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jueves, 30 de diciembre de 2010

Accesorios Veraniegos 2010: Todo para estar a la moda este verano


El verano se cerca y, con él  las vacaciones, ya sea en la playa, en el lago o en la pileta. Se viene una temporada en la que queremos y necesitamos vernos más lindas, más alegres y definitivamente más atractivas. No hay nada como los accesorios para destacar los looks veraniegos y ponernos a la última moda con pequeños detalles que generan grandes y óptimos resultados.

Mallas: Las mallas y bikinis son el sinónimo absoluto del verano. Las tendencias son muchas. Entera o bikini, depende del gusto y del cuerpo de cada una: todo se usa. Los colores fuertes, un toque años ´80, estampas y detalles en piedras, strass o bordados, ponen el plus a las piezas y proponen una temporada a todo color. La vedette de la temporada son, sin ninguna duda, los colores vibrantes con diferentes diseños estampados que se atreven a todas las combinaciones: desde rayas cebradas hasta formas geométricas y apliques de flores. Un look más chic con colores lisos y más sobrios y delicados detalles como apliques dorados, bordados en piedra, mucho lurex y estampados de animal print. La paleta de color para los trajes de baño es bien amplia y va desde pasteles rosa, turquesa, lila, coral y verde agua, pasando por los ácidos, amarillo, verde limón y fucsia, hasta llegar a colores como el nude, el chocolate, el violeta oscuro y el dorado. Un must serán los tanquinis y los detalles drapeados.
SWIMWEAR 2010

Anteojos: Son un accesorio fundamental del verano ya que además de cuidar nuestros ojos, completan y armonizan nuestro look. Cada temporada las tendencias imponen nuevos modelos de anteojos para complementar nuestro outfit veraniego. Si bien durante los últimos tres años todas las tendencias apuntaban a marcos súper amplios que cubrían una gran parte de la cara, esta temporada los diseños se achican y el “todo vale” ser impone. Para las fashionistas, se vienen las monturas multicolores y los modelos futuristas; para las más clásicas, la onda retro sigue vigente. Las lentes espejadas ganan un protagonismo absoluto y la gran novedad son los marcos de plástico. Un must en cuanto a marcas son los modelos retro de Ray Ban, ya sea el clásico Aviador, el Clubmaster o el Wayfarer.
ray ban

Calzados: Para el día entregate a la comodidad de unas buenas ojotas gladiadoras. A la noche subí a los cielos ganando centímetros extra con tacos y plataformas. Este verano la principal novedad es la vuelta de los zuecos, que suman altura con comodidad y sin matarnos de dolor. Con bases de corcho o madera, en cuero o rafia, los zuecos serán el complemento ideal para lucir las piernas este verano. Recuerden que las plataformas que son enteras resultan ideales para pisar firme en la playa con shorts y vestiditos frescos. Sin embargo las que tienen el taco por un lado separado de la plataforma se pueden usar con prendas un poco más formales…por más enana que sean nada de andar tropezándose bochornosamente por no estar adecuadamente calzadas para la playa! En cuanto a los colores, se imponen los tonos nude, los pasteles, el coral, el plateado y los cobrizos.

plataformas

Carteras: Este verano los bolsos XL serán un must solo para la playa o para el día a día. La principal tendencia de la temporada en cuanto a carteras nos invita a andar más ligeras con la nueva tendencia: los bolsos XS. Estos bolsos de menor tamaño incorporan texturas y detalles como los lazos, cintas, encajes y bordados y cadenas. Uno de los modelos más destacados son los bolsos pequeños y medianos con cadenas o manijas largas. Se destaca también el uso de tejidos para la confección de modelos llenos de drapeados. Las versiones más sofisticadas vienen en satén y traen aplicaciones de flores, piedras, perlas y bordados para añadir refinamiento a las carteras de fiesta. Otra tendencia son los bolsos con flecos. En la paleta de colores del verano se destacan el blanco, el beige, los tonos plata y oro, y los pasteles rosa, celeste, verde con algunos toques de colores fuertes como corales y turquesas. 
MINI CARTERAS

Esmaltes: Comienza la temporada, las pieles se broncean y los colores parecen explotar, acentuados por nuestra piel cobriza. Los tonos de los esmaltes de uñas son ideales para realzar nuestros bronceados. Esta temporada se vienen con todo los esmaltes en colores llamativos, como tonos marinos como el verde agua, el turquesa, el azul cielo, fucsias y rosas pasteles y los tonos corales, naranjas y rojos. 
ESMALTES

Joyas: En esta temporada se destacan los aros, pulseras y los collares de gran volumen, los anillos con piedras de ónix y cristales. También, tienen una fuerte presencia los textiles en la forma de collares pectorales o de seda plisados. El bronce y el dorado serán protagonistas. La mezcla de colores y texturas y las dimensiones grandes son la principal tendencias en lo que respecta a joyas y bijoux, y cuando se presenta en una sola pieza, ¡el resultado es aún mejor!
joyas 2010

Cintos: Usados con faldas, pantalones y camisa vestidos, y ya sea en sus versiones anchas o finas, en cuero o de tela, con hebilla o simples lazos, los cintos darán énfasis a la cintura este verano. Como la silueta de la temporada apunta a una cintura bien definida, este accesorio cobrará mucho protagonismo. Los más vistos serán los cintos trenzados, con hilos o tiras de cuero en cobre y plata y los cintos con hebillas ornamentadas con piedras.
cintos 2010

Detalles: Pañuelos, bandanas, sombreros y todo tipo de complementos serán el must. Los detalles en crochet y pasamanería también se verán mucho y servirán para acentuar tu look veraniego. Las rayas serán las vedettes del verano. Como no siempre son favorecedoras, para seguir esta tendencia incorpórenlas a sus accesorios, en bolsos, carteras, zapatos y pañuelos.

