martes, 22 de mayo de 2012

MODELOS Y MUSAS: Encarnando la Moda – Segunda Parte



En los años 80 el modelaje sufre un giro paradigmático. Las modelos se apoderan de la industria de la moda, empezando a sobresalir más que los diseños que llevaban puestos. Se convierten en estrellas mediáticas que prescinden de sus apellidos, cobran cifras multimillonarias y borran los márgenes entre la pasarela, la prensa gráfica y la publicidad. Antes de ella existían modelos de pasarela, contratadas por su manera de caminar y modelos fotográficas, contratadas por su aspecto. Las supermodelos se destacaban tanto en la pasarela como en los estudios y sobretodo, lucían tan bien en las pasarelas que por primera vez las fotos de pasarelas se publicaban en las revistas (¡y sin cortar las cabezas!) Entramos a la era de las súper modelos.

Ellas dejan de ser meras modelos y hasta el apelativo de top models les queda corto. Ellas son las súper modelos. Una elite del modelaje que verdaderamente hizo historia y cambió para siempre el mundo del modelaje. Ya no se trataba de mujeres que representaban un estilo como las arrogantemente y estilosas modelos del New Look de los cincuenta, o las exóticas modelos sesentosas. Más que un ideal estético, estas modelos representaban un nuevo culto a la personalidad y a lo que desde entonces sería la palabra clave del modelaje: actitud.

En 1980 aparece la ultra chic aristocrática parisina Inés de la Fressange  que domina las pasarelas europeas y se convierte en el rostro de Chanel y desde 1989 suplanta a Catherine Deneuve como la Marianne de Francia. También es la década de la checa Paulina Porizkova. Sus enormes ojos verdes y pómulos bien definidos llamaron la atención de John Casablancas de Elite, quien la contrato a inicios de los 80’s y la llevó a París. Se hizo famosa cuando posó para la tapa  de dos ediciones consecutivas del Sports Illustrated Swimsuit Issue (la de 1984 y 1985). En 1988 firmó un histórico contrato con Estée Lauder por 6.8 millones de dólares anuales y lo mantuvo durante siete años. Durante los 80’s las revistas de moda estaban empapeladas con su rostro, no sólo aparecía en las portadas, sino también en un sinfín de publicidades, lo que le ganó el título de “la modelo de los 80’s”. La fama alcanzada con el modelaje la llevaría a la pantalla grande donde protagonizaría la comedia romántica “Her Alibi” junto a Tom Selleck en 1989 y en 1993 en el film de Kusturica “Arizona Dream” junto a Johnny Depp y Jerry Lewis. También integraría el jurado de “America’s Next Top Model”


A fines de los 80 e inicios de los 90 aparece un grupo de modelos que marcaría la historia. Sus pasos firmes trascienden la pasarela, convirtiéndose en fenómenos culturales y dejando su impronta en todas partes. Se trata de Cindy, Naomi, Linda, Christy, Stephanie y Claudia. Estas beldades glamorosas y omnipresentes tomaron al mundo de arrebato convirtiéndose en fenómenos mediáticos con status de estrellas, almas de divas y figura de diosas olímpicas. Ellas no se levantaban de la cama por menos de 10,000 dólares por día y más que meras maniquíes, recibían el mismo trato que estrellas de cine o del rock pues eran consideradas artistas que daban vida a las prendas impregnándolas de sus magnéticas personalidades. Ellas vendían un sueño. No sólo acumulaban millones, sino también dictaban quien las fotografiarían, y con cuales maquilladores y estilistas trabajarían y con cuáles no. Dominaban las pasarelas, las revistas, las grandes campañas publicitarias, salían con boxeadores (Naomi y Mike Tyson), estrellas del rock (Stephanie y Axl Rose), se las ligaba con la realeza (Clauida y el Príncipe Alberto de Mónaco) y se casaban con estrellas de cine (Cindy y Richard Gere). Posaban desnudas para Playboy o Rolling Stone, aparecían en videos musicales, programas de TV y películas. Estaban literalmente en boca de todos y en todas partes. Ellas convirtieron sus nombres en marcas registradas.

