jueves, 24 de mayo de 2012

18 WHISKEYS PARA DYLAN THOMAS



Lo que la manteca y el whiskey no pueden curar, no tiene cura.
-          Proverbio Irlandés

Dylan Thomas, poeta maldito, galés, bohemio y borracho irredento, de genio precoz y muerte prematura. De su obra y vida podríamos decir que el caos y el exceso fueron su hoja de ruta hacia la genialidad. El poeta que inspiraría su nombre artístico a Bob Dylan nació en Swansea, Gales en 1914. A los 4 años ya recitaba de memoria Ricardo II de Shakespeare, por lo que no extraña que a los 12 ya escribiera sus primeros versos. A los 16, a instancias de su padre (un escritor frustrado que veía en su hijo el talento con el cual él sólo podía soñar), abandona la escuela para convertirse en periodista del “South Wales Evening Post”. 

En esta publicación se hacen evidentes sus dotes de escritor, redactando obituarios de una belleza poética inusitada y dando rienda suelta a críticas de cine y teatro absolutamente lapidarias que dejaban traslucir su propensión al escándalo y a la irreverencia. El periodismo le daba sustento, pero era la poesía lo que verdaderamente lo nutría. Al terminar sus arduas jornadas laborales solía apagar su sed en el bar del “Antelop Hotel” o del “Mermaid Hotel”, donde se entretenía escuchando las historias de los marineros embriagándose con ellos hasta la inconsciencia. Como es de esperar no duraría mucho en el diario, y tras 18 meses abandona su puesto para entrar a un grupo teatral y dedicarse a escribir poesía y obras de teatro.

Dylan se hizo famoso por sus versos, mágicos y oscuros, convirtiéndose en una referencia de la poesía inglesa del siglo XX. Pero también fue tan buen rapsoda como poeta, haciéndose de fama por su vozarrón imponente con el que cautivaba a quienes asistían a sus recitales poéticos. Para él, la comunicación poética debía ser oral y sabía declamar poesía como ninguno. Sus poemas “Do not go gentle into that good night”, “And death shall have no dominion” y “Fern Hill” le ganaron el aplauso del público y el elogio de la crítica. Su afición hacia la bebida, su preferencia por los bares, y su vida de noctámbulo y borracho empedernido lo ganaron el apodo del “último maldito” y “el gran maldito”.

Su primer libro, “18 poemas” fue publicado en 1934. El título de esta obra nos lleva a pensar que además de genial, caótico e irreverente, a Dylan lo podríamos también catalogar como profético, pues sería justamente con nada más y nada menos que 18 whiskys con los que acabaría su vida diecinueve años después.

Es que nuestro poeta maldito encontraba la lucidez en el alcohol, especialmente en su adorado whisky. Su vida no era fácil, sumido en una pobreza exasperante, el alcoholismo lo había tomado por completo. Pero fue también mediante a la bebida que pudo explorar los recovecos más oscuros de su alma para crear aquellas imágenes oscuras, delirantes y fuertes que hicieron famosa su poesía.

El licor sería también su camino a la tumba, a la cual llegaría a los 39 años en Nueva York. Thomas llegó a Nueva York el 20 de Octubre de 1953 para recitar “Under Milk Wood” en el prestigioso Poetry Centre neoyorquino. Su reputación ya lo había precedido a la ciudad de los rascacielos. Es que Thomas hacía gala de su alcoholismo, era parte de su esencia, y hasta podríamos aventurarnos a decir que formaba también parte de sus versos. La escritora Elizabeth Hardwick rememoró sus espectáculos intoxicados y la manera como su ebriedad elevaba la tensión tanto antes como durante cada una de sus actuaciones: “¿Llegaría a tiempo? ¿Llegaría sólo para quebrarse sobre el escenario? ¿Ocurriría alguna escena mortificante en la fiesta de la facultad? ¿Sería ofensivo, violento, obsceno? Éstas eran posibilidades alarmantes y a la vez excitantes.” Su viuda Caitlin escribió en sus memorias que él “exhibía los excesos y experimentaba la adulación que luego se asociaría a las estrellas del rock.”

