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martes, 17 de mayo de 2011

ENTREVISTA PING PONG: JAVIER SAIACH Y CARLOS BURRÓ


En esta edición les presentamos a dos talentosísimos diseñadores nacionales: Javier Saiach y Carlos Burró. Javier Saiach tiene una trayectoria de más de diez años en el mundo de la moda, durante los cuales ha vestido a figuras como Araceli González, Mirtha Legrand y Andrea Frigerio , ha estado presente en las mejores pasarelas de México, Argentina, Uruguay y Paraguay y ha sido el protagonista de varios especiales para E! Entertainment Television y Fashion TV. Por su parte, Carlos Burró se formó en el prestigioso Instituto Marangoni de Milán, Italia y desde su regreso al Paraguay en el 2009 se ha lucido en las pasarelas nacionales, convirtiéndose en toda una promesa de la moda paraguaya.

Tras una divertida sesión fotográfica y unas copitas de vino, accedieron a seguir la consigna: divertirnos con su habitual ingenio y las respuestas más delirantes y sin tapujos, contestando a cada una de nuestras preguntas con mucho humor y altas dosis de ironía.

¿A qué ícono de la moda le gustaría vestir y qué le pondrían?
Javier: A Rita Hayworth. Le pondría unos palazos bien anchos, una camisa blanca tipo smoking y un abrigo de armiño… ¡una Gilda del 2011!
Carlos: A la Marquesa Casati. Le pondría un vestido de brocatto carmesí.

¿Qué personaje imaginario elegirías para protagonizar tu campaña?
Javier: ¡A Tinkerbelle porque es una yegua pocket y a Jessica Rabbit que es una chica re Saiach!
Carlos: ¡A Maléfica, la mala de la Bella Durmiente!

¿Pieles, sí o no?
Javier: Pieles siempre y jamás sintéticas. ¡Quiero que Cruella De Vil quede básica!
Carlos: Sí, ¡la de todas las modelos que posaron para PETA! ¡Ja ja ja!

¿Puede una bisutería suplir a un diamante?
Javier: ¿Me estás cargando? ¡Supongo que es una broma de mal gusto!
Carlos: Sólo en un dedo de clase media…

¿Flores y bombones o diamantes y descapotables?
Javier: ¡Todos! ¿Por qué no? ¡Me lo merezco!
Carlos: Los bombones engordan. Las flores se marchitan. Los descapotables pasan de moda… ¡Los diamantes son eternos!

¿Qué material imposible usarían para hacer un vestido?
Javier: Tul fabricado con pétalos de rosas y bordado con mariposas aleteantes.
Carlos: ¡Para mí el poliéster sería lo impensable!

¿Qué debe tener toda mujer elegante en su ropero?
Javier: Joyas, pieles, un maxi vestido negro, un vestido de cóctel con mucho brillo, un zapato nude, un maxi bolso, una Birkin de Hermés, una camisa blanca mangas largas y ropas en tonos básicos como el negro, el camel, beige y un toque de animal print.
Carlos: Un vestido negro que calce perfecto, una camisa blanca de buen material, un collar de perlas y un buen abrigo de piel.

¿Sobriedad o Exuberancia?
Javier: ¿Me repite la pregunta por favor? ¿Qué es la sobriedad? ¡La exuberancia obviamente es lo que mueve mis sentimientos hacia la moda!
Carlos: Depende exclusivamente de la percha. Creo que una mujer puede ser exuberante sin ser vulgar, así como puede ser sobria sin ser aburrida.

¿Cómo es tu clienta ideal?
Carlos: ¡Rica!
Javier: ¡Muy rica!

¿Cuáles son tus caprichos?
Carlos: ¡Ay, tengo tantos que me ponés en un aprieto! Me gusta el buen cristal, el buen vino, la buena mesa, poder oler gardenias y disfrutar de una noche estrellada cualquier día del año.
Javier: Viajes a destinos nuevos, tener siempre flores naturales y frescas en mi casa y tener una cantidad absurda de relojes a pesar de que ni siquiera me importa la hora.

