sábado, 5 de junio de 2010
MUSEO DE ARTE SACRO DE LA FUNDACIÓN NICOLÁS LATOURRETTE BO
miércoles, 2 de junio de 2010
PAPAS ALHAJAS

En este día tan especial para ellos, es un placer para mí hacerles un pequeño boicot en su fecha conmemorativa, recordando todas las características paternales que nos sacan de quicio a las madres.
AMAN DELEGAR: A la hora de tener que lidiar con las tareas domésticas y con nuestros hijos, lo primero que hacen es remitirnos inmediatamente la cuestión a nosotras. La mayoría de las veces se produce una delegación tácita. Ellos ya asumen que la cuestión nos corresponde a nosotras. Por ejemplo, si hay que llevar a los niños al médico o cambiar las sábanas cuando nuestros hijos se hacen pipí en la cama, directamente dan por asumido que nos corresponde a nosotras encargarnos del asunto. Otras veces, lo solucionan todo con la odiosa frase: “pedile a tu mamá” (porque por supuesto ellos están muy ocupados viendo el partido de fútbol en la tele).
INVENTARON LA LEY DEL ÑEMBOTAVY: Otra de sus estrategias para evitar hacer cosas que no tienen interés en hacer es alegar ignorancia. Pueden ser Neurocirujanos o Físico nucleares, pero a la hora de vestir a sus hijos o cambiar un pañal, declaran que no saben hacerlo y obviamente nos pasan NUEVAMENTE la tarea a nosotras. También sacan el mayor provecho de su “oído selectivo”, mediante el cual filtran solo lo que QUIEREN escuchar. Por lo que cuando le recordamos que a la tarde le tiene que buscar a los niños del cole ya que nosotras tenemos un compromiso, lo más probable es que a las 5:00 de la tarde recibamos una llamada del cole preguntándonos si tenemos planeado buscarle a los chicos del cole o planeamos dejarlos allí de camping.
SON LOS PEORES NIÑEROS DEL UNIVERSO: Cuando nos toca delegar a nosotras las madres, sabemos que dejar a nuestros hijos solos con el padre no siempre es la opción más conveniente. Lo más probable es que acepten a regañadientes, algo que no nos sorprende ya que están más acostumbrados a delegantes que a ser delegatarios. Cuando aceptan sin manifestar ningún tipo de oposición a la idea, recuerden que no hay que cantar victoria antes de tiempo. Lo más probable es que aplicaron su oído selectivo y respondieron sí mecánicamente sin escucharnos en realidad, por lo que no es de extrañar que al volver a casa encontremos a nuestro marido plácidamente dormido y toda la casa revuelta, las paredes pintadas, los niños embardunados de pintura o jugando a los espadachines con el machete del jardinero.
SON ADICTOS A LA ADRENALINA: Adoran probar sus limites… y por supuesto también los nuestros. A los pocos meses de ser padres ya intentan transmitir su pasión por la adrenalina a sus hijos. Empiezan tirándolos al aire de bebés y poniéndolos boca abajo, matándose de risa mientras nosotras observamos con cara de espanto. Ni bien nuestros hijos crecen lo suficiente como para utilizar un triciclo ya empiezan a fantasear con carreras de karting, motocross y todas esas cosas que las madres odiamos. Cuando nuestros hijos se vuelven adolescentes son los primeros en apoyar su intención de inscribirse al curso de paracaidismo. Cuando nos oponemos, nos tachan de locas o de exageradas a lo que no nos queda más alternativa que contestar: “¡Espero estar equivocada… porque si se llega a hacer puré, a vos te hago PICADILLO con mis estiletos!”