A pesar de que no se sentía bien, nuestro poeta maldito decidió seguir curtiendo la noche como estaba acostumbrado a hacerlo. Sus noches en Nueva York fueron una sucesión de actuaciones, fiestas, bares y tertulias. A través de su amigo, el poeta escocés Ruthven Todd, Dylan fue a parar al “White Horse Tavern” un bar literario frecuentado por los poetas de la generación beat y del cual se haría habitué durante su visita en Nueva York. A pesar de llegar ya tarde y borracho de sus compromisos, el poeta daba una última visita al pub antes de dormir. Fue en esta ahora legendaria taberna donde el poeta galés se daría su última gran borrachera, para luego de tres días, el 9 de Noviembre de 1953, engrosar la lista de los poetas inmortales. Al llegar al Hotel Chelsea, de la que sería su última gran tranca, Dylan declaró (probablemente con el vozarrón más tembleque que de costumbre): “he bebido 18 vasos de Whisky, creo que es todo un record”. A la mañana siguiente, como es de esperar se sintió fatal. Pero esto no le impidió ir más tarde nuevamente al “White Horse” para otra ronda de whiskys y olvido.

La mañana siguiente se sintió nuevamente tan mal que tuvieron que llamar al Dr. Feltenstein, un mediático doctor de las estrellas, quien le recetó morfina creyendo erróneamente que la dolencia de nuestro poeta se trataba de un caso de Delirium Tremens, una afección común entre los alcohólicos. Pero fue tan injusta la vida con nuestro poeta maldito, tan brillante en sus versos y tan endeble en sus adicciones, que por borracho lo mal diagnosticaron. Dylan estaba con pneumonía y nadie se había dado cuenta, pues su constante ebriedad hacía suponer a todos que se trataba de síntomas vinculados a todas sus innumerables noches de exceso. Y así, el poeta que había exhortado: “Do not go gentle into that good night” (“No entren dócilmente en esa buena noche”), al incrementarse sus dificultades para respirar, se entregó también él a aquella buena noche. Y así, nuestro poeta maldito, dejó a todos gritando: “Rage, rage against the dying of the light” (“Furia, furia contra la muerte de la luz”)

A pesar de que se lo llevó un severo caso de neumonía no tratada, la creencia de que bebió hasta morir, y que fueron los 18 vasos de whisky los que le abrieron el camino hacia el más allá sigue muy ligada a la leyenda de Dylan Thomas. Pero la autopsia reveló que la causa inmediata de muerte había sido una inflamación del cerebro causada por la falta de oxígeno que acompaña al a neumonía. A pesar de beber fuertemente, su hígado ni siquiera mostraba señales de cirrosis. Pero como dice el proverbio: “hazte de fama y échate a dormir….” Al verlo descompuesto todos asumieron que se trataba de algo vinculado a sus excesos con el uisge beathe (gaélico para agua de vida). Para empeorar más su cuadro, el médico que lo atendió, habiendo oído que su paciente se había jactado de haber bebido 18 whiskys la noche anterior, asumió que se trataba de un caso de delirium tremens, le inyectó tres dosis de morfina, que en vez de ayudarlo dificultaron aún más su respiración, dejándolo sin oxigeno y llevándolo a un coma irreversible.

Irónicamente su fama de borracho lo que acarreó su muerte, y no precisamente los 18 vasos de whisky. Sin embargo en el imaginario colectivo se sigue perpetuando la leyenda de que el poeta bebió galés bebió hasta morir, una muerte sumamente apropiada para un poeta maldito. Hasta hoy en día en el “White Horse Tabern” a la derecha de la barra cuelga un retrato enorme en blanco y negro de Dylan Thomas. El poeta parece fijar su mirada en los demás clientes, como si les estuviera advirtiendo que se moderen con el whisky, salvo que quieran ir muy borrachos “into that good night” (“en esa buena noche”).





