Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de diciembre de 2014

UNA COCINA CON VINO Y POESIA


 

Estamos en la época de las fiestas, cuando las familias se reúnen en torno de la mesa para compartir, recordar y celebrar. Debido a esto he decidido, por esta ocasión, escribir mi columna con un tono mucho más personal que de costumbre.

Para pasar una noche perfecta hace falta bien poco: un buen vino, familia, recuerdos y poesía. Como escenario: una cocina cálida que acoge a la sobremesa. Mi italianísimo zío Luciano recitando, con tal emoción que apenas retiene las lágrimas en los ojos, “Rerum Natura” de Tito Lucrecio Caro y “Carmina” de Horacio. Deteniéndose en las palabras para saborearlas como las últimas exquisiteces que nos ofrecía la sencilla mesa de la Nonna María.

“¡Oh Taliarco!, ¿no ves cómo la cima del Soratte blanquea con la nieve, las selvas agobiadas apenas resisten el peso de la escarcha, y los ríos detienen su curso encadenados por el hielo riguroso?
   Defiéndete del frío echando en el hogar leña en abundancia, y llena alegremente las copas del vino de cuatro años que guarda el ánfora sabina. Lo demás déjalo al arbitrio de los dioses que, en cuanto amansen la furia de los vientos que encrespan las hinchadas olas, dejarán de combatir a los viejos olmos y altos cipreses.
   Huye de inquirir lo que será del mañana, aprovecha bien los días que te concede el destino, y no desprecies las danzas y los tiernos amores; pues eres joven, y la tardía vejez aún no se atreve a marchitar tu lozano verdor.
   Ahora debes frecuentar el campo de Marte, las plazas públicas y los gratos coloquios nocturnos que te llaman a la hora señalada. Ven a gozar la risa hechicera que descubre a tu amante escondida en su retiro silencioso, y a quitarle las joyas de sus brazos y el anillo del dedo que resiste suavemente tu intención
.” (CARMINA I, 9)

Unos versos tan apropiados para acompañar a la escena que curiosamente podía ser perfectamente descrita en el texto. Los montes lejanos, el frio exterior que se contrapone al calido hogar, el vino versado y el llamado de un hombre anciano a disfrutar el presente.

Como siempre la poesía lleva a la reflexión más allá de sus versos... sigue un elogio al latín y a los autores clásicos por poder, con tan pocas palabras, englobar tanto. Frases de cuatro palabras que contenían mundos de sabiduría y que para traducirlas al inglés, al español, al italiano o al francés, se requerían agregar 6 vocablos más.

Luego mi tío Luciano me mira y me confiesa: "como arquitecto siempre fui un creativo, y te puedo asegurar que nada de lo que hice está libre de los legados clásicos. Hay que leer a los clásicos. Son los padres de todo lo que vino después. ¡De todo!" Y como metáfora agrega, mirándome fijamente y con autoridad: "tu sai Valeria....uno non legge soltanto a Shakespeare... La c'é la VITA!" (Sabes Valeria, uno no lee solamente a Shakespeare. ¡En sus páginas está la vida!) Cuanta sabiduría y cuanta belleza de palabras y pensamientos. 

La conversación de los autores clásicos y poetas nos conduce a Marguerite Youcenar y como en sus "Memorias de Adriano" no sólo escribió sobre los romanos sino que captó su esencia escribiendo con su misma magia. Mi tío Luciano va a la biblioteca y trae a la cocina un pequeño texto: “Los 33 Nombres de Dios de la Youcenar”. Lo lee en voz alta y nos sobrecoge dejándonos a todos en silencio meditando por unos instantes. 

“1. Mar de mañana/ 2. Ruido de la fuente, en las rocas sobre las lajas de piedra/ 3. Viento del mar, la noche en una isla/ 4. Abeja/ 5. Vuelo triangular de los cisnes/ 6. Cordero recién nacido, carnero hermoso, oveja/ 7. El suave morro de la vaca, el morro salvaje del toro/ 8. El morro paciente del buey/ 9. El fuego rojo en el hogar/ 10. El camello cojo, que atravesó la gran ciudad atascada camino a su muerte/ 11. La hierba, el olor a hierba/ 12. (silencio)* ** * * */ 13. La buena tierra, la arena y la ceniza/ 14. La garza que esperó toda la noche, casi helada, y que al fin apacigua su hambre al alba/ 15. El pequeño pez que agoniza, en la garganta de la garza/ 16. La mano que se pone en contacto con las cosas/ 17. La piel, por toda la superficie del cuerpo/ 18. La mirada, y aquello que mira/ 19. Las nueve puertas de la percepción/ 20. El torso humano/ 21. El sonido de una viola o de una flauta indígena/ 22. Un sorbo de bebida, fría o caliente/ 23. El pan/ 24. Las flores que brotan de la tierra en primavera/ 25. Tener sueño en una cama/ 26. Un ciego que canta, y un niño enfermo/ 27. Caballo que corre en libertad/ 28. La mujer-de-los-perros/ 29. Los camellos que se abrevan, con sus pequeños, en el arduo guad/ 30. Sol naciente sobre un lago aun helado a medias/ 31. El silencioso relámpago, el rayo estrepitoso/ 32. El silencio entre dos amigos/ 33. La voz que viene del este, entra por la oreja derecha y enseña un canto.”