SON TECNO ADICTOS: Llenan la casa con inútiles aparatejos espaciales que nosotras no entendemos ni tras leer el manual. Esta adicción hace que cuando nacen sus hijos se surtan de una variedad de cámaras y filmadoras en las que registrarán cada uno de los innumerables momentos kodaks domésticos. Hasta ahí todo bien… hasta que estos padres empiezan a rememorar su adolescencia (de la que nunca se recuperaron totalmente) y empiezan a sacarle fotos jocosas a sus pobres e inocentes bebés. Por lo que no es de extrañar, que al observar el álbum familiar, entre la foto del tierno bebé comiendo su papilla y la emocionante imagen del bebito dando sus primeros pasos aparezca una foto del inocente bebé tomando (aparentemente… aunque nunca podemos estar seguras) una cerveza, o desmayado en su sillita alta mientras sostiene con sus pequeñas manitos un ñoño gigante.
SUFREN DEL SÍNDROME DEL GUARDABOSQUES: Para ellos la frase “menos es más” es la regla a la hora de admirar la indumentaria femenina. Resulta patente que los hombres aaaaman los escotes y las minis…. SALVO en sus hijas. Cuando sus adoradas hijitas crecen y empiezan a mostrar sus atributos ellos, que conocen muy bien todos los ratoneos mentales que se generan en la mente masculina, son los primeros en pegar el grito al cielo. Inmediatamente el puritanismo de Benedicto XVI invade su cuerpo y arman un escándalo que merece un Óscar, al caradurismo obviamente. Pero lo que más disfrutan hacer es atormentar a los primeros noviecitos. Cuando visitan la casa por primera vez, ellos los reciben con su mejor cara de “pocos amigos”. Luego lo invitan a la sala mientras “la nena” (quien para ellos sigue teniendo 10 años menos de lo que en realidad tiene) se prepara. Mientras esperan en la sala a que venga la nena, hacen todo tipo de sutiles artimañas para hacerle entender al personaje en cuestión de que “la nena no se toca”. No sería de extrañar que se pongan a limpiar un rifle frente a las narices del espantado adolescente para intimidarlo aún más de lo que ya está, mientras le dice con tono de autoritario: “a la nena, la traes de vuelta a las 12”.
SU MACHO STYLE NO ACEPTA DIFERENCIAS: Si bien nosotras estamos siempre actualizadas en cuanto a moda, ellos se quedaron atrapados en el tiempo de las camisas a cuadros, los mocasines y los pantalones kakis, por lo que tienen un muy limitado código de indumentaria. Ellos crecieron con una sencilla regla en la cual creen con fervor: Pelo largo + arito = GAY (en realidad emplean otra palabra menos glamorosa y absolutamente impublicable que seguramente ya imaginan). ¡Guay que su hijo se deje crecer el pelo y que un día le aparezca con un arito en la oreja! No entrarán en razón por más de que intentemos razonar con ellos y le expliquemos que ahora se llaman “piercings” y que la mayoría de los gays son demasiado regios como para ponerse algo tan poco glamoroso en la oreja. Y si el hijo le sale emo, gótico o flogger…. Lo más probable es que el padre entre en shock ya que la sola idea de que un hombre se vista así, y que EN CIMA se maquille es tan descabellada que ni se le ocurrió agregarla a su lista de restricciones! Ahí directamente tendremos que llamar a una ambulancia para internarlo de urgencia del soponcio que le va a agarrar!
SON MONOSILÁBICOS: si bien las madres tendemos a ser verborrágicas, los padres son la antítesis total. Su vocabulario está compuesto principalmente de monosílabas. El resto lo expresan con sus expresiones faciales y con “la mirada del padre”: aquella mirada autoritaria que no necesita ninguna explicación verbal para transmitir claramente el mensaje. Cuando aplican “la mirada” nuestros hijos empiezan a temblar porque con “la mirada” ya les dio la advertencia, el reto y el castigo. No hay nada más frustrante para las madres que ver como nuestros maridos alinean a nuestros hijos sin desperdiciar palabras… generalmente, nosotras ya empleamos antes todas las palabras del Diccionario de la Real Academia Española, comentado y ampliado y todas aquellas palabrotas que no fueron incluidas al mismo por obvios motivos, sin lograr éxito alguno y ellos solo dijeron NO acompañado de “la mirada” y problema solucionado.
