Actitud: El mejor accesorio, sin lugar a dudas, es la actitud. Con buena onda se completa todo look y se atraen todas las miradas. La palabra clave para esta temporada es: “decontracté”. Se impone un estilo relajado, pero prolijo, que grite: “¡Verano!” con alegría. No hay nada mejor para adaptar el “look vacaciones”, aunque no salgas de la ciudad, como adoptar una actitud relajada, lucir siempre cómoda y fresca. Aprovechá la comodidad de las ojotas y gladiadoras bajas, la frescura de los estampados florales en algodón, la soltura de los maxi vestidos, la versatilidad de los shorts y todas las tendencias que te sienten bien y con las que te vas a sentir absolutamente cómoda. No te pongas nada con lo que no te vas a sentir 100% cómoda, porque te aseguro que se te va a notar y va a fundir tu look. También dale unas vacaciones a la sobre producción, limitá el maquillaje para no lucir un rostro excesivamente cargado y pesado ¡y sobre todo para evitar los estragos que se producen al combinar demasiado maquillaje con demasiado calor!
jueves, 30 de diciembre de 2010
Accesorios Veraniegos 2010: Todo para estar a la moda este verano
Actitud: El mejor accesorio, sin lugar a dudas, es la actitud. Con buena onda se completa todo look y se atraen todas las miradas. La palabra clave para esta temporada es: “decontracté”. Se impone un estilo relajado, pero prolijo, que grite: “¡Verano!” con alegría. No hay nada mejor para adaptar el “look vacaciones”, aunque no salgas de la ciudad, como adoptar una actitud relajada, lucir siempre cómoda y fresca. Aprovechá la comodidad de las ojotas y gladiadoras bajas, la frescura de los estampados florales en algodón, la soltura de los maxi vestidos, la versatilidad de los shorts y todas las tendencias que te sienten bien y con las que te vas a sentir absolutamente cómoda. No te pongas nada con lo que no te vas a sentir 100% cómoda, porque te aseguro que se te va a notar y va a fundir tu look. También dale unas vacaciones a la sobre producción, limitá el maquillaje para no lucir un rostro excesivamente cargado y pesado ¡y sobre todo para evitar los estragos que se producen al combinar demasiado maquillaje con demasiado calor!
viernes, 8 de octubre de 2010
EL PROTO-METRO SEXUAL
miércoles, 3 de febrero de 2010
Pesadillas de una Noche de Verano

Llega el verano y con él el calorcito, el solcito, las deliciosas tardes en la pileta y las tan esperadas fiestas. Si bien todas estas cosas nos producen una innegable ilusión, tendemos a olvidar que el verano húmedo de nuestro querido Paraguay tiene el mismo efecto devastador en nuestro glamour que un tsunami en el sudeste asiático.
En primer lugar está la transpiración. No hay nada tan poco glamoroso como la sudoración veraniega. Por más de que te compres el stock entero de antisudorales del súper, la naturaleza vencerá y terminarás tan transpirada como Rocky Balboa tras su último round contra Apollo Creed. Nuestro país no tiene clima subtropical, esto es solo un eufemismo que inventó la Secretaría de Turismo para no espantar a los turistas, la triste realidad es que aquí en el verano tenemos clima de sauna y basta.
La transpiración tiene cuatro efectos catastróficos en nuestro glamour. El primero de ellos son las manchas de sudoración. No hay nada más espantoso que encontrarse en el medio de una fiesta veraniega en la cual los anfitriones no tuvieron la decencia de proveer un ambiente climatizado, con un babero de sudor sobre el pecho y dos repulsivas manchas húmedas bajo las axilas. Sin aire acondicionado en nuestro verano no hay elegancia que aguante.
El segundo efecto sudorífico es el del efecto del pegoteado textil. Un típico ejemplo de esto es el caso de aquel vestido de seda que te conquistó desde la vidriera como si el mismo George Clooney te estuviera mirando a los ojos diciéndote con ellos: “tengo que ser tuyo”….y que ni bien lo estrenas en una de las tantas fiestas veraniegas, se adhiere como chicle a tu piel gracias al sudor que te produce el insoportable calor, la humedad y el hacinamiento.