¿Qué es la moda para vos?
Javier: Es una forma caprichosa de mostrarse ante la gente, a veces obsesiva y otras insolente.
Carlos: Para mí lo es todo. Es el último pensamiento que tengo antes de dormir y el primero cuando me despierto. Un mecanismo de defensa y un lujo lleno de disfrute.

¿A quién no le vestirías ni aunque te pagara un millón de dólares?
Carlos: ¡Uf, tengo una lista tan larga! Esposas de políticos, modelos cachaqueras y amantes oportunistas.
Javier: Ni a Kelly Osbourne ni a la Duquesa de Alba.

¿Qué es lo peor que te dijo alguna vez una clienta?
Javier: “No importa, prefiero el sintético… pero hacéme descuento.”
Carlos: Una clienta gordita que me decía que la ropa le dejaba gorda. Le quería contestar: “Te equivocaste de Carlos. No soy Carlos Bacchetta, soy Carlos Burró. No soy cirujano plástico, soy diseñador. ¡No te puedo hacer una lipo, sólo puedo hacerte un vestido!”

¿Cuáles son los complejos y las manías que suelen encontrar en las mujeres a la hora de vestirlas?
Javier: Las mujeres de medidas casi perfectas encuentran defectos que no tienen y muchas otras no se ubican en cuanto a edad, peso, ni gusto.
Carlos: Creen en miles de mitos. Que el recogido avejenta. No avejenta, lo que avejenta es el sol. Que la ropa ajustada deja más flaca. No adelgaza, hay que saber embocarle al talle. Que el maquillaje cargado favorece. ¡Es una máscara lapidaria!

¿Cuáles consideran los mayores pecados de las paraguayas a la hora de arreglarse para una fiesta y que consejos les darían?
Javier: El exceso de maquillaje. ¿Acaso no saben que lo natural está de moda? La cantidad de espray que usan en el cabello. ¡Les diría que paren de dañar tanto al ozono! El abuso de los escotes y de las ropas ajustadas. ¡Hace siglos que lo oversize está de moda y todavía no se enteraron!
Carlos: El exceso en el arreglo. Demasiado pelo, demasiado maquillaje, ¡demasiado brillo, con demasiado TODO! Les aconsejaría que acerquen todo lo posible el color de pelo a su color natural, que dejen de embustirse tanto, que no se aparten de las fibras naturales y que antes de salir de la casa se saquen una capa de maquillaje.

¿Qué comprarían en el Mariscal López Shopping de tener a su disposición fondos ilimitados para darse el atracón de compra de sus vidas?
Javier: Joyas de Chopard de Vendome Center y vajilla de Tiffany de Nueva Americana. Todos los modelos nuevos de Nike y el auto del Club M.
Carlos: Vaciaría Della Poletti, luego me compraría todas las biografías interesantes que encuentre en Quijote, y por último me compraría el carrusel del Mariscal Play para ponerlo en mi patio.

¿Qué admiran del estilo del otro?
Javier: A mí me gusta mucho el toque moderno de Carlos. Las nuevas combinaciones de colores y los metros de género que usa para lograr ese dramatismo que le da a cada look.
Carlos: Creo que Javier es uno de los pocos que puede componer con brillos, color y textura un vestido dramáticamente lujoso. ¡Admiro el dominio que tiene del exceso!

viernes, 30 de julio de 2010

VALENTINO MI MEJOR AMIGO


Yo nunca fui muy amiga de los animales. Los perros grandes siempre me resultaron molestos y torpes y los falderos me daban la impresión de que hacían mucho ruido para pocas nueces. De los gatos no soportaba sus pelos esparcidos por toda la casa, aunque debo admitir que siempre respeté su elegancia innata y su actitud soberbia. Se saben hacer respetar esos bichitos.


Por suerte me crié en una familia en la que los animales estaban destinados a la estancia o a la parrilla, por lo que crecí en un ambiente íntegramente humano y exento de seres subdesarrollados (con la salvedad de los eventuales pretendientes adolescentes que alguna vez pasaron por mi casa).