Actitud: El mejor accesorio, sin lugar a dudas, es la actitud. Con buena onda se completa todo look y se atraen todas las miradas. La palabra clave para esta temporada es: “decontracté”. Se impone un estilo relajado, pero prolijo, que grite: “¡Verano!” con alegría. No hay nada mejor para adaptar el “look vacaciones”, aunque no salgas de la ciudad, como adoptar una actitud relajada, lucir siempre cómoda y fresca. Aprovechá la comodidad de las ojotas y gladiadoras bajas, la frescura de los estampados florales en algodón, la soltura de los maxi vestidos, la versatilidad de los shorts y todas las tendencias que te sienten bien y con las que te vas a sentir absolutamente cómoda. No te pongas nada con lo que no te vas a sentir 100% cómoda, porque te aseguro que se te va a notar y va a fundir tu look. También dale unas vacaciones a la sobre producción, limitá el maquillaje para no lucir un rostro excesivamente cargado y pesado ¡y sobre todo para evitar los estragos que se producen al combinar demasiado maquillaje con demasiado calor!


viernes, 8 de octubre de 2010

EL PROTO-METRO SEXUAL


Cada día escuchamos hablar más y más de los “metrosexuales”, aquellos hombres que sienten una gran preocupación por su imagen, invirtiendo en cosméticos, tratamientos estéticos y ropa de diseñador y que están al tanto de todas las últimas tendencias de la moda.

Para el típico macho latino, los metrosexuales están a un centímetro de ser gay; pero la realidad es, que la preocupación por la imagen personal no tiene nada que ver con la orientación sexual y mucho que ver con la importancia que tiene la buena presencia en los ámbitos laborales y sociales.

Si bien esta es una palabra de acuñación reciente, inventada en 1994 por el periodista inglés Mark Simpson para referirse al “nuevo hombre” del siglo XXI, la preocupación del hombre por su apariencia personal no es nada reciente. El término metrosexual no es más que una nueva denominación para referirse a aquellos hombres que antes se denominaban dandis.

El cuidado de los hombres por su apariencia y el empleo de cosméticos y maquillajes tienen su origen en la evolución misma. La madre naturaleza eligió dotar a las especies masculinas con colores más llamativos que las especies femeninas. Este hecho tiene sus motivos en los rituales de apareamiento de las especies, en los cuales mientras más sobresalía el macho, mayor chance tenía de atraer a una compañera para reproducirse. Como siempre, los primeros hombres, inspirados en la naturaleza, utilizaron el maquillaje corporal, vistosas plumas y diversos tipos de ornamentos para diferenciarse y atraer a las mujeres.

Los cosméticos han sido empleados por los hombres desde la antigüedad. Los primeros hombres utilizaban diversos pigmentos de origen orgánico para pintar sus cuerpos, rostros y cabello.

Etimológicamente la palabra cosméticos viene del vocablo  latino cosmetae, nombre dado a los esclavos romanos que cumplían la función de asear y adornar a sus amos. Los griegos utilizaban la palabra kosmein, que significaba decorar, maquillar y cuidar para crear una harmonía entre el cuerpo y la mente. Para los filosóficos griegos, el aseo y el cuidado de la apariencia personal eran fundamentales no solo para embellecer al cuerpo sino también para estar en harmonía con el mismo y alcanzar la felicidad.

Desde épocas tan remotas como el 10,000 a.C. los hombres ya acostumbraban usar fragancias y ungüentos aromáticos para suavizar y perfumar su piel en su ritual de aseo diario. El uso de aceites para conservar la humedad de la piel e impedir su desecación surgió en los climas desérticos y calurosos. Desde el 7000 al 4000 a.C. los hombres neolíticos utilizaban aceites grasos de oliva y sésamo, combinados con plantas aromáticas en los ungüentos destinados al cuidado de la piel masculina.

Entre los asirios, antiguos habitantes de Irak, existía una fascinación por la cabellera. Los hombres tenían la curiosa costumbre de rizar sus largas barbas. Los hombres también acostumbraban rizar, peinar y teñir sus cabellos. Incluso se establecía por ley que tipo de peinado se debía lucir según la posición y el cargo de cada persona. La calvicie total o parcial era considerada como un defecto antiestético y se ocultaba con elaboradas pelucas. Los hombres egipcios también usaban elaboradas pelucas que variaban según su posición social.

Hacia el 3000 a.C. los egipcios ya importaban grandes cantidades de Mirra y otras especias y plantas aromáticas empleadas para cosméticos, perfumes y ungüentos utilizados tanto por hombres y mujeres. De hecho, para los hombres egipcios el aseo y cuidado personal eran partes inherentes de la higiene y la salud. Empleaban cremas y aceites para cuidar su piel y protegerla contra el abrasivo sol y secos vientos egipcios. Los cosméticos egipcios incluían diversos ingredientes, entre los que podemos citar: mirra, manzanilla, mejorana, tomillo, lavanda, liliáceas, menta, romero, cedro, rosa, aloe y aceites de oliva, sésamo y almendras.

En el mundo antiguo se creía que los genitales de los animales jóvenes podían retrasar el envejecimiento y restaurar el vigor sexual. Destacaba un preparado hecho con partes iguales de falo de buey y vulva de ternera debidamente secados y molidos.

Tanto las mujeres como los hombres babilonios y egipcios tenían la costumbre de utilizar kohl, una mezcla preparada con polvo de antimonio, almendras quemadas, óxido negro de cobre y ocre, para delinear sus ojos. En este caso, este delineador negro se utilizaba como protección contra los rayos solares e infecciones en los ojos. Los egipcios no solo maquillaban sus ojos, también usaban un barro rojizo llamado ocre mezclado con agua, para colorear sus mejillas, labios y uñas. Los egipcios más elegantes tenían la costumbre de embellecer sus ojos con polvos brillantes que obtenían moliendo los caparazones iridiscentes de ciertos escarabajos y malaquita finamente triturada. Los hombres guardaban sus maquillajes en cajitas especiales, y a diferencia de las mujeres, quienes acostumbraban llevar sus cosméticos a fiestas colocándolos bajo sus sillas, los hombres no tenían llevaban sus cajitas con cosméticos con ellos.

Los varones egipcios eran muy vanidosos, tanto en la vida como en la muerte. Atiborraban sus tumbas con una copiosa provisión de cosméticos para la vida del más allá. De hecho, cuando se descubrió la tumba del rey Tutankhamon, que gobernó hacia 1350 a.C., se descubrieron varias jarritas de cremas para la piel, color para los labios y colorete para las mejillas, productos que todavía eran utilizables y que conservaban sus respectivas fragancias.