El tercer efecto es el atentado a nuestro Make-up. Estoy segura que Faby Rojas y Sabry Ayala las mega regias ultra glamorosas artistas del maquillaje tiemblan cada vez que sus impecables clientas van a una fiesta hacinada y terminan con uno de estos efectos producidos por nuestro inclemente verano: las ojeras panda y la base pasada por agua. El primero ocurre cuando el sudor de nuestras frentes tras horas de baile al aire libre empieza a chorrear arrastrando con él una espesa masa de delineador y máscara que nos dejan dos tétricas ojeras negras bajo los ojos. El segundo ocurre cuando bailar al ritmo de la noche te dejó chorreando como si estuvieras en una clase de spinning y la base empieza a flotar por en cima de las gotitas de transpiración que salen de tu rostro. Lo más patético de esto es que la más probable es que tu mirada de panda junto con tu base cuarteada terminará estampada en las doscientas fotos que cargarán todas tus amistades en el Facebook.
El cuarto efecto sudorífico es el último y el peor de todos. Como nosotras somos regias y en el verano nos bañamos 4 veces al día generalmente este efecto proviene de terceros pero nos afecta directamente. Estoy hablando del efecto koatí producido por bailar ininterrumpidamente en discotecas hacinadas cuando los efluvios corporales colectivos empiezan a unirse dramáticamente en un punzante y absolutamente desagradable aroma que por nuestras latitudes llamamos katinga.
Nuestro look capilar tampoco se salva. Por más de que hayas empeñado tus joyas y vendido tus riñones para hacerte el alisado asiático que te garantizó tu peluquero de confianza que aniquilaría para siempre a tus rebeldes rulos; la humedad terminará indudablemente revolucionando a cada uno de tus rulos sometidos por el alisado generando una sublevación frizz bolchevique en tu cabellera.
Lo más irónico de todo esto, que en el país de Itaipú los veranos se caracterizan no solo por el calor, sino también por los infaltables apagones y bajas tenciones que terminan dejándonos sin el único alivio que hace sostenible las noches paraguayas: el aire acondicionado. A pesar de haber hipotecado la casa para comprar la última tecnología en lo que respecta a climatización, el Split fantástico que te hace dormir con frazadas en pleno verano, y pagar las subsecuentes elevadísimas cuentas de Ande, terminamos recurriendo al viejo ventilador de la abuelita que es el único que resiste a todos los cortes y apagones.
Si el apagón nos sorprende en una fiesta no nos quedará otra que implementar el antiguo y siempre fiel abanico system. Tengo una amiga que es una auténtica girl scout siempre lista a la hora de sacar el abanico. A pesar de estar a años luz de ser una abuelita, lo lleva siempre en la cartera y no duda en sacarlo cada vez que el calor empieza a amenazar a su glamour, generando envidia en todas sus amigas menos precavidas que ya están empezando a mostrar los primeros síntomas de deterioro subtropical. Ella fue mi inspiración y mi salvación ya que desde que la vi aireándose regiamente con su abanico español decidí implementarlo hasta en la pista de baile al más puro estilo Locomía.
martes, 6 de octubre de 2009
La inalcanzable Perfección

Nuestras abuelitas nos decían: “Para ser bellas hay que ver estrellas”. Pero últimamente ni ver una constelación entera nos ayuda. Hoy en día es más fácil atravesar el Chaco haciendo vuelta carnero y sin agua que alcanzar de belleza promovida por los medios de comunicación.
En primer lugar está el peso. Los ideales estéticos nos exigen estar cada vez más escuálidas. Hay que tener en cuenta que una modelo pesa 10 kilos menos que una mujer normal de la misma estatura. Hace poco me agarró taquicardia al leer que un estudio demostró que desde 1950 hasta los 80 las modelos que aparecían en las páginas centrales de la revista Playboy, ¡fueron perdiendo casi un kilo por año! Con razón las modelos están cada vez más esqueléticas y nosotras nos sentimos cada vez más hediondamente obesas. Una cuerona en los 50 sería considerada una rechoncha en nuestros días. Para alcanzar el cuerpo ideal tenemos que matarnos con dietas de la luna, de la sopa, de la flauta, pasando del te verde al te rojo y del pilates al power plate según la moda del momento. Necesitamos Sibutramina y las pastillas “sin anfetaminas” que nos recomiendan nuestras amigas para calmar el estado de inanición constante en el cual nos encontramos. Necesitamos creer en los milagros. Necesitamos creer que el espejo engorda y que la que está desbalanceada es la balanza del baño y no nuestro cuerpo.