Mi prueba de fuego la pasé al crecer mis hijos, cuando se les activó un gen (evidentemente heredado del lado paterno) que les hacía clamar por una mascota. Mucho tiempo me opuse con absoluta tenacidad. Reivindicando mi autoridad materna y respondiendo a sus constantes súplicas con un rotundo “NO”. Si me preguntaban porqué simplemente les respondía “PORQUE SÍ” y ahí se acababa el tema.


Pero como a toda madre, llegó un momento en el que las lágrimas y súplicas de mis hijos ablandaron mi corazón. Como aún no estaba preparada psicológicamente como para tener una mascota de mayor envergadura acepté que tuvieran un pez. Era el Lassie de la pecera. Para mis hijos era más carismático que Flipper y hasta yo estaba encantada con el poco trabajo que me daba. Creo que aquel pececillo que llegó a mi casa como mascota y que llevaba el ostentoso nombre de Shamú, fue el pececillo más amado del mundo (aunque debo admitir que en realidad fueron varios, aunque mis hijos jamás se percataron de ello). El único stress que ocasionaban era cuando cada tanto aparecían flotando en la pecera y tenía que correr a la tienda de mascotas a comprar otro idéntico, que disimuladamente pasaba a sustituir a aquél que pasó a mejor vida.


Como los niños se aburren rápido pronto empezaron nuevamente los reclamos. Tal como temía, ¡les había pasado la mano y me estaban agarrando del codo! Ahora el cielo era el límite. Pedían desde ponis hasta elefantes y tigres blancos. Por supuesto que ante estas alternativas opté por la más viable: el perro. Así llegó el primer mamífero cuadrúpedo a mi vida, un simpático cachorro de bóxer llamado, Acahatá, que aún no sabía era la encarnación de Lucifer.


El nombre que le habían puesto los chicos en nuestra dulce lengua nativa resultó ser profético. Decir que el perro era travieso, sería quedarme corta. ¡Hasta me quedo corta diciendo que era un demonio con piel de perro! Destrozó el pasto, los sofás, mis azaleas, y estuvo a punto de transformar el árbol de mango en un bonsái. A la semana ya estaba planeando mentalmente mil formas para exorcizar mi hogar de ese huracán de cuatro patas. Y ni se imaginan lo que le extrañé en ese momento a Shamú tan tranquilito en su pecera.


La gota que colmó el vaso fue un sábado de noche, cuando me disponía a ir a una boda en todo mi esplendor. Después de haber pasado horas en remojo hasta quedar impecable de pies a cabeza fui atropellada por el cuadrúpedo satánico quien se ensañó con los volados bordados en Richelieu de mi fantástico vestido, un auténtico Saiach, que por supuesto quedó hecho añicos. No solo lloré hasta hacer correr ríos de rímel a prueba de agua por mis mejillas. También me juré a mí misma deshacerme de una vez por todas del cachorro endemoniado. Mi primer instinto fue el de desollarlo allí mismo para hacer una estola de bóxer con su pelaje al más puro estilo Cruella de Vil, pero tuve que controlarme para no traumatizar a los niños que evidentemente ya le habían tomado cariño.


Me quedaban solo dos alternativas: Plan A: Prepararle un delicioso Bife de Racumín y echarle la culpa a los vecinos o Plan B: el exilio. Tras pensarlo mucho resultó mucho más práctico y humano el plan B. Por lo que rápidamente lo despaché a la estancia y le dije a los chicos que el pobrecito de Acahatá le extrañaba muchísimo a su mami que vivía en el campo y que se había ido a su encuentro y que lo visitaríamos cada semana santa y en las vacaciones de invierno.