martes, 22 de mayo de 2012

MODELOS Y MUSAS: Encarnando la Moda – Segunda Parte



En los años 80 el modelaje sufre un giro paradigmático. Las modelos se apoderan de la industria de la moda, empezando a sobresalir más que los diseños que llevaban puestos. Se convierten en estrellas mediáticas que prescinden de sus apellidos, cobran cifras multimillonarias y borran los márgenes entre la pasarela, la prensa gráfica y la publicidad. Antes de ella existían modelos de pasarela, contratadas por su manera de caminar y modelos fotográficas, contratadas por su aspecto. Las supermodelos se destacaban tanto en la pasarela como en los estudios y sobretodo, lucían tan bien en las pasarelas que por primera vez las fotos de pasarelas se publicaban en las revistas (¡y sin cortar las cabezas!) Entramos a la era de las súper modelos.

Ellas dejan de ser meras modelos y hasta el apelativo de top models les queda corto. Ellas son las súper modelos. Una elite del modelaje que verdaderamente hizo historia y cambió para siempre el mundo del modelaje. Ya no se trataba de mujeres que representaban un estilo como las arrogantemente y estilosas modelos del New Look de los cincuenta, o las exóticas modelos sesentosas. Más que un ideal estético, estas modelos representaban un nuevo culto a la personalidad y a lo que desde entonces sería la palabra clave del modelaje: actitud.

En 1980 aparece la ultra chic aristocrática parisina Inés de la Fressange  que domina las pasarelas europeas y se convierte en el rostro de Chanel y desde 1989 suplanta a Catherine Deneuve como la Marianne de Francia. También es la década de la checa Paulina Porizkova. Sus enormes ojos verdes y pómulos bien definidos llamaron la atención de John Casablancas de Elite, quien la contrato a inicios de los 80’s y la llevó a París. Se hizo famosa cuando posó para la tapa  de dos ediciones consecutivas del Sports Illustrated Swimsuit Issue (la de 1984 y 1985). En 1988 firmó un histórico contrato con Estée Lauder por 6.8 millones de dólares anuales y lo mantuvo durante siete años. Durante los 80’s las revistas de moda estaban empapeladas con su rostro, no sólo aparecía en las portadas, sino también en un sinfín de publicidades, lo que le ganó el título de “la modelo de los 80’s”. La fama alcanzada con el modelaje la llevaría a la pantalla grande donde protagonizaría la comedia romántica “Her Alibi” junto a Tom Selleck en 1989 y en 1993 en el film de Kusturica “Arizona Dream” junto a Johnny Depp y Jerry Lewis. También integraría el jurado de “America’s Next Top Model”


A fines de los 80 e inicios de los 90 aparece un grupo de modelos que marcaría la historia. Sus pasos firmes trascienden la pasarela, convirtiéndose en fenómenos culturales y dejando su impronta en todas partes. Se trata de Cindy, Naomi, Linda, Christy, Stephanie y Claudia. Estas beldades glamorosas y omnipresentes tomaron al mundo de arrebato convirtiéndose en fenómenos mediáticos con status de estrellas, almas de divas y figura de diosas olímpicas. Ellas no se levantaban de la cama por menos de 10,000 dólares por día y más que meras maniquíes, recibían el mismo trato que estrellas de cine o del rock pues eran consideradas artistas que daban vida a las prendas impregnándolas de sus magnéticas personalidades. Ellas vendían un sueño. No sólo acumulaban millones, sino también dictaban quien las fotografiarían, y con cuales maquilladores y estilistas trabajarían y con cuáles no. Dominaban las pasarelas, las revistas, las grandes campañas publicitarias, salían con boxeadores (Naomi y Mike Tyson), estrellas del rock (Stephanie y Axl Rose), se las ligaba con la realeza (Clauida y el Príncipe Alberto de Mónaco) y se casaban con estrellas de cine (Cindy y Richard Gere). Posaban desnudas para Playboy o Rolling Stone, aparecían en videos musicales, programas de TV y películas. Estaban literalmente en boca de todos y en todas partes. Ellas convirtieron sus nombres en marcas registradas.