martes, 1 de junio de 2010
De tal palo tal astilla: Con la moda en la sangre





Carolina Herrera Jr.: Ícono de belleza, productora de cine y mano derecha de su homónima madre. Nació en Caracas, se educó en Nueva York y se mudó a España tras su casamiento con el torero español, Miguel Báez, el Litri. Su estilo informal y naturalidad han servido para renovar la célebre marca de su madre. Al terminar la universidad, donde estudió Química, decidió probar suerte en la industria del cine. Se mudó a Los Ángeles, donde pasó 3 años trabajando como productora de cine y televisión. Desde 1997 trabaja con su madre en el desarrollo de los cosméticos y fragancias de la firma CH. Su formación en Bioquímica y Bio-psicología, le han servido para convertirse en la encargada de las fragancias de este imperio, creando perfumes ahora ya clásicos como 212, 212 Sexy, Chic y el más reciente: CH.


Patricia Herrera: La menor de las hijas de la diseñadora Carolina Herrera, ingresó al “Fashion Hall of Fame” a los 24 años. Junto con su hermana, Carolina Adriana, ha colaborado en dar un aire fresco y juvenil a la marca. Poseedora de una elegancia innata, heredada de su siempre impecable madre, conforma, junto a su hermana, el futuro de este gran imperio de la moda. Trabajó como editora de modas de la revista “Vanity Fair”, trabajo que dejó para integrarse al equipo de diseño de su madre, con quien colabora en el desarrollo de las colecciones e imagen de la marca. Está casada con el empresario Gerrit Livingston Lansing Jr., descendiente de una aristocrática familia neoyorquina.

Katherine “Bee” Shaffer: Hija de Anna Wintour, editor de la edición Americana de Vogue satirizada por el libro y la película “El Diablo se viste de Prada”. A pesar de su juventud, ya sigue los pasos de su madre como periodista, y ha colaborado escribiendo en las columnas de moda de “Teen Vogue” y “The Daily Telegraph”. Con su madre comparte su estilo clásico, femenino y pulido, así como los asientos de front row en los desfiles. Viste de Chanel Couture, Carolina Herrera y Oscar de la Renta desde su adolescencia, algo que hace inevitable envidiarla. Nacida en Londres y criada Nueva York, empezó a colaborar con su madre estando aún en la secundaria, cuando, a los 17 años su madre la nombró editora colaboradora del “Teen Vogue”. Mientras estudia periodismo en la universidad Columbia de Nueva York, escribe una columna de moda para el diario londinense “The Daily Telegraph”. Con su madre también comparte el talento para detectar a jóvenes diseñadores, el hecho de que vestía los diseños de Proenza Schouler y Zac Posen antes de que se hicieran famosos, demuestra su heredado entendimiento de la industria de la moda.


Margherita Missoni: heredera de la casa italiana, Missoni, pertenece a una de las familias más influyentes en la moda italiana y es la nueva chica consentida de la moda italiana. Varias generaciones de la familia han trabajado para esta marca y Margherita continúa la tradición, siendo imagen de su perfume y embajadora de la marca. Los vaporosos vestidos de Missoni con sus famosos estampados multicolores en zigzag le sientan mejor que nadie, hecho que ha contribuido en que la marca gane adeptas entre los más jóvenes. Su estilo fresco, juvenil y con aires bohemios, sumado a su belleza mediterránea, y al hecho de que es la heredera de una de las marcas italianas más emblemáticas la han posicionado entre las figuras consentidas de la escena social europea y norteamericana y de las principales publicaciones de moda. “Teen Vogue” le dedica reportajes alabando su estilo personal, “Elle” la invitó a escribir sobre sus vacaciones familiares en Cerdeña y “Harper’s” la catalogó como una de las mujeres más elegantes del mundo. Esta aspirante de actriz y modelo, es además una activa colaboradora de la empresa familiar, trabajando en el desarrollo de las colecciones de la firma y en la creación de su último perfume. Margherita divide su tiempo entre Milán donde trabaja junto con su madre Angela Missoni y Nueva York, donde toma clases de actuación en el “Lee Strasberg Theater and Film Insititute”.