Y luego con tanta flacura tanta flacura ¿Qué pasa? Nos demacramos hasta en los cachetes y eventualmente la cara se nos desinfla y se nos cae como bombacha de flaca. Hoy en día estamos más delgadas y por ende más arrugadas que en décadas anteriores. Acá empieza otro dilema: gordura vs arrugas. Como la idea de parecernos a Droopy nos espanta tanto como la de asemejarnos a Miss Piggy decidimos declarar una batalla campal a ambos frentes. Y nuevamente a buscar milagros. Cremas, ampollas, parches, peeling, botox, colágeno, babas de caracoles, ungüentos y hasta la orina matutina que nos recomienda ponernos en la cara la yuyera. Probamos de todo hasta que caemos en cuenta de que la varita mágica anti arrugas no existe y terminamos corriendo como heroínas dramáticas a llorar en los brazos de Bacchetta, porque al fin y al cabo solo su bisturí mágico podrá devolver a nuestro rostro el aspecto lozano que promueve la modelo quinceañera de la crema anti arrugas que no nos funcionó.
A parte de nuestras caras, otra área que no resisten a la ley de la gravedad son nuestros senos. Y éstos no solo sucumben víctimas del tiempo, también se nos caen precoces y antes de haber cumplido su vida útil, todo gracias a la importancia de la lactancia materna. Sí, mucho afiche, mucha propaganda, mucho calostro que suministrar y terminamos con dos catástrofes que ni el mejor de los wonderbra puede solucionar. De torres gemelas pasamos a la zona cero. Y como no nos queda otra, terminamos más siliconadas que Pamela Anderson. Los implantes de siliconas que en décadas anteriores eran de uso exclusivo de las actrices porno y blondas salvavidas de Baywatch, han pasado a integrar el cuerpo de más de un ama de casa desesperada.
Y hablando de blondas, como todas sabemos que el rubio rejuvenece, inevitablemente nuestros claritos van diseminándose por nuestra cabellera hasta adueñarse de ella. Lo que empezó como un inocente “toque de luz para iluminar el rostro”, termina siendo toda una estrategia cromática destinada a disimular progresivamente nuestras arrugas. Ni nuestro pelo se salva. Buscando la perfección hasta en nuestros bulbos capilares solo ganamos un nuevo problema: el pelo se nos reseca y nuestra alguna vez brillante y sedosa cabellera castaña, gracias a la decoloración progresiva, adquiere la apariencia de una peluca sintética barata. De nuevo a buscar algún milagro en los miles de champús para cabellos teñidos y maltratados, ampollas, baños de crema e interminables visitas a la peluquería para someternos a cuanto tratamiento ofrezcan para recuperar el brillo perdido.
Lo que no nos damos cuenta es que estamos ante una dictadura: “la dictadura del cuerpo perfecto”. Les puedo asegurar que todos los dictadores de la historia palidecen ante este despiadado tirano mediático que nos presiona continuamente a luchar contra el tiempo, contra la naturaleza y contra nosotras mismas, viendo todas las estrellas del firmamento con el ambicioso objetivo de no solo ser bella, sino de ser perfecta. Esta es la gran diferencia entre nuestra generación y la de nuestras abuelitas. Ellas también tenían que ver estrellas, pero su objetivo era solo ser lindas; el nuestro es alcanzar la perfección, por más inalcanzable que se nos presente.
El ideal femenino se ha visto sujeto a toda clase de manipulaciones y alteraciones, hasta crear un ideal que parece no tener forma humana. ¿A caso me van a negar que todas esas mujeres tan cirujeadas y tuneadas no terminan pareciendo extraterrestres? Las mujeres reales están desapareciendo por docenas, como si las estuvieran raptando los alienígenas y reemplazando por una representación en serie grotesca y humillante. La verdad es que el ideal femenino actual está basado en la artificialidad y consiste en promover como atractiva a la mujer que exagera su feminidad hasta el punto de que termina pareciendo una caricatura.
El abuso de la cirugía plástica para borrar cada huella del paso del tiempo, cada complejo, cada imperfección tiene consecuencias absolutamente aberrantes. En la cara tenemos 45 músculos faciales, que no solo sirven para masticar, besar y soplar las cada vez más abundantes velitas de cumpleaños. Estos músculos paralizados por el bótox, atrapados bajo capas de colágeno, estirados hasta la inmovilidad por liftings y revocados bajo asfálticas capas de maquillaje son la forma más importante que tenemos para manifestar nuestras emociones, expresar nuestros sentimientos y sobre todo mostrar nuestra identidad. El resultado es algo muy confuso: mujeres que cuando ríen ponen una cara de esfuerzo como si estuvieran levantando pesas, mujeres que cuando lloran en los velorios pasan por maleducadas porque parece que se están riendo.