Cindy Crawford puede perfectamente definir la palabra supermodelo. Su carrera empezó cuando terminó como finalista del “Look of the Year” de Elite en 1983, a los tres años ya era tapa de Vogue. Su atractivo radicaba en que gracias a su imponente figura era atractiva para los hombres y su apariencia de chica de al lado, con un lunar sobre el labio que la alejaba de las anteriores modelos de belleza impoluta e inalcanzable, volviéndola una figura no amenazante para las mujeres. Su físico atlético y de imponente curvas también se alejaba de la figura diminuta de muchas otras modelos. Cindy se convirtió en un fenómeno. No solo modelaba, también daba entrevistas, tenía su propio programa de moda, el “MTV’s House of Style”, actuaba en series de TV y películas y hasta se convirtió en empresaria lanzando sus exitosísimos videos de fitness y un restaurante temático llamado el “Fashion Cafè” junto a otras supermodelos. Tras la llegada de Cindy se hizo común que las modelos promovieran una gran variedad de productos alejados de la moda y cosméticos. De hecho Crawford había firmado un contrato multimillonario con Pepsi que había marcado historia, enseñando a las modelos como diversificar su profesión haciéndola aún más rentable. Con el modelaje amasó una verdadera fortuna, siendo nombrada por la revista Forbes en 1995 como la modelo mejor pagada del mundo, con un ingreso anual de 6.5 millones de dólares.

La escultural Naomi Campbell empezó a modelar a los 15 y desde entonces ha seguido deslumbrando con su caminata de gacela por todas las pasarelas del mundo. Naomi fue la primera mujer de color en aparecer en la tapa del Vogue Francés, y lo hizo gracias al apoyo de Yves Saint Laurent quien amenazó retirar sus publicidades de la revista si seguían reusándose a retratar a modelos negras en sus tapas. También fue la primera en aparecer en la tapa de la famosa edición de septiembre de Vogue US. Junto con Christy Turlington y Linda Evangelista formó el trío de modelos conocido como “la Trinidad” por ser las más reconocidas y solicitadas modelos de su tiempo. A ellas no les gustaba el término, y preferían el apodo que le había puesto el fotógrafo Steven Meisel: “las hermanas feas”. Naomi describió a su grupo de modelos y amigas en 1990 como: “somos como una galletita óreo pero al revés.” Ellas formaban una alianza para recibir los mejores contratos y mantener su caché siempre elevado. Incluso si algún diseñador se reusaba a contratar a una de ellas las otras se negaban a desfilar para él. Como eran súper estrellas, siempre conseguían lo que querían.

La camaleónica Linda Evangelista llegó a la fama al cortarse el pelo como un niño, un estilo que luego fue imitado por muchas mujeres. Sus cambios de looks eran tan frecuentes como los importantísimos contratos que firmaba. Apareció en más de 600 tapas, videos musicales y desfiló para todos los grandes. Hasta hoy en día es considerada como una de las modelos más sofisticadas e icónicas de su tiempo y sigue apareciendo en importantísimas campañas publicitarias. Por su parte la imagen impoluta de Christy Turlington con sus más de 500 portadas, es considerada como una de las modelos más hermosas de todos los tiempos. En 1991 ya siendo considerada una supermodelo dijo a la revista Time: “Nosotras nos damos cuenta del poder que tenemos. Hacemos toneladas y toneladas de dinero para estas compañías y lo sabemos.” En 1989, firmó un contrato en exclusiva con Calvin Klein, convirtiéndose en modelo de su ropa interior y de su perfume Eternity. Asimismo, ha sido el rostro de los productos de belleza Maybelline.

La modelo alemana, Claudia Schiffer fue otra súper modelo fenoménica que traspasó las fronteras de la moda, convirtiéndose en un ícono de los 90 y perdurando hasta hoy en día como modelo. Su salto a la fama se dio cuando a inicios de los 90 posó para la campaña de Guess, en imágenes que recordaban a Brigitte Bardot, lo que causó constantes comparaciones entre ambas a inicios de su carrera. Luego Karl Lagerfeld la eligió como nuevo rostro de Chanel, lo que sería el puntapié para convertirse en una de las modelos más cotizadas de su tiempo, apareciendo en más de 700 tapas y desfilando para Versace, Dolce & Gabbana, Valentino e Yves Saint Laurent y hoy en día, con más de 24 años de carrera, continúa siendo rostro tanto de marcas de lujo como comerciales. También ha aparecido en videos musicales y varias películas como Zoolander y Love actually. En el 2002 Forbes estimó su valor neto en más de 55 millones de dólares. Hablando de la profesión de modelo en la actualidad, dijo: “supermodelos, como lo eran antes, no existen más.”