Alejandro el Grande, el gran conquistador macedonio, tras sus largos viajes por Asia, se hizo adepto de las cremas, ungüentos aromáticos y maquillajes ampliamente difundidos en los territorios conquistados por su ejército. Incluso llegó a enviar a Atenas muestras de las plantas con las que se elaboraban los cosméticos asiáticos, para crear un jardín botánico destinado a proveer a los atenienses de productos para el cuidado de la piel, aseo personal y maquillaje.

Los hábitos de cuidado personal masculino, incluyendo el uso de maquillaje, eran tan importantes que hicieron florecer el comercio de especies. Desde Yemen los comerciantes persas traían al Mediterráneo mirra e incienso. Las rutas comerciales pululaban con rosas, narcisos, azafrán, musgo, canela, cardamomo, pimienta, nuez moscada, jengibre, aloe y resinas empleadas en cremas para la piel y maquillajes.

Al conquistar Egipto, los hedonistas romanos emularon la costumbre egipcia del maquillaje masculino, llevándola a nuevas proporciones. No solo empezaron a delinear sus ojos con kohl, también usaban tiza para aclarar su piel y pigmentos rojos para dar rubor a sus mejillas. También tenían la costumbre de tratar el acné con harina de cebada, limpiar sus dientes con piedra pómez y utilizar grasa de oveja mezclada con sangre ovina para pintar sus uñas de rojo. Pero su aporte más bizarro a la cosmética fue la introducción de los baños de barro y excremento de cocodrilo para suavizar la piel.

Los griegos fueron los primeros en promover la educación física con fines no militares. Los atenienses creían en el desarrollo simétrico del cuerpo y enfatizaban la belleza corporal tanto como el desarrollo intelectual del hombre. Veían el deporte y la gimnasia como un instrumento para alcanzar el equilibrio entre lo físico y lo espiritual, siguiendo el lema de “una mente sana en un cuerpo sano.” De hecho la palabra gimnasia es un vocablo de origen griego, pues fueron los griegos los primeros en desarrollar esta disciplina.

Los griegos fueron los primeros en construir gimnasios, donde además de los cuartos destinados a la práctica de diversas actividades físicas, incluían cuartos para el baño en aceite y el enarenado de los cuerpos y estancas de baños que ofrecían baños de vapor y piscinas frías, templadas y calientes. Los romanos, siguiendo el ejemplo helénico, construyeron estancias similares a las cuales llamaron termas, donde no solo se realizaban actos de limpieza y relajación, sino también cuidados corporales con aguas curativas, prácticas deportivas y masajes con diferentes esencias y aceites. Los romanos se volvieron tan adeptos a los baños termales, que se empezaron a construir monumentales termas públicas en diversas ciudades, que se convirtieron en centros de reunión de los ciudadanos romanos.

Aparte del cuidado del cuerpo, en general los griegos preferían mantenerse naturales. Solo prestaban especial atención a sus cabellos, adoptando peinados elaborados con gran complicación y perfumados con profusión, con la finalidad de distinguirse de los bárbaros del Norte, quienes huían del lavado y del cepillo y lucían cabellos muy desaliñados y sucios. Como los cabellos blondos eran muy estimados, acostumbraban aclarar sus cabellos con jabones especiales procedentes de Fenicia.

A la par que los griegos, los romanos también tenían la costumbre de teñir sus cabellos de rubio. Este color de pelo era asociado a la juventud y a la belleza. Para teñirse utilizaba el jabón cáustico spuma cáustica o un preparado compuesto de harina amarilla, polen y oro en polvo. Pero estas tinturas, principalmente el jabón cáustico, tenía un efecto secundario: la caída del pelo. Como en Roma se daba mucha importancia a la cabellera, la calvicie era considerada un deshonor. Debido a esto muchos romanos empezaron a usar peluquines llamados capillamentum. Otra curiosa costumbre romana era el uso de pelucas rubias (confeccionadas con cabellos de mujeres bárbaras de las tribus germánicas) por parte de los romanos que frecuentaban a las prostitutas. Los hombres las usaban para hacer saber a las prostitutas que estaban buscando una noche de placer. Incluso el más detestado emperador romano, Calígula, llevaba una peluca rubia cuando por las noches visitaba los burdeles romanos.

Las normas sociales romanas exigían llevar los cabellos siempre bien cuidados, y la negligencia en este aspecto era despreciada incluso con insultos abiertos. Los cónsules y senadores ancianos se esforzaban por ocultar sus canas, valiéndose de tintes oscuros obtenidos hirviendo cáscara de castaña y puerros. Algunos hombres también se aplicaban por las noches una pasta hecha de hierbas y lombrices de tierra para evitar las canas. Contra la caída del pelo utilizaban un ungüento de arándanos triturados con grasa de oso.

No todas las sociedades eran partidarias de los cabellos rubios o castaños. Los sajones tenían la curiosa costumbre de teñir sus cabellos y barbas de azul, rojo, verde o naranja. Los galos preferían los tonos rojizos.

Los varones griegos y romanos compartían la costumbre de depilar el vello indeseado de sus cuerpos. El emperador romano Heliogábalo tenía la costumbre de depilar absolutamente todo su cuerpo. Un popular agente depilador greco romano era el oropimente, utilizado para eliminar el vello corporal. Este era muy nocivo ya que su ingrediente activo era un compuesto arsenical.

En la Edad Media, la influencia de la iglesia católica ocasionó la disminución del uso de cosméticos, que eran vistos como signos de la vanidad. Solo sobrevivieron muy pocas costumbres. Si bien los hombres dejaron de usar maquillaje, siguieron haciendo de todo para evitar las canas. Como no era bien visto teñirse, atribuían el cambio en la coloración de su cabellera al uso de peines de plomo. La realidad era que se teñían a escondidas ya que estos peines no acarreaban cambio alguno en la coloración. De hecho, en esa época, decir que alguien se peinaba con peine de plomo era un eufemismo para indicar que se teñía las canas.

Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra se vio un resurgir en los cuidados cosméticos y maquillajes masculinos. Los ingleses isabelinos lavaban sus cabellos con romero para evitar la caída y utilizaban salvia para blanquear sus dientes. Para el cuidado de la piel empleaban ungüentos de flores de sauco, baños en vino y una máscara de miel y huevos para quitar las arrugas.

En cuanto a lo puramente ornamental la tendencia estética era tener la piel muy pálida. Para lograrlo se usaba una base de plomo y arsénico que podía incluso ocasionar la muerte. Para contrastar la palidez coloreaban sus labios y mejillas con rouge, dándoles un aspecto un tanto payasesco. Ser pelirrojos como la reina estaba de moda, por lo que los nobles empezaron a teñirse en tonos rojizos y naranjados. Como los tintes que usaban seguían siendo muy dañinos, terminaban perdiendo su cabellera, lo cual solucionaban usando largas pelucas, también en tonos cobrizos.

En la Francia del siglo XVI se puso de moda tanto en hombres como mujeres, empolvarse los cabellos y las pelucas con harina de trigo blanqueada e intensamente perfumada. Esta costumbre se difundió rápidamente por toda Europa. Incluso el Parlamento Inglés, aprovechando el auge de esta moda, creó un impuesto sobre el producto calculando que los ingresos llegarían a un cuarto de millón de libras al año. Pero el cambio de la moda le jugó en contra y no se logró la recaudación prevista.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, los hombres continuaron embelleciéndose y cuidando su piel con cremas. En esta época, hace su aparición los dandis ingleses: hombres excesivamente elegantes y refinados, con gustos rebuscados, que seguían la moda y cultivaban su belleza personal. Baudelaire escribió que un dandi no debía tener ninguna otra profesión que la elegancia, ningún otro estado que aquel de cultivar la idea de belleza en su propia persona. Un dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupciones, debe vivir y dormir frente a un espejo”.

Sin duda alguna, el dandi más famoso fue Georges Brummell, también conocido como Beau Brummell (el bello Brummell), quien fuera árbitro de la elegancia en la corte inglesa del Rey Jorge IV. De él se decía que tomaba 5 horas en vestirse y que se bañaba diariamente, como Cleopatra, en una bañera llena de leche. Para lustrar sus botas usaba champagne y dilapidó su fortuna en ropas y lujos, terminando sus días en la miseria absoluta. Incapaz de vivir sino como un príncipe, dejó de vestirse, bañarse y afeitarse y enloqueció, representando cada noche en el mísero cuarto de la pensión en la que vivía, simulacros de las grandes cenas que había vivido.

A inicios del siglo XX los productos para el cuidado de la piel masculina empezaron nuevamente a ganar popularidad. En el año 1911, la empresa de Hamburgo Beiersdorf, produce una crema hidratante y nutritiva a la cual llamaron Nivea y que se convirtió en un éxito comercial utilizado para curar la piel de paspaduras y sequedad y que fue utilizada y sigue siendo utilizada en su formulación original tanto por hombres como por mujeres. A partir de 1986, la marca Nivea introdujo la línea Nivea For Men con una variedad de productos destinados específicamente para el público masculino.

A finales de los años 90 se produjo el boom de los productos cosméticos masculinos a la par que el surgimiento del vocablo metrosexual, creado por el escritor y periodista británico Mark Simpson en un análisis que hiciera sobre los efectos del consumismo en la identidad masculina.

Actualmente prestigiosas empresas cosméticas como Biotherm, Clinique, Decleor, L’Occitane, Dove y Neutrogena solo por citar algunas han creado líneas de productos destinados a los hombres. Lo mismo ha ocurrido con cosméticos de marcas de diseñadores como Armani, Yves Saint Laurent, Tom Ford, Dolce & Gabbana, Givenchy, Carolina Herrera, Christian Dior, Gucci, Calvin Klein, etc.

La antigua preocupación del hombre por su apariencia ha resurgido en la sociedad moderna. Así como los egipcios, los griegos y los romanos, el hombre actual quiere verse bien. Este deseo como habrán comprobado tras leer estas líneas, no tiene nada de nuevo, es simplemente un nuevo resurgir de la preocupación que los hombres siempre han tenido por su imagen personal y el cuidado de su cuerpo y apariencia. El metrosexual no es una invención del siglo XXI, es el producto de años de acicalamiento en las filas masculinas. Tal vez la única diferencia entre un metrosexual moderno y un proto-metrosexual sea que para verse bien, el metrosexual ya no tiene que bañarse en excremento de cocodrilo, simplemente tiene que ir a la farmacia o perfumería a comprarse una coqueta cremita. ¡Que suerte la suya de haber nacido en este siglo!

miércoles, 3 de febrero de 2010

Pesadillas de una Noche de Verano


Llega el verano y con él el calorcito, el solcito, las deliciosas tardes en la pileta y las tan esperadas fiestas. Si bien todas estas cosas nos producen una innegable ilusión, tendemos a olvidar que el verano húmedo de nuestro querido Paraguay tiene el mismo efecto devastador en nuestro glamour que un tsunami en el sudeste asiático.

En primer lugar está la transpiración. No hay nada tan poco glamoroso como la sudoración veraniega. Por más de que te compres el stock entero de antisudorales del súper, la naturaleza vencerá y terminarás tan transpirada como Rocky Balboa tras su último round contra Apollo Creed. Nuestro país no tiene clima subtropical, esto es solo un eufemismo que inventó la Secretaría de Turismo para no espantar a los turistas, la triste realidad es que aquí en el verano tenemos clima de sauna y basta.

La transpiración tiene cuatro efectos catastróficos en nuestro glamour. El primero de ellos son las manchas de sudoración. No hay nada más espantoso que encontrarse en el medio de una fiesta veraniega en la cual los anfitriones no tuvieron la decencia de proveer un ambiente climatizado, con un babero de sudor sobre el pecho y dos repulsivas manchas húmedas bajo las axilas. Sin aire acondicionado en nuestro verano no hay elegancia que aguante.