Yo en ese momento pensé en tomarme la licencia de agregarle al elenco como nombre N°34 lo siguiente: Una cocina con poesía.

Estoy segura que en algún lugar de esa cocina estaba un ángel que nos sonreía mientras saboreaba sus propios versos latinos.... 

Al volver a casa la reflexión continúa. (Es así la poesía, como sabrán los que la leen habitualmente, su efecto perdura un largo tiempo en el alma) Pienso en como mi papá y sus hermanos estudiaban griego y latín en el colegio, prácticamente se criaron conociendo los textos clásicos... sobrevivieron a una de las guerras más nefastas de la historia y lograron dejarla atrás... seguir adelante y seguir leyendo y aprendiendo y consumiendo vorazmente arte, libros, cultura durante toda su vida. Hoy ellos-los que quedan de esta generación- son un tesoro, llenos de sabiduría y cultura y prestos a compartirla.

Más allá de la poesía compartida en familia, de lo hermoso que es cuando ya sea la poesía, el dialogo o los recuerdos, entrelazan los corazones, uniendo generaciones al revivir momentos y compartir experiencias, pienso en qué lindo es cultivarse en vida.

Como meta de fin de año les propongo lo siguiente: ¡Cultivémonos! Dediquémosle menos tiempo a la pavada y compartamos más con nuestros viejitos, leamos más poesía, leamos buenos libros, vayamos al teatro, visitemos muestras y museos, asistamos a conciertos, pintemos, escribamos, dibujemos, cantemos, recitemos.... ¡Seamos arte! 

Piensen en el futuro. Imagínense llegar a viejos tan vacíos teniendo en sus acervos solo las horas perdidas jugando Candy Crush y viendo “Bailando por un sueño”. Qué triste que sería limitarse a transmitirle a sus nietos en la sobremesa el relato de la final de “Yingo”.

jueves, 24 de mayo de 2012

18 WHISKEYS PARA DYLAN THOMAS



Lo que la manteca y el whiskey no pueden curar, no tiene cura.
-          Proverbio Irlandés

Dylan Thomas, poeta maldito, galés, bohemio y borracho irredento, de genio precoz y muerte prematura. De su obra y vida podríamos decir que el caos y el exceso fueron su hoja de ruta hacia la genialidad. El poeta que inspiraría su nombre artístico a Bob Dylan nació en Swansea, Gales en 1914. A los 4 años ya recitaba de memoria Ricardo II de Shakespeare, por lo que no extraña que a los 12 ya escribiera sus primeros versos. A los 16, a instancias de su padre (un escritor frustrado que veía en su hijo el talento con el cual él sólo podía soñar), abandona la escuela para convertirse en periodista del “South Wales Evening Post”. 

En esta publicación se hacen evidentes sus dotes de escritor, redactando obituarios de una belleza poética inusitada y dando rienda suelta a críticas de cine y teatro absolutamente lapidarias que dejaban traslucir su propensión al escándalo y a la irreverencia. El periodismo le daba sustento, pero era la poesía lo que verdaderamente lo nutría. Al terminar sus arduas jornadas laborales solía apagar su sed en el bar del “Antelop Hotel” o del “Mermaid Hotel”, donde se entretenía escuchando las historias de los marineros embriagándose con ellos hasta la inconsciencia. Como es de esperar no duraría mucho en el diario, y tras 18 meses abandona su puesto para entrar a un grupo teatral y dedicarse a escribir poesía y obras de teatro.

Dylan se hizo famoso por sus versos, mágicos y oscuros, convirtiéndose en una referencia de la poesía inglesa del siglo XX. Pero también fue tan buen rapsoda como poeta, haciéndose de fama por su vozarrón imponente con el que cautivaba a quienes asistían a sus recitales poéticos. Para él, la comunicación poética debía ser oral y sabía declamar poesía como ninguno. Sus poemas “Do not go gentle into that good night”, “And death shall have no dominion” y “Fern Hill” le ganaron el aplauso del público y el elogio de la crítica. Su afición hacia la bebida, su preferencia por los bares, y su vida de noctámbulo y borracho empedernido lo ganaron el apodo del “último maldito” y “el gran maldito”.

Su primer libro, “18 poemas” fue publicado en 1934. El título de esta obra nos lleva a pensar que además de genial, caótico e irreverente, a Dylan lo podríamos también catalogar como profético, pues sería justamente con nada más y nada menos que 18 whiskys con los que acabaría su vida diecinueve años después.

Es que nuestro poeta maldito encontraba la lucidez en el alcohol, especialmente en su adorado whisky. Su vida no era fácil, sumido en una pobreza exasperante, el alcoholismo lo había tomado por completo. Pero fue también mediante a la bebida que pudo explorar los recovecos más oscuros de su alma para crear aquellas imágenes oscuras, delirantes y fuertes que hicieron famosa su poesía.