Hace poco escuché en un documental una anécdota maravillosa. Contaban que Anna Magnani, la gran actriz italiana, le dijo una vez a un maquillador que quería taparle las arrugas antes de un rodaje: “déjamelas todas, no me quites ni siquiera una, que me tomó una vida entera procurármelas.” Estas arrugas que tanto nos empecinamos en borrar y que están ausentes en las revistas y en las pantallas, son las que exprimen nuestra individualidad, nuestra autenticidad y las alegrías y desdichas que nos ha tocado vivir.
Deberíamos seguir el ejemplo de esta Diva tan digna. Lastimosamente no todas las mujeres tenemos la personalidad ni el glamour necesario para querernos tal cual somos. Dejamos que las imágenes mediáticas socaven nuestra seguridad arrojándonos en una búsqueda obsesiva e imposible por la inalcanzable perfección.
Lo más triste de todo es que perseguimos un ideal estético imposible hasta para las mismas modelos. Porque por más reeegias que sean, absolutamente todas sus fotos están retocadas. Y nosotras, TARADAS, intentando imitar lo que solo Photoshop puede lograr. Y luego nos sorprendemos cuando vemos esas fotos de las celebridades sin maquillaje como si todas las imperfecciones se solucionaran con una buena base y pestañas postizas... no es el maquillaje lo que les hace ver tan odiosamente fantastiquerrimas… es el retoque fotográfico. HELLOOO!!! No es por nada, pero me gustaría que los científicos en vez de inventar tanta crema, tanta pomada, tanto botox, inventaran una pantalla portátil que me photoshopee cada día de mi vida para andar reeegia por la vida envuelta en un holograma. ¡Eso sí sería fantástico!
Tampoco las estrellas de Hollywood son tan perfectas como las imaginamos. En el cine el ideal de belleza se crea haciendo un rejunte de muchas personas, en una especie de collage casi imperceptible a nuestros ojos. En Hollywood es común que se recurra al truco de los dobles de cuerpo para aumentar el atractivo de las estrellas. Pocos saben que detrás de la bella Pretty Woman, había una mujer aún más bella. Así el bello rostro de Julia Roberts se unió al cuerpo de una modelo que doblaba su cuerpo para lograr la imagen perfecta. ¡Sería igualmente fantástico poder recurrir a una doble de cuerpo cada vez que nos tengamos que desnudar o ponernos un bikini!
Solo espero, mis queridas y regias lectoras, que después de leer esto entiendan que la perfección no se encuentra en el gimnasio, ni en el dietólogo, ni en el quirófano. La perfección está en quererse y aceptarse tal y cual somos: deliciosamente imperfectas y absolutamente auténticas. La confianza, la personalidad y la auto estima pueden hacer maravillas no solo con la imagen que tenemos de nosotras mismas, sino también con la imagen que proyectamos a los demás. No hace falta ver muchas estrellas para lograrlo, basta mirarse al espejo y ver solo una estrella: ustedes.
sábado, 11 de julio de 2009
LAS MUSAS DEL CINE Y DE LA MODA

El séptimo arte siempre ha influenciado las tendencias de la moda, tanto a la hora de imponerlas como a la hora de inspirarlas; muchas veces proponiendo directamente nuevos estilos y otras veces sirviendo de base de datos para la revisión y readaptación de estilos de décadas anteriores.

En los años 20 Cocó Chanel fue la figura más paradigmática de la moda, rompiendo con todas las nociones estilísticas de la época y gestando nuevas directrices que acarrearon una autentica revolución de estilo. Sus propuestas se centraban en una mujer independiente que necesitaba moverse con comodidad y apropiarse de nuevos espacios antes reservados a los hombres. Propuso el uso de pantalones y jerséis (ropa antes reservada a la práctica de deportes como el tenis) para el día a día. Fue también una de las primeras diseñadoras en dar destaque a la bijouterie. Pero quienes verdaderamente masificaron las tendencias de Chanel fueron las actrices de la época. Clara Bow, la “it girl” del cine mudo inspiró a innumerables mujeres de clase media y alta a animarse a las boinas, los jerséis y las faldas tableadas a la rodilla (propuestas por Chanel). Pero definitivamente la mayor influencia cinemática en la moda de los “años locos” fue el corte carré impuesto por míticas actrices como Louise Brooks y Colleen Moore.