Siguió un breve periodo de duelo y justo cuando las cosas empezaron a calmarse y me sentía de nuevo feliz en mi ordenado ambiente libre de animales, empezaron de nuevo los reclamos por parte de mis hijos. Como sabía muy bien que no iban a parar hasta convencerme, decidí poner una condición casi imposible de cumplir. Si mis tres hijos exoneraban todas sus materias les premiaría con un nuevo perrito que por supuesto elegiría yo. Creo que fue el primer año que no me senté a estudiar con ellos y hasta les puedo confesar que secretamente deseaban que se aplazaran con tal de no tener que comprarles otro perro. Pero al llegar la libreta, ¡hasta Juancito que desde el prácticamente desde el preescolar venía llevando materias a febrero trajo la mejor libreta de su vida! Y yo en vez de ponerme contenta quería largarme a llorar como una condenada a la guillotina francesa, quería arrancarme las uñas esculpidas y hasta rasgar mi blusa de seda favorita de HC Collections.


Como no quedaba vuelta atrás hice una seria investigación para encontrar la mascota ideal para mí. Ya no quería ninguna bestia salvaje e incontrolable por lo que estaba decidido que de ahora en más en mi casa solo ingresarían perros falderos. Me encontraba dividida entre un Chihuahua a lo Paris Hilton, un Yorkie a lo Gisele Bundchen y Susana Giménez o un Caniche Toy a lo Marilyn Monroe y Grace Kelly. Un perro digno de una rubia regia como yo, que hasta hiciera sus necesidades en miniatura. Del chihuahua me preocupaba un poco su tamaño, ¿que pasaría si terminaba aplastado bajo mis estiletos o tragado por la aspiradora? La idea de tener que hacerle brushing a un perro borró al Yorkie de la lista y salió ganador el caniche toy.


Esa tierna bolita de pelos que llamamos Valentino en honor al rey de la moda, pasó a ser el rey de nuestra casa. Hasta ahora me asombra como supo ganarse mi corazón. Yo que toda la vida me pasé dándoles discretas pataditas bajo la mesa a los odiosos perros de mis amigas estaba fascinada con mi pequeño Valentino. Y en cima es un perro tan pero tan chic. Cuando sale de la peluquería todo perfumadito y esponjoso con su coqueto corte caniche dan ganas de llevarlo a todas partes como un accesorio.


A pesar de que Valentino cambió mi vida. Aún no me considero una amante de los animales. En primer lugar porque sigo amando las pieles y en segundo lugar porque soy racista con los perros ya que solo amo a los caniches.

lunes, 1 de diciembre de 2008

PIELES PRECIOSAS Y CONTROVERTIDAS

foto: Laura Mandelik, tapa de la revista Level - Modelo: Carmen Valdivieso - Producción: Valeria Gallarini
Vestido: Javier Saiach


Las pieles fueron los primeros abrigos que resguardaron los cuerpos de los seres humanos. Si bien no hay una fecha exacta, se sabe que tanto los primeros homo sapiens como los neandertales vestían con pieles de animales que cazaban. Todas las antiguas civilizaciones, sobretodo aquellas que habitaban zonas muy frías, se valieron de las pieles de animales para aislar sus cuerpos del frío y la nieve. Las pieles en ese entonces no eran artículos de lujo, sino artículos necesarios para la supervivencia.

Con el tiempo, civilizaciones posteriores como los fenicios, egipcios, incas, aztecas, griegos y romanos otorgaron a las pieles gran importancia ritual, pues creían que los protegían en las batallas y las convirtieron en símbolo de poder y lujo. En Egipto, los sacerdotes funerarios vestían pieles de guepardo. Esta tradición radicaba en la ceremonia de apertura de la boca, en la que el religioso tenía que ir al más allá para buscar “yo espiritual” del difunto y regresarlo al cuerpo. Para hacerlo, necesitaba la fuerza, la agilidad, el valor y la astucia que la piel de felino le otorgaba.

Asimismo en la cultura maya, el jaguar estaba asociado directamente al poder, motivo por el cual los gobernantes y chamanes vestían no solo la piel sino también las garras y cabeza de este animal. Los mayas creían que al llevar la piel de jaguar se adquiría los atributos divinos de este felino, que simbolizaba el poder y la energía de la naturaleza. Los tronos de los reyes mayas eran revestidos en piel de jaguar. El jaguar que caza de día y de noche dominaba los dos mundos, el mundo de la oscuridad y el mundo del día y era un símbolo de unidad entre ambos mundos. Por este motivo los chamanes de muchas culturas mesoamericanas y amazónicas vestían su piel.