El segundo efecto sudorífico es el del efecto del pegoteado textil. Un típico ejemplo de esto es el caso de aquel vestido de seda que te conquistó desde la vidriera como si el mismo George Clooney te estuviera mirando a los ojos diciéndote con ellos: “tengo que ser tuyo”….y que ni bien lo estrenas en una de las tantas fiestas veraniegas, se adhiere como chicle a tu piel gracias al sudor que te produce el insoportable calor, la humedad y el hacinamiento.

El tercer efecto es el atentado a nuestro Make-up. Estoy segura que Faby Rojas y Sabry Ayala las mega regias ultra glamorosas artistas del maquillaje tiemblan cada vez que sus impecables clientas van a una fiesta hacinada y terminan con uno de estos efectos producidos por nuestro inclemente verano: las ojeras panda y la base pasada por agua. El primero ocurre cuando el sudor de nuestras frentes tras horas de baile al aire libre empieza a chorrear arrastrando con él una espesa masa de delineador y máscara que nos dejan dos tétricas ojeras negras bajo los ojos. El segundo ocurre cuando bailar al ritmo de la noche te dejó chorreando como si estuvieras en una clase de spinning y la base empieza a flotar por en cima de las gotitas de transpiración que salen de tu rostro. Lo más patético de esto es que la más probable es que tu mirada de panda junto con tu base cuarteada terminará estampada en las doscientas fotos que cargarán todas tus amistades en el Facebook.

El cuarto efecto sudorífico es el último y el peor de todos. Como nosotras somos regias y en el verano nos bañamos 4 veces al día generalmente este efecto proviene de terceros pero nos afecta directamente. Estoy hablando del efecto koatí producido por bailar ininterrumpidamente en discotecas hacinadas cuando los efluvios corporales colectivos empiezan a unirse dramáticamente en un punzante y absolutamente desagradable aroma que por nuestras latitudes llamamos katinga.

Nuestro look capilar tampoco se salva. Por más de que hayas empeñado tus joyas y vendido tus riñones para hacerte el alisado asiático que te garantizó tu peluquero de confianza que aniquilaría para siempre a tus rebeldes rulos; la humedad terminará indudablemente revolucionando a cada uno de tus rulos sometidos por el alisado generando una sublevación frizz bolchevique en tu cabellera.

Lo más irónico de todo esto, que en el país de Itaipú los veranos se caracterizan no solo por el calor, sino también por los infaltables apagones y bajas tenciones que terminan dejándonos sin el único alivio que hace sostenible las noches paraguayas: el aire acondicionado. A pesar de haber hipotecado la casa para comprar la última tecnología en lo que respecta a climatización, el Split fantástico que te hace dormir con frazadas en pleno verano, y pagar las subsecuentes elevadísimas cuentas de Ande, terminamos recurriendo al viejo ventilador de la abuelita que es el único que resiste a todos los cortes y apagones.

Si el apagón nos sorprende en una fiesta no nos quedará otra que implementar el antiguo y siempre fiel abanico system. Tengo una amiga que es una auténtica girl scout siempre lista a la hora de sacar el abanico. A pesar de estar a años luz de ser una abuelita, lo lleva siempre en la cartera y no duda en sacarlo cada vez que el calor empieza a amenazar a su glamour, generando envidia en todas sus amigas menos precavidas que ya están empezando a mostrar los primeros síntomas de deterioro subtropical. Ella fue mi inspiración y mi salvación ya que desde que la vi aireándose regiamente con su abanico español decidí implementarlo hasta en la pista de baile al más puro estilo Locomía.

martes, 6 de octubre de 2009

La inalcanzable Perfección



Nuestras abuelitas nos decían: “Para ser bellas hay que ver estrellas”. Pero últimamente ni ver una constelación entera nos ayuda. Hoy en día es más fácil atravesar el Chaco haciendo vuelta carnero y sin agua que alcanzar de belleza promovida por los medios de comunicación.


En primer lugar está el peso. Los ideales estéticos nos exigen estar cada vez más escuálidas. Hay que tener en cuenta que una modelo pesa 10 kilos menos que una mujer normal de la misma estatura. Hace poco me agarró taquicardia al leer que un estudio demostró que desde 1950 hasta los 80 las modelos que aparecían en las páginas centrales de la revista Playboy, ¡fueron perdiendo casi un kilo por año! Con razón las modelos están cada vez más esqueléticas y nosotras nos sentimos cada vez más hediondamente obesas. Una cuerona en los 50 sería considerada una rechoncha en nuestros días. Para alcanzar el cuerpo ideal tenemos que matarnos con dietas de la luna, de la sopa, de la flauta, pasando del te verde al te rojo y del pilates al power plate según la moda del momento. Necesitamos Sibutramina y las pastillas “sin anfetaminas” que nos recomiendan nuestras amigas para calmar el estado de inanición constante en el cual nos encontramos. Necesitamos creer en los milagros. Necesitamos creer que el espejo engorda y que la que está desbalanceada es la balanza del baño y no nuestro cuerpo.


Y luego con tanta flacura tanta flacura ¿Qué pasa? Nos demacramos hasta en los cachetes y eventualmente la cara se nos desinfla y se nos cae como bombacha de flaca. Hoy en día estamos más delgadas y por ende más arrugadas que en décadas anteriores. Acá empieza otro dilema: gordura vs arrugas. Como la idea de parecernos a Droopy nos espanta tanto como la de asemejarnos a Miss Piggy decidimos declarar una batalla campal a ambos frentes. Y nuevamente a buscar milagros. Cremas, ampollas, parches, peeling, botox, colágeno, babas de caracoles, ungüentos y hasta la orina matutina que nos recomienda ponernos en la cara la yuyera. Probamos de todo hasta que caemos en cuenta de que la varita mágica anti arrugas no existe y terminamos corriendo como heroínas dramáticas a llorar en los brazos de Bacchetta, porque al fin y al cabo solo su bisturí mágico podrá devolver a nuestro rostro el aspecto lozano que promueve la modelo quinceañera de la crema anti arrugas que no nos funcionó.