Allegra Beck: La anoréxica hija de la diseñadora italiana Donatella Versace y del modelo americano Paul Beck y sobrina favorita del gran Gianni Versace, al cumplir los 18 años heredó una fortuna de 400 millones de euros, convirtiéndose en la adolescente más poderosa del negocio de la moda. Ella era la luz de los ojos de su tío, quien la llamaba “mi pequeña princesa” y prueba de su adoración por ella, es el hecho de que la declaró heredera universal, convirtiéndola en la propietaria del 50% del Imperio Versace. Vivió una infancia de cuento, dividiendo sus días entre la escuela en Milán y fines de semana en la mansión de su tío a orillas del lago Como. De niña acompañaba a su tío a las presentaciones de suscolecciones en París, criándose entre backstages y pasarelas. Parecían padre e hija y ella lo llamaba “el mago” por su capacidad de convertir los sueños en realidad. No iba a dormir sin hablar antes con su tío, aunque sea por teléfono. El asesinato de su tío, cuando Allegra solo tenía 11 años, fue un duro golpe para ella. Al terminar el colegio en Milán, estudió en Brown y luego se transfirió a UCLA donde estudia francés, Historia del Arte y Teatro, ya que su verdadero sueño es ser actriz. Para sorpresa de todos, al heredar la fortuna, Allegra, quien siempre ha mantenido un perfil bajísimo, pidió un tiempo de 5 años para seguir sus intereses académicos y artísticos, antes de tomar una decisión sobre el rol que tomará en la empresa familiar. Durante este periodo, su madre y su tío Santo gestionarán la firma Versace con la autorización de Allegra. Todavía es incierto si decidirá dedicarse a la actuación o tomar las riendas de Versace. Recientemente, Allegra Beck entrevistó a Taylor Momsen de Gossip Girl e hizo el styling de las fotos para la novísima revista de moda “Love”, algo que nos hace presumir que está volcando la balanza hacia la moda.

La Mesa Felíz de Pablo Neruda

viernes, 16 de abril de 2010
MOMMY DEAREST: ¡MAMITA QUERIDA!

Ustedes seguramente ya conocen la aberración que me producen todas estas fiestas y celebraciones temáticas que van del Día de los enamorados hasta la Navidad. Las considero fiestas fabricadas con fines comerciales que lo único que hacen es estresarnos más de lo que ya nos estresa Lugo y el EPP. Cuando llegan estas celebraciones no se si mis neuronas entran en cortocircuito o me sopla viento norte. Lo que sí se es que el resultado siempre es el mismo: me trastorno. Me olvido de todo lo que aprendí en mi clase de Kundalini Yoga para controlar mi nivel de stress y exploto como pororó de microondas. En estas celebraciones recomiendo a todos mis amigos y familiares que se mantengan a la larga y hasta he pensado en colgarme un cartelito al cuello que lea: “Cuidado Perra Brava”.