Cindy Crawford puede perfectamente definir la palabra supermodelo. Su carrera empezó cuando terminó como finalista del “Look of the Year” de Elite en 1983, a los tres años ya era tapa de Vogue. Su atractivo radicaba en que gracias a su imponente figura era atractiva para los hombres y su apariencia de chica de al lado, con un lunar sobre el labio que la alejaba de las anteriores modelos de belleza impoluta e inalcanzable, volviéndola una figura no amenazante para las mujeres. Su físico atlético y de imponente curvas también se alejaba de la figura diminuta de muchas otras modelos. Cindy se convirtió en un fenómeno. No solo modelaba, también daba entrevistas, tenía su propio programa de moda, el “MTV’s House of Style”, actuaba en series de TV y películas y hasta se convirtió en empresaria lanzando sus exitosísimos videos de fitness y un restaurante temático llamado el “Fashion Cafè” junto a otras supermodelos. Tras la llegada de Cindy se hizo común que las modelos promovieran una gran variedad de productos alejados de la moda y cosméticos. De hecho Crawford había firmado un contrato multimillonario con Pepsi que había marcado historia, enseñando a las modelos como diversificar su profesión haciéndola aún más rentable. Con el modelaje amasó una verdadera fortuna, siendo nombrada por la revista Forbes en 1995 como la modelo mejor pagada del mundo, con un ingreso anual de 6.5 millones de dólares.

La escultural Naomi Campbell empezó a modelar a los 15 y desde entonces ha seguido deslumbrando con su caminata de gacela por todas las pasarelas del mundo. Naomi fue la primera mujer de color en aparecer en la tapa del Vogue Francés, y lo hizo gracias al apoyo de Yves Saint Laurent quien amenazó retirar sus publicidades de la revista si seguían reusándose a retratar a modelos negras en sus tapas. También fue la primera en aparecer en la tapa de la famosa edición de septiembre de Vogue US. Junto con Christy Turlington y Linda Evangelista formó el trío de modelos conocido como “la Trinidad” por ser las más reconocidas y solicitadas modelos de su tiempo. A ellas no les gustaba el término, y preferían el apodo que le había puesto el fotógrafo Steven Meisel: “las hermanas feas”. Naomi describió a su grupo de modelos y amigas en 1990 como: “somos como una galletita óreo pero al revés.” Ellas formaban una alianza para recibir los mejores contratos y mantener su caché siempre elevado. Incluso si algún diseñador se reusaba a contratar a una de ellas las otras se negaban a desfilar para él. Como eran súper estrellas, siempre conseguían lo que querían.

La camaleónica Linda Evangelista llegó a la fama al cortarse el pelo como un niño, un estilo que luego fue imitado por muchas mujeres. Sus cambios de looks eran tan frecuentes como los importantísimos contratos que firmaba. Apareció en más de 600 tapas, videos musicales y desfiló para todos los grandes. Hasta hoy en día es considerada como una de las modelos más sofisticadas e icónicas de su tiempo y sigue apareciendo en importantísimas campañas publicitarias. Por su parte la imagen impoluta de Christy Turlington con sus más de 500 portadas, es considerada como una de las modelos más hermosas de todos los tiempos. En 1991 ya siendo considerada una supermodelo dijo a la revista Time: “Nosotras nos damos cuenta del poder que tenemos. Hacemos toneladas y toneladas de dinero para estas compañías y lo sabemos.” En 1989, firmó un contrato en exclusiva con Calvin Klein, convirtiéndose en modelo de su ropa interior y de su perfume Eternity. Asimismo, ha sido el rostro de los productos de belleza Maybelline.

La modelo alemana, Claudia Schiffer fue otra súper modelo fenoménica que traspasó las fronteras de la moda, convirtiéndose en un ícono de los 90 y perdurando hasta hoy en día como modelo. Su salto a la fama se dio cuando a inicios de los 90 posó para la campaña de Guess, en imágenes que recordaban a Brigitte Bardot, lo que causó constantes comparaciones entre ambas a inicios de su carrera. Luego Karl Lagerfeld la eligió como nuevo rostro de Chanel, lo que sería el puntapié para convertirse en una de las modelos más cotizadas de su tiempo, apareciendo en más de 700 tapas y desfilando para Versace, Dolce & Gabbana, Valentino e Yves Saint Laurent y hoy en día, con más de 24 años de carrera, continúa siendo rostro tanto de marcas de lujo como comerciales. También ha aparecido en videos musicales y varias películas como Zoolander y Love actually. En el 2002 Forbes estimó su valor neto en más de 55 millones de dólares. Hablando de la profesión de modelo en la actualidad, dijo: “supermodelos, como lo eran antes, no existen más.”