A parte de nuestras caras, otra área que no resisten a la ley de la gravedad son nuestros senos. Y éstos no solo sucumben víctimas del tiempo, también se nos caen precoces y antes de haber cumplido su vida útil, todo gracias a la importancia de la lactancia materna. Sí, mucho afiche, mucha propaganda, mucho calostro que suministrar y terminamos con dos catástrofes que ni el mejor de los wonderbra puede solucionar. De torres gemelas pasamos a la zona cero. Y como no nos queda otra, terminamos más siliconadas que Pamela Anderson. Los implantes de siliconas que en décadas anteriores eran de uso exclusivo de las actrices porno y blondas salvavidas de Baywatch, han pasado a integrar el cuerpo de más de un ama de casa desesperada.



Y hablando de blondas, como todas sabemos que el rubio rejuvenece, inevitablemente nuestros claritos van diseminándose por nuestra cabellera hasta adueñarse de ella. Lo que empezó como un inocente “toque de luz para iluminar el rostro”, termina siendo toda una estrategia cromática destinada a disimular progresivamente nuestras arrugas. Ni nuestro pelo se salva. Buscando la perfección hasta en nuestros bulbos capilares solo ganamos un nuevo problema: el pelo se nos reseca y nuestra alguna vez brillante y sedosa cabellera castaña, gracias a la decoloración progresiva, adquiere la apariencia de una peluca sintética barata. De nuevo a buscar algún milagro en los miles de champús para cabellos teñidos y maltratados, ampollas, baños de crema e interminables visitas a la peluquería para someternos a cuanto tratamiento ofrezcan para recuperar el brillo perdido.




Lo que no nos damos cuenta es que estamos ante una dictadura: “la dictadura del cuerpo perfecto”. Les puedo asegurar que todos los dictadores de la historia palidecen ante este despiadado tirano mediático que nos presiona continuamente a luchar contra el tiempo, contra la naturaleza y contra nosotras mismas, viendo todas las estrellas del firmamento con el ambicioso objetivo de no solo ser bella, sino de ser perfecta. Esta es la gran diferencia entre nuestra generación y la de nuestras abuelitas. Ellas también tenían que ver estrellas, pero su objetivo era solo ser lindas; el nuestro es alcanzar la perfección, por más inalcanzable que se nos presente.

El ideal femenino se ha visto sujeto a toda clase de manipulaciones y alteraciones, hasta crear un ideal que parece no tener forma humana. ¿A caso me van a negar que todas esas mujeres tan cirujeadas y tuneadas no terminan pareciendo extraterrestres? Las mujeres reales están desapareciendo por docenas, como si las estuvieran raptando los alienígenas y reemplazando por una representación en serie grotesca y humillante. La verdad es que el ideal femenino actual está basado en la artificialidad y consiste en promover como atractiva a la mujer que exagera su feminidad hasta el punto de que termina pareciendo una caricatura.



El abuso de la cirugía plástica para borrar cada huella del paso del tiempo, cada complejo, cada imperfección tiene consecuencias absolutamente aberrantes. En la cara tenemos 45 músculos faciales, que no solo sirven para masticar, besar y soplar las cada vez más abundantes velitas de cumpleaños. Estos músculos paralizados por el bótox, atrapados bajo capas de colágeno, estirados hasta la inmovilidad por liftings y revocados bajo asfálticas capas de maquillaje son la forma más importante que tenemos para manifestar nuestras emociones, expresar nuestros sentimientos y sobre todo mostrar nuestra identidad. El resultado es algo muy confuso: mujeres que cuando ríen ponen una cara de esfuerzo como si estuvieran levantando pesas, mujeres que cuando lloran en los velorios pasan por maleducadas porque parece que se están riendo.


Hace poco escuché en un documental una anécdota maravillosa. Contaban que Anna Magnani, la gran actriz italiana, le dijo una vez a un maquillador que quería taparle las arrugas antes de un rodaje: “déjamelas todas, no me quites ni siquiera una, que me tomó una vida entera procurármelas.” Estas arrugas que tanto nos empecinamos en borrar y que están ausentes en las revistas y en las pantallas, son las que exprimen nuestra individualidad, nuestra autenticidad y las alegrías y desdichas que nos ha tocado vivir.


Deberíamos seguir el ejemplo de esta Diva tan digna. Lastimosamente no todas las mujeres tenemos la personalidad ni el glamour necesario para querernos tal cual somos. Dejamos que las imágenes mediáticas socaven nuestra seguridad arrojándonos en una búsqueda obsesiva e imposible por la inalcanzable perfección.


Lo más triste de todo es que perseguimos un ideal estético imposible hasta para las mismas modelos. Porque por más reeegias que sean, absolutamente todas sus fotos están retocadas. Y nosotras, TARADAS, intentando imitar lo que solo Photoshop puede lograr. Y luego nos sorprendemos cuando vemos esas fotos de las celebridades sin maquillaje como si todas las imperfecciones se solucionaran con una buena base y pestañas postizas... no es el maquillaje lo que les hace ver tan odiosamente fantastiquerrimas… es el retoque fotográfico. HELLOOO!!! No es por nada, pero me gustaría que los científicos en vez de inventar tanta crema, tanta pomada, tanto botox, inventaran una pantalla portátil que me photoshopee cada día de mi vida para andar reeegia por la vida envuelta en un holograma. ¡Eso sí sería fantástico!


Tampoco las estrellas de Hollywood son tan perfectas como las imaginamos. En el cine el ideal de belleza se crea haciendo un rejunte de muchas personas, en una especie de collage casi imperceptible a nuestros ojos. En Hollywood es común que se recurra al truco de los dobles de cuerpo para aumentar el atractivo de las estrellas. Pocos saben que detrás de la bella Pretty Woman, había una mujer aún más bella. Así el bello rostro de Julia Roberts se unió al cuerpo de una modelo que doblaba su cuerpo para lograr la imagen perfecta. ¡Sería igualmente fantástico poder recurrir a una doble de cuerpo cada vez que nos tengamos que desnudar o ponernos un bikini!


