se trajeron el vestido de Buenos Aires o adjudicándolo a otro diseñador, que por supuesto a su vez las reniega enfuriado por los monos que le dejaron en su última visita.

Para que nadie sospeche de su iliquidez pueden hasta simular un ataque de pánico por temor a ser secuestradas y son capaces de hasta ponerle un chalequito de pesca y anteojos Ray Ban (truchos ooobvio) a sus jardineros para que parezcan sus guardaespaldas. Al igual que los nuevos ricos, los nuevos pobres tienden a las exageraciones. Pero en este caso es totalmente comprensible por una sencilla razón: nadie quiere ser pobre.