Los años 30 fueron unas de las épocas más glamorosas y celebradas de la historia de la moda. Las estrellas del cine habían alcanzado y consolidado una posición destacada en la sociedad y disponían de excelentes diseñadores que creaban sus looks. Uno de ellos fue Adrian, el encargado del vestuario profesional y personal de las mayores estrellas cinematográficas de la época. La imagen de las actrices, manejadas por los estudios, no solo era cuidada en el set, sino también en cada momento del día y de la noche. El estilismo estaba presente en cada una de sus apariciones públicas.
Greta Garbo fue el ícono de esta era. Su figura femenina y rasgos masculinos le daban un aire misterioso y distintivo. La Garbo supo sacar ventaja su lado más masculino, acostumbrando usar trenchs de corte masculino de una talla más grande que la suya, boinas y pantalones combinados con camisas clásicas con hombreras. El look masculino de la Garbo se convirtió en una de las principales tendencias de la época.
La misteriosa Greta Garbo Jean Harlow, la famosa rubia platino de los años 30's
La década de oro de Hollywood (de los años 20s a los 50s) se caracterizó por el glamour de las estrellas, que siempre estaban impecables y a la última. La elegancia de las actrices de la época no se limitaba a sus apariciones en el celuloide, sino que se incorporaba a su día a día. Asediadas por fotógrafos, curiosos y reporteros, debían estar perfectas las 24 horas del día. Actrices como Ava Gardner, Elizabeth Taylor y Joan Crawford no salían de sus casas sin guantes, usaban sombreros, bellísimas joyas, pieles y vestidos de ensueño para reafirmar su imagen de estrellas inalcanzables.
![]()
La siempre impecable Joan Crawford
Elizabeth Taylor
Con los años 40 llegó el color a las pantallas y a la moda. Vivien Leigh, la indomable Scarlett O’ Hara de “Lo Que el Viento se llevó” impuso tendencia con el vestido floreado y romántico de inspiración sureña con el cual recibió el Oscar por este papel.
Vivien Leigh como Scarlett O'Hara

Lana Turner

Rita Hayworth
El New Look marcó el camino de la moda durante los años 50. La exuberancia y la elegancia recibían particular énfasis con este ultra femenino y pulido. Actrices como Ava Gardner y Grace Kelly hicieron del new look su firma. En las frecuentes fiestas de gala de Hollywood brillaban los amplios vestidos de satén o de lamé con escotes rectos acompañados de delicadas perlas. El maquillaje teatral y exagerado de las décadas anteriores se suavizó, dando paso a bases que se fundían con la piel y que ponían énfasis en los labios pintados con rouge.
Grace Kelly en "High Society"
La naturalmente bella y elegante Grace Kelly era la inspiración de miles de mujeres. Luciendo siempre pulcra e impecable sabía sacarle partido a su elegancia natural y a sus accesorios favoritos: las perlas y los brillantes. El vestido de Edith Head de gasa blanca con el torso drapeado que lució en el celebre film de Hitchcock “Atrapa a un Ladrón” fue uno de los más imitados de esta década.

Grace Kelly con el famoso vestido blanco de To Catch a Thief
La diosa entre las diosas, Marilyn Monroe se convirtió en la mujer más sexy de esta década (y tal vez de la historia). Ella lucía como nadie los vestidos escotados de noche y los llevaba con una soltura increíble. También supo sacar provecho de la falda lápiz típica de esta época que hacía milagros con sus curvas. De la mano de esta actriz, la voluptuosidad volvió a estar de moda.
Marilyn Monroe con su inolvidabel vestido blanco de "The Seven Year Itch"


Marilyn Monroe
Luego llegó la magnífica Audrey Hepburn dándole un nuevo significado a la palabra elegante. Para la filmación de “Sabrina” Audrey fue vestida por Hubert de Givenchy, quien al comienzo pensó que se trataba de Katharine Hepburn y al enterarse de que era otra actriz en un primer momento no quiso vestirla, hasta que la conoció y quedó cautivado convirtiéndola en su musa absoluta. Audrey causó una revolución en la moda, no solo por su figura delgada y nada voluptuosa, sino también por su sencillez. Audrey enseñó a las mujeres a verse elegantes con una camisa masculina, unos pantalones capri y unas ballerinas. La moda pasó a ser más cómoda y las ballerinas hicieron por fin un hueco en los roperos femeninos.