Son las reinas de los plagueos: ¡Este es indiscutiblemente el número uno del ranking! Parece que al convertirse en madre una automáticamente se convierte en una plagueona patológica. En cima los plagueos maternos tienen aires de letanía, una vez que empiezan ya no pueden parar y siguen y siguen como el conejito de Duracell, volviéndote loca las 24 horas del día. Empiezan con algo y luego lo van encadenando con otra cosa y otra más hasta formar un chorizo verbal imposible de digerir. Por lo que es muy normal escuchar a las 7:00 am un chorizo como este:
“Ya no vino otra vez la empleada-Seguro que voy a llegar tarde a la oficina porque a la pelotuda de Evanhy se le ocurrió hacer los recapados del centro de día-¡¿Porqué china no trabajan de noche cuando no hay un alma en el centro?!- Y yo más pelotuda que la voté-Pero también le voté al zurdo de Lugo y ese sique es un voto del cual me arrepiento (mientras abre el tetrapack de la leche)-¡Ay me rompí una uña!-¡Miéeeercoles!-Justo ayer me hice las manos-Y vos, ¿no pensás ir a hacerte las manos? Mirá que ya parecen garras y de paso te cortás ese pelo que dentro de poco te van a rezar rosarios porque parecés una virgencita- (Interrumpe para tomar aire)- ¡Juuuulioooooo! Vení a desayunar que vas a llegar tarde al coleeeegio-Y antes de bajar alzá toda tu ropa del piso que no soy tu empleada-Tu hermano es un fresco- Igualito a tu padre tenía que salir y para el colmo mirá que se toma su tiempo-Salió pancho como tu abuela-¡Juliooo, vení ya te digo que se enfría la leche-Ni sueñes que te la voy a recalentar que se descompuso el microondas y el gas está carísimo-Ya sé que en esta casa todos creen que soy la empleada-(Para y mira el reloj con cara de espanto) ¡Dios mío ya son las 7:30! (en realidad son las 7:05) y no vino todavía la empleada- Pero si esa es más pancha que tu hermano y tu abuela juntos-¡Juuuulioooo bajaaaaate caramba que es tardísimo!-Bien que farrear estás siempre listo a tiempo- Y que sea la última vez que me llegás a la una entresemana- Mirá que la próxima te quito el auto-Y vos tomá rápido tu café que no llegamos y pará con la manteca que te engorda-¡Juuuuliooooo! ¿Vas a venir o vas a esperar que te pase a buscar el avión presidencial?-Es que en esta casa nadie me escucha-¡Parece que hablo a la pared!”
La verdad es que nadie las escucha. Esos plagueos habituales de las madres generan en sus receptores una habilidad increíble para abstraerse, pensar en prados, mariposas y George Clooney y poner en off a nuestros oídos. El problema es que ellas no se dan cuenta y se siguen plagueando.
Son las sargentas del hogar: Como están acostumbradas a que se las ignore (evidentemente con justo motivo ya que sus plagueos ya nos tienen saturados) tienen la costumbre de gritar todo el día como si fuera que así le vamos a hacer caso. Ellas no entienden que nuestros oídos están en off y que estamos pensando en George Clooney. Nos llaman a los gritos todo el día, por más que estemos frente a sus narices (probablemente creen que estamos sordas). Es normal escucharlas gritar a todo pulmón: “Josefiiiinaaaaa! Dejá ese aparatito (ya sea la tele, la computadora, el celular o el ipod) y vení a almorzaaaaar”. Así nos encontramos respondiendo (a los gritos también) unas 5345 veces x día: “¡Si mamá ya voooy!” Como tienen el hábito de sargentear en el hogar se convierten en unas mandonas insufribles. Todo el tiempo están imponiendo órdenes y estableciendo reglas inquebrantables (salvo para ellas). Su persona engloba en uno al poder legislativo, ejecutivo y judicial. De niños nos obligan a tomar todo el jugo de zanahoria porque hace bien a la vista o a abrigarnos ante el más leve cambio de temperatura. Al crecer nos ponen trabas en las salidas y nos prohíben hacer todas las cosas que ellas hicieron de jóvenes. Y de adultas siguen imponiéndose a la distancia con sus interminables llamados telefónicos.