Stephanie Seymour fue la sexta y última de las seis originales supermodelos. A la par que sus compañeras apareció en centenares de revistas, videos musicales y campañas publicitarias. También fue modelo de Victoria’s Secret, apareciendo en la actualidad, como las demás, ocasionalmente en campañas y editoriales. Stephanie fue la única de las supermodelos que odiaba la pasarela, debido al pánico escénico que tenía. Según sus propias palabras fue gracias a las sumas irresistibles que empezó a ofrecer Gianni Versace para aparecer en sus desfiles que logró vencer su miedo. Resulta que Versace, conociendo la repercusión mediática que traía la presencia de las supermodelos en los desfiles, para asegurarse de tener a todas en sus desfiles empezó a pagarles hasta 50.000 dólares por desfile.

En el transcurso de la década de los  90’s, a las primeras supermodelos se les unen Nadja Auermann, con sus interminables piernas; la atlética Elle McPherson, apodada como “The body” por su escultural cuerpo; Tyra Banks la primera afroamericana en lograr un contrato con Victoria’s Secret y hoy convertida en estrella televisiva con su propio talk show y programa de concurso; la top alemana y presentadora del Project Runway Heidi Klum;  la elegante rubia Karen Mulder; Eva Herzigova la famosa chica Wonderbra; la belleza WASP de Carolyn Murphy; la actual primera dama francesa Carla Bruni; la Marianne francesa del milenio Laetitia Casta; las exóticas Yasmeen Ghauri y Nadege; la sueca funky Emma Sjoberg y la diosa danesa de increíbles ojos verdes Helena Christensen.

A fines de los 90 el estilo de belleza glamorosa da paso a un estilo más urbano y rebelde. El exceso de glamur de esta década no podía durar para siempre. La recesión llevó a que los diseñadores y casas de moda se unieron para reclutar a nuevas chicas, de rostros anónimos y cachés mucho más reducidos que sus predecesoras. Los movimientos de contra cultura promovieron nuevos ideales estéticos. Debemos recordar que los 90 son la era del
grunge y del minimalismo. La hegemonía de las supermodelos, que se había mantenido fuerte por una década (lo que sería el equivalente a un milenio en el siempre cambiante mundo de la moda) cedió su lugar al ascenso de una camada de modelos más andróginas y de belleza atípica. Las supermodelos se volvieron inadecuadas para la nueva estética minimalista que dominaría el resto de la década, las glamazonas simplemente no se veían bien en los trajes de Jil Sander. Otro factor en la caída de la era de las supermodelos fue la nueva tendencia de utilizar a actrices y celebridades en las portadas de revistas, y campañas publicitarias de productos de moda y cosméticos. La estocada final llegó en 1998, cuando el famoso September Issue de la Vogue Americana retrató a la actriz Renée Zellweger en su portada. Este fue declarado el fin de la era de las supermodelos.

Kate Moss sería quien mejor encarnaría esta nueva estética signada por la flacura extrema, la rebeldía, la belleza de cánones atípicos y el heroin chic. Una nueva estética absolutamente contrastante con las curvas de las supermodelos marcaría el comienzo del fin de la era de las supermodelos. La adolescente Kate, causaría un escándalo al aparecer sin maquillaje y con aspecto emaciado en una campaña de Calvin Klein. Su expresión reflejaba la nueva actitud fatalista, rebelde y hasta algo depresiva y oscura propuesta por la estética del heroin chic. Irónicamente, Kate Moss alcanzaría el status de supermodelo de sus predecesoras, manteniéndose como ellas todavía vigente en las pasarelas, editoriales y campañas.
La nueva estética significó el surgimiento de modelos de una belleza atípica como Kristen McMenamy, Amber Valletta, Shalom Harlow, Stella Tennant, Eve Salvail, Alek Wek, Esther Cañadas.

El Nuevo milenio marcaría la entrada  de las camadas de modelos extranjeras, todas de una misma zona geográfica y parecidas unas a otras. De estos flujos muy pocas lograrían destacarse. Este fue el caso de Natalia Vodianova, Carmen Cass y Karolina Kurkova entre las modelos de los países del este y Gisele Bundchen, Isabeli Fontana, Adriana Lima y Alessandra Ambrosio de entre las brasileñas.

Con la llegada de la curvilínea e imponente Gisele Bundchen la moda nuevamente volvió a fijarse en las glamorosas supermodelos. De hecho, para Claudia Schiffer, Gisele es la única modelo del siglo XXI que puede clasificarse como una verdadera supermodelo, sus imposibles ingresos de 35 millones de dólares anuales son prueba fiel de ello. El siglo XXI trajo muchos nuevos rostros, pero esto lo dejamos ya para otra entrega.

El ideal estético femenino ha evolucionado notoriamente en los últimos cien años, y las diosas estéticas de cada década nos muestran con claridad en qué manera lo ha hecho. Innegablemente ellas son las afroditas que marcan el paradigma estético de su época.

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