Audrey Hepburn en Sabrina
Audrey Hepburn nuevamente vestida por Givenchy en "Breakfast at Tiffany´s"
Audrey no perdía su elegancia ni al andar en bicicleta
En la época de transición de los 50 a los 60, Doris Day, Natalie Wood y Brigitte Bardot también impusieron la comodidad en la moda. En sus roperos se encontraban jerséis y pantalones de todo tipo y en todos los colores.

El cómodo y relajado look de Doris Day
Natalie Wood
El estilo de los años 60 puede definirse a la perfección con dos grandes actrices: Brigitte Bardot y Mia Farrow. Ambas lucían peinados muy femeninos o a lo garçon, maquillaje de muñeca de porcelana con las pestañas superiores e inferiores bien resaltadas, atuendos juveniles, modernos y llenos de color que seguían las tendencias más populares de inicios de los 60s: los colores y estampados Pucci, el bicolor y las ballerinas.
BB
Mia Farrow
En los 60 Londres desplaza a Paris y Roma como centro de la moda. Este fenómeno tuvo un nombre y un apellido: Mary Quant, la creadora de la minifalda y el vestido baby doll. A ella se le sumaron Biba y Ossie Clark, imponiendo el estilo mod y swing, ambos híper coloridos y modernos, de inicios de los 60s. Romy Schneider sorprendió al mundo al pasar de la imagen de la romántica y virginal Sissi de los 50s a ser una de las actrices más interesadas por el cambio de la moda de los 60s.
Romy Schneider
Catherine Deneuve supo mantener su sofisticación parisina incorporando toques ingleses bien mod, creando un estilo personal e híper sofisticado que la convirtió en una de las musas de esta década y de su inseparable amigo Yves Saint Laurent.

La hermosísima Catherine Deneuve
Catherine Deneuve con su amigo Yves Saint Laurent
A finales de los 60s, en las costas de California se produce otra revolución en el mundo de la moda: el estilo hippie. La excentricidad, la naturalidad y los detalles étnicos dieron lugar a un estilo bohemio que hasta hoy en día sigue marcando tendencias. Sharon Tate definió a la perfección a la chica californiana de los 60s con su melena rubia, maquillaje en tonos naturales y túnicas bien hippies.
Sharon Tate
La actriz y cantante inglesa Jane Birkin también fue un ícono de esta década que incorporó la cómoda moda hippie a su soltura y desinhibición. Birkin dio su nombre a una cartera icónica de Hermés: la cartera Birkin. Al parecer viajaba en un avión junto con el presidente de la compañía Hermes, Jean Louis Dumás, éste extrañado al ver que Jane llevaba una cesta de paja como bolso de mano le preguntó porqué lo hacía a lo que ella contestó que no encontraba ningún bolso cómodo donde pudiera meter todas sus cosas y que además fuera fácil de abrir. Juntos diseñaron una cartera que se convirtió en la más deseada del mundo. Sigue siendo producida hasta hoy en día, cuesta arriba de los 6000 US$ y como la demanda supera el ritmo de producción hay una lista de espera de casi 2 años para convertirse en la orgullosa propietaria de una Birkin.
Jane Birkin
Jane Birkin con la cartera que lleva su nombre
El estilo de las actrices de Hollywood siempre ha tenido que mantenerse actual por motivo de sus carreras. Este hecho las llevó a seguir la moda y proponerla. La pantalla de cine se convirtió en el medio ideal en donde plasmar las nuevas tendencias. Las actrices se valieron de la moda para verse aún más hermosas y los diseñadores se valieron de las actrices para difundir sus creaciones a todo el mundo. Las mujeres siempre han querido verse como las estrellas de la gran pantalla y han hecho todo lo posible para imitarlas. De la mano de las musas clásicas del cine se impusieron tendencias que hasta hoy en día siguen siendo imitadas por estilistas y diseñadores del mundo entero. Hablar de las musas del cine es hablar de belleza, elegancia y sofisticación.