Stephanie Seymour fue la sexta y última de las seis originales supermodelos. A la par que sus compañeras apareció en centenares de revistas, videos musicales y campañas publicitarias. También fue modelo de Victoria’s Secret, apareciendo en la actualidad, como las demás, ocasionalmente en campañas y editoriales. Stephanie fue la única de las supermodelos que odiaba la pasarela, debido al pánico escénico que tenía. Según sus propias palabras fue gracias a las sumas irresistibles que empezó a ofrecer Gianni Versace para aparecer en sus desfiles que logró vencer su miedo. Resulta que Versace, conociendo la repercusión mediática que traía la presencia de las supermodelos en los desfiles, para asegurarse de tener a todas en sus desfiles empezó a pagarles hasta 50.000 dólares por desfile.

En el transcurso de la década de los  90’s, a las primeras supermodelos se les unen Nadja Auermann, con sus interminables piernas; la atlética Elle McPherson, apodada como “The body” por su escultural cuerpo; Tyra Banks la primera afroamericana en lograr un contrato con Victoria’s Secret y hoy convertida en estrella televisiva con su propio talk show y programa de concurso; la top alemana y presentadora del Project Runway Heidi Klum;  la elegante rubia Karen Mulder; Eva Herzigova la famosa chica Wonderbra; la belleza WASP de Carolyn Murphy; la actual primera dama francesa Carla Bruni; la Marianne francesa del milenio Laetitia Casta; las exóticas Yasmeen Ghauri y Nadege; la sueca funky Emma Sjoberg y la diosa danesa de increíbles ojos verdes Helena Christensen.

A fines de los 90 el estilo de belleza glamorosa da paso a un estilo más urbano y rebelde. El exceso de glamur de esta década no podía durar para siempre. La recesión llevó a que los diseñadores y casas de moda se unieron para reclutar a nuevas chicas, de rostros anónimos y cachés mucho más reducidos que sus predecesoras. Los movimientos de contra cultura promovieron nuevos ideales estéticos. Debemos recordar que los 90 son la era del
grunge y del minimalismo. La hegemonía de las supermodelos, que se había mantenido fuerte por una década (lo que sería el equivalente a un milenio en el siempre cambiante mundo de la moda) cedió su lugar al ascenso de una camada de modelos más andróginas y de belleza atípica. Las supermodelos se volvieron inadecuadas para la nueva estética minimalista que dominaría el resto de la década, las glamazonas simplemente no se veían bien en los trajes de Jil Sander. Otro factor en la caída de la era de las supermodelos fue la nueva tendencia de utilizar a actrices y celebridades en las portadas de revistas, y campañas publicitarias de productos de moda y cosméticos. La estocada final llegó en 1998, cuando el famoso September Issue de la Vogue Americana retrató a la actriz Renée Zellweger en su portada. Este fue declarado el fin de la era de las supermodelos.

Kate Moss sería quien mejor encarnaría esta nueva estética signada por la flacura extrema, la rebeldía, la belleza de cánones atípicos y el heroin chic. Una nueva estética absolutamente contrastante con las curvas de las supermodelos marcaría el comienzo del fin de la era de las supermodelos. La adolescente Kate, causaría un escándalo al aparecer sin maquillaje y con aspecto emaciado en una campaña de Calvin Klein. Su expresión reflejaba la nueva actitud fatalista, rebelde y hasta algo depresiva y oscura propuesta por la estética del heroin chic. Irónicamente, Kate Moss alcanzaría el status de supermodelo de sus predecesoras, manteniéndose como ellas todavía vigente en las pasarelas, editoriales y campañas.
La nueva estética significó el surgimiento de modelos de una belleza atípica como Kristen McMenamy, Amber Valletta, Shalom Harlow, Stella Tennant, Eve Salvail, Alek Wek, Esther Cañadas.