Solo espero, mis queridas y regias lectoras, que después de leer esto entiendan que la perfección no se encuentra en el gimnasio, ni en el dietólogo, ni en el quirófano. La perfección está en quererse y aceptarse tal y cual somos: deliciosamente imperfectas y absolutamente auténticas. La confianza, la personalidad y la auto estima pueden hacer maravillas no solo con la imagen que tenemos de nosotras mismas, sino también con la imagen que proyectamos a los demás. No hace falta ver muchas estrellas para lograrlo, basta mirarse al espejo y ver solo una estrella: ustedes.

sábado, 11 de julio de 2009

LAS MUSAS DEL CINE Y DE LA MODA


El séptimo arte siempre ha influenciado las tendencias de la moda, tanto a la hora de imponerlas como a la hora de inspirarlas; muchas veces proponiendo directamente nuevos estilos y otras veces sirviendo de base de datos para la revisión y readaptación de estilos de décadas anteriores.

Las estrellas de Hollywood vivían de su fama. La popularidad siempre fue directamente proporcional a sus cachés. Mientras más seguidores y admiradores tenía una actriz, más ceros se le iban sumando a sus remuneraciones contractuales. Desde que el rostro de estas míticas mujeres empezó a ser reproducido en pantallas de cine y tabloides ellas adquirieron la noción de la importancia que la imagen tenía en su popularidad.
La elegantísima Coco Chanel

En los años 20 Cocó Chanel fue la figura más paradigmática de la moda, rompiendo con todas las nociones estilísticas de la época y gestando nuevas directrices que acarrearon una autentica revolución de estilo. Sus propuestas se centraban en una mujer independiente que necesitaba moverse con comodidad y apropiarse de nuevos espacios antes reservados a los hombres. Propuso el uso de pantalones y jerséis (ropa antes reservada a la práctica de deportes como el tenis) para el día a día. Fue también una de las primeras diseñadoras en dar destaque a la bijouterie. Pero quienes verdaderamente masificaron las tendencias de Chanel fueron las actrices de la época. Clara Bow, la “it girl” del cine mudo inspiró a innumerables mujeres de clase media y alta a animarse a las boinas, los jerséis y las faldas tableadas a la rodilla (propuestas por Chanel). Pero definitivamente la mayor influencia cinemática en la moda de los “años locos” fue el corte carré impuesto por míticas actrices como Louise Brooks y Colleen Moore.


Clara Bow, un ícono de los años 20´s


Louise Brooks y el corte que la llevó a la fama


Colleen Moore

Otras actrices como Greta Garbo, Katharine Hepburn y Marlene Dietrich (que fue una de las primeras mujeres en usar trajes masculinos) hicieron del estilo masculino un must en la década del 30. Ellas demostraron a las mujeres que podían continuar viéndose sexy y chic con pantalones, faldas tableadas y sacos sastres de tweed que ocultaban sus cinturas y sus senos.


Antes que YSL lo propusiera, Marlene imponía el smoking femenino

Katharine Hepburn vistiendo su look preferido, pantalones anchos y camisa.

Los años 30 fueron unas de las épocas más glamorosas y celebradas de la historia de la moda. Las estrellas del cine habían alcanzado y consolidado una posición destacada en la sociedad y disponían de excelentes diseñadores que creaban sus looks. Uno de ellos fue Adrian, el encargado del vestuario profesional y personal de las mayores estrellas cinematográficas de la época. La imagen de las actrices, manejadas por los estudios, no solo era cuidada en el set, sino también en cada momento del día y de la noche. El estilismo estaba presente en cada una de sus apariciones públicas.

Greta Garbo fue el ícono de esta era. Su figura femenina y rasgos masculinos le daban un aire misterioso y distintivo. La Garbo supo sacar ventaja su lado más masculino, acostumbrando usar trenchs de corte masculino de una talla más grande que la suya, boinas y pantalones combinados con camisas clásicas con hombreras. El look masculino de la Garbo se convirtió en una de las principales tendencias de la época.


La misteriosa Greta Garbo

A la par que el estilo masculino, causaba furor el estilo más glamoroso y ultra femenino de la sex symbol de esta era: Jean Harlow. Ella fue una de las primeras mujeres en platinarse el pelo (que de tan platinado era casi blanco) y pronto miles de mujeres empezaron a imitarla. La Harlow, que nunca salía a la calle sin sus pestañas postizas, puso de moda los vestidos de satén cortados al bies que se deslizaban por la figura femenina realzando sus curvas y poniendo énfasis en los pronunciados escotes en la espalda.


Jean Harlow, la famosa rubia platino de los años 30's


La década de oro de Hollywood (de los años 20s a los 50s) se caracterizó por el glamour de las estrellas, que siempre estaban impecables y a la última. La elegancia de las actrices de la época no se limitaba a sus apariciones en el celuloide, sino que se incorporaba a su día a día. Asediadas por fotógrafos, curiosos y reporteros, debían estar perfectas las 24 horas del día. Actrices como Ava Gardner, Elizabeth Taylor y Joan Crawford no salían de sus casas sin guantes, usaban sombreros, bellísimas joyas, pieles y vestidos de ensueño para reafirmar su imagen de estrellas inalcanzables.

La siempre impecable Joan Crawford

Elizabeth Taylor

Con los años 40 llegó el color a las pantallas y a la moda. Vivien Leigh, la indomable Scarlett O’ Hara de “Lo Que el Viento se llevó” impuso tendencia con el vestido floreado y romántico de inspiración sureña con el cual recibió el Oscar por este papel.


Vivien Leigh como Scarlett O'Hara

En los años 40, la Segunda Guerra Mundial marcó dos tendencias muy opuestas y bien definidas. Durante la contienda brilló la sobriedad. Las actrices, conscientes de la situación mundial, se dieron cuenta de que no era el momento para hacer gala de los excesos a los que estaban acostumbradas. Aún así lograron verse elegantes en su sencillez con trajes sastres con hombreras y faldas rectas. En la Post Guerra, Christian Dior propone su New Look, que se caracterizó por faldas anchas e híper femeninas y la erradicación total de las hombreras y el destaque de la cintura de avispa. El mundo ya había sufrido demasiado y era momento de volver a empezar. Lana Turner y Rita Hayworth fueron las primeras en adoptar este look.