En la Europa medieval las pieles también eran muy usadas por los gobernantes. Carlomagno llevaba siempre un chaleco de piel de nutria o de ratas para proteger su espalda y pecho. Los reyes bárbaros eran llamados reges pelliti (reyes con pieles) por los romanos. Su uso se debía principalmente a una cuestión climática, pero luego se convirtió en una cuestión de lujo y adorno. En el siglo XIV, el uso de pieles costosas se limitaba a las personas de alta jerarquía social. Las personas de la élite nobiliaria usaban capas revestidas con piel de ardilla siberiana o de armiño (símbolo de jerarquía real), mientras que los de la nobleza menor usaban capas de piel de carnero o cordero.

En el norte de Europa, debido a sus crudos inviernos la peletería se fue perfeccionando y las pieles empezaron a tomar forma de capas, abrigos, guantes, sombreros y estolas que fueron comercializadas entre los pueblos. En el siglo XVII se produce el apogeo de la industria peletera europea.

El comercio de pieles llevó a muchos descubrimientos. La búsqueda de pieles empujó a los rusos a explorar los Urales e internarse en Siberia. Durante la colonia europea en Norteamérica las pieles fueron el principal bien comerciado entre los exploradores y los nativos. El comercio de pieles se volvió tan importante que la “Compañía de la Bahía Hudson”, que controlaba dicho comercio en los territorios británicos, fue una de las organizaciones más importantes de la colonia inglesa. En Canadá, la piel de castor se convirtió en un preciado artículo de intercambio, con el cual los cazadores o trappers compraban todos los enseres que necesitaban. En ciertas zonas, las pieles sustituían a la moneda. Por ejemplo un fusil valía 12 pieles de castor.

Con las nuevas colonias creció el comercio peletero incorporándose pieles de animales exóticos provenientes de las colonias europeas en el mundo. De las colonias norteamericanas venían las pieles de lince y castor, muy preciadas por su impermeabilidad, de las sudamericanas las pieles de nutria y Chinchilla y de las africanas las pieles de guepardo.

Hasta la primera mitad del Siglo XX, llevar abrigos de piel se convirtió en un símbolo de status y opulencia. Los abrigos de marta cibelina, zorro y visón se convirtieron en auténticos productos de lujo a las que todas las mujeres aspiraban.

La batalla animalista: una cuestión de piel

La caza indiscriminada que llevó al peligro de extinción de muchas especies, sumada al invento de materiales sintéticos para resguardar del frío y al surgimiento de los movimientos animalistas afectó notablemente a la industria peletera. Hoy en día existen muchos controles y se prohíbe utilizar pieles de especies en peligro de extinción. Muchos países, solo usan pieles de animales de criadero, provenientes de granjas de animales, donde distintos animales son criados para abastecer a la industria peletera.

Pero estos controles no son suficientes para los animalistas, quienes critican el maltrato que padecen los animales cautivos en las granjas y la crueldad con las que se los mata. Grupos animalistas como PETA empezaron a denunciar con filmaciones, fotografías y manifestaciones los horrores ocultos tras las pieles.

Por otro lado arguyen que nada justifica la gran cantidad de animales que se requieren para hacer un solo abrigo de piel. Para un abrigo se necesitan: 70 visones, 20 zorros y focas bebes, 250 chinchillas y 12 lobos. Si se desea una prenda de piel de marmota, como las que usa el símbolo de la belleza francesa Catherine Deneuve, se requiere sacrificar 200 ejemplares. Los animalistas sostienen que la vanidad no es motivo suficiente para sacrificar y arrancar las pieles de los animales. El siglo XXI presenta demasiadas alternativas sintéticas o “ecológicas” para abrigarse y estar a la moda.