Son manipuladoras expertas: Como tienen muchas leyes que hacer cumplir son extremadamente arteras a la hora de manipularnos para que hagamos lo que ellas quieren. Por supuesto que cuando somos niños e ingenuos abusan de nuestra inocencia arguyendo las razones más absurdas e ilógicas. En su repertorio de justificaciones abundan frases del tipo: “no te saques los zapatos que te van a crecer los pies”, “Si te rompés el cuello corriendo por la escalera no te vas a poder ir al cumpleaños”, “Si no comés la ensalada se te van a caer los dientes”. Cuando crecemos y adquirimos un poco de lógica sus amenazas y advertencias sufren sutiles cambios del tipo: “Si te aplazás en matemática te voy a llevar a la escuela graduada n° 3564 y vamos a ver si se acuerdan de vos tus compañeros”, “Si me seguís dejando todas las luces prendidas te voy a hacer pagar a vos la cuenta”. Cuando todo falla, tienen sus ases bajo la manga, las elementales y universalmente implementadas frases: “porque yo lo digo” o “porque sí o porque no, y punto”. Al convertirnos en adultos ellas cambian de estrategia y empiezan a adoctrinarte con ejemplos alarmantes que sacan de los noticieros matutinos y de las experiencias de sus amistades, del tipo: “No le vayas que a dejar solos a tus hijos con la niñera, mirá que la sobrina de la amiga de Chichú un día volvió temprano a casa y no estaban, y luego los encontró mendigando por la calle!”
Aman el drama: Siempre encuentran un motivo para preocuparse y sus múltiples preocupaciones tienden a volverlas contradictorias. Seguramente les habrá tocado estar en una situación como esta:
Madre: “¡Porqué no me avisaste que ibas a llegar tarde! Ya estaba a punto de llamar a la policía! Acaso no ves los noticieros. Es que vos luego ni te enterás de las cosas que pasan. Pensé que te secuestraron, que te chocó un borracho, que te acuchillaron! ¿Me podés decir en qué estabas pensando?”
Hija: (Silencio. Se escuchan grillos de fondo)
Madre: “¡Contestame cuando te hablo!”
Hija: ¡Ya te dije mil veces que no te llamé porque se me quedó el celular sin batería!
Madre: “¡No me vayas a contestar chiquilina!”
A veces son más difíciles que entender que la astrofísica. Primero te dicen una cosa y luego otra. Cuando estás flaca te atiborran de comida y vitaminas y cuando finalmente subís de peso empiezan a preocuparse por tu sobrepeso y te ponen a dieta para que no termines desbordada como la tía Marilú que no podía ni levantarse de la cama por obesa. Se preocupan por el sedentarismo de sus hijos y los alientan para que practiquen deportes y luego se quejan de que están todo el día jugando fútbol y no estudian. Cuando se convierten en abuelas empiezan a preocuparse por sus nietitos. Si les retamos somos malas madres porque no les tenemos paciencia y si les hablamos bien se preocupan porque no les ponemos límites.
Ellas lo hacen todo mejor: Se empeñan en compararse con nosotras y demostrarnos que ellas saben más. Todólogas por naturaleza, aman demostrar su inteligencia y sabiduría y chantarnos el popular: “Yo te dije que” o “Si me hubieras hecho caso no te hubiera pasado esto”. En algunos casos no menos frecuentes tienden a querer competir con nosotras a través de reclamos y comparaciones odiosas del tipo:
Madre: No entiendo porqué estás siempre de negro. ¿Se murió alguien acaso?
Hija: Y yo no entiendo porqué te echás encima el arcoíris. ¿Hay alguna fiesta atrasada de carnaval?
Madre: Es que con lo flaca que soy me puedo permitir usar todos los colores que quiero. Hasta el flúor te quedaría lindo si fueras flaca como yo.
Hija: Ya te dije que me gusta el negro y no me gustan los colores.
Madre: Y si seguís comiendo menos te van a gustar.
Por supuesto sus comparaciones no tienen porqué limitarse a situaciones actuales. Sin problema alguno se remontan al pasado con frases del tipo: “Cuando tenía tu edad ya estaba casada y con tres hijos, no entiendo cuanto más vas esperar para casarte”, “En mi época si salías así a la calle te mandaban presa” o “Cuando era joven mi piel parecía de porcelana, es que no nos incinerábamos como morcillas al sol como ustedes.”