El licor sería también su camino a la tumba, a la cual llegaría a los 39 años en Nueva York. Thomas llegó a Nueva York el 20 de Octubre de 1953 para recitar “Under Milk Wood” en el prestigioso Poetry Centre neoyorquino. Su reputación ya lo había precedido a la ciudad de los rascacielos. Es que Thomas hacía gala de su alcoholismo, era parte de su esencia, y hasta podríamos aventurarnos a decir que formaba también parte de sus versos. La escritora Elizabeth Hardwick rememoró sus espectáculos intoxicados y la manera como su ebriedad elevaba la tensión tanto antes como durante cada una de sus actuaciones: “¿Llegaría a tiempo? ¿Llegaría sólo para quebrarse sobre el escenario? ¿Ocurriría alguna escena mortificante en la fiesta de la facultad? ¿Sería ofensivo, violento, obsceno? Éstas eran posibilidades alarmantes y a la vez excitantes.” Su viuda Caitlin escribió en sus memorias que él “exhibía los excesos y experimentaba la adulación que luego se asociaría a las estrellas del rock.”

A pesar de que no se sentía bien, nuestro poeta maldito decidió seguir curtiendo la noche como estaba acostumbrado a hacerlo. Sus noches en Nueva York fueron una sucesión de actuaciones, fiestas, bares y tertulias. A través de su amigo, el poeta escocés Ruthven Todd, Dylan fue a parar al “White Horse Tavern” un bar literario frecuentado por los poetas de la generación beat y del cual se haría habitué durante su visita en Nueva York. A pesar de llegar ya tarde y borracho de sus compromisos, el poeta daba una última visita al pub antes de dormir. Fue en esta ahora legendaria taberna donde el poeta galés se daría su última gran borrachera, para luego de tres días, el 9 de Noviembre de 1953, engrosar la lista de los poetas inmortales. Al llegar al Hotel Chelsea, de la que sería su última gran tranca, Dylan declaró (probablemente con el vozarrón más tembleque que de costumbre): “he bebido 18 vasos de Whisky, creo que es todo un record”. A la mañana siguiente, como es de esperar se sintió fatal. Pero esto no le impidió ir más tarde nuevamente al “White Horse” para otra ronda de whiskys y olvido.

La mañana siguiente se sintió nuevamente tan mal que tuvieron que llamar al Dr. Feltenstein, un mediático doctor de las estrellas, quien le recetó morfina creyendo erróneamente que la dolencia de nuestro poeta se trataba de un caso de Delirium Tremens, una afección común entre los alcohólicos. Pero fue tan injusta la vida con nuestro poeta maldito, tan brillante en sus versos y tan endeble en sus adicciones, que por borracho lo mal diagnosticaron. Dylan estaba con pneumonía y nadie se había dado cuenta, pues su constante ebriedad hacía suponer a todos que se trataba de síntomas vinculados a todas sus innumerables noches de exceso. Y así, el poeta que había exhortado: “Do not go gentle into that good night” (“No entren dócilmente en esa buena noche”), al incrementarse sus dificultades para respirar, se entregó también él a aquella buena noche. Y así, nuestro poeta maldito, dejó a todos gritando: “Rage, rage against the dying of the light” (“Furia, furia contra la muerte de la luz”)

A pesar de que se lo llevó un severo caso de neumonía no tratada, la creencia de que bebió hasta morir, y que fueron los 18 vasos de whisky los que le abrieron el camino hacia el más allá sigue muy ligada a la leyenda de Dylan Thomas. Pero la autopsia reveló que la causa inmediata de muerte había sido una inflamación del cerebro causada por la falta de oxígeno que acompaña al a neumonía. A pesar de beber fuertemente, su hígado ni siquiera mostraba señales de cirrosis. Pero como dice el proverbio: “hazte de fama y échate a dormir….” Al verlo descompuesto todos asumieron que se trataba de algo vinculado a sus excesos con el uisge beathe (gaélico para agua de vida). Para empeorar más su cuadro, el médico que lo atendió, habiendo oído que su paciente se había jactado de haber bebido 18 whiskys la noche anterior, asumió que se trataba de un caso de delirium tremens, le inyectó tres dosis de morfina, que en vez de ayudarlo dificultaron aún más su respiración, dejándolo sin oxigeno y llevándolo a un coma irreversible.

Irónicamente su fama de borracho lo que acarreó su muerte, y no precisamente los 18 vasos de whisky. Sin embargo en el imaginario colectivo se sigue perpetuando la leyenda de que el poeta bebió galés bebió hasta morir, una muerte sumamente apropiada para un poeta maldito. Hasta hoy en día en el “White Horse Tabern” a la derecha de la barra cuelga un retrato enorme en blanco y negro de Dylan Thomas. El poeta parece fijar su mirada en los demás clientes, como si les estuviera advirtiendo que se moderen con el whisky, salvo que quieran ir muy borrachos “into that good night” (“en esa buena noche”).