En las dos décadas que PETA ha estado luchando por los derechos de los animales han atacado duramente no solo a la industria peletera sino también a la industria de la moda y a las celebridades que visten con pieles a través de fuertes e ingeniosas campañas anti piel. Celebridades como Pamela Anderson, Claudia Schiffer, Charlize Theron, Eva Méndez y Christy Turlington han posado para sus controvertidas campañas, algunas de ellas totalmente desnudas bajo el slogan “prefiero estar desnuda a llevar pieles”. Un caso muy comentado fue el de la modelo Naomi Campbell, quien aparentemente se olvidó de haber posado para la campaña antipiel de PETA en 1995 y luego fue retratada por los papparazzi con los más variados abrigos de cuanto animal existe en el planeta. La hipocresía y la traición de la Campbell enfuereció a los activistas de PETA, quienes la apodaron “prostituta de la piel”.

Entre sus manifestaciones más famosas se encuentran sus constantes ataques a los desfiles de los diseñadores que venden artículos de piel, en donde activistas irrumpen a las pasarelas llevando carteles y tirando pintura roja sobre las prendas. PETA también organiza boicots contra tiendas que venden pieles, llevado a diseñadores como Ralph Lauren y Calvin Klein a dejar de trabajar con pieles. Pero PETA también tiene diseñadores activistas como Stella McCartney, que siempre se ha rehusado a diseñar artículos de piel, inspirando a otros a seguir sus pasos.

Otro objetivo constante de sus ataques es la revista Vogue y sobre todo su editora Anne Wintour, quien no está dispuesta a renunciar a sus carísimos abrigos. PETA publicó durante el Fashion Week de Milán unas fotos muy poco favorecedoras de la Wintour y de Donatella Versace cubiertas de vistosísimos abrigos con el título: “Las pieles son llevadas por animales hermosos y personas horribles.”

PETA también publica cada año una lista de las estrellas peor vestidas, en la que ranquean a las celebridades más adictas a las pieles y al cuero. Este año las nominadas fueron: Marilyn Manson, Eva Longoria, Lyndsay Lohan, Kate Moss y Kylie Minogue.

Estrellas como Sarah Jessica Parker y Giselle Bundchen también cedieron ante los ataques de esta organización arrepintiéndose públicamente por haberlas usado. Otras estrellas alentaron a miles de personas a donar sus abrigos de piel a PETA para que los entreguen a refugiados en Afganistán y personas sin hogar.

Directores de Hollywood como Oliver Stone y Wolfgang Petersen también se han doblegado ante las campañas de PETA negándose a usar pieles en sus películas y optando por materiales sintéticos cada vez que el guión demande su uso.

Sin embargo, la industria de la moda, sigue ajena al debate ambiental. Unos 170 diseñadores, como Armani, Fendi, Versacce, Valentino, Ferre y D&G, crean cada año una colección de abrigos de piel, con prendas con precios entre 4 mil y 40 mil dólares.

Frente a las críticas de los animalistas, la industria peletera responde que la piel es hoy en día un producto legal y totalmente controlado pues los animales se crían en granjas como los pollos, cerdos y vacas. Para ellos ponerse un abrigo de piel es tan ético como comerse un bife. Los peleteros también se burlan de los ambientalistas que proponen las pieles sintéticas conocidas como “pieles ecológicas”, pues estas no pueden ser consideradas ecológicas ya que no son biodegradables.

Lo innegable es que el activismo de las organizaciones animalistas ha sido efectivo en cambiar la actitud del público frente a las pieles. Las prendas de piel que una vez eran vistas como símbolos de status y poder ahora son cuestionadas y mal vistas. Las estrellas que las llevan son duramente atacadas y cada vez son más los jóvenes que se niegan a llevarlas, considerándolas ridículas, anticuadas y detestables.

El tema de las pieles es ciertamente uno muy controvertido, en el cual hay puntos de vistas muy enfrentados. Ponerse un abrigo de piel ya no es meramente una cuestión de actitud y estilo, sino una cuestión de conciencia. Las pieles son en síntesis el artículo más amado y odiado de la industria de la moda. Ellas son la prenda de la discordia y el centro de una gran polémica animalista. Hoy en día no podemos negar, que a pesar del glamour, la sofisticación y la belleza que ofrecen las pieles ya no se puede llevarlas sin sentido de culpa.