Sufren del síndrome de la gallina clueca: Para ellas nunca dejamos de ser sus pollitos indefensos y nos tratan como si el mundo nos fuera a comer al espiedo por el simple acto de salir del gallinero. No dejan de meterse en nuestras vidas, sobreprotegiéndonos hasta la asfixia. Son las que ante la menor mancha sacan un pañuelo y lo mojan con su saliva para limpiarte, la que cuando estás jugando con otros niños te llaman (a los gritos por supuesto) para peinarte los pelos para que no se te caigan sobre la cara, las que si nos engripamos se convencen a sí mismas que tenemos la gripe aviar y se ponen histéricas y las que si llegamos tarde llaman al 911 y cuando volvemos a casa nos encontramos a Mario Bracho reportando sobre nuestra desaparición y probable secuestro. Cuando les reprochamos lo más probable es que nos contesten: “Ya me vas a entender cuando tengas hijos, y espero que ellos salgan como vos para que veas lo que me hacés sufrir.” Seguido de un plagueo interminable en el cual manifestarán lo poco que las valoramos, lo mucho que las hacemos preocuparse, lo gorda que estamos y que no vino la empleada.
Estamos destinadas a convertirnos en ella: Nuestra peor pesadilla es convertirnos en nuestras madres y repetir todas las cosas que odiábamos de ellas al crecer. Cuando alguien (generalmente nuestro peor es nada) nos dice: “te estás volviendo igualita a tu madre”. Por más de que amamos a nuestras madres no lo vemos como un cumplido, más bien lo sentimos como si nos estuvieran diciendo: “¡estás loca como tu madre!” Ahí mismo sentimos una puñalada en el estómago y empezamos a pasar noches en velas preguntándonos si será cierto. Lo más probable es que lo sea. No solo nos unen lazos genéticos sino que somos el producto de su crianza e influencia y estamos destinadas a seguir los patrones que nos impusieron. Como hijas tendemos a criticar mucho a nuestras madres. Sentimos que nos sofocan durante nuestra adolescencia y juventud y juramos ser diferentes al ser madres. Pero al convertirnos en madres ¡zácate! Su fantasma parece poseernos como a la prójima de Linda Blair en “El Exorcista”. Con nuestros hijos aprendemos mucho sobre nosotros mismo y sobre nuestras historias previas con nuestras propias madres. Al tener hijos recién una entiende la envergadura de lo que significa la maternidad. Empezamos a ser menos críticas y en pensar en todo lo que las hicimos sufrir y en las veces que nos habrán querido encerrar en el ropero y salir al patio a tomar un Martini doble para relajarse y no lo hicieron.
Mi único consejo es que les tengan muchísima paciencia a sus madres y les sigan la corriente haciéndoles saber que ellas SIEMPRE tienen la razón para estar en paz y evitar plagueos y reproches. Por más de que a veces nos hieran o nos molesten, no lo hacen intencionalmente. Ellas tienden a estar más estresadas que nosotras y con justo motivo. Recuerden que trabajaron mucho por formarnos y que de seguro hizo todo lo mejor que pudo dentro de sus posibilidades. Al fin y al cabo ellas son las primeras a quien recurrimos para un consejo o un abrazo, ellas nos enseñaron todos nuestros valores, como sentir, como comportarnos y como ser. Nos trajeron al mundo y nos hicieron tal cual somos. La próxima vez que alguien les diga que se parecen a sus madres no se alteren tanto. Sonrían graciosamente con esa misma sonrisa de miss que ponían cuando sus madres les hacían pasar papelones frente a sus amigos y contesten con aplomo: “Gracias”. Y por favor recen, recen mucho para que cuando sus hijas crezcan, ellas también respondan de la misma manera cuando se les acuse de ser igualitas a ustedes…
Pascuas de chocolate

viernes, 26 de marzo de 2010
Eramos tan ricos....