Lana Turner


Rita Hayworth

El New Look marcó el camino de la moda durante los años 50. La exuberancia y la elegancia recibían particular énfasis con este ultra femenino y pulido. Actrices como Ava Gardner y Grace Kelly hicieron del new look su firma. En las frecuentes fiestas de gala de Hollywood brillaban los amplios vestidos de satén o de lamé con escotes rectos acompañados de delicadas perlas. El maquillaje teatral y exagerado de las décadas anteriores se suavizó, dando paso a bases que se fundían con la piel y que ponían énfasis en los labios pintados con rouge.

Grace Kelly en "High Society"

La naturalmente bella y elegante Grace Kelly era la inspiración de miles de mujeres. Luciendo siempre pulcra e impecable sabía sacarle partido a su elegancia natural y a sus accesorios favoritos: las perlas y los brillantes. El vestido de Edith Head de gasa blanca con el torso drapeado que lució en el celebre film de Hitchcock “Atrapa a un Ladrón” fue uno de los más imitados de esta década.


Grace Kelly con el famoso vestido blanco de To Catch a Thief

La diosa entre las diosas, Marilyn Monroe se convirtió en la mujer más sexy de esta década (y tal vez de la historia). Ella lucía como nadie los vestidos escotados de noche y los llevaba con una soltura increíble. También supo sacar provecho de la falda lápiz típica de esta época que hacía milagros con sus curvas. De la mano de esta actriz, la voluptuosidad volvió a estar de moda.

Marilyn Monroe con su inolvidabel vestido blanco de "The Seven Year Itch"


Marilyn Monroe

Luego llegó la magnífica Audrey Hepburn dándole un nuevo significado a la palabra elegante. Para la filmación de “Sabrina” Audrey fue vestida por Hubert de Givenchy, quien al comienzo pensó que se trataba de Katharine Hepburn y al enterarse de que era otra actriz en un primer momento no quiso vestirla, hasta que la conoció y quedó cautivado convirtiéndola en su musa absoluta. Audrey causó una revolución en la moda, no solo por su figura delgada y nada voluptuosa, sino también por su sencillez. Audrey enseñó a las mujeres a verse elegantes con una camisa masculina, unos pantalones capri y unas ballerinas. La moda pasó a ser más cómoda y las ballerinas hicieron por fin un hueco en los roperos femeninos.

Audrey Hepburn en Sabrina

Audrey Hepburn nuevamente vestida por Givenchy en "Breakfast at Tiffany´s"


Audrey no perdía su elegancia ni al andar en bicicleta

En la época de transición de los 50 a los 60, Doris Day, Natalie Wood y Brigitte Bardot también impusieron la comodidad en la moda. En sus roperos se encontraban jerséis y pantalones de todo tipo y en todos los colores.

El cómodo y relajado look de Doris Day

Natalie Wood

El estilo de los años 60 puede definirse a la perfección con dos grandes actrices: Brigitte Bardot y Mia Farrow. Ambas lucían peinados muy femeninos o a lo garçon, maquillaje de muñeca de porcelana con las pestañas superiores e inferiores bien resaltadas, atuendos juveniles, modernos y llenos de color que seguían las tendencias más populares de inicios de los 60s: los colores y estampados Pucci, el bicolor y las ballerinas.

BB

Mia Farrow

En los 60 Londres desplaza a Paris y Roma como centro de la moda. Este fenómeno tuvo un nombre y un apellido: Mary Quant, la creadora de la minifalda y el vestido baby doll. A ella se le sumaron Biba y Ossie Clark, imponiendo el estilo mod y swing, ambos híper coloridos y modernos, de inicios de los 60s. Romy Schneider sorprendió al mundo al pasar de la imagen de la romántica y virginal Sissi de los 50s a ser una de las actrices más interesadas por el cambio de la moda de los 60s.

Romy Schneider

Catherine Deneuve supo mantener su sofisticación parisina incorporando toques ingleses bien mod, creando un estilo personal e híper sofisticado que la convirtió en una de las musas de esta década y de su inseparable amigo Yves Saint Laurent.

La hermosísima Catherine Deneuve

Catherine Deneuve con su amigo Yves Saint Laurent

A finales de los 60s, en las costas de California se produce otra revolución en el mundo de la moda: el estilo hippie. La excentricidad, la naturalidad y los detalles étnicos dieron lugar a un estilo bohemio que hasta hoy en día sigue marcando tendencias. Sharon Tate definió a la perfección a la chica californiana de los 60s con su melena rubia, maquillaje en tonos naturales y túnicas bien hippies.


Sharon Tate

La actriz y cantante inglesa Jane Birkin también fue un ícono de esta década que incorporó la cómoda moda hippie a su soltura y desinhibición. Birkin dio su nombre a una cartera icónica de Hermés: la cartera Birkin. Al parecer viajaba en un avión junto con el presidente de la compañía Hermes, Jean Louis Dumás, éste extrañado al ver que Jane llevaba una cesta de paja como bolso de mano le preguntó porqué lo hacía a lo que ella contestó que no encontraba ningún bolso cómodo donde pudiera meter todas sus cosas y que además fuera fácil de abrir. Juntos diseñaron una cartera que se convirtió en la más deseada del mundo. Sigue siendo producida hasta hoy en día, cuesta arriba de los 6000 US$ y como la demanda supera el ritmo de producción hay una lista de espera de casi 2 años para convertirse en la orgullosa propietaria de una Birkin.

Jane Birkin

Jane Birkin con la cartera que lleva su nombre

El estilo de las actrices de Hollywood siempre ha tenido que mantenerse actual por motivo de sus carreras. Este hecho las llevó a seguir la moda y proponerla. La pantalla de cine se convirtió en el medio ideal en donde plasmar las nuevas tendencias. Las actrices se valieron de la moda para verse aún más hermosas y los diseñadores se valieron de las actrices para difundir sus creaciones a todo el mundo. Las mujeres siempre han querido verse como las estrellas de la gran pantalla y han hecho todo lo posible para imitarlas. De la mano de las musas clásicas del cine se impusieron tendencias que hasta hoy en día siguen siendo imitadas por estilistas y diseñadores del mundo entero. Hablar de las musas del cine es hablar de belleza, elegancia y sofisticación.