El Nuevo milenio marcaría la entrada  de las camadas de modelos extranjeras, todas de una misma zona geográfica y parecidas unas a otras. De estos flujos muy pocas lograrían destacarse. Este fue el caso de Natalia Vodianova, Carmen Cass y Karolina Kurkova entre las modelos de los países del este y Gisele Bundchen, Isabeli Fontana, Adriana Lima y Alessandra Ambrosio de entre las brasileñas.

Con la llegada de la curvilínea e imponente Gisele Bundchen la moda nuevamente volvió a fijarse en las glamorosas supermodelos. De hecho, para Claudia Schiffer, Gisele es la única modelo del siglo XXI que puede clasificarse como una verdadera supermodelo, sus imposibles ingresos de 35 millones de dólares anuales son prueba fiel de ello. El siglo XXI trajo muchos nuevos rostros, pero esto lo dejamos ya para otra entrega.

El ideal estético femenino ha evolucionado notoriamente en los últimos cien años, y las diosas estéticas de cada década nos muestran con claridad en qué manera lo ha hecho. Innegablemente ellas son las afroditas que marcan el paradigma estético de su época.

Consejos Maternos: Ignorándolos con descaro



La mayoría de las mujeres hemos hecho un arte del acto de ignorar los bienintencionados consejos de nuestras madres. Iniciamos a practicar este arte desde muy temprana edad. Lo que de  niñas es catalogado como desobediencia, en la adolescencia se le llama rebeldía y en la edad adulta se lo conoce como necedad. Es que se supone que al llegar a la madurez con tantos años de equivocaciones a nuestras espaldas ya deberíamos haber aprendido que nuestras madres saben más por viejas que por diablas. Pero aún así nos resistimos a escucharlas.

Cada vez que abren sus bocotas para dejar escapar alguno de sus irrefrenables consejos (sencillamente no pueden resistirse a darlos) las hijas adultas automáticamente entornamos los ojos y les contestamos hastiadas con algún comentario cínico. Esto en el caso que las hayamos escuchado, pues muchas de nosotras hemos tomado por hábito ni siquiera escucharlos. Sus consejos entran por un oído como ruido blanco y salen por el otro sin siquiera haber sido procesado por nuestros cerebros. ¡Ignorar a alguien tan descaradamente es sin lugar a dudas un arte que se perfecciona con la práctica! 

En el tema de los consejos maternos se produce una inusual dicotomía. Por un lado ellas sienten un deseo incontenible de emitir consejos maternales; a tal punto que podríamos decir que dar consejos es el principal hobby materno. Por otro lado, las hijas tenemos a cultivar como hobby la irreverencia hacia los consejos maternos. Esto significa que esencialmente nuestras madres están tirando consejos al aire, dándoselos a personas que no quieren oírlas y que prefieren mil veces ser atropelladas por una topadora que escuchar un solo consejo materno más.

A pesar de que está clarísimo que los consejos maternos no son de interés de las hijas, aún así ellas optan por seguir produciéndolos. Tienen una fuente de consejos aparentemente inagotable. Hasta parecería que existe un manual secreto de consejos maternos que todas nuestras madres consultan a escondidas para hacer nuestras vidas imposibles.

A parte de que no queremos escucharlos, los consejos maternos tienen otra característica que los hace particularmente insufribles. Irónicamente, tienden a estar siempre en lo cierto. A todo consejo materno ignorado, automáticamente le sucede un fiasco catastrófico que prueba que a fin de cuentas, nuestras madres estaban en lo cierto. Cada vez que esto sucede, ellas no tardan en hacernos notar este hecho con su frasecilla de cabecera: “yo te dije, yo te avisé…”

Sólo hay un consejo materno peor al de nuestras madres. Se trata de los consejos maternos emitidos por la madre de él: alias la suegra metiche. Y lo peor de todo es cuando ELLAS tienen le razón. Honestamente no hay peor cosa en el planeta tierra que tener que darle la razón a nuestras suegras.

Bueno, pasemos ahora a analizar los consejos maternos más frecuentes:

“Llevate el saquito por las dudas”: Parecería que nuestras madres tienen un pacto con el diablo que hace que cada vez que ellas emiten esta frase, por más de que haya un solo radiante, automáticamente se largue una tormenta huracanada y la temperatura baje 15 grados. Si no es el saquito es el paraguas. Lo cierto es que como SIEMPRE optamos por no hacerles caso terminamos tiritando como pavotas, empapadas en medio de un raudal y patéticamente engripadas al día siguiente.

 “Ponete el protector que vas a terminar insolada”: Dicho y hecho. Invariablemente en vez del color del verano terminamos con el color del tomate, absolutamente adoloridas, insoladas y abochornadas. Pero lo más triste ocurre cuando llegamos a los treinta y pico y aparecen las primeras manchas. En ese mismo instante aparece el cosejito ignorado como un eco distante que viene del siglo pasado a atormentarnos.

“Ese chico no es para vos”: Por alguna extraña razón ellas saaaben cuando el candidato no es el indicado. No hay príncipe azul que ante sus ojos no se convierta en sapo. Parece como si tuvieran un tercer ojo para detectar al sapo interior que habita dentro de quienes creemos príncipes azules. Si te dice que el candidato nuevo tiene “Bicho encerrado”, no te sorprendas que algo hay de cierto.

“Cortá con el dulce de leche que no te va a entrar el vestido”: ¡Algunas hasta instan a que te hagas punto cruz en la boca y directamente dejes de comer!  Hay madres que sinceramente no pueden ver comer nada remotamente engordante a sus hijas sin hacer algún tipo de comentario. Si no se trata de lechuguita, ponele la firma que te sale con alguna indirecta del tipo: “Mirá que el chocolate engorda…” (Como si nos estuvieran haciendo una GIGANTE revelación) DA! ¡Colón! ¡Más vale que engorda!, pero en ese momento no nos importa. Comemos más solo para incidentar. Solo el reflejo moldevaí que te devuelve el espejo antes de ir al casorio de turno te hará arrepentirte por  no haberle hecho caso a la pesaaada de tu vieja.

“Comé algo que te vas a sentir mal”: cuando finalmente le hacemos caso al consejo materno anterior y empezamos a cuidarnos, nuestras madres empiezan a preocuparse de que nos estemos volviendo anoréxicas. Nos instan a que comamos hasta el perejil decorativo de cada plato y temen que nos desmayemos por malnutridas. Lo más probable es que lleguemos a desmayarnos, pero de seguro no nos salvamos de protagonizar el papelón de nuestras vidas emborrachándonos en algún casamiento familiar por tomar champagne con el estómago vacío. Cuando nos esté llevando a casa a rastras será la primera en recordarnos enfurecida: “¡yo te DIJE que comas algo!”

 “No te olvides de”: no hace falta que les diga de qué. Basta que ella nos advierta que no nos olvidemos de algo, para que – por ley de Murphy-  nos olvidemos juuusto de eso.

“Te dije mil veces que”: Si, efectivamente nos repite mil veces todo. Al punto que las palabras se entremezclan en un gran plagueo confuso que a nuestros oídos sordos llega como si se tratara de un ruido blanco o de interferencia radial noooooteeeurrrooolviiiiideeezzzzzzdeeeeebussscaaaarlewwwwwaoootuuuhhhhermaaaaaahhhhnoooohhhwrrr. Es que estamos taaaaan acostumbradas a ignorarlas que ya ni las escuchamos siquiera. Pero como nuestras viejas son taimadas y astutas, se dan cuenta de que no les hacemos caso, por eso no nos repiten mil veces, nos repiten un billón de veces, muuuuuy a pesar nuestro, la escucharemos repetírnoslo hasta el cansancio. Y si aún así el mensaje no llega, estate segura de que no perderá la oportunidad de recalcarte que ella te lo dijo mil veces (tal vez más).  De seguro no estará exagerando.